Diario de a bordo: Mamá no tiene pilila

Estimado Capitán:

Los lechones crecen y se cortocircuitan. La verdad es que ver su evolución, como crecen y maduran, es un auténtico regalo. Ver como han mutado— con alevosía y nocturnidad— de bebés a niños es uno de los grandes misterios de la vida. Ahora son como duendecillos que aprenden a trancas y a barrancas como vivir en este mundo. De momento tienen aprendida la lección en algunas temáticas esenciales como ir al baño, aunque su técnica no está del todo depurada. Pongo un ejemplo sencillo. Ir al servicio, sentarse en él y hacer sus cosas. Correcto. Acabar y limpiarse con una toalla. Error. Cosas que pasan. Sin malicia. No pasa nada, dice su madre. Lo hago yo y me echan de casa, pero vamos que nadie ha dicho que este sea un mundo justo.

Pero no solo cambian ellos, Capitán, nosotros los padres también. Recuerdo como una vez, hace mucho tiempo, cuando los lechones no eran ni un proyecto Ovugirl me decía:

—Pues yo cuando tenga hijos, les voy a dejar que pintar en la pared para fomentar su creatividad y bla, bla bla…

Y yo pensaba: «Cómo mola esta chica, a ver si la dejo embarazada»

Y la dejé.

El poder de la mente. Soy como Anthony Blake.

Total… que el otro día los lechones decidieron demostrar todo su potencial artístico en la pared de nuestra habitación. Digamos que las críticas no fueron del todo constructivas cuando Ovugirl descubrió la pintada. Y se lo recordé. Y me miró mal. Los años están matando nuestro espíritu hippy.

El vocabulario también es otra faceta en la que estamos trabajando. Frases inolvidables, que ya le gustaría firmar a un escritor de postín.

Ya me lo ponguí: Ya me lo puse

Yo no sabo: Yo no sé

Y como ya tienen tres años y medio saben, por ejemplo, que su madre está enganchada a Juego de Tronos y también saben que cuando falla Internet las imágenes se paran , ellos asocian todo esto en una fabada de ideas y bautizan a la serie como: Internaia, mezcla de Internet e Invernalia.

De hecho cada vez se fijan más en todo. Esta semana de hecho han hecho una observación que era inevitable y que todos hemos hecho en alguna ocasión durante la infancia. Antón se sube a la cama después de la ducha y muy serio me ha informado de lo siguiente.

—Papá

—Dime, hijo

—Mamá no tiene pilila

Pues menos mal,hijo…Menos mal.

Saludos Capitán

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Diario de a bordo: Un lechón un voto

Estimados lechones:

La carta de hoy es para vosotros.

Solo quedan unos 14 años para que podáis ejercer vuestro derecho al voto y creo que es mejor que os de mi punto de vista sobre el tema. También quiero dejaros claro que en 2019 vuestro papá no es analista político ni tertuliano. De momento tengo un trabajo digno.

Veréis lechones, en este planeta hay una raza de personas llamadas Candidatos a la Presidencia que cada cuatro años—cuando se acercan las elecciones (ahora os cuento de qué va eso)— se vuelven locos y hacen en público una cosa que papá y mamá os dicen siempre que no debéis hacer nunca: mentir. Y dentro de la mentira practican una variante aún más arriesgada: mentir a la cara.

¿Por qué mienten?

Veréis, dentro de unos días tendrá lugar una cosa que se llama Elecciones Generales que consiste en que cada mayor debe meter un papel con un nombre en un cajón transparente llamado urna. Es como elegir a un delegado de la clase, pero entre todo el país. Estos delegados se agrupan en partidos y una vez organizados y con las elecciones a la vista prometen mirándote a los ojos y sonriendo cosas como:

—Recreo de cuatro horas

—Los Reyes Magos vendrán una vez a la semana (igual Baltasar ya no puede venir, por un tema legal que ya os contaré)

—Clases particulares de Fortnite

—Chuches en el desayuno

Cosas así. Y diréis vosotros desde vuestra cándida ingenuidad: ¡Cómo molan los Candidatos!

