Diario de a bordo: Hoteles sin niños

Estimado Capitán:

En esta planeta la gente es un poco rara.

No toda la gente. Solo alguna, pero hace mucho ruido. Hoy he leído (que es como masticar, pero por los ojos) que se están poniendo de moda los hoteles sin niños. El sueño de Herodes. Según sus defensores son los mismos padres los que promueven esta etiqueta ya que cuando se quieren pillar un fin de semana para ellos solos quieren estar sin niños. La verdad es que a la hora de pillar todo el mundo prefiere estar sin niños y eso nunca ha sido un problema. Lo que no molan son las imposiciones camufladas de lo que sea.

Frasecillas de reclamo de estos establecimientos.

«Solo para adultos, tranquilidad garantizada»; «pack romántico, jacuzzi, chimenea». «Hotel adults only (a partir de 16 años). Disfruta de lo mejor de ser adulto».

Solo les falta añadir. “Final Feliz”.

Esto lo que es un picadero chusco de los de toda vida. Lo que me lleva a pensar que todo esto puede ser una nueva estrategia semántica para que locales de segunda de sábanas acartonadas prosperen bajo el término “hotel”

Además, ¿para qué liarse con tanta frase si con cambiar una letra ya está todo solucionado? La H por la M.

Motel.

En fin que estos humanos montan tonterías dónde no las hay.

Yo soy el primero que no llevaría a mis hijos a un sitio de este tipo, pero tampoco hay que prohibir.

“No es que está el derecho de admisión que es un derecho…”

“Tú calla culosudao que nadie te ha preguntado nada”.

Vale que no todos los humanos son padres, pero sí que han sido niños. Pensemos un poquito y basta de ponernos etiquetas que parecemos Mercadona. Los veganos con los veganos, las mascotas con las mascotas, los gais con los gais, Patxi López con Susana Díaz. Esto es un First Dates sin sentido.¡Ya está bien! ¡Que así nos estamos desconectando hijos míos!

Tampoco sé para que molesto. No voy a ir.

Espero que no se convierta en moda porque enseguida y según los motivos que alega este gente de tranquilidad, intimidad etc. Pues ya veo yo cosas como:

¡Mercadona Kids Free! ¡Compra tus condones sin que tus hijos te pregunten si son globos feos!

¡Cines Kids Free! Ven a ver lo nuevo de Disney sin las molestas risas de los niños. Y si lo tuyo son las emociones ven a la sesión golfa que por no haber no hay ni gente y a ver que se os ocurre.

Y para los padres especialmente especiales llegan:

¡Guarderías Kids Free! ¿Lo pasas mal al recoger a los chavales? ¿Te molesta el ruido? En Guarderías Kids Free nuestros bebés son de puta pega y no hacen ruido ni cagan ni nada. Reserva tu plaza ya.

Lo dicho. Hay mucho gilipollas. Los padres se merecen unas “vacas” de vez en cuando, pero los padres listos saben cómo y dónde hay que hacerlo.

¡Un abrazo Capitán!

 

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Diario de a bordo: Gestión de violencia

Estimado Capitán:

Esta mañana he tenido el privilegio de quedarme por la mañana con los lechones. Ayer fue una jornada de grabación agotadora que acabó especialmente tarde. ¡No se puede imaginar usted la agradable sensación que es despertarse a las siete de la mañana rodeado de dos señores en miniatura que quieren investigar el mundo!

En un rato saldremos de casa y mamá osa me ha dejado la ropa preparada para que los vista. Le dije que no se preocupase, que yo era perfectamente capaz de elegir un vestuario conjuntado y acorde a esta época del año. Ella me miró con una expresión a caballo entre la pena y la incredulidad y, sin decir nada, estalló en carcajadas, abrió la puerta y tras murmurar algo que no pude entender sobre el daltonismo se fue.

