Diario de a bordo: ¡Al cole no!

Estimado Capitán:

Seamos sinceros, el día complicado no es el primer día de clase. Es el segundo. Ahí ya no los engañas. Engañar en la peor de sus acepciones. Los padres somos muy de engañar.

¡No yo no! Tú también.

El primer día, pues bueno, uno los puede convencer con un «Ya verás que guay» o «Hay un montón de niños» y otros grandes éxitos del repertorio familiar, pero el segundo día ya no. El segundo día ya saben de qué va la historia y tienen una opinión bastante formado sobre si realmente es guay o no. Esta mañana Tomás decidió que no. Que eso del cole no va con él. Es como Willy Toledo, un alma libre. Intento vestirlo, pero se deja caer al suelo como un peso muerto, lo agarro por los axilas y lo siento en mi regazo mientras patalea y grita. Juntos, razonamos.

—¡Al cole no!

—¡Al cole sí!

—¡Al cole no!

—¡Al cole sí!

Parece una canción de Chimo Bayo. Tras este razonado intercambio de pareceres sigo mi lucha por vestirlo, pero es como intentar vestir a un jabalí (macho) empapado en aceite. Despierto a Antón que —contra todo pronóstico— se porta muy bien. Le pongo el polo, el jersey y el calzoncillo. Le dejo la pirolilla por fuera y el, señalándola, me hace ver mi error. Se la meto por dentro y le pongo el pantalón gris encerado. Tomás nos mira no muy convencido. Antón me trae los zapatos del cole (dice que son los zapatos de Michael Jackson), se los pongo bien a la segunda, lo salpimento con colonia, lo peino y listo. Tomás agacha la cabeza. Decido innovar y me saco de la manga un truco nunca visto.

—Vale pues nada..Antón y yo nos vamos. Ciao Tomás!

Tomás me mira, levanta la mano y muy serio con cara de Pablo Casado dice:

—Ciao.

Así que hago que me voy, pero él no viene detrás. En la adolescencia este truco tampoco me funcionaba con mis novias. No sé por qué, pero siempre dejaban que me fuese. Después las llamaba, pero se cortaba y comunicaba. Telefónica iba fatal en aquella época. Volviendo al tema…

Al final no me queda más remedio que cogerlo en los brazos. Bajamos las escaleras a grito pelado (me consta que nuestro índice de popularidad es cada vez mayor entre los vecinos) y al sentarlo en la silla se relaja. Diez minutos después estamos en la puerta del colegio y ya se ha pasado el mal trago.

Capitán, hay una inquietud que nubla mi alma. ¿El show de Tomás será así todos los días? ¿Hay algún truco que no me haya contado para convencerles? Cuando era pequeño mi madre decía al cole y se iba al cole. Mi padre llenaba un vaso de agua no caliente y me lo tiraba amablemente por encima, cosa por la que le estoy muy agradecido.

Creo que mañana seré yo el que se levante y diga:

—¡Al cole no!

¡Saludos Capitán!

 

 

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2 comentarios en “Diario de a bordo: ¡Al cole no!”

  1. Bienvenido a la lucha!! No te preocupes, durará una semana con llantos y pataletas. Luego seguirán diciendo “al cole no” un par de veces a la semana, pero al menos no parecerán poseidos mientras lo dicen, lo cual facilita la tarea de vestirles y peinarles 😉 ánimo!

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