Una buena hostia de Bud

Hoy es un día triste para los que como yo vivimos nuestra infancia en este precioso, pequeño e ilógico planeta Tierra a mediados de los ochenta. Dicen que educar en la violencia no es bueno, que los dibujos de hoy en día son un collage de gritos, peleas, persecuciones y tiros. Estoy de acuerdo, seguro que es así, pero hay una violencia con la que me crié de pequeño, una violencia más humorística, familiar y entrañable.

Hay muchos sueños de infancia no cumplidos para los de mi generación.

Conocer a Stallone, montar en el DeLorean y viajar en el tiempo, tocarle un pecho a Sabrina o incluso los dos si hubiese tiempo y capacidad palmaria (palmaria de palma de la mano) y, como no, que Bud Spencer te diese una buena hostia.

Una hostia rica, impertérrita, caliente y sorpresiva; original e hilarante.

bud_spencer_03_97556.jpgEstoy seguro que algunos de esos sueños no los voy a cumplir y otros sí los he conseguido (besos Sabri), pero Bud se nos ha ido para siempre.

Lejos quedan aquellas tarde de cine en las que mi padre me llevaba a ver sus películas “Y si no nos enfadamos”, “Par Impar”, “Banana Joe”…y yo disfrutaba como un enano (que al fin y al cabo es lo que era) del catálogo de sopapos, guantazos, mamporros, reveses, galletas y soplamocos que soltaban Bud y Terence. Ellos sacaban aquella risa inocente, sincera y lejana de todos y cada uno de los esperábamos que empezase la fiesta de golpes de turno. El resto, es decir, los diálogos, era mero relleno entre peleas. Como cuando hablan en una porno que le das para adelante. Supongo que lo que más nos gustaba era que parecían invencibles. Nada podía con ellos y eso, para un chaval de seis o siete años que se identificaba con aquellos extraños heroes, significaba que nosotros también lo eramos. Bud y Terence, Terence y Bud. Muchas risas, muchos golpes.

Bud y Terence eran auténticos, indivisibles…e italianos. No podían ser perfectos.

Yo de pequeño pensaba que eran americanos, claro, con esos nombres, pero no. Resulta que eran italianos, pero hoy no quiero hablar de Italia. Podría hablar como mucho de Sabrina, pero como excepción a la regla.

Cuando leo que Bud ha muerto, aunque yo creo que en realidad se está haciendo el dormido y en cualquier momento le va a soltar un mamporro al cura, uno de esos golpes con el puño cerrado y hacia abajo, me entristezco un poco…¡Allá va mi infancia! ¡Hasta otra Bud!

Nos queda tu legado y con mis hijos prometo ver “Y si no nos enfadamos” mientras estén en esa edad en la que lo único que hace falta para reírse son un buen par de hostias bien dadas.

Yo sigo en ella.

¡Ciao Bambino!

PD: Si tuviese una máquina del tiempo viajaría a 1980 me traería a Bud y a Terence y los soltaría en el Congreso de los Diputados. A ver qué pasaba.

Los del Cielo cuidado, no me lo cabreéis que os monta un Cristo pero de verdad en cero coma.

Saludos.

 

 

 

 

 

 

Rocky Balboa, Creed y la madre que los parió

Soy fan de Rocky. Creo que casi toda mi generación lo es. Aún recuerdo aquella tarde de 1986 en la que con nueve años compré una entrada para ver Rocky IV. Mi impresionable cerebro salió noqueado por todo lo que estaba pasando en aquella pantalla gigante. Un ruso de dos metros, muy malo malísimo (en los ochenta no había rusos buenos) mataba a golpes a Apollo Creed. La sala contiene la respiración. ¡Tira la toalla!  Pero Rocky no la tiró porque se lo había prometido a su amigo y no lo quería enfadar. Como sabemos, en los ochenta no hay nada más peligroso que un negro cabreado. Bueno, un ruso sí, pero nada más.

Total que Apollo muere (yo creo que de la hostia que se pega contra la lona) y tirado en el ring convulsiona.

—¿Mamá qué le pasa a Apollo? ¿Tiene hipo?

—No, hijo, convulsiona.

—¿Y eso qué es?

—Lo que le pasa a tu padre cuando llega el recibo de la luz.

