Diario de a bordo: Los cochitos

Estimado Capitán:

La verdad es que hecho de menos nuestro planeta; la quietud de su gentes, la armonía entre sus razas, la bondad de nuestro carácter. Aquí, en La Tierra, es todo lo contrario. La gente grita, está todo el día a la gresca y hay gente para todo. Usted se volvería loco por aquí y más en esta época del año: el verano. Ya le he hablado de la costumbre de esta raza de tostarse al sol medio desnudos y untados en aceite, pues aún hay más. Resulta que en esta estación abunda una cosa que se llaman genéricamente «fiestas». Así que es muy normal escuchar frases como «Me voy a la fiesta», «Es que hoy no puedo que son las fiestas de mi pueblo» y cosas así.

Las fiestas se dividen a su vez en:

—Procesiones: Se trata de un desfile de gente disfrazada de cabezudos y de gigantes (80% de cabezudos y 20% de gigantes) más un séquito de gente vestida con sus mejores galas y cara de que se ha muerto el abuelo. Todo muy bipolar.Es como estar en una película de Tim Burton. Además aquí, en Galicia, el lugar en el que aterrizó mi nave hace decenios, a los cabezudos y a los señores serios hay que sumarle a unos gaiteiros lo que aporta más cordura al asunto. A los lechones les encanta esta performance. Será el colorido.

— Atracciones: A las que depende de la edad y la zona en las que uno viva les llama cochitos, atracciones, cahivaches, barracas etc. Pero en realidad es como un Ikea de churrerías. Hay una churrería cada cuatro metros. Todas con el mismo nombre lo que hace pensar que esta gente monopoliza el mercado del churro sí o sí. Entre churrería y churrería hay barracas regentadas por buena gente con mal aspecto. Son muy agradables en general, pero parece que llevan media vida en San Quintín. Si no tienen al menos un tatuaje es que llevan poco en el sector. Montamos a los niños en un Tío Vivo (en su momento se valoró llamarle Tío Muerto pero el gremio de feriantes tatuados decidió por mayoría necesaria que  no era un nombre comercial) y se lo pasaron pipa montados en un barco con forma de Mickey. Me subí con Anton Jr., la sirena ululó como si alguien estuviera matando un cerdo a diez metros (en serio, ¿hay necesidad?) y me empecé a marear en la vuelta número 2.

—¡Me mareo y solo van dos vueltas, cari!— grité alzando la voz sobre la relajante música de Camela.

—¡No las cuentes cariño que es peor!— me respondió ella.

Fueron 37 vueltas.

Y sí. Es peor contarlas.

Pero bueno, todo con tal de ver a mi hijo saludar con la mano al mismo punto 37 veces. Su hermano al principio no quería subir, pero a medida que fueron pasando los días cayó también en esa tentación que es girar, girar y volver a girar. Girar y saludar, girar y saludar, girar y saludar…

— Fuegos artificiales

Los fuegos se dividen en luz y sonido. Creíamos que les iba a hacer ilusión. Además tenemos una posición privilegiada ya que desde nuestro balcón se puede admirar en todo su esplendor. La parte de las luces bien, son como gominolas para los ojos, pero la del sonido mal, son como tumores en los oídos. Y claro, esta es una de esas cosas en las que o te gusta todo el conjunto o no tienen nada que hacer. No se puede. O todo o nada. O al rojo o al negro. O Marta Sánchez o Vicky Larraz. No hay medias tintas.

Empezaron a temblar y a decir no con la cabeza, así que me refugié con ellos en el pasillo. Lo que iban a ser unos minutos familiares se transformaron en Apocalypse Now en cero coma. Quizás el año que viene.

 

Saludos Capitán.

