Fin de curso: el efecto Balboa

¡Qué nervios pasa uno en fin de curso!

Ese día es una especie de agujero negro en la vida de un crío. Evidentemente la felicidad se impone porque se acaban las clases, y tan solo el miedo a algún posible suspenso empaña semejante perspectiva de ocio y libertad.

Estudié en un colegio de marcado carácter religioso: en los Paules. El último día lectivo del curso nuestros queridos y peligrosos curas siempre tenían algún detalle especial con nosotros.

Recuerdo que siempre impartían un par de horas de clase innecesarias por la mañana (ya eran ganas de flagelar), y después, sobre las once, nos ponían una película educativa.

Por ejemplo, Rocky III. Así salimos todos: medio tarados.

Para un chaval de nueve años que vive en 1985 no hay nada más genial que ver a Stallone y a Mr.T. poniéndose finos el día de fin de curso. Además, para nosotros aquello era como un documental ya que aprendíamos las técnicas básicas y necesarias para cubrirnos de los golpes del Padre Borrajo, el Padre Ángel o el temido Macario (una máquina de soltar hostias, y eso que no era cura). En definitiva, que lo pasábamos en grande y además aprendíamos defensa personal. La mañana perfecta.

Rocky-Vs-Clubber

Aquí va una propuesta de experimento para El Hormiguero. Meta a usted a unos 500 niños de entre 6 y 13 años en un cine y proyécteles Rocky III. Una vez acabado el metraje dígales usted, Biblia en mano, que hay recreo hasta la hora de irse a casa.

Non Stop Party. ¡Ojo que esos niños van dopados hombre!

Ahora abra las puertas del salón de actos.

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Ni una manada de bisontes en celo. Los putos Critters.

Aquello era la Tercera Guerra Mundial. ¿Por qué los niños gritan tanto? Ni idea, pero aquello era una jauría imparable. Una marea de mocosos que en apenas un par de minutos tomaban las pistas de basket, el campo de fútbol y Gibraltar si era necesario.

Solo el miedo al NM (Necesita Mejorar) encapotaba las nubes del incipiente verano. El NM nos podía fastidiar completamente. Los dedos cruzados por si acaso. Si tenía que haber algo malo que fuese un – (menos) que no sé porque razón a los padres le sentaba mejor, pero un NM era bronca, castigo y exilio seguro.

Allí estaba el cura repartiendo las notas….

Año 1985 a.C (antes de la Crisis)

-¡Amado Touriño…!

-¡Barreiro Fernández..!

-¡Cruces Vergara..!

Me acerco con miedo en el cuerpo por si me cae una buena hostia de despedida, pero gracias a Dios no ocurre nada. El hombre de Cristo me tiende la cartulina de color amarillo pálido y me sonríe. Yo le devuelvo el cumplido y pongo mi mejor cara de niño bueno. No me atrevo a abrirlas.

-¡Domínguez Gestido…!

Mi amigo Carlos siempre suspende alguna y veo como el padre le tiende las notas. Le cae una bofetada que tiembla el cemento. Ya lo he dicho en alguna otra ocasión, el peligro acechaba en cualquier parte. No hay que hacer nada malo para atrapar. A alguien le tenía que tocar, y como Celso (que era el que recibía normalmente sin razón) ya había pasado, pues…tú la llevas. De regalo para el verano. Carlos le obsequia con una amenazante mirada mientras se amasa la roja mejilla con la mano como diciendo: “Ya creceré ya…”

Se acerca a mí y abre sus notas. Todo aprobado. Por los pelos, pero aprobado. Eso me envalentona y justo cuando estoy a punto de abrirlas, me las saca de las manos. Las abre y las mira. Su cara cambia.

-¡Qué burro…te han quedado tres! ¡Te han quedado tres! -bien, con empatía… burlándose y señalando con el dedo.

Cierro los ojos y mi vida pasa delante de mí en apenas un segundo, es como una película. En casa me matan, aunque quizás sea mejor no volver nunca a casa. A partir de ahora el bosque será mi hogar, como Rambo. Mi padre me mata.

Un grito me saca de mi ensoñación. Abro los ojos y veo como el cura (The Cure) tiene a Carlos agarrado por la patilla izquierda. El Padre tira del pelo hacia arriba y mi amigo tuerce el cuello, abre la boca y se pone de puntillas cual bailarina. Casi levita.

-¿De quién son esas notas Gestido? ¿Son suyas?

-No Padre... -balbucea el ladrón de calificaciones en un gritosusurro.

-¿Se estaba haciendo el gracioso?

-No Padre, le juro que no…

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Hostia en la cara. Por jurar. Como encaja el Carlos. Ni Stallone. Al padre se le escapa la patilla por un segundo y se queda con un par de pelos entre los dedos, pero enseguida la engancha de nuevo cual cocodrilo salvaje en un rápido movimiento que me recuerda a Pat Morita, el señor Miyagi.

-No se jura…

-Vale Padre vale…no lo vuelvo a hacer más…se lo juro.

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Hostia en la cara número dos. En este punto dos lagrimones empiezan a bajar por la cara incandescente de mi amigo.

-¡Que no se jura…devuélvale las notas a Cruces y váyase a casa!

-Sí Padre sí. Se lo j…se lo prometo.

El dolor desaparece como vino y a Carlos solo le queda un leve picor cerca de la oreja. Me da las notas, pero se enfada conmigo. Como si fuera culpa mía. No pasa nada, seguro que esta tarde los resolvemos con una buena pelea cerca de su casa.

Abro las notas.

Respiro hondo, el corazón me cabalga en el pecho…abro los ojos y…no doy crédito. ¿¡He aprobado todo!? ¡Era bola! ¡He aprobado! No puedo ser más feliz. ¡Menudo verano! ¡Y qué ganas de ver a mis padres!

2013 d.C

En fin amigos…un final feliz a la antigua usanza. Hoy he vivido mi primer fin de curso en diez años. Aún no tengo las calificaciones del curso de Community Manager, pero como me lo pagué yo, si suspendo me castigo a mí mismo y pelillos a la mar. Ahora el recreo se le llama paro y dura más de lo habitual. Ni siquiera conozco a mis profesores ni a mis compañeros, ya que es un curso online. No me gastan bromas y los profes no pegan, y eso mola, pero es todo un poco raro…lo único que me queda es Rocky III, así que os dejo que empieza ya…

¡Salud hermanos!

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