Sigo embobado con la película. Rocky está muy cabreado, pero mucho. Y Rocky cabreado cuidado. Total que se va a Rusia a entrenar en comunión con la naturaleza. Tala árboles, escala montañas, hace dibujos con el pis en la nieve. Mientras que el ruso cabrón se dopa y entrena en una discoteca, porque eso de gimnasio tiene poco.

El momento de la venganza llega y claro el combate es la repera. Hay más hostias que en el Vaticano y el cine vibra con cada puñetazo de Rocky que ha conseguido abrirle el pómulo a Ivan Drago. ¡De repente Moscú está con Rocky!

Este Rocky es mi ídolo. Golpe a golpe, puñetazo a puñetazo, con valentía y voluntad logra derribar al coloso ruso.

—”Si yo puedo cambiar. Y vosotros podéis cambiar…¡Todos pueden cambiar!”

Rocky debería ser presidente del mundo. Muy americano, primero te forra a hostias y luego habla. Lo amo.

Salí del cine haciendo sombra, pegando puñetazos al aire, con la música en mi cabeza. Mi padre un mes después compró un perrito al que llamamos Rocky. Y el resto de películas de la saga fueron cayendo poco a poco. Los curas nos pusieron la III. Supongo que en comparación con Mr. T el padre Ángel no pegaba tan fuerte. Aquello fue unánime.

Después la I, la II en las que comprendí quien era ese tal Apollo y lo importante que era para Rocky.

Cuando uno es pequeño cuatro años son mucho tiempo y ese fue el tiempo que tuve que esperar para Rocky V. Salí del cine decepcionado y con la seguridad de que Rocky había pasado ya a mejor vida.

Y en 2006 llega a las pantallas la inesperada Rocky Balboa. La gente se ríe, pero Stallone, recupera a Rocky; calla a aquellos que le daban por derrotado y firma una película en el que tiene lugar el mejor combate de la saga. Y no es en el ring. Se trata de un combate dialéctico contra su hijo.

Rocky ya ha generado más frases inspiradoras que Paulo Coelho

Y es que si queremos a Rocky no es por los combates épicos, que también, sino por que sus películas durante 40 años hablan de segundas oportunidades, de amor, de padres e hijos, de miedos, de valor, de creer en uno mismo, de la muerte y de victorias. Quedarse con el boxeo es como decir que un cocido solo lleva garbanzos. Eso es Rocky.

 

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Y después de recuperar al personaje y darle un final a la altura de su legado…llega Creed.

A priori un boxeador con apellido de grillo no parece destinado a muchas cosas, pero resulta que Stallone da un paso más y gana el Globo de Oro al mejor actor secundario. Además está nominado al Óscar. Esto hace años sería como si nominasen a Torrebruno a un Grammy. Pues ahí está, callando bocas. Y lo que me alegro. Un tío que no tenía un duro cuando escribió “Rocky” y que a pesar de todo el dinero que le ofrecían para NO interpretar al personaje dijo cruzado de brazos y con morritos: “O lo interpreto yo o no hay película”. Y mirad lo que ha pasado.

Así que ya he visto Creed, pero antes me he metido entre pecho y espalda, una vez más, toda la saga. Esta vez acompañado por mis dos pequeños campeones. A ellos también les ha gustado. Aquí tenéis sus primeras impresiones.

Algún día subiré con ellos esas escaleras del museo de Filadelfia.

 

 

 

 

 

 

Regreso al futuro: 21 de octubre de 2015

Llevo una hora y media mirando al cielo por la ventana de mi casa y nada. Soy uno de los muchos seguidores de “Regreso al futuro” que quieren darle la bienvenida a Marty McFly y Doc, pero de momento se están haciendo de rogar. Mi novia me pregunta si me pasa algo y si he tomado la medicación. Se ríe de mí. Está convencida de que Marty no va a aparecer alegando que no es real, que es solo un personaje de ficción. La miro con una expresión muy de aquí, ladeando la cabeza ligeramente hacia un lado. “Pobriña”, pienso. Mis dos hijos, que apenas tienen dos semanas de vida sí que me siguen el rollo, viven con tanta intensidad la llegada de Marty que se han quedado dormidos y babean.

