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La muerte de Santa Claus

 

24 de diciembre 22:21

Los médicos certificaron la muerte de Santa Claus, también conocido como San Nicolás, también conocido como Papa Noel, a las 22:03 horas de la noche del 24 de diciembre de 2015, justo antes de que el buen y orondo hombre, icono entre iconos, empezase El Reparto 2015.

Causa de la muerte: Infarto fulminante debido a una ingesta masiva de José Cuervo.

De momento, el Hospital La Buena Vida, uno de los más elitistas de la ciudad, había sido capaz de contener la noticia, pero los periodistas, siempre pendientes de quién entraba y quién salía, empezaban a sospechar que algo realmente gordo estaba ocurriendo aquella noche.

Nadie sabía qué hacer exactamente, qué protocolo seguir y un comité de personajes navideños de ficción se habían dado cita en una dependencia privada y escondida de los ojos de los curiosos. Se trataba de un gabinete de crisis con Mamá Noel a la cabeza quien se veía ante una situación inédita. Los Reyes Magos, el niño Jesús del Belén, Herodes y Jack Frost habían sido los primeros en llegar. Al resto de amigos de Santa todavía no se les había comunicado la triste noticia. Mamá Noel, notablemente afligida, pero decidida, aparcó su dolor y fue al grano.

—En primer lugar amigos, quiero agradeceros que hayáis acudido con tanta premura a mi llamada; sé que es una época complicada, de mucho trabajo para todos nosotros. Como sabéis es La Noche del Reparto e, ironías del destino, mi Nicolás, Santa para vosotros, ha elegido esta noche para dejarnos para siempre. No hay tiempo para llorarle, eso lo haremos después, la prioridad ahora es completar su misión por el bien de los niños del mundo. Creo que entre todos podremos hacerlo sin problema.

—Verás, Mamá Noel— dijo Gaspar, portavoz de los Reyes Magos—entiendo la urgencia de la situación, pero para nosotros es imposible. Tenemos nuestras propias responsabilidades. Estamos a mil preparando La Noche de Reyes que es inminente y no podemos permitirnos una noche en  blanco. Con todo el dolor de nuestro corazón tenemos que decirte que no.

Mama Noel, les miró de arriba abajo, con cierta sorpresa en la cara. Estaba molesta, pero no dijo nada. Respiró profundamente y clavó su mirada sobre el Niño Jesús, ese del pesebre de toda la vida. Tenía una apariencia angelical y una cabeza desproporcionada para su pequeño cuerpo además tenía los brazos abiertos en un abrazo perpetuo.No tenia articulaciones.

—Yo es que no lo veo Doña Noel. ¿A dónde voy yo con esta pinta? ¿En pelotas y cabezudo repartiendo regalos? No es que no quiera es que no puedo dijo gesticulando con las cejas hacia los brazos que formaban una canasta eterna. Lo siento Doña, pero no estoy capacitado.

Mamá Noel sabía que razón no le faltaba, no podía ser tan exigente con el crío.

—¿Herodes, tú que?

—A mí no me importa. Lo que ocurre es que yo dejarle los regalos a los niños te los dejo sin problemas, pero después de que los abran los asesino a sangre fría. Vamos, que me los cargo. La cabra tira al monte ya sabes.

—¿No podrías controlarte en esta ocasión?

—Puedo intentarlo, pero no prometo nada. Nada me satisface más en estas fechas que un niño desangrado.

—Mejor no.

—Mejor.

—Pues solo quedas tú Jack Frost.

Mama Noel no podía creer que su último recurso fuera un muñeco de nieve viviente. Un muñeco de nieve, dicho sea de paso, con más pluma que un cabaret de estreno.

—¡Ah no, no guapa! ¡De eso nada!—dijo agitando sus brazos hechos de finas ramas—.A mí no me mires corazón que hasta hoy desconocía que los personajes de ficción podíamos morir de un infarto. Y ya estoy atacada con la hipocondría. Además este diciembre estamos a más de 20 grados y yo con mucho menos me derrito, así que lo siento mucho por Santa y por los niños, pero conmigo no cuentes cari.

—Siempre fuiste un poco diva, Jack.

