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El Guardián del Relevo

Vigo, 12 de mayo de 2013.

Nombre de la prueba:

I Media Maratón Solidaria por Relevos de Vigo.

Precio de la inscripción:

20 euros por equipo. Todo lo recaudado se donará íntegramente a la ONG Pozos de agua Mayo Rey en Camerún.

Mayo-Rey-portada1

Equipo Panoramix Triatlón

Starring: por orden de aparición.

Primer relevo: David Henriques El Portu.

Segundo relevo: Manuel Cruces Vergara Morsatlón.

Tercer relevo: Antón Cruces Vergara Tony.

 Cuarto Relevo: Eugenio Alvear Aragón Euge.

Foto tomada poco después de pulverizarme las piernas. Conseguirlo me llevo casi dos horas diez.

De izquierda a derecha: The Morsatlón, yo y Eugenio Alvear Aragón de los Alvear de Pontevedra de toda la vida.

I. El COMIENZO

Calle García Barbón 11:35 a.m.

Me arrastro por el centro de Vigo. Apenas llevo tres kilómetros de carrera y creo que me va a reventar algo por dentro. No paro de sudar. Mi hermano, La Morsa, me acaba de pasar el relevo hace unos quince minutos, pero a mí me parece una hora. Solo me ha hecho falta recorrer unos metros para darme cuenta de que estoy en peor forma de lo que pensaba, y eso que ya pensaba que estaba mal.

Además nada más salir el tercer relevo, o sea yo, Eugenio (corredor habitual), harto de esperar entre bambalinas, ha decidido entrar en la carrera antes de tiempo y correr once kilómetros en vez de seis.

Me parece bien, pero hasta el kilómetro quince yo soy El Guardián del Relevo.

Al principio le aguanto un poco el ritmo (15 segundos), pero este tío corre medias él solito. Yo voy a tirones y recorto distancia un par de veces hasta ponerme a su vera. En mis cascos resuena Mountains de Biffy Clyro. Si con ese temazo no consigo ir a buen ritmo, tengo un problema grave.

Confirmado. Tengo un problema grave.

Pierdo a Eugenio. Ya lo veré en el puesto que la organización ha designado para el cuarto relevo.

Parezco un zombie fresquito, es decir, uno de esos caminantes que acaban de morir y aún tienen cierta coordinación motora. Suelo correr, pero siempre me pasa lo mismo, los primeros cinco kilómetros se me hacen cuesta arriba. Me pesa el escroto sobremanera, pero no decaigo. Me dan gana de tirar la toalla, pero no lo hago. Bajo el ritmo del nivel zombie a nivel mi abuela.

II. EL BUEN SAMARITANO

En este tipo de carreras la gente se apoya mutuamente. Se llama deportividad y me emociona. Apenas debo llevar tres kilómetros y medio y no puedo más. Por mi flanco derecho aparece mi ángel de la guarda.

-Vamos coño…vamos…despacio…vente a mi ritmo, me arenga.

¡Qué subidón!. ¡Tengo un colega!. Me pongo a trotar a su ritmo y a pesar que los dos vamos con cascos, entiendo lo que me dice perfectamente. El tío se saca un Kit-Kat no sé de donde (prefiero no saberlo), lo parte por la mitad y me tiende un trozo.

-Come…

Le doy un buen mordisco a la chocolatina y tengo una revelación. Este tipo ha corrido ya catorce kilómetros y yo en realidad solo llevo tres y ya estoy jodiendo la dieta. Me debe ver muy mal para ofrecerme la mitad de su merienda.

-Mmmm está cojonudo, pienso

Seguimos al mismo ritmo, como si nos conociéramos de toda la vida y se me da por entablar conversación.

-Toma tío, ya no quiero más…

-Pues tíralo….

Como conversación no es gran cosa ya lo sé, pero no se me ocurre nada más que decir. Mi nuevo amigo se empieza a distanciar y esta vez no mira hacia atrás. Mejor. Si se da cuenta que soy de los de relevos y que le jodí la barrita igual me zosca. Respiro aliviado. Me entran ganas bajar el ritmo y justo cuando voy a tomarme ese pequeño descanso veo a mi  hermano y a Raquel que me animan/vacilan. Acelero para hacerme el machote. En cuanto les doy esquinazo vuelvo al ritmo Cine de Barrio.

III. EL CUARTO RELEVO

Eugenio ya debería estar por aquí. Estoy deseando acabar. Ya van cinco kilómetros y no aguanto más. Además hace un calor de justicia que me abrasa la cabeza. Recupero un poco el ritmo. La calle está bastante despejada, pero no lo veo. Sigo corriendo. A lo lejos distingo a su novia Aldara entre el público.

