Diario de a bordo: El Visitante

Estimado Capitán:

Llevo meses sin informar de la evolución de los lechones debido a la falta de tiempo, sin duda, uno de los males más extendidos entre la comunidad terráquea conocida como PADRES. Los PADRES y MADRES del planeta hacemos malabarismos laborales para pasar más tiempo con nuestros hijos, hijos que pasan en un abrir y cerrar de ojos de cagarse encima y sonreír a elaborar frases como: «¿Después vamos al cine y vemos una película, vale?». Hay concejales menos capacitados para el discurso. Vamos Capitán, que el tiempo pasa a toda mecha, por emplear una expresión juvenil y un tanto alocada.

En estos meses que no hemos hablado la mejora en el lenguaje ha sido impresionante. Claro que ya tienen tres años, pero no dejan de sorprenderme día a día. Y también de noche.

Todas las noches se quedan dormidos en nuestra habitación. Empleo la expresión nuestra ya que realmente esa habitación es de los dos aunque mande ella. Yo obedezco sin rechistar hasta el día en que se me hinchen los c&%&%$ y entonces ya veremos ya, que el día que yo no esté, en fin… pero de momento manda ella que es quien tiene que hacerlo por temas de capacidad, organización e inteligencia…pero ese es otro tema.

La cosa es que todas las noches se quedan dormidos y tras un par de miradas tiernas a nuestros vástagos los depositamos con cariño en sus respectivas camas, los arropamos y les damos un beso. Eso suele ocurrir en algún momento indeterminado entres las 21:45 y las 22:30.

Nosotros nos acostamos, cansados de la apabullante rutina, y hacemos lo que debe hacer una pareja que se precie. Enchufar la nariz en los móviles los móviles hasta que lloramos sangre y caemos dormidos sobre el Chrome. Al final, tanta actualidad —«¡Estos cinco famosos encontraron sangre en sus heces. Te sorprenderá el quinto!» puede con cualquiera y Morfeo aparece.

Pero solo los padres entienden lo que es abrir los ojos a las tres de la mañana y encontrarte a tu hijo en plan «Paranormal Activity» con la mirada clavada en tu rostro. Te despiertas inquieto. Como se parece a Chucky. Si no te despiertas por la presión de su mirada siempre se hará notar con un llanto o directamente propinándote una buena hostia con su manita para que no quede lugar a dudas. Quiere subir a la cama. Entre los dos. Lo acomodas y descubres que suelta más calor que Massiel en un tablao. Y se queda dormido. A las cuatro despiertas de nuevo con uno de sus piececitos en la boca. Por que ellos, los visitantes, no duermen en una sola postura qué va. El kamasutra tiene menos opciones. Para arriba, para abajo, para la derecha, para la izquierda. La puta yenka en tu cama. Y cuando ya estás acomodado aparece el otro. Lo subes y te das cuenta de que más que una cama parece una melé.

Y así nos vamos los padres al trabajo. Cansados, descoyuntados. Nos empujan tan al límite del colchón que no dormimos, levitamos. Pero nos vale. Porque somos tan felices como Errejón con un partido nuevo.

Un abrazo Capitán.

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2 comentarios en “Diario de a bordo: El Visitante”

  1. Tendrías que probar a dormir con 3 “visitantes” (y como extra un gato!). En el trabajo me han puesto un mote por mis despistes constantes. Te diría cual es, pero no me acuerdo, estoy demasiado cansada! 😉

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