Claro que mola, lo que pasa es que es mentira. Y si uno promete lo de arriba, aparece otro que mirándote a los ojos te promete:

—Recreo de seis horas

—Los Reyes ( y las Reyas) vendrán dos veces a la semana

—Clases particulares de Fortnite gratis

—Chuches cinco veces al día

Estoy seguro de que las madres y padres de estos señores están muy decepcionados con ellos y que cuando llegan a casa a media tarde cansados de tanto mentir les cae una bronca buena.

Todas estas mentiras tienen un objetivo: el poder. No, no es un poder como el de Capitán América o Hulk, es otro tipo de poder, pero eso ya os lo contaré otro día.

Lo importante es lo siguiente:

Debéis votar a quien os interese en cada momento de vuestra vida y ese interés puede (y debería) ir cambiando con los años. Un año podéis votar a uno y otro año a otro. Y no pasa nada. Al contrario. Si siempre votáis a lo mismo, por un tema de siglas o de supuesta ideología estáis destinados a pensar que vuestro pensamiento es el único que vale (por desgracia viviréis rodeados de gente así) y de ahí a no escuchar hay un paso. Y después pasa lo que pasa. Que os podríais convertir en tertulianos. Y papi no quiere eso.

Ahora bien, votéis a quien votéis tened claro que el recreo va a durar siempre media hora, los Reyes vendrán una vez al año, las clases particulares serán de matemáticas y las chuches al desayuno va a ser que no.

Es lo que hay.

Utilizad el sentido común.

Os quiere.

Papá.

Diario de a bordo: Vacuna Terror

Estimado Capitán:

Hoy he vuelto a llegar tarde al trabajo por ejercer de buen padre. Cosas que pasan. Y es que mis hijos, los lechones, se hacen mayores y hoy les tocaba vacuna. La tetravírica le llaman. Hasta ahora era solo un combinado de tres, pero ahora la han sumado un cuarto bicho. Una orgía de virus cohabitando en una jeringuilla. Para que después digan que los donuts tienen mierda.

Pues la tetravírica solo Cristo Redentor sabe lo que puede haber flotando en esos botecitos. Pero bueno, se supone que es para bien. Así que allí fuimos los tres a ver a nuestra pediatra preferida.

Ellos ya se olían la tostada desde el principio que no son tontos. Pequeños sí. Tontos no. Además están en esa edad en la que mienten con desfachatez y simpatía, como un concejal primerizo. Lo hacen tan mal que no cuela, pero la mentira, Capitán hay que atajarla como la gangrena, cuanto antes mejor; por eso me dolió sobremanera tener que emplear su misma medicina.

—Pincha no, papá—dijo Antón cariacontecido.

—Claro, que no hijo—primera mentira—. Tú tranquilo que no pasa nada—Dos mentiras en una frase. Ni Adolfo Suárez Illana podría superarlo.

Entramos en la consulta y ellos saludan con la prudencia y el tiento del que sabe que algo mal. Pesan a Antón. 17 kilos. Lo miden. 1,04. Le toman la tensión y después lo bajo de la camilla. Él, iluso y feliz, cree que todo ha terminado y así se lo comunica a Tomás que lleva todo el rato mirándolo, con los ojos abiertos sin perder detalle. Como su madre cuando sale Jon Nieve en la tele.

—Ya está Tomás. No pasa nada—anuncia Antón.

Y un huevo, pienso yo.

Tomás repite la operación y hay están los dos, tranquilos y felices. Y yo pienso que algo parecido debieron sentir en el Titanic después del primer golpecito.

El ayudante saca una jeringuilla y empiezan los llantos. Se ponen rojos y se les hincha la vena. Aquello parece un bis del Cigala. El enfermero pincha a Antón y entonces ya se desata la locura de las masas. Tomás, aterrorizado, dice que a él mejor que no, y unos lagrimones tamaño pistacho le caen por las mejillas. Le pinchan. Y grita. Ahora gritan los dos. Qué relax. Venga tranquilos. Siguen gritando. Les veo las campanillas. No pasa nada. Sois unos campeones. El enfermero abre un libro de pegatinas con leyendas como: Soy un valiente, Ya pasó, Vengo del médico.

