Diario de a bordo: Operación Pañal

Estimado Capitán:

En esta vida todo llega. A veces me da la sensación de que los lechones llegaron antes de ayer (mientras escribo esto Antón esta dejando colgar una baba en el cesto de los pañales); y otras creo que llevan toda la vida conmigo (ahora hace que se limpia el culo). Y es que Capitán, estamos en plena Operación Pañal. En octubre cumplirán tres años y este septiembre empiezan en el colegio.

(Después del último punto han pasado cuatro horas y media, de negociaciones, riñas, merienda, broncas y juegos. Prosigamos).

Un nuevo mundo de amistades, enseñanzas y experiencias se abre ante sus ojos y es muy recomendable no cagarse encima. ¿A usted le gustaría ir a una reunión de trabajo sabiendo que se puede cagar en cualquier momento? Pues a ellos tampoco, así que hace unas semanas inauguramos la O.P. de momento con unos resultados más que aceptables.

Antón enseguida pilló el tema de hacer sus cosas en la bacenilla y la primera mañana ya hizo de todo en sus distintas variedades (líquido y solido) como si fuese un profesional. Tomás le costó más y bueno, digamos que la moqueta es la gran damnificada hasta el momento.

Moqueta 2-Bacenilla 2.

Eso sí esa mirada de orgullo que ponen cuando te dicen:

—Mira papá: ¡Cacá!

Extienden la mano con una expresión de orgullo, satisfacción e ilusión como el alcalde que inaugura una escultura (qué buen símil). Se tocan el pecho subrayando el hecho de que esa materia oscura ha salido de ellos, es SUYA. SU MIERDA. Y están contentos, saben que no es para menos. Es un gran paso hacia la madurez.

—¡Muy bien hijo! ¡Muy bien!—les arengo.

No sé si es una cosa común a todos los lechones terráqueos, pero les encanta estar en pelotas por casa ahora que han descubierto que el pañal es tan solo un gadget pasajero en su vida.

¿Y que me decís de esa expresión tan chula que les estalla en la mirada cuando se dan cuenta (realised en inglés) que están a punto de evacuar algo de su cuerpo? Se asombran como el gallo que ve por primera vez a una gallina, se le ponen los ojos como platos y gritan:

—¡Papá, pish! ¡Pish!
—¡Pues corre al hipopótamo!¡Corre hijo!

Le hemos comprado unos orinales con forma de hipopótamo ya que… ¿Quién no ha soñado nunca con mearle en la chepa a uno de estos simpáticos y letales animales?

Y corre y se sube a lomos de Hipo el Orinal, pero le cuelga el gusanillo y aunque sentado como un marqués mea todo por fuera como un borracho y pone perdido el suelo, el pijama y tú te das un inevitable facepalm solo para darte cuenta que el muy cabrito también te ha meado en la mano.

Saludos Capitán.

 

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