El día del espectador solitario

Todo el mundo hablando de la película de moda y yo sin verla. Un día por unas cosas y otro por otras y nada, que no había manera. Así que me vi empujado a tomar una decisión drástica y a desempolvar una vieja práctica: la de ir al cine solo.

 

.Solo al cine

 

Ir al cine solo es toda una experiencia. Yo soy de los más extremistas ya que si voy solo, voy a la primera función para estar realmente aislado del mundo.

Nada más llegar la primera en la frente.

Vale que es el día del cine y la entrada cuesta 3,90 euros, pero aún así me cuesta creerlo: ¡Hay colas para ver la peliculita de los cojones!. No pasa nada. Para evitar cualquier contacto humano compró la entrada con la tarjeta en el cajero y vía. Subo al bar de la sala y ojeo los menús: menú infantil, menú combo, menú súper. Tengo un amigo bipolar que también va solo al cine y siempre se pide el menú pareja. Yo me decanto por el menú compensado, formado por palomitas medianas y agua. El menú compensado es una tradición que instauró mi madre en la familia hace años.

Noviembre 1987

─Mamá, voy a ir a comprar una hamburguesa. ¿Tú quieres?

─Sí. Tráeme  una hamburguesa completa con todo lo que le echen.

─¿Y de beber?

─ Coca-Cola light.

 

Menú compensado.

 

Entro en el cine, me siento en mi butaca y poco a poco la sala se comienza a llenar. ¡A llenar! Sigo dando buena cuenta de las palomitas  mientras determino que el público joven, lo que se dice joven no es. Si tuviese un desliz con alguna de estas mujeres me saltaría una generación y daría a luz directamente a mi nieto.

La verdad que la película es cojonuda, pero como voy solo tengo que reírme para mis adentros, lo que me da cierto aire de malvado, pero como estamos a oscuras nadie se percata. Me entran ganas de comentar los chistes con mis vecinos de butaca, pero me corto. Las de la derecha son dos señoras muy emperifolladas, una es de las que va a adelantando la trama cada cinco minutos.

─Va a casa de la señora…─ susurra ( o eso cree ella, que susurra… la muy…)

─Ese es el padre de ella…

Todo observaciones muy buenas y en el momento adecuado.

La película me encanta, esta llena de gags y si se ha montado tanto revuelo con ella será por algo. Se lo merece.

Eso sí. El mejor momento ocurrió una vez terminada la película, en ese momento en el que la gente va saliendo de la sala y comenta la jugada. Ya sabéis, ese instante en que el público de una sala confluye con los espectadores que salen de otra y se forma un pequeño guirigay. Es inevitable poner la antena. Veo como dos ancianos se encuentran en el pasillo y no puedo evitar escuchar:

─¡Hombre Manolo! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal va tu sordera?

─¡Mucho mejor desde la operación!

─¿Te ha gustado la película?

─¡Sí me reído mucho!¡Pero por el título me esperaba más drama, creía que era una película histórica…

─¿A cuál has ido?

─Ocho asesinos vascos.

 

En fin…esos momentos no tienen precio.

¡Salud hermanos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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