—Cierra la ventana ya, cariño. No seas friqui.

Un romántico “No tienes ni puta idea” se escapa de mis labios. Ella está a punto de increparme cuando un destello azul blanquecino ilumina el cielo tres metros por encima de la terraza de mi habitación y dos estelas de fuego calientan el aire nocturno. Reconocería ese coche en cualquier lado. ¡El DeLorean! ¡Al fin!

21 de octubre de 2015.

El futuro se ha vuelto presente sin darnos cuenta y de la misma manera, en breve, todo será un recuerdo. Han pasado 30 años, así, de un plumazo, pero para Marty y Doc solo ha sido un centelleo en el continuo espacio/tiempo.

—¡Hola chico, cuánto tiempo! ¿Vamos bien para Hill Valley? — exclama Doc al verme mientras me guiña un ojo y abre la puerta de mariposa de acero inoxidable de la máquina del tiempo.—La última vez que te vi no levantabas un palmo del suelo…

—¡Doc! ¡Marty! ¡Se me ha hecho largo, chicos!

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Marty, da un pequeño y grácil salto desde el habitáculo del coche hasta la terraza de mi habitación y le da un beso a mi novia —que tiene la boca abierta como una muñeca hinchable— en la mejilla.

—Veo que has sido papi…al cuadrado. Buen trabajo Tony…

—Ya ves Marty, Sperman me llaman. Y eso que no estaba concentrado que si me pongo de verdad hago media docena.

Les hago pasar y durante un rato nos ponemos al día. Les cuento todo lo que ha pasado en los últimos 30 años: les descubro Internet y debido a sus insistencia acabo haciéndoles una dirección de correo electrónico a cada uno: martymcfly@gmail.com y doc@gmail.com. Niegan con la cabeza, en silencio cuando les cuento las guerras del Golfo y la de Irak y se les pone el vello de punta cuando les anuncio el atentado a las Torres Gemelas. Marty le implora con la mirada, pero Doc niega, con gesto grave, con la cabeza. “No podemos intervenir”.

La crónica deportiva pasa por la Roja y sus gestas. Por el gol de Abreu. Les sorprenden que Bill Cosby sea un violador casi tanto como que esté a punto de estrenarse el Episodio VII de La Guerra de las Galaxias; nos reímos cuando les cuento que a Sabrina se le escapo una teta en fin de año y le doy un sobre a Marty para que lo lea cuando pueda. En la carta le cuento que el actor que le encarna, Michael J. Fox, padecerá dentro de muy poco la enfermedad de Parkinson. En una escena familiar, rompe la carta en muchos trocitos y me dice lo que ya sé. “No debemos saber nada sobre nuestro futuro”.

Raquel nos ofrece unas Coca Colas zero con cafeína, pero las rechazan.

—Somos más de Pepsi Perfect.

Aseguran que el futuro no es como se lo esperaban y hacemos una lista de cosas que deberían haber sido y no son. Ellos preguntan y yo respondo.

—¿Hoverboard?

—Estamos trabajando en ello.

—¿Videoconferencia?

—Sí, eso sí. Se llama Skype.

—¿La mujer explosiva?

—Tenemos Badoo.

Debido a su insistencia también acabo abriéndoles una cuenta a cada uno. Marty1985 y DocPerillón.

—¿Robocordones?

—Ummmm, no exactamente. Se está volviendo al velcro.

—Coches voladores sí, ¿no?

—Pues la verdad es que no. Ni patinetes, ni coches. No hay nada que vuele, pero hemos inventado los drones.

—¿Drones? ¿Y para que sirven?—pregunta el inventor curioso que es Doc Brown. No para de tomar notas de lo que le cuento.

—Para llevar cosas de un sitio a otro, tienen aplicaciones militares, para llevar órganos en operaciones…

—Qué fuerte…—susurra sorprendido Marty.

Ponemos la tele, quizás un informativo les haga ver cómo es de verdad el siglo XXI. Los bebés duermen plácidamente en el salón y mi novia sigue con la boca abierta sin pestañear. Ahora es ella la que  parece una friqui.

—¿Ese quién es?—pregunta Marty.

—Es Pablo Iglesias. Paul Churches.

—¿Y en qué grupo toca?