Ofendida por el comentario, Jack abandonó la sala con un muy digno ( y muy  amanerado, dicho sea de paso) golpe de bufanda dejando tras de sí un rastro de aguanieve.

El resto de personajes también fueron abandonando la sala hasta que Mama Noel se quedó sola, frágil…perdida. La pequeña y rolliza mujer se hallaba llorando desconsolada cuando el estallido de una ventana la asustó. Un murciélago se había desorientado y el resultado había sido un choque frontal con la habitación más recóndita y privada del Hospital La Buena Vida. Mama Noel tomó el animal entre sus manos (milagrosamente el golpe no lo había matado) y entonces tuvo una revelación.

La Revelación.

En el mundo de los personajes de ficción solo hay una regla. No traspasar categorías. Los personajes de ficción navideña no debían establecer contacto (bajo ningún concepto) con, por ejemplo, los personajes ficticios de cómic, o los de cine , o los de la literatura, pero Mama Noel sabía que ante ella se alzaba un dilema tan gigante como inusual. La felicidad de una generación de niños estaba en juego. El Reparto debía hacerse sí o sí (eso lo tenía claro), incluso ella misma se ocuparía con sumo gusto, pero estaba demasiado mayor como para garantizar un reparto con unas condiciones mínimas de calidad. Además era muy torpe y podrían pillarla. Necesitaba a alguien joven, fuerte, rápido y sigiloso. Aquella había sido una señal de Nicolás. El murciélago meneo las cabeza tres o cuatro veces desplegó sus alas y salió por la misma ventana que había atravesado hacía unos segundos.

Mama Noel, sonrió. Aquella era la única opción. Había que hacerlo rápido.

 

Gotham 24 de diciembre 22:32.

 

—¿¿¿Vas a decirme dónde está Falcone???

De cerca, la máscara de Batman unida a esa penetrante y amenazante voz hacía que hasta el acólito más chulo y cruel de la mafia de Gotham se hiciese pis en los pantalones. Y eso era justo lo que acababa de hacerse encima Joe Scopetti, el número dos de Carmine Falcone, líder de la mafia de la ciudad desde hacía más de 30 años al ver la mandíbula cuadrada y la mirada llena de ira del hombre murciélago.  Joe quería hablar. Joder si quería, pero era incapaz de articular una sola palabra.

—¡Nnnn, nnn…arghhh!

Sabía que no debía hacerlo, pero el número dos de Falcone no podía evitar mirar hacia abajo. La torre Wayne era la torre más alta del país. Medía 1.118 metros más la antena que era justo dónde estaban los dos hombres en ese momento. Los truenos y la lluvia (en Gotham no hacía sol desde 1987)  no hacían más que darle un toque tétrico a la atmósfera, ya tensa de por sí.

—¡Voy a soltarte si no cantas! ¡Y sabes que lo haré! ¡Soy Batman, joder!

—¡Pe-pe-pero Batman no dice tacos! ¡Mata, pero no dice tacos!

—Vamos a ver chaval, pero tú eres tonto o qué te pasa. ¿Te voy a lanzar al vacío y te preocupas por mi léxico?

—¡Es que me ha chocado, que quieres que te diga!

—Dime dónde esta Falcone o lo único que va a chocar aquí van a ser tus huesos contra el suelo…

El batmóvil, no el coche sino el teléfono, suena. Alfred jamás lo utilizaría sin un buen motivo. Batman rechina los dientes y contesta al batmóvil con una mano mientras con la otra sigue agarrando por el cuello a Scopetti que patalea en el vacío. La lluvia arrecia.

—¿Qué pasa Alfred?

—Tiene una llamada urgente señor. Es Mamá Noel.

—Te pongo en manos libres que se me cansa el brazo. ¿Quién cojones es Mamá Noel?

—¡Lo has hecho otra vez tío, has vuelto a decir un taco!—apostilla Scopetti con una voz rota y rasgada por la presión en su nuez. Cada vez está más rojo. Batman le hace un gesto de “no me molestes” con la cabeza para que se calle.

—Señor Wayne, creo que debería venir ya. Es muy urgente.

