Diario de a bordo: Esos ruidos de bebé

Capitán los lechones cada vez hacen ruidos más variados y extraños. Son como sintetizadores. Dos pequeños R2D2 de carne y hueso. Me miran y se parten de risa, lo hacen tan fuerte que empiezo a pensar que no es de alegría y que en realidad se están riendo de mí.

Tanto no me pueden querer.

Tipos de ruidos:

Ah: Es un ah muy breve como aquellos que metía Michael Jackson entre frase y frase. Sorprende por su tono alto y brevedad. Denotan una pequeña sorpresa de algún tipo como : “¡Ahhh! Tengo dedos”.

Ta-Ta: Este, de momento, solo lo hace Antón y lo traduzco como “Estoy hasta la pilila de la hamaca. Sácame de aquí ya”

Uhhhhiiiiiii:Empieza como una sirena de ataque aéreo y acaba como cuando Bruce Banner no aguanta más y se empieza a transformar en Hulk.

Se meten unas frase inconexas entre pecho y espalda que, no sé por qué, pero cuando los escucho desde el pasillo me acuerdo de Ana Torroja.

Además me fascina su risallanto, una palabra de nuevo cuño que conjuga a la perfección la carcajada y las lágrimas a partes iguales.Es como esa zona en la que se entremezclan los sabores en un helado de chocolate y vainilla. La risallanto alcanza su máxima expresión en los siguientes casos.

Caso a) Tienen sueño, lloran y aparece papá o mamá. En ese preciso instante en el que las miradas se encuentran se descojonan aún con lágrimas en los ojos, pero se tragan la risa  de un bocado y vuelven a llorar desconsolados. Entran en bucle.

Caso b) Se han hecho caca. Están incómodos y por fin papá se da cuenta de lo qué les pasa. Se ríen como dándome la enhorabuena: “Será porque no huele a mierda papá, cada día eres más rápido”. Y se vuelven a poner rojos de ira. Entran en bucle mientras papá limpia la mina.

Caso c) Tienen hambre y braman como animales a punto de ser engullidos por un tsunami. Entonces llega papá con el biberón. Se establece  contacto visual bebe/bibe. Y estamos en una fase del desarrollo en la que esto es dinamita pura. Que le pregunten al perro de Pavlov. Pues esto es igual. Acción/reacción. Y empieza la risallanto. Se ponen más nerviosos que un cangrejo en un zapato.

Estamos en esa fase en la de repente en plena noche rompen a llorar, pero solo durante 3 o 4 segundos. Que digo yo “Se habrán acordado  de que soy su padre y les ha entrado la angustia”. Enseguida se les pasa, pero yo me desvelo y acabo comiendo techo durante una hora.

Estamos en esa fase en la que ya tienen que irse a su habitación, pero cada vez que lo menciono la madre que los parió me mira como si fuese un emperador romano a punto de hacer el gesto con el pulgar hacia abajo. “Que le corten la cabeza… y ya de paso los huevos”. En sus ojos puedo leer claramente un “¿Cómo osas?” mientras abraza a sus hijos y los estrecha contra su pecho. Ellos me miran despistados, con media baba cayendo por la comisura y una sonrisilla de duende en la que vuelvo a leer claramente: “¿Cómo osas papi? Mami te va a cortar los huevos. Tolai”.

Pero vamos, menudo soy yo. El hombre de la casa, el padre con mayúsculas y por eso se irán de la habitación en el momento exacto… que diga su madre. ¡Faltaría más!

Y en esas estamos Capitán intentado descifrar lo que dice nuestros hijos. Ni Alan Turing lo tendría fácil, pero nos vamos entendiendo. De momento cuando ven a sus padres sonríen y eso ya es síntoma de buena sintonía. Y aunque a veces hagan más ruidos que una radio en Onda Media creo que les voy entendiendo.

La semana que viene más informes Capitán.

 

Saludos desde La Tierra.

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