Hasta el momento los lechones y yo no hemos hecho gran cosa. Mover la cabeza al ritmo de la música, ver el resumen del debate del PSOE (ellos seguían moviendo la cabeza, pero esta vez cada uno para un lado), cagar mucho (sobre todo ellos) y pelear. Peleas entre ellos. Pensándolo bien, llamar a eso peleas quizás sea muy osado. Son pequeñas cosillas. Que si te pillo la mano con el cesto y aprieto para abajo, que si te tiro del pelo, pues yo te muerdo…Y esto, Capitán, nos lleva al tema de hoy.

¿Cómo gestionar la violencia?

A hostias. Así era en los ochenta. En el colegio caía alguna. Nadie mejor que un cura para mediar en un conflicto y soltar unas buenas hostias. Esto no es un secreto, es conocida la debilidad de curas y algunos profesores no pertenecientes al gremio de Cristo de educar a base de coscorrones, tirones de patillas, bofetadas etc. En algunos casos incluso han utilizado libros de textos y Biblias para calentar mofletes.

¿Cómo tiene que gestionar un padre moderno y daltónico como yo la “violencia” de sus hijos para que no se conviertan en unos ñetas?

Una cosa es la cabeza, que te dice lo mismo que esos gurús de la educación y otra la vida real. Personalmente Capitán me encantaría intentar razonar con ellos cuando por ejemplo Tomás le tira del pelo a Antón. Sería genial ser una especie de negociador, al estilo de las películas americanas.

—Tomás suelta a tu hermano. Haz el favor.

Tomás mira desafiante, se ríe y tira un poco más fuerte. Antón llora.

—Tomás, hijo, verás…Le estás haciendo pupa. Además estás rodeado. Creo que sería una buena idea si lo sueltas, nos vamos todos al salón y olvidamos todo esto. Mamá no tiene que enterarse.

Pero la realidad es otra. Por ejemplo ahora mismo. Tomás golpea el radiador como el simio protagonista de “El planeta de los simios” (la nueva, que es más violenta). No para, cada vez más fuerte. Está en modo asilvestrado. A mí también me dan ganas de golpear como un orangután el radiador cada vez que me llega la factura y no lo hago. No lo suelo hacer. Con gente delante.

Uno piensa. “Bien. ¿Cómo actuaría un padre guay en esta situación? Bill Cosby o el Dr. Seaver, alguien guay de verdad, pero no hay tiempo de maniobra y me sorprende enfilado hacia Tomás y antes de darme cuenta me escucho decir una frase llena de psicología infantil.

—¡Tomás! ¡Cómo no dejes de darle golpes al radiador te corto los huevos!

Ahora mismo está dando golpes a la silla y le dice algo. Está cabreado. Ahora es Antón que lo imita. Da golpes a la misma silla y también grita algo. Creo que es un rito para que llueva.

Buscando en Internet he encontrado unos consejos para estas situaciones.

  • Cuando un niño pegue, hay que decirle con firmeza: ‘no se pega’. Evidentemente. No le vas a decir: “¡Sigue! ¡Dale más fuerte! ¡Eres un flojo! ¡Al hígado!
  • Si persiste en su agresividad, lo que se puede hacer, sin perder la serenidad, es apartarle de nuestro lado, llevarle a su cuarto, o dejarle allí solo si está en él. En Guantánamo hacían algo parecido.
  • Cuando el comportamiento de pegar forma parte de una rabieta, nunca hay que permitir que consiga algún propósito por ese procedimiento. Nivel Hermano Mayor.
  • Una vez que la crisis (se referirá a Cuba o al Brexit) haya pasado, hay que volver a ser cariñosos con el niño (¡Ah vale! Hasta ahora era de mal rollo), sin rencor, como si no hubiese pasado nada. Y, por supuesto, hay que ser cariñosos también el resto del tiempo. (Aclarado queda)

Voy a seguir estas reglas. Aunque las cojo con pinzas Capitán. Ya sabemos que en Internet hay de todo. Desde Arturo Pérez Reverte hasta gente formada de verdad.

