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Pesadillas

Las pesadillas nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida; desde que somos unos críos hasta el final de nuestros días, los malos sueños están ahí, al acecho en algún lugar de la noche.

Con la edad, los miedos irán cambiando, pero hay algo que no lo hará, un denominador común: cuanto más reales son los sueños, más terroríficos.

Aquí van mis tres pesadillas recurrentes:

Pesadilla 1: Los dientes.

Siempre empieza igual. La lengua palpa uno de los incisivos superiores y noto por el bamboleo que algo no va bien. Una de mis piezas dentales baila dentro de la encía y claro, sigo tocándolo con la lengua sin poder evitarlo. No sé qué pretendo conseguir, pero el diente se va aflojando como un tornillo.

Como la lengua me deja a medias, lo agarró directamente con los dedos y retuerzo hasta que cae. El resto le siguen, uno a uno, entre hilos de sangre. La angustia va creciendo por momentos. ¡Con lo que me gusta tener dientes! Lo he soñado tantas veces que ya he desarrollado un sistema de defensa. Mi yo dormido sabe que nada es real y pasa de todo. Hacia el final del sueño me vuelven a salir, van naciendo poco a poco, como los de un recién nacido.  Sé que me pueden caer todos, pero solo tengo que esperar un poco para lucir dentadura de nuevo.

En algunos libros aseguran que este tipo de sueño significa que uno tiene algún problema de indecisión con su virilidad.

Eso son tonterías.

Por cierto no sé si habéis visto los colores pastel tan ideales que vienen para la próxima temporada. Son divinos, suaves y relajantes e invitan a degustar una copa de vino blanco mientras Kenny G. suena de fondo.

En una reseña diferente dan otra explicación: 

Soñar que a uno se le mueven los dientes y que va hurgando con la lengua y jugando con ellos, significa que no está bien rodeado, que sus amigos o compañeros de trabajo no son de fiar y puede verse mezclado con temas, que no son del todo legales.

Esta explicación aclararía porque este sueño se repitió con frecuencia en la etapa en que trabajé en mi añorada  sección de deportes del Diario de Pontevedra. 

Otras personas que sufren esta pesadilla: La reina Sofía, Rajoy. Casillas…

dientes

Pesadilla 2.La vuelta al cole.

Esta es horrible. Vuelvo al instituto, pero no es que regrese a aquella época, no. Vuelvo al colegio con mi edad actual, con 37 años. De alguna mágica manera en el sueño soy consciente de que (a pesar de haber terminado la carrera) me quedan varias asignaturas de 2º de BUP, 3º y COU. Apenas falta una semana para los exámenes finales y sé que no he ido a una clase de Matemáticas o Gallego desde hace casi 20 años.  Voy a suspender. ¡Lo más probable es que la carrera de periodismo no valga para nada!(Risas) ¡Mi padre me va a matar! Todo empieza a dar vueltas y entonces me despierto: empapado en sudor y con el corazón a cien por hora. Desvelo a mi novia para contárselo, le toco el brazo. ella se gira y… grito al ver que comparto cama con Enrique, profesor de música y ética (¿?) de mis años mozos.

Grito de terror y entonces me despierto de verdad. Sigo siendo periodista en paro. Menos mal, la vida vuelve a ser como tiene que ser. Me santiguo dos veces, me seco el sudor de la frente y me vuelvo a quedar dormido.

He intentado investigar el significado y he introducido los términos “pesadilla” y “vuelta al cole” en Google.

Y sí.

La vuelta al cole es una pesadilla…para los padres.

Pesadilla 3: La cena.

Esta es de nuevo cuño, pero la semana pasada la tuve dos veces seguidas. La secuencia arranca conmigo en la puerta de un conocido local de la ciudad que regenta un amigo. Aparezco de repente en la puerta, es Navidad, son las 22:00 de la noche y estoy a punto de entrar, cuando me doy cuenta que estoy en pelotas. No en ropa interior. No con calcetines. En pelota picada.

No llevo ni el reloj.

Miro a los lados y me doy cuenta de que la gente se queda atónita ante la situación , así que entro con naturalidad en el establecimiento y me dirijo a la mesa que tenemos reservada. Soy el último en llegar. Al entrar saludo como si nada a las camareras, que están a lo suyo y no se dan cuenta de que voy como mi madre me trajo al mundo. Mis amigos sí que se percatan (las caras del dueño del local y del matrimonio compuesto por A. y V. son un poema).

vergüenza

Yo me siento avergonzado, con el rabo entre las piernas (literalmente) y mi amigo me pregunta si estoy loco o  me pasa algo.

Le digo que se deje de chorradas y que me traiga algo para taparme. Se levanta a toda velocidad y reaparece tras dos largos y sudorosos minutos con una bufanda. Me la pongo y aunque sigo con los huevos colganderos y las banquetas son bastante frías, la sensación es de relativa normalidad. Cuatro amigos charlando de sus cosas. Que uno solo lleve puesto una bufanda no afecta al sueño.

También he buscado en Google y esto es lo que me cuenta:

La desnudez es una cuestión tabú y estar desnudo en público en los sueños es una pesadilla recurrente sobre todo en adolescentes (al final aún voy a tener que volver al instituto)Sin embargo, los expertos aseguran que su significación puede estar dando cuenta de un problema serio, directamente relacionado con la baja autoestima, la falta de comunicación y los problemas de relacionamiento (¿Qué palabra es esta?) con el grupo de pares.

Menuda explicación más gris. ¿Quién no va estar inseguro sin dientes o desnudo en un restaurante?

Pues nada que tengo que trabajar más las relaciones personales. Supongo que mientras no sueñe que meto la mano en la licuadora todo va más o menos bien. Este pequeño psicoanálisis arroja luz sobre mi caso y me dice que puede que peque de inseguro.

¿¡¡Inseguro yo!!? ¡No!

¿No?

¿Vosotros que decís? ¿Cuáles son vuestras pesadillas? ¿Vas a votar y descubres que la urna no tiene rendija? ¿Sueñas que te casas con la periodista Ana Pastor, pero no hace más joderte la vida con sus preguntas?

─¿Fuiste a la compra?

─ Si , am..

─¿Seguro?

─Cariño qu..

─No me está respondiendo a la pregunta.

─¡Que sí Ana!

─¿El chóped también?

─¡Hostia el chóped!

─¿¡Ves!? ¿¡Ves!?

ana pastor

En fin amigos, el cerebro alberga tantos misterios.

¡Salud hermanos!

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