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Diario de a bordo: Reunión de guardería

Estimado Capitán:

El verano arrecia en el planeta Tierra. Las playas llenas de gente aceitosa, las calles inundadas de pantalones cortos, chanclas y helados…Pero los padres primerizos estamos ya pensando en septiembre y en lo que aquí se les da en llamar: La Guardería. Como su nombre indica, la guardería es el lugar en el que se guardan hijos. Es decir, un espacio en el que unas personas ajenas a la familia cuidan de nuestros lechones mientras nosotros trabajamos o estamos ocupados estando en paro. Bien, pues resulta que la jefa de la guardería, La Capitana para que me entienda, convoca una reunión con todos los padres para explicarles el funcionamiento del lugar. Y ahí estoy yo con otros tantos padres; unos con más experiencia Padres Premium (hay gente con cinco hijos algo tan inaudito como nacer con siete testículos) y otros con menos maestría Padres de Hacendado a los que se nos reconoce por la cara de pánfilos y la mirada de búho.

La verdad Capitán es que hacía años que no me sentaba en un pupitre y un montón de recuerdos me arroparon durante la reunión. Delante nuestra estaban ellas. Las profes. Personas que serán una gran influencia para los mellizos durante el próximo año; profesionales con uniforme (que da más seguridad) compuesto por un pantalón rosa fuerte y una alegre camisa multicolor. Deduzco que no son daltónicas y eso está bien. En esta época en que los niños aprenden cosas como los colores se agradece. Trasmiten sensación de equipo; así alineadas parecen las Harlem Globe Trotters de la educación infantil. Me gustan. La Capitana nos habla del funcionamiento de La Guarde. 

Hay algunas normas básicas que no deberían verbalizarse y sin embargo lo hace. Será por algo.

Las normas

Hay tres normas básicas.

Norma nº1: Los niños deben venir limpios a la Guardería

Yo había pensado rebozarlos en unto, barro y después rajar una almohada y soltarles todo el plumón encima. ¡Claro que tienen que ir limpios! Lo que me inquieta qué tendrá que haber visto en su carrera esta mujer para tener que recordarlo de viva voz. Supongo que la frase de Rambo de “He viso cosas que harían vomitar a una cabra” se aplica en este caso.

Norma nº 2: No llevar a los niños con fiebre

Los niños deben ir sanos a la guarde. Y es que hay edades en las que estas criaturas son como fichas de dominó. Cae una y van todas detrás. Como las cervezas.

Norma nº3: Norma Duval.

A continuación La Capitana nos habla del comedor, de los niños celiacos y me pongo muy contento de que haya extranjeros en el centro. La mezcla de culturas y razas es necesaria para el enriquecimiento intelectual de nuestros hijos.  Incluso puede que algún día vayamos de vacaciones a Celia, que supongo que será una isla italiana o griega.

Otro punto en el orden del día fue el tema de los carritos. La responsable nos advierte de la imprudencia de dejar los carritos aparcados en la puerta ya que el centro no dispone de un vigilante para estos menesteres. Yo pondría a Batman. O si no puede ser pues pondría a un aparcacoches vestido como Batman, pero que en realidad no fuese él, no sé si me entiende, Capitán. A eso en La Tierra se le llama señuelo. A mi juicio señuelo es un nombre de mierda para un vigilante, pero buen, a falta de Batman…Lo que nos queda claro es que hay que tener ojo con los carritos que hay mucho pájaro suelto y el curso pasado desapareció alguno.

La Capitana se dispone a anunciar los nombres de los niños y el de su futura profesora que será la encargada de la visita guiada por el centro. Cuando nombra a la profesora yo aplaudo. Nadie me sigue el rollo. No lo entiendo. Se merecen un aplauso. Al fin y al cabo serán parte de la familia durante un año. Seguí aplaudiendo en cada nombre por principios. Algunos padres me miran mal, sobre todo los estrábicos. En fin. No se puede luchar contra ciertos comportamientos, Capitán.

Me toca una profesora muy maja que nos habla de los horarios, de las necesidades, de la mecánica de la escuela; hago alguna pregunta y me mira como si fuese un padre desinformado. Me ha calado enseguida. Se habla de juguetes, de siestas, de peluches. Una madre preocupada (tenía el ceño fruncido como cuando llevas tres días sin ir al baño) pregunta por el tema del chupete. La profe nos guiña un ojo y nos confiesa con complicidad que en Navidades Papa Noel visita el lugar y se lleva los chupetes de los niños para siempre.  Cojonudo. Un Papa Noel cleptómano. Le digo que a ver si va a ser él el que roba los carritos. El resto de padres se ríen, pero ella no y solo hay una explicación para eso:

Creo que la profe me tiene manía.