Habrá que buscar el equilibrio entre los curas de los ochenta y “Padres Forzosos”.

 

Un saludo.

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Diario de a bordo: Tomás Three Points

Estimado Capitán:

Esta mañana hemos vuelto a acabar en Urgencias. Esta vez antes de las diez de la mañana, que no se diga que no somos madrugadores. Nos pasan cosas sí, pero en horario de oficina.

¿Cuántas veces se caen los niños? La mayoría de las veces no se hacen daño, pero hoy he de reconocer que me he asustado.  Allí estamos los tres en la cama escuchando música (somos muy fans de la música), aplaudimos cada canción que acaba y pienso: “Menudo sábado molón de estar todos tranquilitos en casa, qué gustito. Y por la noche Eurovisión que siempre digo que no y al final pues algo cae”.

Lo que sucede a continuación ocurre en un segundo. Un segundo a cámara lenta.

Tomás se cae de la cama. Escucho el crujido de su cabeza contra la maldita esquina de la pared y empieza a llorar. Lo veo tumbado en el suelo y lo cojo entre mis brazos. Le doy un beso en la cabeza y noto en la lengua el sabor metálico de la sangre. Despego la mano. Esta manchada de sangre. Nervioso busco la herida. ¿Será mucho? Recuerdo el crujido que acabo de escuchar. La encuentro. Aquello me parece el Gran Cañón. Sigue llorando. Más sangre.

La de cosas que se le pasan a uno por la cabeza en esos momentos.

Lo llevo a Urgencias (no salimos de ahí en las últimas semanas) y al parecer la cosa no es para tanto. Tomás está más tranquilo y hasta se ríe. Eso me tranquiliza. Hay que darle tres puntos.

La maquinilla de afeitar. La aguja. El hilo. Sus lloros. La culpa. ¿Podría haberlo evitado? La herida cerrándose. El enfermero que le dice que es un campeón. De repente para de gritar. Es un valiente. La herida está casi cerrada. Uno más y ya.

Sus primeros puntos. Si te van a dar puntos por primera vez en tu vida que mejor que el día de Eurovisión.  Tres puntos. Tres más que Remedios Amaya en 1983.

Tomás se portó como un campeón. Dos enfermeros y yo (otra vez el número tres) sujetándolo para que pudieran darle sus tres puntos.

¡Enhorabuena hijo! ¡Eres un valiente! Iba a ser yo…

Pero sí, me asusté. Los golpes en la cabeza me dan miedo. ¿Y si se quedan como yo? Ahora veo esquinas por todas las esquinas.

Una vez pasado el peligro me acuerdo de mis primeros puntos. Qué tiempos.

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Aquí le dejo ese informa: Puntos de sutura

En fin Capitán. Seguimos con el plan: Casa y Eurovisión hasta que nos sangren los oídos. 

No sería nada, pero yo el crujido no lo olvido.

Lo dicho Tomás. Eres un campeón. Te quiero hijo.

 

 

 

 

Diario de a bordo: Los niños del lloro

Estimado Capitán:

Un año y medio de viaje y la ruta no deja de sorprenderme.

Los lechones ya caminan, corren y yo diría que en ciertos tramos con pendiente incluso esprintan. El tempo de la convivencia va in crescendo y en más de una ocasión me siento como Indiana Jones en En busca del arca perdida.

Yo soy Indiana. Ellos son la bola.

Hace un año eran unos seres que se entretenían con un eructo aquí, un bibe allá y todos tan tranquilos, pero ahora no paran. Suben, bajan, abren, corretean, cierran, ríen, corren, golpean, rompen, saludan, salpican, gritan, trepan, escalan,  exploran, estrujan y lloran.

Casi cualquier verbo que denote movimiento y/o destrucción valdría.

