Diario de a bordo: El Faquir

Estimado Capitán:

Hace meses que no duermo con mi mujer. Es decir, hace meses que no duermo solo con ella. Los cachorros entre que un día tienen mimos, otro están enfermos y otro nos quedamos pajaritos, pues nada, que no hay manera de poder dormir tranquilos.

Cuando no es uno y otro y muy a menudo se ponen de acuerdo y en algún momento de la noche (cuando uno tiene más sueño) pactan para turnarse. Es un bipartidismo hogareño.

Además no duermen en un ovillo ni en posición fetal qué va. Se explayan como un bicho manta, con los brazos en cruz y cara de felicidad. Nuestra cama parece el final de «La vida de Brian».

Otras veces les da por pegarse a mí o a ella y claro, como uno de sus hobbys es sudar, no hay quien duerma. Además te van echando de la cama. Poco a poco. Sin prisa, pero sin pausa. El otro día me hice un David Copperfield a las cuatro de la mañana. Esto es medio cuerpo fuera de la cama ingrávido y el otro medio sudado en el colchón con un niño de dos años y quince kilos pegada como una lapa. Es una postura incómoda, pero nunca pensé que al tener mellizos te convalidasen primero de faquir.

Dormimos en ciclos que duran menos que un centrifugado, pero nos quejamos. En público. En privado es otra cosa, pero no puedo reproducir aquí las palabras que salen de la boca de madre cuando se despiertan los niños por que me podría incurrir en un delito contra el decoro, pero puedo escribir justo lo contrario para que usted, Capitán, se haga una idea. Sería algo así como:

—¡Ay mis benditos niños! ¡Jamás me canso de escucharlos! ¡Venid aquí preciosos y seguid llorando un poquito más que no pasa nada! Y tú cariño, eres mi media naranja lo sé desde que te vi sobrio aquella noche. Gracias por tanto ayuda. ¡Deja de ayudarme por favor que ya puedo yo!

Deduzco, a sagacidad no me gana nadie, que ella piensa que por no exteriorizar mis emociones significa que no me preocupo o que estoy descansado como un jeque en un palco. Para nada. Un faquir no descansa nunca.

Al final los niños acaban durmiendo en la cama hasta que uno de los dos se despierta en mitad de la noche. Palpo y noto con un pie que falta un crío, pero aún así sigo con medio cuerpo fuera de la cama. El hombre es un animal de costumbres. Ella me dice que no me entero de nada y que ya lo ha llevado ella hace un montón y yo pienso que hace un montón era 1985  y que exagera un poco. Tomo al otro en mis brazos y la oscuridad y mi sueño hacen que tropieza con la alfombra y con el radiador. No veo nada. ¿En qué cuna estará el otro? Ni puta idea. No estoy para juegos. Bueno sí. Pito Pito gorgorito. Cuna de la izquierda. Malo será. Depósito al lechón con firmeza. Justo encima de su hermano.

Se despiertan los dos.

Y tiro porque me toca.

 

Saludos Capitán.

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