—¿Quieres una?—pregunta.

—Sí—respondo.

—Hablo con el niño, señor—aclara.

—Por supuesto.

Los Mötley Crü se van relajando poco a poco. Solo queda la prueba de daltonismo. Les ponen unas gafas que le dan un aire a Mario Vaquerizo en un cine 3d y tienen que salir unas mariposas y unos cuadrados. Vamos que no es el MIR. Veredicto: No son daltónicos.

Nos fuimos con nuestras pegatinas de Soy un Valiente al colegio y a usted le puede parecer una tontería, pero para ellos es el equivalente a un Corazón Púrpura.

Saludos Capitán

Diario de a bordo: Hablar con los árboles

Estimado Capitán:

Los lechones crecen cada día más. Pensándolo bien lo raro es que fuesen encogiendo. La vorágine laboral no me deja estar con ellos todo el tiempo que me gustaría, pero bueno no hagamos un drama de eso. Mis padres trabajaron los dos toda su vida y yo he salido una persona normal. Lo de los seis testículos no cuenta.

A lo que vamos. Como todo padre sabe— para eso esta Google— un buen padre tiene que inculcarle la naturaleza a sus hijos. El problema es que yo nunca he sido un apasionado del tema. De pequeño mis padres me llevaron a una granja y me enseñaron cómo crecían las fresas. Mi decepción fue monumental. ¿Dónde estaba la nata? Lo pregunté y la gente esa del campo se río. Juré matarlos, pero no lo hice.

Otro día mi padre, que en otra época fue cazador…bueno cazador de palo. Yo creo que no cazó nada en su vida. Estoy seguro de que en su camino de vuelta a casa, humillado por su falta de pericia con la escopeta, paraba en el súper a comprar un conejo, después le metía los perdigones él mismo y hala…a mentir, que ancha es Castilla. Me desvió del tema, perdón Capitán. La cosa es que me llevó a cazar, debería tener nueve años más o menos que es la edad recomendada por cualquier pedagogo que se precie para iniciar a un hijo en el mundo de la crueldad y las armas de fuego. Bajamos del coche, anduve tres metros y pisé un nido de avispas. Y se acabó. Así que entenderá el motivo por el cual cuando pienso en la naturaleza siempre añado el adjetivo puta delante.

Pero con los años uno se da cuenta de que la naturaleza es buena compañera. Y en Netflix dicen que los niños son más listos y felices si de vez en cuando los sacas a pastar al monte y eso hicimos.

—Cari, ¿qué te parece si vamos a dar un paseo con los niños en plena naturaleza?

Qué planazo. A una pregunta así no te dice que no ni Kim Jon Un.

Así que allí fuimos los cuatro a pasear. A campechanos no nos gana ni Dios.

Ellos felices, jugando con las hojas de los árboles, escuchando el agua del pequeño riachuelo que cruzaba nuestra senda, explorando piedras y respirando aire puro. Ya empezaba a notarlos más inteligentes cuando se pararon al lado de un árbol y entonces se me ocurrió una idea brillante:

—Preguntadle al árbol cómo se llama.

—Abol, ¿cómo te ñamas?— preguntaron al unísono agarrando con ilusión el tronco del árbol

Así que yo Capitán, que aprendí el arte de la ventriloquia, analizando a maestros como Mari Carmen o Jose Luis, hablé sin mover los labios y dije:

—Damián.

—¡¡Namián!!

Sus caras se iluminaron. ¡El árbol había hablado! ¡Y se llamaba Damián!

Entonces me golpeó como un tren en marcha. Acababa de cometer un grave error de cálculo. Giré la cabeza y vi el resto de la senda. Había decenas de árboles y que se me gangrene el sexto testículo si miento cuando os digo que tuve que ponerle nombres a todos y cada uno de ellos. Así me pasé la siguiente hora y media.

