La granizada perfecta y Tom Waits

Lo de ayer pasará a los anales (perdonad la expresión) de la meteorología local.

Como cada enero, los primeros compases del año me traen el insomnio justo hasta mi puerta y este 2014 no iba a ser menos.

Así que allí estaba yo tumbado en la cama sin poder pegar ojo; con la mirada clavada en la oscuridad y la oreja intentando asimilar cada arista de un viejo disco de Tom Waits cuando un golpeteo contra la pared de la habitación se impuso a la voz aguardentosa del artista.

tom

Al principio no le di más importancia, pero aquello empezaba a parecerse cada vez más al sonido de unas castañuelas amplificadas. De repente, en medio de un solo de saxo se desató la tormenta.

Y lo hizo sin compasión.

Los impactos, cada vez más fuertes y violentos, se dejaban sentir en los cuatro costados del piso; mi novia se levantó de golpe, como si alguien hubiese accionado un resorte:

─¿Qué has roto?

─¡Nada joder! Es en la calle.

Nos acercamos a la ventana y observamos sin dar crédito como el granizo (del tamaño de cabezas de bebé) golpeaba ventanas, hacía saltar las alarmas de los coches y se estrellaba contra el pavimento sin romperse. La habitación parecía una barricada y nosotros los soldados primerizos que no saben qué hacer o hacia dónde huir. Cualquiera de esos pedruscos sería más que suficiente para romper la ventana en mil pedazos. Ante esta situación solo pude hacer una cosa: tirando de valentía me escondí detrás de mi novia mientras los relámpagos iluminaban la mueca de pavor de mi rostro.

Sí. Reconozco que por un momento tuve miedo: miedo a lo desconocido.  Sí. Había visto antes otras granizadas, pero ninguna como la de ayer. Aquello no era granizo, era granito a juzgar por el cristal que encontramos hecho añicos en el suelo de la cocina.

La cosa amaina de golpe y el Facebook se convierte en un hervidero. Parece que estoy en una casa de citas virtual en la que todo el mundo enseña sus bolas sin pudor.

Por ejemplo: estas son las bolas de Yago; tiene tres lo cual es anormal ya que es difícil que te quepan tres en una mano con semejante tamaño. La gente normal suele poner dos.

Las bolas de Yago
Las bolas de Yago

Esta es una de las bolas de Manuel. Ya veis, unos tanto y otros tan poco.

Las bolas de Manuel
Las bolas de Manuel

Si una de estas te da en la cabeza no sé si te mata, pero tonto te deja seguro, al menos durante un rato.

Mientras escribo esto parece que todo ha pasado y el susto se va diluyendo, pero qué mal lo he pasado. Pienso en la gente que está en la calle haciendo botellón y pienso:

Que se jodan…les está bien… por jóvenes.

Pues sí que comenzamos bien el 2014. Los Reyes Magos de Oriente (no podían ser de otro sitio) deben estar flipando. Miles de años de tradición que se podían haber ido al garete si les pilla la Granizada Tom Waits. Un camello (el animal, no el profesional) no está preparado para que le caigan semejantes piedras entre ceja y ceja. Yo solo digo que si les la GTW les sorprende haciendo la ronda no se salva ni Melchor.

Ya era lo que le faltaba a la Marca España.

¡Salud hermanos!

Anuncios

4 Comentarios