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Desahuciando a Superman: Capítulo 2

En capítulos anteriores de Desahuciando a Superman:

Gandalf aspira una profunda calada de su pipa y saborea el tabaco que, en apenas un segundo, pasa de su boca a sus pulmones. Me mira fijamente y sonríe antes de soltar la frase que cambiará mi vida para siempre.

─De que nos venimos a vivir con vosotros.

 Gandalf

Desahuciando a Superman: Capítulo II

Me quedo paralizado al escuchar las intenciones del anciano mago y su troupe. Tienen que estar de coña. Si se creen que se van a mudar a mi piso es que están peor de lo que creía. Gandalf no debería fumar esa mierda, le hace divagar.  Intento conservar la calma y respiro profundamente. Trato de evitar que el pánico me invada por completo. Necesito relajarme. Me acerco al hechicero y sin mediar palabra le saco la pipa de la boca. Parece que va a protestar, pero mi expresión hace que se lo piense dos veces. Miro el artefacto con detenimiento. Es bastante más larga que una pipa “real”. Mis hombros acompañan con un movimiento el ¡Qué demonios! que cruza mi mente. Inhalo una buena calada y una extraña tranquilidad me invade casi de inmediato. Aprovecho ese momento para preguntar con tiento. Pronuncio las palabras muy despacio.

 ─Perdón Gandalf, a lo mejor me estoy haciendo un lío, viejo amigo ¿Puedes repetir?

La sonrisa en la boca del hechicero no pierde un ápice de fuerza. La acentúa levantando las cejas y moviendo su bastón.

 ─¡Pues eso joven Cruces! ¡Que nos venimos a vivir con vosotros hasta que encontremos un nuevo hogar!

Mi cerebro es incapaz de procesar las imposibles ramificaciones de lo que estoy escuchando. Esto no me puede estar pasando. Quiero hablar, pero las palabras se desvanecen en algún lugar entre mi cerebro y mi garganta. Creo que me va a dar algo. Gandalf se acerca y me saca la pipa de las manos. No opongo resistencia. Las piernas me fallan y me dejo caer como un peso muerto en el sofá. Superman me mira fijamente. En sus ojos puedo leer un Bienvenido al Club.

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 ─Nnnnn…no pu…pu…ede ser ─es lo único que acierto a balbucear en un susurro.

 ─¿Eso es un sí? ironiza Sparrow mientras muestra su amarillenta dentadura adornada con un par de piezas de oro robadas a sabe Dios qué alma perdida.

Reacciono al escuchar a Jack y no sé cómo, pero me repongo. Intento parecer tajante y confiado. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, pero eso ellos no tienen que saberlo.

─Es un ni de coña. Tenéis que iros. M. está a punto de llegar y no puede encontraros aquí.

 ─Tranquilo joven amigo, de momento no puede vernos. Nadie puede. Salvo tú, claro está─
me explica Gandalf.

 ─¡Qué suerte la tuya… ¿eh capullo?! ─apostilla McClane incapaz de borrar la mueca de felicidad de su cara.

 ─¿Gandalf, qué quieres decir con de momento…

El sonido de mi móvil interrumpe la conversación. El nombre de M. se ilumina violentamente en la pantalla del Samsung mientras suena La Marcha Imperial. Vader levanta el dedo pulgar en señal de aprobación. Su voz de hierro vuelve a resonar a lo largo y ancho del salón.

 ─Buen tema Lord Cruces, hace que me sienta como un casa.

Me incorporó del sofá con un movimiento y levanto la mano en dirección a Darth Vader pidiendo silencio. De repente me doy cuenta. Trago saliva. Acabo de mandar callar al mismísimo Darth Vader para contestar una llamada. No creo que sea la idea más brillante que he tenido en mi vida. El móvil sigue sonando. Relajo el tono por si acaso.

 ─Si me disculpáis un momentín… ─bajo la cabeza a modo de reverencia─ …Lord Vader.

 Él asiente complacido por mi deferencia. Así sí.Descuelgo mi terminal y la costumbre me juega una mala pasada.

─Hola cari dime

Maldita la hora. El descojone es general. McClane y Gandalf se doblan sobre sí mismos y estallan en una carcajada que inunda toda la habitación. Doc se pone la mano delante de la cara para disimular sus lágrimas mientras las risas rebotan en mi salón. Hasta Superman ha aparcado momentáneamente su depresión por el desahucio y se seca los ojos con la capa. No puede contenerse. Me llama la atención la risa de Yoda que no para de mirar hacia los lados como preguntando ¿Lo habéis oído?. Se ríe como Aznar. Es muy contagiosa. Me entran ganas de unirme a la fiesta, pero me controlo.

 ─¡Ay! ─exclama McClane que apoya su brazo en el hombro de Vader mientras se enjuga las lágrimas apretando las palmas de sus manos contra sus ojos─ ¡Será calzonazos!