—Alfred, eres tonto del culo, te he dicho mil veces que no me llames Bruce Wayne cuando estoy haciendo el bien.

—¿Está en manos libres, señor?

—¡Pero si te lo acabo de decir so gañán!

—¿Entonces eres Bruce Wayne?—acierta a articular un sorprendido Scopetti.

—¿Ves lo que has hecho Alfred? Se llama identidad secreta por algo.

—Perdone señor Wayne…

—Otra vez. Tenía que haber contratado a una rumana, que son más discretas. ¡Tanto rollito británico y eres un burro!

—Si señor…Batman.

—¿Ibas a hacerlo otra vez, verdad?

—Es la costumbre, dispense.

—Si sirve de algo—interrumpe Scopetti que nota como Batman aumenta la presión sobre su cuello— creo que se ha delatado usted solo. Alfred se refirió a usted como Señor Wayne y fue usted el que dijo lo de Bruce Wayne. Hay más Waynes en Gotham así que técnicamente el error lo ha cometido usted.

Batman aprieta más. Scopetti se enciende como una luciérnaga.

—Ahora mismo voy, Alfred. Perdona mi pronto ya sabes que cuando estoy de Batman me meto en el papel y me pierdo.

—Tranquilo señor Wayne.

—Puedes llamarme Bruce.

—Sí. señor Wayne.

Batman cuelga el teléfono y vuelve a agarrar con las dos manos a Scopetti. Su voz ruge de nuevo.

—¿Sabes que tengo que matarte ahora que conoces mi secreto, no?

—Pero, si yo no he oído nada, en serio…

—¿Seguro?

—Se lo juro Don Batman, nada de nada. Con la lluvia es complicado.

—¿No has oído nada?

—Se lo juro.

—A ver, te voy a soltar y te voy a hacer una prueba para comprobar no me mientes.

Batman suelta el cuello del hombre, se cruza de brazos y pregunta.

—Joe, ¿has escuchado cuál es mi identidad secreta?

—Ummm, no.

—Pero antes dijiste que…

—Que va, que va, no la sé, venga pregunta.

—¿Cuál es mi identidad secreta?

—A ver, es que no tengo ni idea…¿Clark Kent?

—No, ese es otro.

—Inténtalo otra vez.

—Tony Stark.

—Tampoco.

—¿Ves como no la sé? ¿Puedo irme ya?

—Sí.

—¡Gracias Batm…!

La alegría y el subidón hace que Scopetti pierda el equilibrio, resbale y, 21 segundos después, se estampe contra el suelo.

32 minutos más tarde, Wayne Manor

—Así que Papá Noel ha muerto.

—Así es, Batman.

—Sabe usted que esto va contra las reglas, ¿no? No deberíamos estar teniendo esta conversación.

Mamá Noel asiente en silencio, avergonzada.

—¿Como puedo ayudarla?

—Debe usted hacer El Reparto.

Batman la mira incrédulo y un segundo después estalla en una carcajada.

—Pero yo soy Batman, mujer. ¿Por qué no Superman o alguien con supervelocidad, tipo Flash? No soy el indicado, en serio se lo digo, no ve soy un tipo oscuro y que me muevo en un terreno ético pantanoso.

—¿Tiene usted hijos, señor Batman?

—Llámeme Bruce que entre personajes no hay fallo.

—¿Tiene usted hijos, Bruce?

—¡Ojalá! Estuve ahí, ahí con Catwoman, pero la cosa no cuajó. La verdad es que siempre me ha quedado esa espinita.

—Hágalo por ellos, por los niños. Haga El Reparto

La anciana le suplica con la mirada y una lágrima cae por sus mejillas. Batman es un tipo duro, pero lo cierto es que es incapaz de ver llorar a una mujer.

—Está bien mujer, no llores más. Me parece una locura, pero mi trabajo es hacer el bien, ¿no? No logró imaginarme una misión más bondadosa que esta. Además estoy hasta la batpolla de dilemas morales. Esto está bien y punto. ¡Acepto la misión!

Mamá Noel abraza con fuerza al Caballero Oscuro que despliega una limpia y amplia sonrisa.

—Gracias  Señor Batman, mil gracias, de verdad.