Llorar siempre han llorado. Eso sí, el llanto ha evolucionado y tiene más matices que los filtros de Instagram, que parece que no pero al final sí.  He estudiado durante estos meses los llantos y los he categorizado en los siguientes tipos. Helos aquí Capitán.

1. Llanto “Trata de arrancarlo”

Es ese llanto que sí, pero como que no. Ese llanto que siempre produce la misma reacción en los padres, bien sean múltiples o padres simplones de esos que solo tienen un hijo por parto. Uno de los niños (o ambos) comienzan con un quejido intercalado con silencios de blanca, negra o corchea. ¿Es un lloro o una queja? ¡Ah! Ahí está el misterio y la chicha de la cuestión. Veamos un caso real, pero con nombre ficticios para preservar el anonimato de los protagonistas.

Tomás Cruces llora de manera intermitente. Son las 4:17 de la mañana. Sus padres Antón Cruces y Raquel Lubiáns están agotados y no se percatan del lloro hasta las 4:21. Bueno en realidad papá si se da cuenta a las 4:19, pero, empleando un término científico, le tira de un huevo ya que son solo pequeños quejidos, como cuando afinaba Camarón de la Isla. Mamá, que duerme como King Kong después de una boda, hace un sonido con la garganta que se podría definir como una protopetición, un: “Llora el niño”, pero sin palabras ni sílabas. Papá que tiene un ojo abierto sigue haciéndose el dormido y suelta un ronquido sobreactuado para dejar patente que está durmiendo.

Nuevo quejido de Tomás en re menor.

—Vete tú— dice ella.

Ronquido.

—Sé que te estás haciendo el dormido.

Dos ronquidos.

—¿No estarás jugando a la tontería esa de “Un ronquido significa no y dos significan sí?

Dos ronquidos.

Aquí pueden pasar dos cosas. El niño se calma y se vuelve a quedar dormido o el niño se arranca definitivamente y entonces ya sí que sí. ¿Que se duerme? Pues todos felices y descansados. ¿Que aquello crece? Pues eso nos lleva al segundo tipo de llanto.

 

2. Llanto “Stradivarius”

Es un llanto muy complicado de ejecutar a posta, pero viene de serie, está grabado en su código genético. El niño está durmiendo a pierna suelta y de repente un diminuto Julio Iglesias, padre de padres, resuena en la cabeza del bebé y dice: “Estarías mejor entre papá y mamá. Y lo sabes”. Y ya está liada. El niño llora a ver qué pasa.

Y lo que pasa es después de un rato tomas a tu pequeño lechón entre los brazos y él apoya su cabeza en tu hombro. Y tú, en un movimiento involuntario también inclinas tu cabeza y la pegas a la suya. Entonces te das cuenta de que pareces un violinista. Tanto por la postura como por que lo tienes entre los brazos es de un valor incalculable.

Acomodas al lechón en tu cama (justo en la parte que más moleste a tu pareja, ya que no se ha levantado por lo menos que se joda un rato). Tu pequeño se queda dormido con una sonrisilla en los labios. Todos felices nos dormimos y en ese preciso momento en el que el sueño fluye…Se despierta el otro.

 

3. Llanto “El Cigala”

Este es con energía y arte. Es repentino y puede el niño que solo quiera que lo cojas. Es un llanto con arte, frustración e impotencia. Como si Mozart acabara de escuchar a Pitbull. Aquí hay que calmar al niño. Viene acompañado de un movimiento de manos que parecen el cangrejo de La Sirenita. Es un llanto irresistible. Siempre acaba igual. El niño tranquilo y el padre con dolor de espalda.