—Papi, ¿Y este cómo se ñama?

Arturo.

—¡¡Altulo!!!

—Papi, ¿Y este cómo se ñama?

—Julián

—¡¡Hulián!!

Además ponía voces diferentes, vamos que pulí mi técnica en una mañana. Eso sí, ellos súper felices con sus amigos los árboles que es lo más importante y yo encantado de redescubrir la naturaleza y el puto santoral.

Acabamos nuestro paseo sin más sorpresas y por supuesto que volveremos a visitar a nuestros amigos los árboles.

Saludos Capitán.

Diario de a bordo: El Visitante

Estimado Capitán:

Llevo meses sin informar de la evolución de los lechones debido a la falta de tiempo, sin duda, uno de los males más extendidos entre la comunidad terráquea conocida como PADRES. Los PADRES y MADRES del planeta hacemos malabarismos laborales para pasar más tiempo con nuestros hijos, hijos que pasan en un abrir y cerrar de ojos de cagarse encima y sonreír a elaborar frases como: «¿Después vamos al cine y vemos una película, vale?». Hay concejales menos capacitados para el discurso. Vamos Capitán, que el tiempo pasa a toda mecha, por emplear una expresión juvenil y un tanto alocada.

En estos meses que no hemos hablado la mejora en el lenguaje ha sido impresionante. Claro que ya tienen tres años, pero no dejan de sorprenderme día a día. Y también de noche.

Todas las noches se quedan dormidos en nuestra habitación. Empleo la expresión nuestra ya que realmente esa habitación es de los dos aunque mande ella. Yo obedezco sin rechistar hasta el día en que se me hinchen los c&%&%$ y entonces ya veremos ya, que el día que yo no esté, en fin… pero de momento manda ella que es quien tiene que hacerlo por temas de capacidad, organización e inteligencia…pero ese es otro tema.

La cosa es que todas las noches se quedan dormidos y tras un par de miradas tiernas a nuestros vástagos los depositamos con cariño en sus respectivas camas, los arropamos y les damos un beso. Eso suele ocurrir en algún momento indeterminado entres las 21:45 y las 22:30.

Nosotros nos acostamos, cansados de la apabullante rutina, y hacemos lo que debe hacer una pareja que se precie. Enchufar la nariz en los móviles los móviles hasta que lloramos sangre y caemos dormidos sobre el Chrome. Al final, tanta actualidad —«¡Estos cinco famosos encontraron sangre en sus heces. Te sorprenderá el quinto!» puede con cualquiera y Morfeo aparece.

Pero solo los padres entienden lo que es abrir los ojos a las tres de la mañana y encontrarte a tu hijo en plan «Paranormal Activity» con la mirada clavada en tu rostro. Te despiertas inquieto. Como se parece a Chucky. Si no te despiertas por la presión de su mirada siempre se hará notar con un llanto o directamente propinándote una buena hostia con su manita para que no quede lugar a dudas. Quiere subir a la cama. Entre los dos. Lo acomodas y descubres que suelta más calor que Massiel en un tablao. Y se queda dormido. A las cuatro despiertas de nuevo con uno de sus piececitos en la boca. Por que ellos, los visitantes, no duermen en una sola postura qué va. El kamasutra tiene menos opciones. Para arriba, para abajo, para la derecha, para la izquierda. La puta yenka en tu cama. Y cuando ya estás acomodado aparece el otro. Lo subes y te das cuenta de que más que una cama parece una melé.

Y así nos vamos los padres al trabajo. Cansados, descoyuntados. Nos empujan tan al límite del colchón que no dormimos, levitamos. Pero nos vale. Porque somos tan felices como Errejón con un partido nuevo.

Un abrazo Capitán.

Inocente

En febrero de 2018 una actriz denunció por un presunto acoso sexual (por la vía laboral y la vía penal) a Pepelu Viñas durante las grabaciones del late-night Con amor e compañía. La actora presentó la denuncia y acto seguido acudió rauda a la prensa. El día elegido fue el 9 de marzo, casi un año después de los supuestos hechos y en la resaca de la huelga feminista más grande de la historia. Casualidades.

