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La vuelta al cole:1985

Pocos días al año pueden rivalizar con la siempre gris, pero excitante vuelta al colegio. En los 80 postgoonies los veranos brillaban con especial candor. Si después de los dos meses de vacaciones uno no empezaba el curso con una costra en las rodillas más gruesa que una tableta de turrón… es que no había disfrutado a fondo de verdad.

El verano de mi yo de 1985 se caracterizaba por las pachangas de fútbol, por las carreras de bicicletas (BH contra Torrot de rueda roja) y por alguna pelea estival digna de recordar.

Así que el primer día de curso y tras hacer inventario de cicatrices y victorias en pachangas y carreras, me colgué mi nueva mochila al hombro y puse rumbo hacia la incertidumbre del primer día de clase.

Material nuevo

Una libreta nueva simboliza la ilusión por hacer las cosas bien. Dentro de unos meses estará hecha un desastre, pero en ese primer momento en el que la abres la intención de todo bicho viviente es la misma: Hacerlo bien.

Con el tema del formato del cuaderno mis amigos, los curas, ya tenían la primera excusa para repartir las primeras hostias no religiosas del curso, ya que la cantidad de tipos y subtipos del producto se prestaba (y se presta) a confusión. Recordemos: de cuadrícula grande, de cuadrícula grande con margen, de cuadrícula pequeña, pequeña con margen, con margen a la izquierda, con margen a la derecha (para los ingleses), de doble pauta también con margen, doble pauta sin margen, de grapas, de anillas, en espiral…su puta madre.

La primera tollina tras las vacaciones es la peor que te pueden dar. Es la pitón de las hostias, el Let it be de los reveses ya que en verano, y salvo excepciones, un cura no tiene la oportunidad de repartir como le gustaría; así que cuando ve la oportunidad de probarse a sí mismo…bueno… solo diré que lo hace con ganas y ensañamiento. Es como el alcoholico al que le pones delante una cerveza fría tras un mes de abstinencia o el futbolista que sale al campo después de una lesión y parece un perro de caza rodeado de perdices.

Viajemos al pasado y miremos por una rendija.

Septiembre de 1985

patio

─ …enelnombredelpadreamén. Supongo que a nadie se le habrá olvidado el cuaderno que figuraba en la carta que recibieron ustedes en sus casas hace un par de semanas.

El cabrón ya suena amenazante y en sus ojos puedo distinguir un brillo de ilusión. Los compañeros nos miramos unos a otros buscando apoyo moral mientras el sonido de la tela de las mochilas se eleva en el aula.

─ A ver Álvarez… a ver qué ha traído usted.

¡Qué cobarde! Sabe que es probable que el bueno de Celso la haya cagado y se la quiere soltar. El pobre siempre atrapa. Mi amigo que se sienta un par de filas delante de mí saca su cuaderno de la bolsa, con las manos temblorosas, y lo coloca sin mucha decisión sobre su pupitre.

─¡Ábralo hombre! Espero que sea cuadrículada y con margen─ puntualiza el padre relamiéndose.

   cura

Celso lanza una última y desesperada mirada a la clase en busca de auxilio. Un auxilio que nunca llega porque a los diez años somos, no vamos a engañarnos ( y más si se está rifando una hostia), unos cobardes.

Pone la mano sobre la cubierta y lentamente abre la primera página, pero mantiene los ojos cerrados y la cara apartada del cuaderno como si la libreta fuese un cadaver putrefacto al que le está robando la cartera. Yo no puedo verlo y me tapo el rostro con las mano, pero como soy un poco gilipollas para mi edad abro un hueco entre dos dedos y veo que sí, que tiene cuadriculas.

Respiro aliviado.

Puedo ver como un amago de sonrisa se asoma a la comisura de los labios de mi colega, pero se contiene. No cantemos victoria. Celso, envalentonado, le echa huevos y se hace la cera de un tirón: abre de golpe la libreta rompiendo el clímax de la escena sorprendiéndonos a todos. Lanza el órdago y …

¡Hay margen!

Recto, preciso y rojo. Un suspiro de alivio recorre como una ola cada uno de los pupitres del aula y mi amigo de la emoción y sin poder evitarlo exclama mientra cierra un puño que dibuja un certero puñetazo en el aire:

─¡Sí coño sí!

images

El eco de esa primera hostia del Padre Ángel  resonó con tanta fuerza en el patio del colegio que hasta las palomas (esas que no despegan ni aunque las acaricies) alzaron el vuelo y no volvieron hasta bien entrado marzo. ¿Por miedo? preguntaréis. No. Por precaución.

El curso 1985/1986 fue un año especial. Fue el año de Europe, de Regreso al Futuro, fue el curso en que entraron cuatro chicas en el colegio por vez primera con los consiguientes efectos colaterales en nuestras aún adormiladas hormonas, fue el año de México 1986 y del Buitre. Hay más historias de aquella vuelta al cole.

Seguiremos informando.

¡Salud hermanos!

8 pensamientos en “La vuelta al cole:1985

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