 

4. Llanto “El Padrino III”

Este solo ocurre en dos situaciones. Después de la vacuna o después de una caída. El llanto es una réplica exacta del llanto de Michael Corleone en El Padrino III al final de la película cuando se arrodilla y toma a su hija muerta entre sus brazos. Atención spoiler. Nunca sé si hay que ponerlo antes o después. Este llanto tiene una cualidad diferenciadora del resto: Empieza con un largo grito sin sonido, como si alguien le hubiese bajado el sonido al bebé, mute que se llama. Y solo al cabo de un rato el lechón vuelve a coger aire y libera ese grito rumiado en la desesperación y el dolor durante los segundos previos.  A veces acojona. Ni Freddy Mercury. Gracias a Dios hay remedio para esto. Hay que decir las siguientes palabras:

Sana, sana culito de rana

si no sana hoy sanará mañana.

Paquirrín ha escrito canciones mejores.

Pero no seré yo el que rompa la tradición. Este pareado denota que en la época de antaño tenían una buena mierda para fumar negrata.

5. Llanto Fake

Es un fake. Es mentira. No hay lágrimas. Quieren algo. No les hagas caso. Algo quieren de ti. Fíjate bien.  Te enseñaré una regla “memotécnica” regla para memos, para que la recuerdes: “Mejillas secas, mentira y tretas”.

Mi mierda también es buena.

Un saludo Capitán.

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Diario de a bordo: 5 momentos inolvidables

Estimado Capitán:

En este informe le explico los cinco momentos que no tienen precio de esta aventura llamada paternidad. Son muchos los instantes que nos hacen sonreír como un alcalde medicado, pero en esta ocasión me que quedado con cinco, a ver que le parecen.

 

5) El momento Paul McCartney

Ese momento que ellos están en la cuna a primera hora de la mañana y tú te diriges, ajeno a que ya se han despertado, a la ducha. Paso por delante de su habitación y allí están, lanzando sus brazos al aire, suplicándome que les haga caso, que les abrace. Que me haga un selfie con ellos. Me lo hago.

4) Momento Waterworld

Ese momento en el que te despistas y escuchas el chapoteo del agua. En casa no tienes un estanque así que solo puede ser una cosa. Corres al baño y te los encuentras a los dos con esa cara de felicidad  y las manos metidas en el wáter removiendo el agua. Te miran como diciendo: ¿A qué esperas julai? Venga que hay sitio para otro. 

Son tan felices en ese momento que reconozco que me da pena sacarle las manos de ahí, pero mi responsabilidad como padre me puede. Me hago el escandalizado y les digo que eso no se hace, caca. La próxima vez me uno.

3) Momento Baño

Ese momento en que descubren que el agua mola, pero que no pueden agarrarla. Se sientan en el baño, un poquito de espuma por aquí, se agarran la pirolilla y la estiran y yo les digo que no, que no crece, se ríen como si entendiesen, se salpican y mueven a cabeza de un lado a otro cuando. El baño parece Toys´r Us después de un terremoto.

2) Momento Máma

Saben decir mamá, pero lao pronuncian como mmma-mmma. Parece que se vayan a arrancar con el Bohemian Rhapsody. Llevo tres meses intentando que digan “papá” y nada. Alguna vez han pronunciado los fonemas sueltos, pero nada con sentido. En más de una ocasión los siento en mis rodillas, les miro a los ojos y les digo:

—Papá, di papá

Me mira

—Pá-pá

Sigue mirando, inteligente y sonriendo

—Pa-pá

Cualquiera que me vea diría que el que no sabe pronunciarlo soy yo.

—Pa-pá

Al fin abre la boca y dice:

—Mmma-mma

Un desastre Capitán.

 

2) Momento Despertar

Ese momento en que despiertas y por haches o por bes acabáis todos en la cama y piensas “Anda que suerte tengo”. Qué guapos, qué felicidad estar así todos juntos esta mañana tempranito.

Este tipo de momento solo se da el sábado.

Aquí le dejo otro momento extra. Yo le llamo “El Arrebato”

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Diario de a bordo: Aplausos

Estimado Capitán:

Le escribo con un trancazo del 15 (me refiero a un resfriado). Al final tanto hospital y tantos virus de unos y otros, pues es lo que tiene. Tengo la garganta con placas que a juzgar por el dolor deben ser por lo menos tectónicas.