 

Un saludo Capitán.

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Diario de a bordo: Primer día de playa

Estimado Capitán:

Aquí, en La Tierra, existen unos lugares llamados playas. La gente de este planeta es una raza muy muy coherente así que cuando el sol pega fuerte, ellos, los humanos, buscan en estos abarrotados espacios el punto exacto en el que les dé el sol de lleno. Cuanto más mejor. Lo hacen para ponerse morenos. Algunos se pasan y son lunares andantes. Le mando un informe del fenómeno. Y me adelanto a su pregunta. Los negros no están morenos vienen así ya de fábrica.  Lo de que haga calor y ponerse al sol es harto extraño. Esto es como si en invierno empezase a llover y la gente se tírase al río.

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Lo dicho Capitán, uno sabe que es verano en La Tierra porque puede ver un montón de humanos semidesnudos de todas las edades y tamaños asándose al sol durante horas; tumbados encima de una de las sustancias más incómodas de toda la galaxia: La arena. Nunca he sido un gran asiduo a los arenales terrestres lo cual me ha granjeado cierta fama de bicho raro entre mis amigos. Nunca me han gustado. Y las playas tampoco.

Pero los lechones están como locos. Para ellos la playa ha sido un gran descubrimiento comparable al chocolate o a la espuma. Verá Capitán, el otro día en un ataque de padre molón me arranqué con un imprevisto “¡Vamos a la playa!”. Mi mujer terráquea me miró mal. Peor que lo de costumbre quiero decir. Tenía una expresión en la cara idéntica a la que pondría uno si se le acercase un Inspector de Hacienda y le regalase 500 euros. Pero yo lo tenía claro. Quería comprobar el impacto que la arena, el agua y las algas tenían sobre mis hijos. ¿Les gustaría? ¿O por el contrario preferirán como su padre arder en el infierno y perder un testículo entre las puertas de un ascensor antes de asistir a esas fiestas de lorza, tangas y aceite?

Gracias a Dios parece que los niños son normales y les encantó. En las dos horas que estuvimos (bien caída la tarde) descubrieron en su primera clase de playa los Conceptos Generales de La Arena. Se resumen así.

La arena es maleable. La arena es divertida. La arena es blandita. La arena no se come. La arena cruje en tus dientes.

Esta última apreciación la descubrieron al introducirse un buen puñado de arena en la boca sin contemplaciones. La cara les cambió de golpe, como cuando descubres de primera mano qué es un supositorio. Ahí estaban los dos comiendo arena. Aquello parecía una cata.

—Ummm… ¡Esta tiene extra de feldespato!

—¿Feldespato? Un amigo tenía un abuelo que se llamaba así.

Cosas de críos.

Básicamente la lección más importante es que las playas no son comestibles. Así en general. La arena no se come y el agua no se bebe. Con esas dos directrices básicas aprendidas el primer día es más que suficiente.

Eso desde su punto vista.

Desde el mío, la experiencia fue distinta. En mi época de crío llevaba a la playa un bocata y una toalla y punto, pero en el mundo padre todo crece y se multiplica exponencialmente. Parecíamos los Gipsy Kings. Palas, rastrillos, cubos, bolsa, otra bolsa, un neceser, una sombrilla, una neverita, una silla, más juguetes. Si hubiese dos familias más que fuesen así de cargadas podríamos juntarnos, fundar un país nuevo o conquistar un islote pequeño. Tanta chatarrada y total para nada. Las palas no las usan, los rastrillos tampoco, el cubo de sombrero, la bolsa se llena de arena, la sombrilla que va mal y da menos sombra que Esther Cañadas, la nevera enfría pero solo un rato etc.

Lo que sí es cierto es que descubrí otra manera de ver la playa a través de sus ojos. Hicimos la croqueta, paseamos por la arena, disfrutamos de las vistas a La Celulosa (que es una fábrica que hay en medio de la ría de Pontevedra por que los políticos son más listos de lo que parece) y lo pasamos como nunca.

Ya tengo ganas de volver.