Mama Noel, se enjuga las lágrimas y se recompone como puede. Se disculpa un segundo y sale por la puerta principal para volver en apenas un  minuto.  Le entrega un maletín.

—Aquí está todo lo que necesitas: el saco mágico, el gorro, una barba postiza y ahí fuera, en las cocheras, están los ocho renos mágicos.

—Tengo un Batmóvil.

—No es lo suficientemente rápido. Te hacen falta los renos, hazme caso.

—Está bien. Algo inventaremos, no quiero renunciar a mi identidad. Me pondré la barba y el gorro, sí, pero no me quitaré mi uniforme. Esta noche va a ser larga.

 

Batman, reconvertido en Batnoel, recorre con su Batmóvil, tirado por ocho renos mágicos, los cinco continentes. Su formación como ninja en La Liga de las Sombras le es de gran utilidad para allanar según que casas. El hombre murciélago da buena cuenta de los regalos en forma de galletas, leche, fruta y dulces que le han dejado los niños alrededor del mundo antes de irse a dormir. Al día siguiente tendría que hace doble sesión en el gimnasio, pero sin duda, aquello valía la pena. Tenía una pinta muy extraña, conservaba la armadura de Batman, máscara incluida, pero con el gorro característico de Papa Noel, la barba y el saco.

Solo hubo una casa en la que tuvo un encuentro inesperado con dos mellizos: Tony y Tommy.

Batman/Noel estaba dejando los regalos bajo el árbol cuando notó algo, una sensación como de estar siendo observado, que le hizo darse la vuelta. Ahí estaban. Dos pequeños mellizos, casi idénticos, aunque uno era un poquito más regordete que el otro, tendrían unos seis años y lucían el pelo alborotado, la marca de la sábana aún en la cara y los ojos abiertos como platos.

—¿Santa Claus es Batman?—preguntó el pequeño Tommy.

— O Batman es Santa Claus—dijo Tony— No sé que sería peor.

Batman no sabía como reaccionar. En principio se quedó muy quieto como si así pudieses volver invisible.

—Da igual que no te muevas. Te vemos.

—¿Eres Batman o Santa Claus?

—Soy Batman, pero esta noche le estoy echando un cable a Santa.

—¿Qué le pasa?— preguntaron los dos a la vez.

—Veréis chicos, la verdad es que Santa Claus…ha muerto.

Los mellizos se miraron con gesto de sorpresa. Sus bocas se abrieron y sus cejas se alzaron en una sola mueca.

—¿Lo has matado tú?—preguntó Tony.

—¿¡Yo!? ¡No, no! ¡Por favor, no! Yo solo mato maleantes. No sé de que murió, la verdad, creo que le gustaba, ya sabéis…—Se lleva el dedo pulgar a la boca simulando una botella.

—¿Papa Noel está muerto y era un borracho?

Batman tenía la certeza de que su maña con los niños era limitada y esa conversación era la prueba de ello. En tan solo una décima de segundo se llevó la mano al batcinturón y les lanzó dos dardos tranquilizantes. Los mellizos cayeron fulminados por el sueño en un segundo. Al despertar no recordarían nada. Al menos eso era lo que ponían las instrucciones.

El Reparto 2015 siguió sin sobresaltos. Aquella realmente fue una gran noche. Por fin podía hacer el bien sin paliativos. Qué sensación.

Había dejado una pequeña batcámara en algunos hogares para poder ver la reacción de los chavales al despertar y encontrar los regalos. La verdad es que sentía cierta punzada de compasión por Papa Noel que, si uno lo piensa bien, fue el primer ninja. Pobre viejo. Siempre colándose en las casas, haciendo feliz a los demás, pero nunca testigo de la felicidad ajena. Quizás eso le mató. La infinita tristeza.

Dejaría el pabellón bien alto.Lo haría por Papa Noel. ¿Y quién sabe? Quizás el año que viene podría volver a hacerlo, y al otro, y al otro…

Nadie podía verlo, pero de repente en la enorme luna llena se recortó la figura de un batmóvil tirado por ocho renos mágicos y un HOHOHO penetrante, ronco y feliz rompió el silencio de la noche.

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FIN.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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