Hoy le quería hablar del aplauso. Vivimos en esa era. ¿Cada cuánto aplaude usted en su vida normal? Ellos se pasan aplaudiendo la mitad del día.

Parece que estoy criando a Los Chichos.

Aplaudir. verbo transitivo/verbo intransitivo

Chocar repetidamente las palmas de las manos una contra la otra como muestra de aprobación, admiración o acuerdo con una persona o con lo que hace.

Supongo que aplaudir es el primer acto de refuerzo (o de los primeros) que aprenden los lechones humanos. En realidad es culpa nuestra, los padres, que sin darnos cuenta los educamos desde muy pequeños en el aplauso. Si hacen algo bien nosotros aplaudimos confiriéndoles el status de artistas,  divos etc. Son al fin y al cabo las grandes estrellas de nuestras vidas. Y ellos, que son más listos que nosotros, pronto empiezan a imitar ese comportamiento. Con cada aplauso vienen a decir algo así como: “Mira papá, ya está lo he conseguido”.

Estos dos aplauden siempre. Termina una canción…Aplauden. Acaban la merienda…Aplauden. Llega alguien a casa …Aplauden. Se te mean en la cara…Aplauden.

Además tienen varios estilos de aplauso que van desde lo que yo llamo el Lina Morgan (descoordinado y atropellado)  hasta uno mucho más elaborado “el Antonio Carmona” un aplauso tan rítmico y lleno de arte que parece que se van a arrancar por bulerías de un momento a otro. Hay una gran paleta de colores en el mundo del aplauso, pero el que más ha llamado mi atención es el que se podría clasificar como el Aplauso de Pavlov , ya sabe usted Capitán, aquel del experimento con el perro y el filete.

Pues esto es parecido.

Anton Jr. tiene asma y al principio la mascarilla le daba miedo así que Ovugirl (madre de dragones) y un servidor nos pusimos a jugar con él para que lo entendiese como un juego. Después de su paso por El Hospital (The Hospital) ya lo tiene asumido y es él el que busca la mascarilla incluso cuando no le toca. Sabe que cuando acaba el proceso toca un aplauso rico que inunda cada esquina del salón.

La sorpresa me la llevé ayer por la noche cuando tuve que darle uno de los inhaladores  y el lechón estaba durmiendo a muslo suelto. Le puse la mascarilla, apreté dos veces el inhalador y él sin abrir los ojos ni moverse al acabar el proceso …¡Aplaudió!. Fue una breve ráfaga que me provocó una carcajada. Como los diputados estos que se duermen y después aplauden como si sí.

Pues que aplaudan claro que sí.

Ya se les irá pasando. Uno con los años pierde la costumbre. Yo he intentado recuperar la costumbre, pero la gente me mira raro. Aplaudí al carnicero cuando me cortó la carne y me miró como si le estuviese puteando, un taxista me dio bien la vuelta y yo paré un segundo para aplaudirle y tampoco sonrío mucho. La gente mayor no se lo toma como un cumplido, se lo toma mal.

Llaman a la puerta  Capitán, debe ser el pizzero seguro que él si me lo sabrá agradecer.

 

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Seguiremos informando.

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: De hospitales y cárceles

Estimado Capitán:

Estos días han sido días duros, verá, uno de los lechones tiene una cosa que se llama bronquiolitis y lleva seis días en el hospital. Es bastante triste ver a un hijo  con oxígeno, tan pequeño, pero está feliz y poco a poco va mejorando. Es un campéon.

Y este sinvivir  de mascarillas, oxígeno, saturaciones, pitidos y enfermeras ha dado pie a ciertas situaciones y reflexiones que quería compartir con usted.