—No es un artista. Es un político. Pero si tocase algo yo diría que sería la armónica.

—¿Qué tal los políticos del futuro?

_ Bueno… Digamos que a más de uno le hacía falta una descarga de 1,21 gigavatios… Vía anal.

_Comprendo.

Hacemos zapping y se quedan maravillados de lo mucho que ha cambiado el mundo y lo poco que lo ha hecho Jordi Hurtado.

—Es más— apostilla Doc— creo que está exactamente en la misma posición que en 1985. La sonrisa es exactamente la misma, en serio, soy muy bueno con las caras.

Nos despedimos. Los echaré de menos. Marty le da un beso a los bebés en la frente y Doc hace una reverencia a Raquel que parece que empieza a reaccionar. La pareja de viajeros en el tiempo se sube al coche y el rugido del motor inunda el bloque de edificios. No me acabo de acostumbrar a verlo elevarse en la noche; el zumbido  del motor va en aumento: el destello blanco y azul inunda de nuevo la calle y la onda expansiva de la turbulencia espacio temporal me levanta el pelo y mueve mi camiseta.

Supongo que habrán vuelto a 1985, a la época de Reagan, de Michael Jackson, del VHS…

Yo me quedo de momento en 2015. Por fin he llegado.

Estoy en el futuro.

 

 

 

 

 

 

Watchmen y Robin

Menuda semanita para los amantes del séptimo arte. Robin Williams y Lauren Bacall en apenas 24 horas. A ver con qué noticia nos levantamos mañana, crucemos los dedos.

Lo que rondamos los cuarenta tenemos un hueco especial en nuestro corazón para Robin por muchas razones. Una de ellas es que para nosotros siempre será “El Capitán”. Estamos hartos de escucharlo, pero es cierto. ¿Acaso existe algo que dé más placer que arrancar esa página del libro? ¡Qué bien sienta romper las normas y más cuando se tiene a algún listillo delante!

Inspirador.

Otra de las razones por las que me da pena que Williams nos haya dejado es la bonita amistad que le unía con Christopher Reeve. Comenzaron desde abajo, compartiendo habitación en Julliard, y acabaron convertidos en estrellas. En estrellas caídas, pero deslumbrantes. De las que nunca se apagan por mucho que se mueran.

Nunca nada pudo con su amistad.

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“Momentos antes de la complicada operación de recolocación del cráneo en la columna, de la que Christopher Reeve sólo tenía un 50% de posibilidades de salir con vida, Robin Williams se presentó por sorpresa en la habitación del hospital haciéndose pasar por un proctólogo ruso dispuesto a “hacer un examen rectal a Superman”, llamado Dr. Kosevich, un personaje con dificultades para hablar inglés que interpretó en la comedia Nueve meses.”

“Era un momento especialmente oscuro de mi vida y de repente abrió la puerta un tipo bajito con un gorro azul, bata quirúrgica y gafas que hablaba con acento ruso”, contó después Reeve. 

“Me reí por primera vez desde el accidente. Mi viejo amigo me ayudó a saber que, de alguna forma, todo iba a salir bien”, relató el más carismático Superman de Hollywood”

Williams nos dejó esa mirada tan suya mezcla de humor y ternura. Al parecer algo pasaba allí dentro, en los confines de su cabeza. Algo que quizás no pudo o no supo controlar. El colmo del payaso. No sé por qué la muerte de Robin me ha traído el recuerdo de una pequeña historia dentro de otra historia. Sucedía en “Watchmen”:

“Esto me recuerda a un chiste: Un hombre va al médico. Le cuenta que está deprimido. Le dice que la vida le parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en este mundo lleno de amenazas donde lo que nos espera es vago e incierto. El doctor le responde “El tratamiento es sencillo. El gran payaso Pagliacci se encuentra esta noche en la ciudad. Vaya a verlo. Eso lo animará”. El hombre se echa a llorar.

Y dice “Pero, doctor… yo soy Pagliacci“.

Es un buen chiste. Todo el mundo se ríe, suena un redoble y cae el telón.”

Ciao Capitán.

Salud hermanos.