Jose Luis Viñas vio como su nombre se publicaba en prensa para colgarle el San Benito de acosador, baboso etc y no con iniciales no vayan a pensar, eso ya no se estila. Ahí estaba el nombre completo. Una muestra aquí. Si se hubiese podido escribir con luces de neón seguro que muchos lo hubiesen hecho. Y es que una noticia así vende. Y más en el contexto social actual. Una noticia así crea debate y promueve el linchamiento en redes sociales. El Weinstein gallego, decían. Todo por un like. Da tanta pena que da risa.

Redacción del medio X. El becario pregunta:

—¿Oye y si el tío es inocente? ¿No habría que ser como mínimo prudentes? En la facultad dicen que…

—¡Quita, quita! ¡Este es un tema muy serio!

—Pues precisamente por eso…En la facultad…

—¡Que facultad ni que niño muerto! Maloserá. El cabrón tiene cara de acosador o es que voçe non o ve?

Lo dicho, nada de iniciales. Nombre y dos apellidos. Gran praxis la de periodismo en este país (España). Enseguida la —vamos a llamarla masa social— se subió al carro y mostró su apoyo a la denunciante sin plantearse nada, sin investigar, sin preguntar. Nada de nada. Qué fácil es hacer daño. Se unieron a la causa de la nueva mártir. Supongo que es lo que tocaba. Supongo que no había redaños para más. Es lo políticamente correcto.

¿Qué habrá vivido este hombre durante los último meses a nivel personal, laboral y familiar? Rambo vivía mejor, eso seguro.

Medio años después la justicia ya se ha pronunciado. La jueza (una mujer) y la representante del Ministerio Fiscal (otra mujer) no han encontrado el más mínimo indicio de NADA. La sentencia de la vía laboral dice así:

No concurren elementos indiciarios de entidad suficiente para poder inferir, con un mínimo de solidez, seriedad y contundencia que los demandados, y en concreto el director, hayan protagonizado una serie de conductas dirigidas a agredir su derecho fundamental de la integridad moral, y mucho menos sexual”, por lo que desestima la demanda.

En el auto se hace referencia algunos de los comentarios que la actriz denunció haber recibido y considerar “humillantes” que, analizados en su contexto, la jueza rechaza que tuvieran ese fin.

Así, testigos han certificado que algunos comentarios que el director hizo a la actriz fueron hechos también a sus compañeros masculinos con el objetivo de orientar la actuación, así como que el director no bajó en una ocasión la camisa de la actriz, si no que lo hizo el encargado de vestuario y para “colocar el micrófono”.

Ninguno de los demás trabajadores del programa, destaca, “observaron nunca, en todo el tiempo que duró la grabación, que existiese algún tocamiento o acercamiento de contenido sexual por parte del director a la demandante, ni a ninguna otra persona del equipo”, señala la jueza.

Del mismo modo, los trabajadores manifestaron que “los guiones no eran machistas, ni humillantes ni vejatorios, y menos aún los de la actriz” y que la actitud de él con la demandante “era correcta, de respeto y se incardinaba en el ámbito profesional”

Incardinar. Ese gran verbo olvidado.

Por cierto, el 85% de los testigos fueron llamados a declarar por el abogado de la actriz.

¿Y ahora qué pasa con los que promovieron el linchamiento público? Aquellos que se les llenaba la boca con tonterías infundadas. Aquellos que hacían de una injusticia una causa política, social etc.  Acosar sexualmente a alguien está mal. Eso lo sabemos todos. Las mujeres y hombres que fuimos a declarar lo sabemos. Pero también sabemos que igual de mal está acusar falsamente a alguien. No creo que denuncias como esta ayuden en nada a las mujeres que de verdad están pasando por una situación de acoso sexual.

Reflexionen señores.

Inocente y punto.

Que se siga haciendo justicia.