 

Diario de a bordo: Hoteles sin niños

Estimado Capitán:

En esta planeta la gente es un poco rara.

No toda la gente. Solo alguna, pero hace mucho ruido. Hoy he leído (que es como masticar, pero por los ojos) que se están poniendo de moda los hoteles sin niños. El sueño de Herodes. Según sus defensores son los mismos padres los que promueven esta etiqueta ya que cuando se quieren pillar un fin de semana para ellos solos quieren estar sin niños. La verdad es que a la hora de pillar todo el mundo prefiere estar sin niños y eso nunca ha sido un problema. Lo que no molan son las imposiciones camufladas de lo que sea.

Frasecillas de reclamo de estos establecimientos.

«Solo para adultos, tranquilidad garantizada»; «pack romántico, jacuzzi, chimenea». «Hotel adults only (a partir de 16 años). Disfruta de lo mejor de ser adulto».

Solo les falta añadir. “Final Feliz”.

Esto lo que es un picadero chusco de los de toda vida. Lo que me lleva a pensar que todo esto puede ser una nueva estrategia semántica para que locales de segunda de sábanas acartonadas prosperen bajo el término “hotel”

Además, ¿para qué liarse con tanta frase si con cambiar una letra ya está todo solucionado? La H por la M.

Motel.

En fin que estos humanos montan tonterías dónde no las hay.

Yo soy el primero que no llevaría a mis hijos a un sitio de este tipo, pero tampoco hay que prohibir.

“No es que está el derecho de admisión que es un derecho…”

“Tú calla culosudao que nadie te ha preguntado nada”.

Vale que no todos los humanos son padres, pero sí que han sido niños. Pensemos un poquito y basta de ponernos etiquetas que parecemos Mercadona. Los veganos con los veganos, las mascotas con las mascotas, los gais con los gais, Patxi López con Susana Díaz. Esto es un First Dates sin sentido.¡Ya está bien! ¡Que así nos estamos desconectando hijos míos!

Tampoco sé para que molesto. No voy a ir.

Espero que no se convierta en moda porque enseguida y según los motivos que alega este gente de tranquilidad, intimidad etc. Pues ya veo yo cosas como:

¡Mercadona Kids Free! ¡Compra tus condones sin que tus hijos te pregunten si son globos feos!

¡Cines Kids Free! Ven a ver lo nuevo de Disney sin las molestas risas de los niños. Y si lo tuyo son las emociones ven a la sesión golfa que por no haber no hay ni gente y a ver que se os ocurre.

Y para los padres especialmente especiales llegan:

¡Guarderías Kids Free! ¿Lo pasas mal al recoger a los chavales? ¿Te molesta el ruido? En Guarderías Kids Free nuestros bebés son de puta pega y no hacen ruido ni cagan ni nada. Reserva tu plaza ya.

Lo dicho. Hay mucho gilipollas. Los padres se merecen unas “vacas” de vez en cuando, pero los padres listos saben cómo y dónde hay que hacerlo.

¡Un abrazo Capitán!

 

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Diario de a bordo: Gestión de violencia

Estimado Capitán:

Esta mañana he tenido el privilegio de quedarme por la mañana con los lechones. Ayer fue una jornada de grabación agotadora que acabó especialmente tarde. ¡No se puede imaginar usted la agradable sensación que es despertarse a las siete de la mañana rodeado de dos señores en miniatura que quieren investigar el mundo!

En un rato saldremos de casa y mamá osa me ha dejado la ropa preparada para que los vista. Le dije que no se preocupase, que yo era perfectamente capaz de elegir un vestuario conjuntado y acorde a esta época del año. Ella me miró con una expresión a caballo entre la pena y la incredulidad y, sin decir nada, estalló en carcajadas, abrió la puerta y tras murmurar algo que no pude entender sobre el daltonismo se fue.

Hasta el momento los lechones y yo no hemos hecho gran cosa. Mover la cabeza al ritmo de la música, ver el resumen del debate del PSOE (ellos seguían moviendo la cabeza, pero esta vez cada uno para un lado), cagar mucho (sobre todo ellos) y pelear. Peleas entre ellos. Pensándolo bien, llamar a eso peleas quizás sea muy osado. Son pequeñas cosillas. Que si te pillo la mano con el cesto y aprieto para abajo, que si te tiro del pelo, pues yo te muerdo…Y esto, Capitán, nos lleva al tema de hoy.