Cine de comedia: Rambo III y primeros auxilios

Si es que hay películas que llevamos años sin saber apreciar. Confundimos el género y entonces la cosa no funciona. Entiendo que si te sientas a ver Rambo III como película de acción, bueno pues vale, te ríes, pero si la ves como una comedia…es entonces amigo cuando se destapa la caja de la risa floja.

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El primer plano de Stallone no tiene precio: sí hombre, ese en el que la cámara se le acerca por la espalda con una música muy buena y de repente… la música para… y  Stallone se da la vuelta mientras luce  esa mirada marca de la casa de “No sé si liarme a hostias ya así en frío o leer a Cela”.

Del pelo ya ni hablamos: parece el hermano anabolizado de Camarón.

Y nada,  que Rambo (para sorpresa de todos) opta por la primera opción (la de las hostias) y ya en la primera escena se pelea con un chino que da más miedo que el de Roxette recién levantado. Hay que reconocer que el oriental tiene valor y es que en esta película Stallone está más cuadrado que un cubo de Rubik, parece que está formado por piezas de Lego.

Como es el bueno le mete una paliza al tipo que lo deja para el arrastre y al final su mirada sugiere (siempre con sutileza) que se lo va a cargar:  se le hinchan las venas del hipotálamo, abre tanto los ojos que parece un buho hasta arriba de farlopa y respira muy rápido…una escena con mucha tensión; los tailandeses le arengan y le dicen en tailandés normativo: ¡Cárgatelo ya nenaza!

Pero Rambo (III) no cae en la trampa, se recompone y deja vivir al colega. Pelea, pero a disgusto, después siempre se arrepiente. Es un alcohólico de la violencia.

A todo esto, hostia va hostia viene, entre el público y muy atento pulula el coronel Truman/ Richard Creena. Truman es un pez gordo del ejército y el amigo del alma de John. Son inseparables como Los Morancos pero con galones. El coronel ha seguido el rastro de su amigo John Rambo hasta ese cuchitril, y el tío se chupa a gusto el combate. Solo le faltan las palomitas y las gafas 3D.  Eso sí, Truman es tonto del culo porque acaba el combate y para llamar la atención de Rambo utiliza una avanzada técnica militar norteamericana: llamarle por su nombre entre dos mil fulanos.

─¡Eh tú! ¡Eh Rambo tío! ¡Hazme caso hombre!

Pero su amigo no le escucha entre tanto jaleo (aunque para mi que sí, pero se hace el sueco). Además resulta que Rambo en Tailandia es como el Elvis en Las Vegas porqué en cuanto termina el combate le tapan con una manta como al “Rey”, lo meten en una canoa (que son las limusinas de allí)  y venga río arriba a currar en el templo.

Al llegar a este punto tenía la mandíbula desencajada y eso que no van ni diez minutos de metraje. Hay grandes momentos que vale la pena recordar. Al final Truman lo encuentra en el templo ese en el que trabaja y le vuelve a llamar:

─¡Eh tú!

Rambo le mira y le dice:

─¿Quién? ¿John?─ pregunta mientras se toca el pecho con el dedo.

Se abrazan y lo pasan pipa recordando viejos tiempos. Truman le ofrece una misión de alto standing, que solo Rambo podría cumplir con garantías, pero como este le dice que, no que esa ya no es su guerra pues el viejales se envalentona y dice eso de: “Aquí manda mi polla: (versión militar de para chulo mi pirulo) y eso otro de: “Dejadme a mi que ya lo hago yo”.

Y claro…nada más poner el pie en la aduana de Afganistán lo trinca la Guardia Civil.

Así que Rambo (III) se cabrea y prepara el rescate.

Se infiltra con los talibanes, juega al deporte ese del caballo con la oveja, se hace colega de unos insurgentes y rescata al coronel al que si cada vez que sale en pantalla le cambias la música por la de “Agarralo como puedas” parece Leslie Nielsen, siempre con esa expresión de “Me he tirado un pedo, pero a ver si nadie lo huele”.

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Rambo III nos enseñó muchas cosas. Bueno, muchas no, pero una fijo. Nos acercó al mundo de los primeros auxilios. Vamos allá:

1) Si alguna vez tienes la mala suerte de que te clavan una flecha en un riñón y estás solo en una cueva en Kabul o alrededores, sobre todo no te pongas nervioso, no pasa nada hombre. Mantén la calma, respira por la nariz y echa el aire por la boca.

