Lana

Lana y yo no eramos amigos.

Nos conocimos en un festival benéfico que ella organizaba y en el que yo tocaba. Fue el seis de febrero de 2010. Nunca la había visto antes y desde ese día nunca dejé de verla.

Cuando nos encontrábamos, a altas horas de la madrugada, y después de hablar durante un rato ─en realidad yo balbuceaba mientras ella reía detrás de la barra del local en el que trabajaba─ me iba a casa pensando que era el tipo más gracioso del mundo. ¡Lana reía mis chistes!

Tardé algún tiempo en darme cuenta de que ella siempre tenía esa sonrisa esculpida en la boca. Era la marca de la casa.

Pero Lana y yo no éramos amigos.

Siempre pensé que tendría tiempo para descubrirla, para conocerla mejor, pensaba que ya coincidiríamos y que habría tiempo…me equivoqué. No existen ni el tiempo ni el futuro.

Te echaré de menos.

Lana

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100% Ignífugo (Parte I)

Esta que vais a leer es una historia inverosímil, pero real como la mentira que la provocó. Una de esas anécdotas que elevan a categoría de leyenda a su protagonista que no es otro que…

Madrid, año 2005

Cals, nombre en clave de Juan Carlos Simón García-Louzao, asiste a una de sus primeras entrevistas de trabajo en la capital. La oferta dice que una conocida empresa —el anuncio no informa del sector— busca un vendedor solvente y con experiencia para la zona de Madrid centro y alrededores.

Horas antes de la cita mi amigo mete un poco de relleno en el curriculum. Práctica habitual entre el 90% de la población que curiosamente coincide con el 90% que niega hacerlo. De repente y tras pulsar unas cuantas teclas, Cals domina el inglés (nivel medio) y el francés (nivel básico).

Yo le aconsejo que no lo haga, pero él es una persona con principios y argumentos sólidos.

—O miento o no me llama ni DIos.

Es un razonamiento sin fisuras, digno de una auténtica máquina de vender. La verdad es que no tengo mucha fe en que le den el trabajo. Ninguna en realidad. Pocas horas después, la realidad y el buenhacer de Cals me pondrían en mi sitio.

—¿Qué tal la entrevista?le pregunto mientras damos buena cuenta de un helado gigante de Ben & Jerry tirados en el sofá. Es nuestro primer día de dieta.

—Pues a ver si tengo suerte—responde mientras abre a tirones una bolsa de cortezas de cerdo fritas en su propia grasa.

—La verdad…no creo que la tengas— le espeto para motivarle, pero no sé por qué razón él siempre se lo toma como una ofensa.

¿Eres tonto o qué te pasa? ¿Acaso te crees superior?

Dejemos la discusión aquí. Lo único que  puedo decir es que seguramente fue como todas. Un intercambio de opiniones desde el respeto y la madurez.

—Imbécil

—Pues anda que tú.

—En tu culo explota.

Y todo esto sin parar de rillar.

La cosa al final se quedaría en nada, como siempre, a lo sumo serían un par de horas de enfado. Ante todo la amistad. Nada que no se arreglase con una buena charla a las dos y media de la mañana cuando uno pille al otro rompiendo la dieta en la cocina. A oscuras. Como los cobardes.

La culpabilidad y el hambre estrechan lazos.

Cals siempre ha sido un tío con ángel en las entrevistas. Todo lo contrario que un servidor. Cae bien y trasmite confianza. Básicamente miente como un bellaco, pero lo hace bien y le funciona. Obtiene resultados. Yo he ido a varias entrevistas en mi vida y jamás me han dado el curro, bueno, solo una vez y mira tú por dónde, Juan me acompañaba. ¿Casualidad? No creo. Hay una energía que fluye entre colegas y que nos protege entre nosotros. Lo de Juan es como un súperpoder.

Al día siguiente una llamada tempranera le informa que ha sido elegido para el puesto de trabajo. La famosa empresa, la llamaremos Descansolatex, apuesta por Cals para afianzar sus ventas en Madrid y convertirse en líder indiscutible de su sector: el campo del  descanso y del confort.

—¡Enhorabuena tío! ¡Sabía que lo conseguirías!

—¡Gracias Tony!

—¿Cómo lo has hecho? A mí no me llaman ni de Vodafone…

—Verás, es muy fácil. Solo tienes que…

 

24 horas antes en algún lugar de Madrid…

LA ENTREVISTA DE TRABAJO

—¿José Carlos Simón García Louzado?

—Es Juan Carlos Louzao…sin la «d»

—Ah perdón, sí, Juan Carlos Lorzado…

—No, no…Louzao. Así sin más. Louzao.

—Disculpe, sí…es correcto… Louzao. Puede pasar ya.

—Gracias.

El entrevistador le indica que puede tomar asiento mientras rebusca entre la pila de papeles que tiene sobre la mesa. Juan agradece el gesto con educación. El hombre por fin encuentra el curriculum.

