Diario de a bordo: Menú de abuela, menú infinito

Estimado Capitán:

Estos días hemos tratado con asiduidad el binomio maternidad-abuelidad. Si bien es cierto que una madre se transforma en un ser de tarta de arándanos y luz para sus nietos en lo tocante a sus hijos una madre sigue siendo una madre, con sus preocupaciones, mala leche y todo eso.

Por ejemplo mi madre terráquea. En los últimos días ha desarrollado una característica muy de abuela que es hacer comida para una temporada entera de Chicote cuando los lechones van a comer. Es casi casi como Nochebuena. Ya le he dicho que no hace falta que preparé tanta historia, pero nada, ella erre que erre. Pechugas (empanadas y a la plancha), solomillos, arroz, croquetas, ensalada, patatas fritas, fresas con chocolate y sandía. Podría montar un rodicio. No sé cómo explicarle que tengo hijos, no pirañas.

Esta Capitán, la abundancia gastronómica, es una característica inherente a la abuelidad. Mi abuela, que en paz descanse, era incluso peor y te podía poner unos callos para merendar siempre y cuando te hubieses acabado el bocadillo de carne asada y la empanada de atún. Por si acaso te quedabas con hambre te preparaba otro bocata de jamón serrano para el camino, un yogur y un plátano. Que sus nietos se queden con hambre es uno de los grandes miedos de las abuelas y lo contrarrestan así, cocinando sin filtros.

Pero una abuela sigue siendo la madre de sus hijos. Le cuento, el otro día tuve que ir al médico, al oculista que es un doctor especializado en dos de los tres ojos que posee un ser humano y mi madre quiso acompañarme. Yo le expliqué que no hacía falta, pero ella allí estaba. Y allí estaba yo. Con 42 años y mi madre conmigo en la sala de espera. Pensé en hacerme una camiseta que pusiese «El tonto del bote». La enfermera me nombra y mi madre —claro está— entra conmigo, por si me pierdo. El médico me dice que me siente, que ponga la barbilla en un aparato y que mire por el visor. Sorprendentemente hay un globo y una carretera. Mi madre le recuerda mi historial.

—Es que su abuela tenía glaucoma, y su padre bla bla bla…

Y termina con un:

—Por si no está ahí—remata mientras señala el ordenador. Debe pensar que es como la caja del Domund que todo el mundo puede abrirla y robar (yo esto lo sé de oídas).

Ríase usted de Siri. Apple debería clonar a mi madre como asistente personal. Te acompañaría a todos lados y tendría disponible toda esa información de la que tú no te acuerdas, pero ella sí. Ya puedo escuchar la cuña en la radio.

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Es un producto de Mother Robotics.

Pero los hijos también somos hijos forever y nos gusta estar con nuestras madres y sentirnos el tonto del bote durante un ratito. Disfrutar de esas comidas preferidas como si no hubiera mañana. Da igual que seas un médico reputado, un director de prestigio, un futbolista lesionado o un abogado infalible. De vez en cuando a todos nos gusta volver al rol de hijo y el que diga que no o miente o su madre es esta señora.

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Saludos Capitán

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