2) Ante la duda…cauteriza.

¡Claro! Te cauterizas la herida y tiras “palante”, no me seáis blandos. ¿Sin anestesia? Sí, sin anestesia…. que todo lo queréis. A ver si is creéis que estamos en la Ruber. Esto es Afganistán aquí solo hay piedra y muerte.

3) Postoperatorio

Una vez cauterizada la herida lo mejor para recuperarse (siempre según la película) es liarse a hostias hasta con el cocinero, saltar mucho, pelear a pecho descubierto, cargar con artillería pesada, ir de romería…

4) Efectos secundarios

Lo bueno de este tratamiento es que apenas tiene efectos secundarios. Nada de nada, sientes como un puntito leve en la quemadura de segundo grado que te has infligido, pero con llevarte la mano y torcer el labio como un fantasmiko ya sana.

Lo dicho chicos, una gran comedia a la altura de “Love Actually” pero en vez de besos hay leña.

De pequeño recuerdo que le pedí al maromo del videoclub si me podía regalar el póster troquelado de la película. Lució en mi habitación durante algunos años, cuando me despertaba por la noche y veía a John con esa expresión mirando al infinito me sentía seguro. Estoy casi seguro que de vez en cuando sus ojos dejaban de escrutar el vacío, me miraba y me decía: duerme macho. Y yo le hacía caso. Como para no.

“Dios tendría piedad, Rambo no”…y pariendo de esta base amigos…todo es posible.

Por la descripción o hablaba de Rambo o de Pepe el del Madrid.

¡Salud hermanos!

 

 

 

 

 

 

Los gemelos

─Vais a ser padres de gemelos─ dice el doctor mientras señala la ecografía.

Ernesto se desmaya y cae redondo antes de que el hombre de la bata blanca acabe de pronunciar la última sílaba. Paula comienza a llorar.

─¿Gemelos…? ¿Se refiere a dos? ¿Dos personas diminutas? ¿Aquí dentro? dice ella señalándose, asustada, la barriga.

En ese momento Ernesto se despierta, confuso, en el suelo y sacude la cabeza.

─¡Sí!─ afirma sonriendo el ginecólogo. ¡Exactamente!¡Enhorabuena pareja! ¡Gemelos!

Tito vuelve a desmayarse de nuevo antes de que el doctor termine la palabra.

Y es que lo de los gemelos tiene que ser un reto. Si ya es complicado ponérselos…tenerlos, criarlos y que todo llegue a  buen puerto…la perspectiva tiene que acojonar. ¿Dos bebés, que serán dos niños y después dos adolescentes? Me imagino la mirada al infinito de los padres en ese pequeño, fugaz e intenso momento de reflexión y aceptación; la misma mirada que alumbra al aventurero cuando levanta los ojos y escruta la cima de Everest sobre su cabeza… tan lejos y tan cerca.

Hay varias preguntas que me vienen a la cabeza.

Eso que dice la gente…

─Sí acojona, pero se te pasa todo cuando lo tienes en tus brazos por primera vez.

A ver, no me malinterpretéis. Esto seguro que es verdad: se te pasa, pero una vez sorbes la baba y borras la sonrisa de la cara, el miedo tiene que volver a encontrar su camino por algún lado ¿no?

Sed sinceros.

El mundo de los gemelos da para mucho. incluso para misterios dignos de Cuarto Milenio. Por ejemplo: el de Leo y Ryan que nacieron en 2008 en Berlín. Uno es blanco y otro es negro. Me pasa a mi y me mosqueo. ¿Cómo voy a tener yo un hijo blanco?

El extraño caso de los gemelos de colores

El extraño caso de los gemelos de colores

Después están las historias sobre la conexión especial de estas personas.

─¡Es asombroso!─ confesó John Reed en febrero de 1967 en el marco del estudio Twins: the other true llevado a cabo por expertos de la Universidad de Boston─ ¡Si yo me tiro un pedo, George lo huele!

