Diario de a bordo: Jauría de padres

Estimado Capitán:

Esta semana que ha venido marcada por los cambios, en inglés chenlles. Semana para el recuerdo sin lugar a ninguna duda. Primer día de cole de mayores, nuevos compañeros de clase, nuevos profesores, nuevas rutinas (para todos) y tan contentos.

Mi ciudad Capitán, es una ciudad pequeña, nos conocemos todos de vista o somos familiares lejanos así que la puerta del colegio es lo más parecido a un pub que existe. Reencuentros con unos, con otros, saludos de esos de levantar la barbilla en plan. Ostia, tú por aquí. Pues eso como en un bar. De hecho el colegio de los lechones están en la zona vieja, la zona de los pubs, con lo que tengo la sensación que no doy salido de esa puta calle en la vida. Cualquier día dejo a los chavales en el Bananas y me meto yo en clase, pero bueno a lo que vamos.

A las 09:00 hora zulú los padres dejamos a nuestros hijos como quien pone una chincheta en una silla. Rapidito. Unos con prisas, otros un poco más tarde de lo que deberían y algunos embutidos en esa especie de chándal/pijama horrible y cegador. No sé, deben pensar en su enajenación matinal que como es un chándal que utilizan solo para llevar a los niños al cole nadie les ve. Es como si dijeran: Me pongo el chándal, que total es un momentito y no cuenta. Sí que cuenta señora. Y la ve todo el mundo. De hecho para el resto de padres y profesores es usted la señora del chándal.

Eso a la hora de entrada.

A las 13:45 las inmediaciones del colegio son un hervidero de madres, padres, abuelos y la señora del chándal (total es solo otro momentito). Todo ellos esperan con ansia a sus respectivos lechones y para matar el rato mantienen conversaciones de catedrático.

—Hoy a Mario le hice un Nesquik…No espera…Un Cola-Cao eso es…espera, espera ¿era un Nesquik o un Cola-cao? Cari tú te acuerdas…— le pregunta a un señor con cara de me suda la polla que debe ser su marido.

Yo paso raudo a su lado en mi bicicleta, pero relajo un poco el ritmo porque ya no puedo vivir sin saber que cojones desayunó el tal Mario. Venga señora que no tengo todo el día. Atención spoiler. La respuesta es Nesquik y ya me quedo más tranquilo.

Otros padres esperan apoyados en plan casual en frente de la entrada. Estos se dividen en dos grupos: los padres y madres catálogo de Zara que parecen estar posando para una cámara invisible (yo creo que hay un poco de postureo) y los padres más tensos que parece que están contra el paredón a punto de ser fusilados. Tenemos también las madres que se ponen muy cerca de la puerta, apiñadas como en una despedida de soltero. Son las madres abejorro o Gollum.

Somos la jauría. No te metas con nosotros. Somos como los Ñetas, pero mejor vestidos. Menos la señora del chándal, esa va por libre.

Nos despedimos unos de otros. Nuestros lechones se harán amigos. Mario grita que al llegar a casa quiere otro Nesquik.

La vida sigue.

Salud Capitán

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