El calvo de la lotería

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Comienza la Navidad, época llena de buenos deseos y de regalos; de villancicos y de paz, pero desde hace años, ya nada es lo mismo.

El pistoletazo de salida de estas fechas ya no lo da como siempre el calvo de la lotería, no. Lo han despedido, y es que la crisis no entiende de tradiciones.

Repetid conmigo hermanos: ¡Pobre calvo!

¡Pero si hace ocho años que no lo hace! Ya hombre, pero el post lo escribo yo y retuerzo la realidad y la magia a mi conveniencia.

…en ese momento el reloj anunció que eran las doce de la noche…

El calvo de la navidad (2013)

Ahí está el calvo,  en la cola del paro, echando de menos su papel, soplando su mano con cara de magia a los que esperan su turno.

─¡B57!─ anuncia la megafonía a la triste y gris sala de espera del Inem.

─¡Agua!─ responde el calvo.

Y todos ríen. Agitan sus zambombas y hacen sonar sus cascabeles porque el buen hombre, aunque en paro, sigue llevando alegrías al prójimo.

Al calvo de la lotería le gusta desayunar (como a todos los humanos) pero, como lleva un año en paro, su liquidez ha alcanzado mínimos históricos. Después de repartir sueños e ilusión en el Inem. el hombre se dirige a uno de los sitios más tristes que existen para desayunar, bueno, para eso y para cualquier cosa: la estación de autobuses.

El calvo pide dos porras, un colacao y un zumo de naranja.

─Zumo no me queda─ asegura el mostacho detrás de la barra.

¡Que mala suerte! ¡Que ironía!, piensa nuestro alopécico héroe que  baja la vista y asiente con la mirada perdida. Diez minutos más tarde y tras dar cuenta del pequeño festín, el hombre pide la cuenta.

─Son 5,45…

El calvo de la lotería mete la mano en su bolsillo y lo único que rasca son un par de billetes de lotería rotos, uno de 1999 y otro de 2003. No tiene ni un céntimo. Intenta explicarle quién es al camarero que se empieza a poner violento. La tararea la canción del anuncio y despliega una sonrisa mientras se señala la cara con los pulgares. Al ver la reacción de enfado del camarero, nuestro mágico amigo, recurre a lo infalible, no es que le guste alardear, pero no hay otra salida.

Con semblante serio y enigmático enarca las cejas en un gesto misterioso; se lleva la mano a la barbilla (con la palma señalando al descolocado hombre que no para de darle vueltas, nervioso, al palillo de su boca) y cuenta hasta tres mentalmente…

…el calvo sopla mientras espera que el espíritu de la navidad haga el resto.

calvo_loteria_navidad

Nada.

Como un impotente esperando un erección. Encefalograma plano.

El camarero le mira extrañado y le advierte que será mejor que pague si no quiere buscarse líos. El calvo se sube el cuello del abrigo y lo vuelve a intentar: mano a la barbilla, mirada magnética, toma aire y…soplido mágico.

Nada otra vez. No hay manera.

El único truco que le queda es salir corriendo y vaya si corre. Es muy alto y tiene una buena zancada. Logra subirse a un tren ya en marcha como polizón y se queda dormido en un vagón de mercancías.

Y así van pasando los días para el calvo de la lotería, todo un símbolo de los buenos tiempos (económicos) venido a menos.

Dicen que le han visto  soplando a los transeúntes en varias ciudades españolas a lo largo de los años. Siempre con la mirada perdida, mendigando algo de cariño, pero siempre manteniendo el misterio del papel. Otros aseguran que todo es un bulo, y que harto de la fama, se ha retirado al Caribe con otros personajes entrañables como Mayra Gómez Kemp, Curro, Edu (Feliz Navidad)…allí celebraban la fiesta a su manera, sin que nadie les moleste y recuerdan viejos tiempos entre cánticos de su tierra. Y es que al fin y al cabo la navidad va de eso ¿no?

Nosotros nos hemos quedado sin magia. Tenemos pelo (algunos), pero echamos de menos al calvo. Ni siquiera el magnífico anuncio con Marta Sánchez, David Bustamante, Rapahel, Niña Pastori y Montserrat Caballé ha conseguido hacer que olvidemos aquella época.

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Cinco contra el calvo

En fin, la expresión cinco contra el calvo cobra un nuevo significado en estas fechas.

Repetid conmigo: ¡Pobre calvo!

…mientras tanto los peces empezaron a beber…

¡Salud hermanos!

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