Diario de a bordo: La invasión de los peluches

Capitán nos han invadido.

Ha sido una conquista silenciosa, estratégica e irreversible. Además, algo me dice que lo peor está por venir.

Remontémonos unos meses en el tiempo para comprender la magnitud de lo que estamos hablando. Tenía que haberme dado cuenta antes.

 

 

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6 de octubre de 2015: Nacen los lechones. Primero uno y después otro. Comienzan los regalos. Mucho pañal, mucho biberón y chupete. Los primeros juguetes comienzan a dejarse caer: sonajeros, algún que otro peluche. Parecen inofensivos y no les hacemos mucho caso.

10 de diciembre de 2015: Muchas visitas nos dejan peluches. Incienso, mirra y peluches era lo que  estaba escrito en La Biblia original. Uno por aquí, otro por allá. La invasión va tomando forma, pero no estamos lo suficientemente espabilados para darnos cuenta.

6 de enero de 2016:  Entre los Reyes Magos, Papa Noel, los abuelos, los tíos, un señor que pasaba por la calle etcétera estamos de mierda hasta el cuello. Pilas de peluches se amontonan en su aún no estrenada habitación. Peluches y peluches, juguetes y juguetes. Cualquier día me cruzo con Peter Pan por el pasillo.

12 de abril de 2016: Confirmada la invasión.

Y todo esto solo en seis meses. Vislumbro un futuro apocalíptico, una mezcla entre Mad Max y Toy Story.

Y lo peor es que ellos, los lechones tampoco es que se enteren mucho para ellos es más divertido mirar una pared a rayas, o la luz que sale de un móvil. A veces, mientras estoy trasteando con el teléfono los lechones miran la pantalla con mucha atención. Para mí Capitán que quieren verme la clave así que cuando la teclea tapo la pantalla con la mano y les hago una peineta.

En La Tierra uno jugaba con los juguetes de pequeño. Por lo menos hasta que llegó un señor que se llamaba Steve Jobs que tuvo la brillante idea de crear juguetes para mayores, era como Santa Claus, pero más delgado y con gafas. Pero vamos a lo que vamos, encontrarse de nuevo con la casa llena de juguetes a los casi 40 años es una sensación inquietante. Vamos a pasar lista.

En primer lugar…¿Quién los diseña? Por ejemplo, los lechones flipan con un hipopótamo violeta que nos han regalado. Un hipopótamo violeta (como muchos que hay en la naturaleza) al que hemos bautizado como “Violeta” claro. Es un hipopótamo que tiene luces en forma de estrella, de un montón de colores y un montón de música. El Joy Slava de los bebés. Se lo pones al lado y los tíos se quedan embobados mirando como las estrellas cambian de color y se funden entre ellas. Nada que no haga una buena droga. Pero entre darles LSD a los niños y “Violeta”, pues nos quedamos con “Violeta”.

Violeta tiene cuatro botones, tres interruptores, una rueda y un altavoz. Vamos que se lo das a Fernando Alonso y el tío duda.

¿Quién los diseñará?

Es decir habrá unos tíos en un sala que hagan una tormenta de ideas sobre la línea de juguetes de este año. Bien, pues yo creo que en esas reuniones no hay filtro. Todo vale, si no… ¿Por qué coño iban a acabar construyendo un hipopótamo violeta?

Me imagino esa reunión.

Basada en peluches reales.

—Hola, bienvenidos a la reunión número 127 de diseño y creación de juguetes. Como sabéis  la campaña del año pasado ha sido un éxito y esta vez queremos superarnos. ¡Así que venga! Ideas revolucionarios y recordad que no todo vale. No podemos conformarnos con lo primero que se nos ocurra. Busquemos la excelencia, por favor. Comencemos. ¿Rodríguez?

—Yo había pensado en un hipopótamo violeta.

—Me vale.

—¿Por qué violeta?

—¿Por qué no?

—Gran argumento. Algunos han ganado elecciones por menos. Muy bien, pero recordad que no vale todo ¿Domínguez?

—Yo había pensado en un mono naranja con la panza violeta y las manos verdes.

—Me vale. El violeta viene pegando fuerte este año. Una cosa Domínguez, ¿ha vuelto a fumar la hierba esa de la risa?

—Sí.

— Lo suponía. Bien hecho. Fume más.

—Gracias.

—Vamos a por otro. ¿Crespo que tiene usted? Y recordad que no vale todo por Dios.

-Una señora con un gorro rojo, vestida de violeta y con una sonrisa a lo Joker. Que acojone por igual a los niños y a los padres.

—Me vale. Muy buena idea. Excelente. ¿A ver Rial y usted qué ha pensado?

—Un gato de trapo sin articulaciones visibles, de color marrón y con un traje rosa y…

—¿Violeta?

—No, no…Púrpura.

—Es usted un genio Rial. Me vale.

Ponedle a todo doble de luces, las retinas de los niños no nos importan, y recordad que la sala de fumar cosas de risa permanecerá abierta durante 24 horas.

 

Debe ser algo así.

Y después están las canciones. Pulsamos un botón (duda al pulsar no vaya a ser que sea el  Turbo Boost) y se escucha lo siguiente:

“Estrellita brillará en el cielo la verás

cada noche surcará el espacio sin cesar

mi estrellita brillará en el cielo la veras”

Escribiendo este informe Capitán he descubierto que después de esta hay otra canción. No la había escuchado en mi puta vida. Eso sí la primera, la de la “Estrellita”, no sé… quizás mil millones de veces, una y otra vez. Por la mañana, por la noche, de tarde…Como un bucle infinito que se queda tatuado en el cerebro. Y no paro de pensar en la cantante que un día se levantó para grabar las canciones del hipopótamo violeta. Chica, nos has hecho muy feliz, no lo dejes nunca. El que quiera variedad al Spotify.

 

Lo dicho Capitán, me da la sensación de que lo peor está por llegar.

Seguiremos informando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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