Les pido silencio con el dedo e intento poner mi cara más desafiante. Ahora ya me da igual que se encabronen.

Gandalf y Yoda intentan recomponerse y adoptar un rictus más serio, pero puedo ver como lo muy capullos se miran de reojo, con complicidad, como dos compañeros de pupitre que acaban de recibir una buena reprimenda del profesor. Tapo el micrófono de mi teléfono con una mano y les increpo entre dientes con mi famoso gritosusurro.

─Y vosotros dos…deberíais dar ejemplo…ya os vale.

 Ambos bajan la mirada pero siguen sonriendo pícaramente.

 ─Os juro que…

 Empiezo a amenazarles cuando la voz de mi novia se eleva desde el otro lado de la línea. Solo acierto a escuchar la últimas palabras.

 ─…si te parece, claro.

 ¿Si me parece qué? Ya la hemos liado. Mejor disimular.

 ─Claro mi amor, claro que me parece. ¿Cómo no me va a parecer?

La carcajada número dos me golpea como un tsunami a un borracho. Cada vez que abro la boca se mean vivos. Ya nadie disimula. Parece una sitcom. Montana hace que besa a Sparrow quien pestañea repetidamente como si de una grácil y, dicho sea de paso, sucia damisela se tratase. Lo que me faltaba. Me están puteando. Y además lo hacen abiertamente, sin reparos.

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 ─¿Qué son esas risas amor? ─me llega desde el otro extremo de la línea.

 ─Nada, una película, y muy mala por cierto─recalco a propósito estas últimas palabras mientras les reprendo con la mirada. Ellos siguen a lo suyo.

 ─¿Entonces te parece bien? insiste.

 ─Claro mi…- me doy cuenta del error que estoy a punto de cometer y corrijo sobre la marcha─Claro que me parece. Me parece genial.

 ─Pues baja que estoy llegando. Te quiero cariñín.

Sé que lo ha escuchado. Trago saliva.

 ─Esto…gracias… intento sacarme ese muerto de encima lo antes posible.

─¿Cómo que  gracias? He dicho que te quiero.

Nada. No ha colado. Juro entre dientes.

Acabo de entrar en un terreno peligroso. La banda de terroristas de ficción que tengo en el salón se quedan callados de repente. Expectantes como carroñeros que esperan a que su víctima exhale el último aliento. Están deseando que ocurra, pero no quiero darles ese gustazo. Son unos cabrones muy listos. Me cubro la boca con una mano.

─Y yo también a ti murmuro entre dientes y espero que este último y rastrero comodín me sirva de algo. Veo como Doc, McClane y Sparrow pegan la oreja para sintonizar mejor mis palabras. Ahora solo hay una frase que no deseo escuchar a continuación.

 ─¿Tú también qué?

 Vuelvo a tragar saliva. ¡Joder, menudo día para ponerse romántica! ¡Ni que tuviesemos 15 años! Mi voluntad se viene abajo como un castillo de naipes.

 ─También te quiero… ─respondo como lo haría el niño al que los padres preguntan ¿Qué se dice? tras recibir un regalo. Cuelgo el teléfono.

─¡Ya podéis reíros!─ les animo.

 Se contienen, pero les cuesta. Casi puedo ver el sudor de Vader a través de su casco. Les miro amenazantes.

 ─¡No quiero ni una coñita más. No sé cómo demostráis el afecto en La Tierra Media, en La Estrella de la Muerte o en La Perla Negra, pero aquí en el mundo real, la gente se dice estas chorradas para mantener una imagen de normalidad. Forma parte del juego. Se llama tener una relación. Así que si queréis mi ayuda no me calentéis más!

 Agachan la cabeza y aguantan la bronca avergonzados por su comportamiento.

 ─Ahora me voy ─hago una pausa a lo Denzel Washington para que parezca que estoy curtido en mil y una batallas. Le da un toque de profesionalidad a mi discurso─ y cuando vuelva─ otra más, ésta para crear tensión─ no quiero veros a ninguno de vosotros por aquí. ¡¿Está claro?!

Rollo militar como colofón. Siempre funciona.

Nadie objeta nada. Siguen mirando al suelo. No es que me guste hacerlo, pero es que enseguida se desmandan. Siempre han sido así. El telefonillo rompe la magia. Les pido que me disculpen.

 ─Vale cari…ya bajo.

¡Mierda, otra vez!

Esto ya es demasiado para ellos.Carcajada número 3 y definitiva. El tsunami otra vez. La risa de Gandalf suena como un globo que se escapa mientras lo hinchas. Resignado abro la puerta y me voy de casa. Bajo las escaleras y puedo escuchar el alboroto que se amplifica en cada esquina del rellano. Entre el batiburrillo de sonidos se abre paso la risa de Yoda. Una enorme sonrisa se dibuja en mi boca y, sin poder evitarlo, una carcajada brota de mi pecho.

 Que se queden.

 A ver cómo se lo explico a M. No va a ser fácil.

continued

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