— A ver, Lorzado cuénteme, ¿por qué quiere trabajar en Descansolátex?

Démosle a PAUSE un momento.

Primera pregunta de mierda. La verdad que no culpo a Cals por meterle a este individuo la sarta de bolas que le sirvieron para conseguir el curro y vivir mejor unos meses.

PLAY.

Esto es lo que Juan respondió:

—Bueno, la verdad es que he estado siempre ligado al sector del descanso y del confort…

Esto es lo que Cals pensó:

«Vivo como un jeque la verdad…no me levanto antes de las doce ni para mear, si eso no es conocer bien tu producto ya me dirás. Menuda papada por cierto»

—¿Qué cree que puedes aportar usted a Descansolátex?

—Me considero una persona, activa, dinámica y con iniciativa, no paro ni un momento y…

«¿Aportar? Necesito la pasta. Ahora mismo si no fuera porque está mal visto me pondría de chapero en Fernández de la Hoz. Solo espero que no haya que caminar mucho porque no estoy en mi mejor momento de forma, aunque a tu lado parezco Brad Pitt….menuda catarata de carne macho…»

—Bien Lorzado, ese es el tipo de gente que buscamos. Posee el perfil idóneo. Joven, activo, con ganas de trabajar y…

—Es Louzao…Louzao…sin la «d».

—Sí, sí por supuesto… ¿tiene coche?

PAUSE.

Y es aquí el momento en el que se pone en marcha la serie de despropósitos que harán que nuestro protagonista acabe esta historia humillado, despedido pero con una buena historia en la mochila que es más de lo que tienen muchos. Fue en este instante cuando el bueno de Juan soltó una de las bolas más grandes, más peligrosas y con más daños colaterales que alguien ha dejado caer jamás en una entrevista de trabajo.

—Si. Claro.

«En Pontevedra. Y no pienso traerlo.»

Continuará…

 

Creía que mi padre era Dios

¿Quién no ha vivido una de esas casualidades increíbles en algún momento de su vida? Un giro del destino tan inesperado, inédito e improbable que hace que esos capítulos estén envueltos en un manto inexplicable, casi mágico.

Creía que mi padre era Dios-Paul Auster

El escritor norteamericano Paul Auster colaboraba en un programa de radio en su país natal al que la gente llamaba para contar este tipo de extrañas vivencias. Auster se debió quedar tan fascinado ante lo que le transmitían los oyentes que les pidió un favor: les animó a que le mandasen esas historias (de forma breve y concisa) por escrito. La respuesta de la audiencia fue tan abrumadora que el autor pronto tuvo en su poder material suficiente para editar un delicioso libro con las mejores anécdotas.

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Un título raro para un ejemplar único y original.

En él se cuentan reencuentros imposibles, casualidades tan grandes que nadie en su sano juicio las creería o, simplemente, momentos sumamamente extraños.

Lo que os voy a contar a continuación sucedió hace tres años en mi familia. Es totalmente cierto y siempre he creído que perfectamente podría haber engrosado las páginas del libro del maestro Auster.

Viajemos atrás en el tiempo.
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El efecto Auster

¿Quién no ha vivido una casualidad increíble en algún momento de su vida? Un giro del destino tan inesperado e improbable que hace que esos capítulos estén envueltos en un manto inexplicable, casi mágico.

El escritor norteamericano Paul Auster colaboraba en un programa de radio en su país natal al que la gente llamaba para contar este tipo de extrañas vivencias. Auster se debió quedar tan fascinado ante lo que le transmitían los oyentes que les pidió un favor: les animó a que le mandasen esas historias (de forma breve y concisa) por escrito. La respuesta de la audiencia fue tan abrumadora que el autor pronto tuvo en su poder material suficiente para editar un delicioso libro con las mejores anécdotas.

Lo llamó Creía que mi padre era Dios.

Creía que mi padre era Dis de Paul Auster
Creía que mi padre era Dios de Paul Auster

Un título raro para un ejemplar único y original.

En él se cuentan reencuentros imposibles, casualidades tan grandes que nadie en su sano juicio las creería o, simplemente, momentos sumamamente extraños.

Lo que os voy a contar a continuación sucedió hace tres años en mi familia. Es totalmente cierto y siempre he creído que perfectamente podría haber engrosado las páginas del libro del maestro Auster.

Viajemos atrás en el tiempo.
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Papeleos: el impreso 620

Dios se sacó de la manga  la luna, las estrellas, el mar, Sanxenxo, el cielo….todo eso en siete días, algo menos con el cambio de hora.

Y nosotros los mortales… ¿qué hemos creado?

El hombre ha necesitado miles de millones de años y evolución para crear la Xunta de Galicia.

Hoy me he visto obligado a acudir a este complejo (no hay una palabra más acertada para definir lo que allí sucede) para tramitar unos documentos. ¡Qué asco de palabra tramitar!