¿Cómo gestionar la violencia?

A hostias. Así era en los ochenta. En el colegio caía alguna. Nadie mejor que un cura para mediar en un conflicto y soltar unas buenas hostias. Esto no es un secreto, es conocida la debilidad de curas y algunos profesores no pertenecientes al gremio de Cristo de educar a base de coscorrones, tirones de patillas, bofetadas etc. En algunos casos incluso han utilizado libros de textos y Biblias para calentar mofletes.

¿Cómo tiene que gestionar un padre moderno y daltónico como yo la “violencia” de sus hijos para que no se conviertan en unos ñetas?

Una cosa es la cabeza, que te dice lo mismo que esos gurús de la educación y otra la vida real. Personalmente Capitán me encantaría intentar razonar con ellos cuando por ejemplo Tomás le tira del pelo a Antón. Sería genial ser una especie de negociador, al estilo de las películas americanas.

—Tomás suelta a tu hermano. Haz el favor.

Tomás mira desafiante, se ríe y tira un poco más fuerte. Antón llora.

—Tomás, hijo, verás…Le estás haciendo pupa. Además estás rodeado. Creo que sería una buena idea si lo sueltas, nos vamos todos al salón y olvidamos todo esto. Mamá no tiene que enterarse.

Pero la realidad es otra. Por ejemplo ahora mismo. Tomás golpea el radiador como el simio protagonista de “El planeta de los simios” (la nueva, que es más violenta). No para, cada vez más fuerte. Está en modo asilvestrado. A mí también me dan ganas de golpear como un orangután el radiador cada vez que me llega la factura y no lo hago. No lo suelo hacer. Con gente delante.

Uno piensa. “Bien. ¿Cómo actuaría un padre guay en esta situación? Bill Cosby o el Dr. Seaver, alguien guay de verdad, pero no hay tiempo de maniobra y me sorprende enfilado hacia Tomás y antes de darme cuenta me escucho decir una frase llena de psicología infantil.

—¡Tomás! ¡Cómo no dejes de darle golpes al radiador te corto los huevos!

Ahora mismo está dando golpes a la silla y le dice algo. Está cabreado. Ahora es Antón que lo imita. Da golpes a la misma silla y también grita algo. Creo que es un rito para que llueva.

Buscando en Internet he encontrado unos consejos para estas situaciones.

  • Cuando un niño pegue, hay que decirle con firmeza: ‘no se pega’. Evidentemente. No le vas a decir: “¡Sigue! ¡Dale más fuerte! ¡Eres un flojo! ¡Al hígado!
  • Si persiste en su agresividad, lo que se puede hacer, sin perder la serenidad, es apartarle de nuestro lado, llevarle a su cuarto, o dejarle allí solo si está en él. En Guantánamo hacían algo parecido.
  • Cuando el comportamiento de pegar forma parte de una rabieta, nunca hay que permitir que consiga algún propósito por ese procedimiento. Nivel Hermano Mayor.
  • Una vez que la crisis (se referirá a Cuba o al Brexit) haya pasado, hay que volver a ser cariñosos con el niño (¡Ah vale! Hasta ahora era de mal rollo), sin rencor, como si no hubiese pasado nada. Y, por supuesto, hay que ser cariñosos también el resto del tiempo. (Aclarado queda)

Voy a seguir estas reglas. Aunque las cojo con pinzas Capitán. Ya sabemos que en Internet hay de todo. Desde Arturo Pérez Reverte hasta gente formada de verdad.

Habrá que buscar el equilibrio entre los curas de los ochenta y “Padres Forzosos”.

 

Un saludo.

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Diario de a bordo: Tomás Three Points

Estimado Capitán:

Esta mañana hemos vuelto a acabar en Urgencias. Esta vez antes de las diez de la mañana, que no se diga que no somos madrugadores. Nos pasan cosas sí, pero en horario de oficina.

