Dime cómo bebes y…The Walking DYC

Si es que (me) lo digo siempre: hay gente que no sabe beber.

Con las borracheras al final sucede como con las opiniones: cada uno tiene la suya. Hay infinidad de grados y variantes y a la  hora de la verdad (que suele coincidir con la hora feliz) a cada uno le afecta de una manera muy personal.

A lo largo y ancho de los años y dentro de mi círculo de allegados he podido analizar y profundizar en los diferentes y apasionantes subtipos de lonas y he llegado a la conclusión de que posiblemente se puedan extrapolar al resto de la sociedad española que frecuenta los bares (¡qué lugares!).

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1) El violento

Todos conocemos a uno de esos tipos que cuando beben imponen su ley. Normalmente tampoco es que sean la alegría de la huerta, pero cuando se toman dos copas de más buscan pelea a toda costa. No le mires ni mucho ni mal y ni se te ocurra increparle o llevarle la contraria porque te puede caer una buena hostia que te amargue la noche.

Frases como “Me voy a cagar en tus muertos” o “Te voy a meter una hostia que te voy a arrancar la cabeza de cuajo” forman parte de su fondo de armario nocturno. Al día siguiente no suelen arrepentirse, es más, siempre fue culpa del otro.

─ Mira que le avise…

─¡Pero, si le plantaste un revés sin mediar palabra macho!

─Con la mirada hombre, con la mirada.

Nivel de resaca:1. Suelen tirar “palante” y a tomar por saco.

2) El hablador o la moña ping-pong

Los vapores del alcohol hacen que ese amigo que apenas interactúa con el resto se convierta después de unos lingotazos de repente en un homenaje viviente a  Antonio Ozores. Del silencio más sepulcral pasa en un visto y no visto a hablarte de: su novia, de su familia, de sus aficiones, de su perro, de su curro…demasiada información para una noche de copas. La gente le hace el vacío y el pobre va rebotando de un grupo a otro cual pelota de ping-pong, de ahí el nombre de este entrañable subtipo. Durante el proceso etílico es sumamente feliz. Una vez pasado el efecto de la cogorza vuelva al modo hibernación hasta el siguiente descorche.

Nivel de resaca: 7,5. Es más resaca psicológica que física, pero las pasa putas. Como no está acostumbrado a hablar en su vida cotidiana le suele doler la boca.

3) El tipo duro: la lona implosiva

A este le da igual tomarse tres copas o veintiséis. Nunca se le nota. Es como cuando El Coyote del Correcaminos se comía un explosivo y le explotaba en la boca y solo se le movían los carrillos. ¿Para qué bebes? ¿No ves que estás tirando el dinero a lo tonto? Dámelo a mí hombre que yo por lo menos lo disfruto. Salir con él es un coñazo. Al final de la noche cuando tú ya vas más mamao que Bill Clinton a este se le empieza a notar un pelín.  Le brillan los ojos y se bambolea suavemente, pero hay que fijarse mucho para darse cuenta. Un sinsentido.

Nivel de resaca: 3. El muy cabrón además de no hacer el ridículo por la calle no sufre el síndrome.

4) El dormilón

Variante zen de la lona implosiva  en la que el que la sufre se queda dormido… por coñazo. Pide una copa y entre que la camarera va a por el vaso y prepara el combinado nuestro héroe se queda dormido. Ella le despierta con el tintineo de los hielos y un “Son cinco euros” que nuestro precavido héroe ya tiene perfectamente doblados entre los dedos. Paga, da un sorbo, otea el horizonte y se vuelve a quedar dormido.

Nivel de resaca: 0. Si ya vas durmiendo durante la fiesta…

5) El exhibicionista

Bebe y se desnuda. Hay grados. Es peligroso. Y no, por desgracia no afecta a mujeres. Al menos a las que yo conozco.

Nivel de resaca: 8,5. No suele recordar mucho de la noche anterior y cuando va al baño no se explica por qué coño tiene la ropa interior al revés.

6) El bailarín non stop

Lo baila todo. “Nanchaku duru”, música emo, Foo-Fighters, Camela, Chimo Bayo, música de los ochenta, brit pop, Nirvana…saca a bailar a las chavalas de dos en dos y lo pasa pipa. En sus ojos se puede leer un “Ojalá esto no acabe nunca”. Se deprime durante un segundo cuando acaba una canción pero se vuelve loco cuando comienza la siguiente. Sea cual sea. Si ponen ABBA le da un infarto. Tampoco le hace ascos a Franco Battiato o Wham!

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Nivel de resaca 6.

¡Ojo! como sudan mucho durante la noche el alcohol se elimina antes, pero a los seis puntos del síndrome de abstinencia hay que sumarle otros dos de agujetas. Vamos… que suelen pasarlas putas.

Y por último, el grado máster:

6) The Walking DYC:

El porcentaje en las calles de The Walking DYC (término utilizado siempre en singular, no tiene plural)  aumenta de manera proporcional cuánto más tarde se hace. Son inofensivos y fáciles de reconocer:

Doblados sobre sí mismo, arrastrando los pies, coordinación cero y sin apenas un vestigio de cerebro. Si todo el alcohol que llevan en sangre no les ha tumbado las flechas de Daryl Dixon tampoco lo harán.

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Público asistente a Zoo en Sanxenxo al volver a casa. Agosto 2008.

Es como la varicela: a todos nos ha pasado alguna vez.

Sin ir más lejos yo mismo caí (de nuevo)el otro día en esta categoría, de hecho, el paseo desde la zona de copas hasta mi casa podría pasar por el trailer de la cuarta temporada de la famosa serie.

Público asistente a Zoo en Sanxenxo al volver a casa. Agosto 2008.
Público asistente a Zoo en Sanxenxo al volver a casa. Agosto 2008.

Mirada en túnel, ojos rojos inyectados en sangre y con la coordinación de Stephen Hawking. Thriller una mierda a mi lado.

Cosas que pasan.

Digno de mención es el curioso fenómeno que se da cuando dos Walking Dead se cruzan. Aunque vengan caminando de frente en la noche de luna llena más clara los caminantes NO (repito NO) se reconocerán hasta tenerse a un metro (metro, metro escaso eso ya depende de cada uno) el uno del otro. Entonces y solo entonces cuando la colisión  parece algo inevitable uno de ellos levantara levemente la mano en señal de reconocimiento y soltara un ruido gutural mientras el otro le hará con la cabeza la mítica señal de “Quépasatíojodercómovas”.

Y esa será toda la comunicación. Una leve sonrisa salpicada de babas, la cabeza de nuevo al frente (hacia casa) y a seguir arrastrando el zapato que te queda cabrón.

Al día siguiente ninguno de los dos se acordará de haber visto a su colega y si se ven días después comentaran entre ellos lo mucho que hace que no coinciden “por ahí” aunque al despedirse ambos se rasquen la cabeza para después negar a continuación. “Lo habré soñado”.

Sí. Tu puta madre.

Nivel de resaca: 10. Dos días postrado y un mantra: No vuelvo a beber más.

Espero haberos aclarado un poco el tema este. Lo veo cada vez que salgo. Bueno hasta que me transformo en un Walking Dyc.

Por cierto, hay un subtipo más: el del delirio. Acontece cuando al bebedor se le va la pinza y da por verdaderas meros delirios de borracho:

Ejemplo: Mi amigo que en el transcurso de una salida aseguró que al día siguiente se alistaba en el ejército. Lo creía de verdad…en fin…

Si no os saludo, no me lo tengáis en cuenta.

¡Salud hermanos!

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