Para empezar le pido un bolígrafo al tío de Información al que (a pesar de estar solo en el mostrador) se le veía a la legua que tenía ganas de ausentarse ASAP. Antes de su estampida a la cafetería el tío me avisa ni corto pero perezoso: Toma, pero después déjalo aquí otra vez ¿eh?

Será por bolis cabrón, pienso yo

Pues empezamos bien. Con desconfianza. Asentando los cimientos de una buena relación.

¿Por qué me dirá este soplapollas lo del boli?
A lo mejor existe una lista de los 10 robabolis más buscados del país y yo aparezco en ella. Méritos no me faltan.

Segundo capítulo: la fotocopiadora.

El aparato admite monedas de 1 euro; 0,50 céntimos; 0,20 céntimos; 0,10 céntimos y 0,05 céntimos pero no da cambio. Muy representativo del sistema actual.

Manda cojones. Lo peor es que tampoco funciona y no hay nadie que parezca responsable de la situación. Ahí estamos cuatro tíos hechos y derechos mirando la fotocopiadora como si fuera una Termomix y metiendo moneditas a fondo perdido. Será por fotocopiar. Aquí hay una mano negra seguro.

Pido que me pongan con el encargado del chiringuito para exigir explicaciones. A ver Alberto…¿que pasa con la puta fotocopiadora que me ha tragado ya 20 céntimos?, pero supongo que el Presidente de la Xunta no está para estas cosas. Por supuesto, la persona que no se encuentra en su puesto de trabajo ignora mis peticiones.

Ahora viene lo peor.

Vamos a ver que yo me entere: ¿nos revientan a impuestos y cuando tengo que hacer un trámite me cobran 0,80 céntimos por el impreso que son cuatro putas hojas de papel Pinocho o papel cebolla? ¿En serio? ¿A quién se le ocurrió?  Me indigno de nuevo. ¿De verdad que con semejante edificio que tienen los tíos no les ha quedado dinero para papel?

No me lo creo.

Eso si, entre los que despachan parece que  la simpatía no es un bien necesario.

Hubo un momento en que me entraron ganas de saltar al otro lado del mostrador y hacerle comer al antipático de turno de mañana una a una las hojas de papel cebolla mientras le obligaba a tararear Living on a Prayer.
Además está todo minuciosamente diseñado para la sodomización colectiva.
Te puedes bajar gratis el impreso en cuestión de Internet sí, pero viene sin el papel ese de mierda, como decía un amigo mío, el papel de talco y entonces tienes que cubrirlo tres veces. Si acertar a cubrir todo bien de un tirón es ya difícil, imagínese como será intentarlo tres veces sin fallar. Es más fácil que Malta gane el Mundial. Si yo siempre pongo nombre y apellidos donde pone nombre y cuando veo al lado la casilla de apellidos me revienta la vena.
Señores de la Xunta: ¡No hagais los techos tan altos y comprad papel coño! ¡Papel! ¡No os pido que me lo grabéis en piedra!

Después me hicieron subir y bajar un par de veces supongo que por mi bien para hacer algo de cardio matinal.Los ascensores son tan grandes que están siempre llenos y acabas antes utilizando ese gran inveto que son las escaleras.

-¿Mecánicas?

-No, no… de las otras. Esto no es El Corte Inglés.

Gracias a Dios la señora que me atiende es encantadora y me explica todo muy bien. Me ayuda y me queda todo claro. No todo iban a ser descendientes directos de los Lannister. Pago 100 euros de tasas (ahí va otra palabra horripilante: pagar) y cuando creo que ya he cumplido con mis deberes de buen ciudadano me informan de que tengo que ir a tráfico.

Allá voy.

Allí vuelvo a pasar por ventanilla y esta vez me clavan 60 euros. Después me comprueban la documentación. No al revés. Primero paga y después te digo que te falta esto, esto y lo otro. Además te escaneo con asco de arriba y abajo. Me asombra que seas tan burro que no sepas que tienes que traer esto, esto y lo otro. Me hago el tonto y diez minutos después me presento con el frasco de orina que me ha pedido.Por fin. Termino con los papeleos minutos antes de que ellos acaben conmigo.

En ese preciso instante tengo una revelación.

Algo debo estar haciendo bien. Sé que en mi vida he dado los pasos correctos, he apretado las teclas adecuadas. Me doy cuenta al echarle un ojo a la documentación del vehículo. Soy el dueño de un flamante Citroen Saxo de (al menos) tercera mano.

Abajo el famoso modelo 620.

Impreso 620
PD: La foto la he sacado de Internet. Por si hay algún listillo ya te advierten en grande NO VALIDO PARA LA PRESENTACIÓN. Lo dicho, está todo estudiado. Por cierto, me llevé el boli.

Salud hermanos.