¿¡Dónde está Eugenio!?, le grito desesperado.

Ella pone la cara que hace mi abuelo cuando le pregunto: ¿Abuelo dónde quedaron los veinte años?. Pues esa.

Algo no encaja. ¡No puede estar tan lejos que tampoco es Ben Jonhson! Cuando enfilo Pi y Margall me doy cuenta, la verdad me aplasta.

 Eugenio me ha dejado solo. Supongo que es una sensación parecida a la del marido que llega a casa y se encuentra el piso vacío y una nota. Pero este cabrón no me ha dejado ni la nota. Tengo que deducirlo todo yo solito. Tantos años de ralación y me haces esto…

Tengo dos opciones:

-Parar y vivir humillado el resto de mi vida.

-Seguir y vivir humillado el resto de mi vida.

De repente me doy cuenta de un detalle que me empuja a seguir. Aún porto el relevo. Deben quedar otros seis kilómetros. Pienso en el equipo. El brazalete lleva el chip que marca los tiempos. Si me retiro será como si mi hermano, su colega y yo no hubiésemos corrido. Ellos me necesitan. Soy el elegido. Me mentalizo y tiro hacia adelante. La leyenda dice que a Eugenio le daba vergüenza tomar el cuarto relevo de último. No le culpo. (Cobarde)

IV. ¿CUÁNTO QUEDA?

Pillo mi ritmo. Sorprendentemente voy mucho mejor que al principio. Los edificios tapan el sol y la refrescante sombra que proyectan en el asfalto se agradece. Con tanto lío he perdido la noción del cuánto llevo. Desde sus terrazas la gente jalea expresiones de ánimo que me ponen las pilas. Yo saludo y ellos suben el volumen de sus gritos. Me siento como un Borbón. Además me dicen lo mismo que le dirían a Don Juan Carlos. ¡Ánimo, que tú puedes con esto, campeón!

Los paisanos y voluntarios son otros secundarios de lujo durante la obra que es la media maratón.  La respuesta a la pregunta ¿cuánto queda? varía según el personaje.

Repasemos:

El primero al que le pregunto me cuenta que quedan cinco kilómetros, poco después el segundo individuo me asegura que en realidad son ocho.

¿¡Cómo que ocho!? le grito desesperanzado y sudando como un cerdo. Me dan ganas de quitarme una zapatilla y tirársela a la cabeza. Lo hago mentalmente. Fallo.

Dos minutos después otro secundario me dice que solo quedan tres.

¿En qué quedamos? ¿5, 3 u 8?. Lo más inteligente es hacer la media y como soy un negado en matemáticas entre que hago los cálculos y tal ya se me han pasado otros mil metros.

mental

Lo mejor, dos señores mayores que me responden. ¡Ya queda menos! y ¡Si vas de primero vas bien! Encima puteos. Ahí va otra zapatilla mental. Vuelvo a fallar.

V. LA META

La vida es karma. Superada la barrera del kilómetro veinte (diez para mí) el trabajo ya estaba hecho. Las piernas responden bien y, aunque lento, voy mucho mejor que al principio. De repente veo como un tío que parece sacado de Mujeres Hombres y Viceversa, un tronista, no puede más, deja de correr y empieza a caminar. Recuerdo a mi colega del Kit Kat y me reencarno en él.

-¡Venga coño…vamos…despacio…!

El tío me mira mal. Creo que me está lanzando una zapatilla mental. Acierta de lleno.

Pues que te den. Yo a lo mío.

Los últimos metros son cuesta abajo y un segundo aliento se apodera de mí. Entro sprintando como un león en la meta. Soy el hijo del viento…

url

2:09:22

Una auténtica broza de tiempo, no nos engañemos. Todos nos abrazamos sudorosos, vivos y contentos por la gesta. Lo hemos conseguido. Somos un gran equipo, si muriésemos todos mañana al atletismo español le iba dar igual, pero somos grandes. Eugenio me abraza y aprovecha para sacarme el puñal de la espalda.

¡No pasa nada hombre! ¡Que no te falte de nada Euge!

Aquí os dejo un enlace a la clasificación. Quedamos los últimos por equipos y yo crucé la línea de meta en el honroso puesto 837.

¡Si lo importante es participar ganar tiene que ser la hostia!

¡Salud hermanos!

2 pensamientos en “El Guardián del Relevo

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