En primer lugar los hospitales humanos guardan similitudes con las cárceles humanas. Uno por lo general está recluido en ambos centros contra su voluntad. Te dan un uniforme y hay unos horarios preestablecidos: El del tratamiento, el del rancho, el de apagar las luces…Y el pequeño Antonciño pues los cumple todos a rajatabla y con voluntad espartana aunque de vez en cuando se le fuga una mirada por la ventana (su habitación da a la calle) y en sus ojillos se dibuja el brillo nostálgico de la libertad. O a lo mejor es el catarro.

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Con la abuela, ansiando la libertad.

Compañeros de celda

Hasta el momento el pequeño A.  ha tenido dos compañeros “de celda” el pequeño B. que enseguida salió en libertad provisional y la pequeña C. que entró ayer en prisión. Es muy salada, pero tose como un camionero búlgaro. Es reincidente la semana pasada ya estuvo en este módulo, pero se ve que la justicia y las recaídas son implacables. Antón le pone ojitos y ella sonríe. Supongo que eso hace más llevadero el encierro de mi hijo…

Tratamientos

Cada cuatro horas al chaval se le aplica una cosa que se llama nebulización que es un tratamiento que tiene nombre de galaxia. En realidad es tan solo una mascarilla, pero la imagen acojona. Ver a tu hijo así hace que todo se tambaleé, pero hay que tirar para adelante.

No sé Capitán que hay en esa mascarilla, pero le pone como una moto. Desde luego por los efectos uno diría que el chaval acaba de esnifar pegamento por que le da un subidón que parece que viene de Woodstock. Mueve la cabeza, se tira sobra la cama en plancha y  con los brazos abiertos, se ríe y vive la vida loca. Eso le dura un rato y después le da el bajón. Es como Jim Morrison en pequeño.

También le metemos a traición un jarabe que para que las enfermeras te digan que sabe fatal ya debe ser de Hacendado por lo menos. El otro día se lo enchufé como una centella y puso la cara de cuando le das un buen sorbo a la leche y resulta que está cortada. Me miró cómo diciendo: Pero…¿Tú no eres mi padre? ¿Por qué me haces esto?

Enfermeras

Como los pacientes las hay buenas y malas. Más bien las hay buenas y bordes. Y esto es así en toda la galaxia. Es una ley inmutable del Universo.  En el 98% de los casos son atentas, cariñosas, resueltas y grandes profesionales. El otro 2% tiene el carácter (y el aspecto) de un mercenario checheno y más les valía callarse la boquita de vez en cuando. Estoy allí contra mi voluntad y si quiero una charla sobre paternidad ya me voy al TED. Bastante tengo yo con ver a mi hijo ahí postrado para que vengas dando lecciones. Gracias a Dios son excepciones, pero como las meigas…Habelas hainas.

Régimen de visitas

Somos un montón cuidando del pequeño Antón. Está mamá, papá, las abuelas y abuelos, los tíos…Todos nos convertimos en un gran equipo y eso da gusto, pero hay alguien que está sufriendo bastante con esta situación y que lleva casi una semana sin ver al “preso”: Su hermano Tomás.

Tomás

Está de bajona. Le falta algo. Deambula por la casa como una folclórica sin torero. Un poco tristón por la ausencia prolongada de su querido hermano. Su madre me contó que el otro día le estaba poniendo el pijama y al acabar Tomás le tendió el de su hermano. Es un niño muy sutil. Como un Gila de 80 centímetros. Supongo que de fondo sonaba “Love Story” o algo así. Así que también hay que darle cariño al pequeño Tomás. Estamos deseando asistir al reencuentro, pero si todo va bien nos quedan dos días más de condena como mínimo.

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Tomás posa triste, pero conquistador tras pasar por las manos mágicas de papá que en otra vida fue un gran peluquero creador de tendencias.

Capitán desde aquí quiero mandar mi abrazo a todos aquellos padres que tienen a sus hijos con enfermedades más graves en los hospitales y trasladarles mi más acongojante admiración.

Ellos y sus pequeños son auténticos héroes.

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Va por vosotros.

Seguiremos informando.