100% ignífugo (Parte IV): el desenlace

¿Dónde habíamos dejado al bueno de Juan? ¡Ah sí…!

Juan aprieta el botón en el telefonillo. Nadie contesta, pero en ese preciso instante una pareja joven sale del edificio. «Bien», piensa mientras se cuela en el portal.

«Esta bendita suerte no me va a durar eternamente» piensa.

Efectivamente Juan. Es un sexto piso y no hay ascensor.

Tras seis largos minutos de subida con tres paradas (maletas y almohada incluidas), nuestro héroe llega a su destino. Ahí está. Su Everest. Un puto rellano. Se dispone a llamar a la puerta con los nudillos cuando un joven de aspecto desaliñado con una camiseta de Los Ramones, le abre la puerta. Juan no pierde un segundo.

—¡Hola! Mi nombre es Juan Simón García Louzao de Descansolátex y venía a…

—¿Lorzado?—le interrumpe el chico —¿qué nombre es ese?

—No, no, Lorzado no, es Louzao. Así como suena. ¿Es usted Mariano Ceballos Dios?

—No. Es mi abuelo, pero no está. Si quieres pasarel joven abre la puerta de par en par y le hace un gesto amable con el brazo para que entre.

Cals se sorprende ante la educación del joven que da claras muestras de encontrarse colocado hasta la médula. El olor en la habitación confirma sus sospechas. Está intentando venderle un colchón de 1.800 euros a un puto porrero que escucha a Los Chicos a todo volumen.

—¿Va a tardar mucho tu abuelo?

—Pues, supongo que sí. Lleva muerto diez años…si aparece flipo—dice el joven que le da una calada al peta que le pone los ojos en blanco.

Cals suspira. Resignado, empieza a recoger sus cosas.

—Pero puedes cuéntame a mí lo que quieras…Tengo pasta ¿eh? —le confiesa el chaval.

En primera instancia Juan, desilusionado, desecha la idea, pero un segundo después el actor que vive en su interior gana la batalla y toma las riendas.

«¡Qué diablos! Por lo menos así le explico el guión a alguien».

—De acuerdo— asiente esperanzado, pero no muy convencido. Echa la mano al bolsillo trasero del pantalón y saca el guión. Lo desdobla con cuidado.

—Joder tío, ¿tienes que mirar la chuleta? — le espeta el hijo perdido de Joey Ramone.

—No es una chuleta, es solo un pequeño guiónapostilla Juan.

—Pues parece una chuleta.

«Lo que tú digas». Juan ignora el comentario y respira hondo, cierra los ojos y empieza a contar su historia.

Al principio titubea pero poco a poco las palabras comienzan a brotar como si nada. Su exposición es cada vez más segura y confiada. Elegante y contundente. El aprendiz de drogata abre los ojos como platos, hipnotizado por las palabras de Juan, que se destapa como un gran orador y mejor comercial. Ramone comienza a lanzar pelotas en forma de preguntas a ver si le pilla en un renuncio, pero Juan las devuelve todas a la perfección. Un discurso impecable. Hasta casi el final. Cuando todo estaba ganado, Juan pronunció la maldita e histórica frase que años después daría título a este post:

—¡Ah! ¡Y es 100% ignífugo!

La cara de Joey pasó de la admiración y el asombro al escepticismo en una décima de segundo.

—Y una mierda.

—En serio… 100% ignífugo.

—Que no hombre, que no.

—Que sí coño, que sí lo son que lo pone en el flyer.

—A ver demuéstralo.

—¿Quieres que te lo demuestre?. «Ya me estás tocando los cojones»

—Es lo que te acabo de decir.

Juan duda. El folleto informa que los colchones de Descansolátex son, efectivamente, ignífugos al 100%, pero claro él no lo ha comprobado. Eso sí cree ciegamente en su producto. «Si lo pone será por algo»

— Está bien, déjame el mechero…

—No, no… ya lo prendo yo, tranquilo.

—Como quieras, no va a arder.

Ramone coloca el mechero debajo de la muestra del colchón y mira a los ojos a Cals en busca de un atisbo de duda que no encuentra.

—Mira que lo enciendo…

Juan se observa, altivo, las uñas de la mano que tiene libre sin dar importancia a la amenaza del chico.

—Dale ya que no tengo todo el día.«Si lo pone será por algo”.

Allí ardió todo.

Cuando Juan cuenta la historia asegura que lo siguiente que recuerda es un fogonazo de luz que le dejó ciego unos cinco segundos.

fuego

La muestra del colchón prendió a la primera, sin ofrecer resistencia, como si estuviese rociada de gasolina, amén de la almohada que estaba apoyada en el suelo. Parte de la manga de su traje también fue pasto de las llamas así como un trozo de alfombra. Menos mal que los dos reaccionaron pronto y comenzaron a pisar con fuerza el suelo para apagar los pequeños focos de fuego que se esparcían.

—¡Te puedes quedar con la almohada de regalo!, ironizaba Juan mientras se sacaba rápidamente la americana todavía humeante.

Ni que decir tiene que Ramone le puso de patitas en la calle. Lo raro es que no lo denunciase.

Ya eran las nueve de la noche. Había pasado media hora desde el incidente y Juan todavía temblaba del susto. La americana quemada, los pies sangrando y a una micra de haberse convertido en pirómano por culpa de un folleto engañoso. A lo mejor, vender colchones inflamables no era su futuro. Sacó su último cigarro de la cajetilla del bolsillo de la camisa. Intentó prenderlo con el mechero, pero nada. Un segundo intento. Nada otra vez.

—¡Coño!exclamó mirando al pitillo. ¡Tú sí que eres 100% ignífugo cabrón!

Ese es Cals. Un tío capaz de sacar el lado irónico de la situación más calamitosa. Juan aguantó un par de meses en Descansolátex. No le echaron por eso. Y eso que confeso la historia. Bueno, confesó una historia.

—Se me incendió el coche.

Dos meses después llegó a casa un viernes muy tarde, sobre las seis de la mañana. Me contaba, bastante perjudicado, que había salido de copas con su jefe que era un tío cojonudo y que en dos horas tenía que estar en Albacete para demostrar en vivo y en directo y en un cuartel de la Guardia Civil que el colchón Deascansolátex era ignífugo. Nuestras risas resonaron en todo el salón durante al menos un cuarto de hora imaginando la cara del los tipos al ver el cuartelillo en llamas.

Se quedó dormido con una sonrisa en la boca y claro…se le pasó la reunión. Gracias a Dios, y por el bien de todos, aquella performance en Albacete nunca tuvo lugar. A las doce de la mañana una llamada de su nuevo colega, su jefe, le comunicaba que estaba despedido. De buen rollo, pero a la puta calle.

Aquella tarde Juan durmió como nunca.

FIN

Año 2013. En algún lugar de Tailandia.

Juan se sube a lomos de un elefante por primera vez en su vida. Su novia que va detrás se aprieta con fuerza. Cals le pide al guía que les saque una foto para inmortalizar el momento.

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Baja de elefante y el hombre le tiende el móvil. Juan le da las gracias, aprueba  la instantánea y abre su Facebook.

Pefil de Antón Cruces:

100% ignífugo Parte I.

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Cals sonríe y empieza a leer…

¡Enhorabuena Cals y Sam por vuestra paternidad! ¡Vuelve pronto amigo!

¡Salud hermanos!

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