Hay más. Los caprichos de la genética son un caso aparte. Observemos esta foto:

GEMELOS QUE NO LO SONPues estos dos no son gemelos, ni siquiera son hermanos. La historia es la siguiente: un día, muy temprano, el fotógrafo canadiense François Brunelle  decidió que durante el siguiente decenio de su vida se dedicaría a tomar imágenes de personas que se pareciesen, pero que no tuviesen ningún vínculo familiar. No es una empresa baladí y los primeros intentos no fueron del todo bien recibidos. La crítica, siempre en busca de nuevas víctimas, abanderaba la teoría de que los primeros modelos no hacían honor al espíritu del proyecto.

Freeman Nicholson

A título personal he de decir que nunca estuve de acuerdo con estas críticas. Brunelle estaba comenzando el proyecto. Si nos ponemos tan pejigueros aquí nadie emprendería nada.

En la pantalla grande los gemelos también han hecho de las suyas:

─Príncipe y méndigo (1937): En realidad en la historia no eran gemelos, simplemente como en las fotos de Brunelle, se parecían mucho. ¿Cómo consiguió el director dos personas tan parecidas? Me considero una persona de inteligencia media y no logro encontrar la respuesta. Un momento…creo que…no…imposible.

─Tú a Boston y yo a California (1961): Clasicazo. Imprescindible. Una joya. Tengo que verla.

─Los gemelos golpean dos veces (1988):Esta es de las mías. Arnold y Danny DeVito. Los gemelos más inverosímiles y más molones de los ochenta. Aún la veo de vez en cuando y me parto el higo con la química entre los dos. Al que se le ocurrió la idea de juntarlos en esta tesitura tenían que hacerle una estatua en Soria al lado de la de Paca. El nombre original de la película era Twins, que significa gemelos. A priori, y sin ser lingüista, la traducción parece fácil. Pues no…

Enero de 1987

Benito, el encargado de titular, no da para más. Es Nochebuena, está cansado, ebrio y quiere volver a casa de una vez para que su mujer le riña como Dios manda, pero no puede hacerlo. No, hasta que encuentre el título adecuado para la nueva producción de Hollywood.
Twins.Esa es la única y aterradora palabra escrita a mano por Benito en un trozo de papel. Ya lleva dos meses rompiéndose la cabeza y no hay forma. Uno de los camellos que frecuenta el bar le tienda una raya de cocaína y Benito, que nunca ha sido hombre de drogas, se rinde. Hunde la cabeza en la blanca harina que mancha la barra, esnifa a gusto la farlopa y un segundo después, con los ojos abiertos como platos exclama:

─¡Lo tengo!La clientela habitual (taxistas, borrachos, prostitutas y algún que otro alcalde) enmudece.

─¡Los gemelos golpean dos veces!Un murmullo de aprobación se generaliza y va contagiando el ambiente. El camello levanta el pulgar y asiente; el alcalde aplaude, y las prostitutas dan su beneplácito sacándose sus fornidos pechos. Benito sale corriendo del bar y la gente se calla de repente.

─¿Menudo titulo de mierda no?─ pregunta el alcalde a sus amigas las meretrices.

─Sí papito, pero Benito es el único que sabe inglés por aquí.

─ ¿O sea que es el único bilingüe de este bar?La mujer de vida alegre baja la cabeza y sonríe pícaramente.─No papito no.

─Llamáme señor alcalde guapa…Dejemos aquí la escena que lo que viene ahora es lo de siempre.

Dos gotas de agua

Dos gotas de agua

Esta es la historia real. Menos mal que no hubo secuela. ¿Los gemelos golpean dos veces, dos? Aquello hubiese sido una pesadilla léxica y semántica para Benito que no hubiese podido con ello.
En definitiva amigos. ¡Que vengan niños al mundo! ¡Y si puede ser de dos en dos mejor! ¿Por qué?
Pues porque les podréis comprar cosas aquí:

https://www.facebook.com/mispequenosreyesgalicia

Mis pequeños reyes

Tenemos una oferta muy buena esta semana. Pagas tres y te llevas dos. En serio, tened hijos. Son el futuro: el futuro Rajoy, la futura Botella, el futuro Jordi Hurtado, el futuro Panocha, pero quién sabe…igual tenemos suerte y una de los vuestros en vez de salir rana cambia el mundo para mejor.Los que sí que sé que cambiarán el mundo y lucharán contra la injusticia y por el modo de vida mejicano son Ernesto y Cayetana que acaban de asomar sus idénticos culos al planeta Tierra.¡Bienvenidos chavales! No llegáis en le mejor momento (en este país hay mucho chorizo), pero os haremos un hueco. Donde comen dos, comen cuatro.