¿Cuántas veces se caen los niños? La mayoría de las veces no se hacen daño, pero hoy he de reconocer que me he asustado.  Allí estamos los tres en la cama escuchando música (somos muy fans de la música), aplaudimos cada canción que acaba y pienso: “Menudo sábado molón de estar todos tranquilitos en casa, qué gustito. Y por la noche Eurovisión que siempre digo que no y al final pues algo cae”.

Lo que sucede a continuación ocurre en un segundo. Un segundo a cámara lenta.

Tomás se cae de la cama. Escucho el crujido de su cabeza contra la maldita esquina de la pared y empieza a llorar. Lo veo tumbado en el suelo y lo cojo entre mis brazos. Le doy un beso en la cabeza y noto en la lengua el sabor metálico de la sangre. Despego la mano. Esta manchada de sangre. Nervioso busco la herida. ¿Será mucho? Recuerdo el crujido que acabo de escuchar. La encuentro. Aquello me parece el Gran Cañón. Sigue llorando. Más sangre.

La de cosas que se le pasan a uno por la cabeza en esos momentos.

Lo llevo a Urgencias (no salimos de ahí en las últimas semanas) y al parecer la cosa no es para tanto. Tomás está más tranquilo y hasta se ríe. Eso me tranquiliza. Hay que darle tres puntos.

La maquinilla de afeitar. La aguja. El hilo. Sus lloros. La culpa. ¿Podría haberlo evitado? La herida cerrándose. El enfermero que le dice que es un campeón. De repente para de gritar. Es un valiente. La herida está casi cerrada. Uno más y ya.

Sus primeros puntos. Si te van a dar puntos por primera vez en tu vida que mejor que el día de Eurovisión.  Tres puntos. Tres más que Remedios Amaya en 1983.

Tomás se portó como un campeón. Dos enfermeros y yo (otra vez el número tres) sujetándolo para que pudieran darle sus tres puntos.

¡Enhorabuena hijo! ¡Eres un valiente! Iba a ser yo…

Pero sí, me asusté. Los golpes en la cabeza me dan miedo. ¿Y si se quedan como yo? Ahora veo esquinas por todas las esquinas.

Una vez pasado el peligro me acuerdo de mis primeros puntos. Qué tiempos.

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Aquí le dejo ese informa: Puntos de sutura

En fin Capitán. Seguimos con el plan: Casa y Eurovisión hasta que nos sangren los oídos. 

No sería nada, pero yo el crujido no lo olvido.

Lo dicho Tomás. Eres un campeón. Te quiero hijo.

 

 

 

 

Diario de a bordo: Los niños del lloro

Estimado Capitán:

Un año y medio de viaje y la ruta no deja de sorprenderme.

Los lechones ya caminan, corren y yo diría que en ciertos tramos con pendiente incluso esprintan. El tempo de la convivencia va in crescendo y en más de una ocasión me siento como Indiana Jones en En busca del arca perdida.

Yo soy Indiana. Ellos son la bola.

Hace un año eran unos seres que se entretenían con un eructo aquí, un bibe allá y todos tan tranquilos, pero ahora no paran. Suben, bajan, abren, corretean, cierran, ríen, corren, golpean, rompen, saludan, salpican, gritan, trepan, escalan,  exploran, estrujan y lloran.

Casi cualquier verbo que denote movimiento y/o destrucción valdría.

Llorar siempre han llorado. Eso sí, el llanto ha evolucionado y tiene más matices que los filtros de Instagram, que parece que no pero al final sí.  He estudiado durante estos meses los llantos y los he categorizado en los siguientes tipos. Helos aquí Capitán.

1. Llanto “Trata de arrancarlo”

Es ese llanto que sí, pero como que no. Ese llanto que siempre produce la misma reacción en los padres, bien sean múltiples o padres simplones de esos que solo tienen un hijo por parto. Uno de los niños (o ambos) comienzan con un quejido intercalado con silencios de blanca, negra o corchea. ¿Es un lloro o una queja? ¡Ah! Ahí está el misterio y la chicha de la cuestión. Veamos un caso real, pero con nombre ficticios para preservar el anonimato de los protagonistas.

Tomás Cruces llora de manera intermitente. Son las 4:17 de la mañana. Sus padres Antón Cruces y Raquel Lubiáns están agotados y no se percatan del lloro hasta las 4:21. Bueno en realidad papá si se da cuenta a las 4:19, pero, empleando un término científico, le tira de un huevo ya que son solo pequeños quejidos, como cuando afinaba Camarón de la Isla. Mamá, que duerme como King Kong después de una boda, hace un sonido con la garganta que se podría definir como una protopetición, un: “Llora el niño”, pero sin palabras ni sílabas. Papá que tiene un ojo abierto sigue haciéndose el dormido y suelta un ronquido sobreactuado para dejar patente que está durmiendo.

Nuevo quejido de Tomás en re menor.

—Vete tú— dice ella.

Ronquido.

—Sé que te estás haciendo el dormido.

Dos ronquidos.

—¿No estarás jugando a la tontería esa de “Un ronquido significa no y dos significan sí?

Dos ronquidos.

Aquí pueden pasar dos cosas. El niño se calma y se vuelve a quedar dormido o el niño se arranca definitivamente y entonces ya sí que sí. ¿Que se duerme? Pues todos felices y descansados. ¿Que aquello crece? Pues eso nos lleva al segundo tipo de llanto.

 

2. Llanto “Stradivarius”

Es un llanto muy complicado de ejecutar a posta, pero viene de serie, está grabado en su código genético. El niño está durmiendo a pierna suelta y de repente un diminuto Julio Iglesias, padre de padres, resuena en la cabeza del bebé y dice: “Estarías mejor entre papá y mamá. Y lo sabes”. Y ya está liada. El niño llora a ver qué pasa.

Y lo que pasa es después de un rato tomas a tu pequeño lechón entre los brazos y él apoya su cabeza en tu hombro. Y tú, en un movimiento involuntario también inclinas tu cabeza y la pegas a la suya. Entonces te das cuenta de que pareces un violinista. Tanto por la postura como por que lo tienes entre los brazos es de un valor incalculable.

Acomodas al lechón en tu cama (justo en la parte que más moleste a tu pareja, ya que no se ha levantado por lo menos que se joda un rato). Tu pequeño se queda dormido con una sonrisilla en los labios. Todos felices nos dormimos y en ese preciso momento en el que el sueño fluye…Se despierta el otro.

 

3. Llanto “El Cigala”

Este es con energía y arte. Es repentino y puede el niño que solo quiera que lo cojas. Es un llanto con arte, frustración e impotencia. Como si Mozart acabara de escuchar a Pitbull. Aquí hay que calmar al niño. Viene acompañado de un movimiento de manos que parecen el cangrejo de La Sirenita. Es un llanto irresistible. Siempre acaba igual. El niño tranquilo y el padre con dolor de espalda.

 

4. Llanto “El Padrino III”

Este solo ocurre en dos situaciones. Después de la vacuna o después de una caída. El llanto es una réplica exacta del llanto de Michael Corleone en El Padrino III al final de la película cuando se arrodilla y toma a su hija muerta entre sus brazos. Atención spoiler. Nunca sé si hay que ponerlo antes o después. Este llanto tiene una cualidad diferenciadora del resto: Empieza con un largo grito sin sonido, como si alguien le hubiese bajado el sonido al bebé, mute que se llama. Y solo al cabo de un rato el lechón vuelve a coger aire y libera ese grito rumiado en la desesperación y el dolor durante los segundos previos.  A veces acojona. Ni Freddy Mercury. Gracias a Dios hay remedio para esto. Hay que decir las siguientes palabras:

Sana, sana culito de rana

si no sana hoy sanará mañana.

Paquirrín ha escrito canciones mejores.

Pero no seré yo el que rompa la tradición. Este pareado denota que en la época de antaño tenían una buena mierda para fumar negrata.

5. Llanto Fake

Es un fake. Es mentira. No hay lágrimas. Quieren algo. No les hagas caso. Algo quieren de ti. Fíjate bien.  Te enseñaré una regla “memotécnica” regla para memos, para que la recuerdes: “Mejillas secas, mentira y tretas”.

Mi mierda también es buena.

Un saludo Capitán.

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