¡Salud hermanos!

PD: Qué bien para vuestros padres que se les van a juntar vuestros dos cumpleaños con los regalos de Navidad y reyes. Ahora pongo voz de Joaquín Prat: ¡Por duplicado! ¡Bendita crisis! Me parece que vuestro regalo de cumple va a ser un colchón nuevo cada año hasta que cumpláis dieciocho y en Navidad la almohada. ¡Qué envida!

De James Dean a Paul Walker

Paul Walker muere en accidente de tráfico a los 40 años

Esa es la noticia con la que me despierto esta mañana y como amante del cine, me sorprende. Siempre que un actor joven muere, me quedo bastante impactado. Me pasó con River Phoenix, me ocurrió con Heath Ledger y también con Brittany Murphy.  Las ironías del destino han querido que el actor de 40 años perdiese la vida en un coche que fue el vehículo que lo catapultó al estrellato con la saga 2Fast2Furious. 

Fallece el actor Paul Walker a los 40 años en un accidente de coche.

Fallece el actor Paul Walker a los 40 años en un accidente de coche.

Walker se une a la lista de actores desaparecidos que nos dejaron demasiado pronto:

Heath Ledger

En la cima de su carrera, tras haber firmado el mejor Joker de la historia en una de las grandes películas de este recién estrenado siglo XXI, el actor australiano apareció muerto el 22 de enero de 2008 en su apartamento del SoHo de Manhattan. Recordad, por muy mal que os vayan las cosas intentad no mezclar oxicodona, hidrocodona, diazepam, temazepam, alprazolam y doxilamina. Si el Joker no pudo aguantarlo, imaginad lo que haría con vosotros. Una pena, era un actorazo que seguro nos hubiese regalado momentos inolvidables.

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 Brittany Murphy:

Once meses después, el 20 de diciembre de 2009 la que nos dejó fue Brittany Murphy. Cuatro años después aún no se sabe con certeza la causa de su muerte. Primero que si una caída en el baño, después que si una neumonía, después que si se medicaba…todo muy turbio. Hace unos días un nuevo análisis confirmaba el hallazgo de diez tipos de metales en la sangre de la protagonista de Sin City. O sea que de muerte natural nada. Y la rueda sigue girando…

Britanny Murphy

Aún se desconocen las causas de su muerte

Brandon Lee

La muerte del hijo de Bruce Lee es una de esas historia para no dormir y sucedió durante el rodaje de “El Cuervo” en 1993. En la fatídica escena el personaje de Lee era víctima de un tiroteo, pero lo que nadie se podría imaginar es que la Magnum 44 descorchada para la ocasión ocultaba en su tambor una antigua bala (de las de verdad) que nadie vio. El resto forma parte de la historia negra de Hollywood.  Personalmente creo que esta historia es tan inverosímil que tiene que ser verdad. Todo muy tétrico si tenemos en cuenta que en “El Cuervo” (que fue un éxito), su personaje regresaba de entre los muertos para vengarse. Acojonado tenía que estar el responsable de revisar las armas.

Brandon Lee

Tres actores que han pasado a engrosas esa oscura lista negra de Hollywood. Muertes extrañas, con lagunas, accidentes…sí eran famosos y con talento, pero eran muy jóvenes. Así que desde Cartas a 1985 hacemos un brindis por ellos y por los momentos que nos han hecho pasar pegados a una butaca.
Por desgracia no son los únicos, hay más. Unos son  grandes mitos como James Dean (que también murió como Walker, en un coche) o Marilyn Monroe. Otros  como Corey Haim (Jóvenes Ocultos, Papa Cadillac) o Heather O´Rourke (la niña de Poltergeist) apenas arañaban la categoría de estrellas.

Las drogas acabaron con River Phoenix a los 23 años y con Brad Renfro a los 24.

Y es que la cara oculta de ser una estrella tiene que ser una carga complicada para un chaval.

Siempre nos quedaran sus películas.

¡Salud hermanos!