Cómo conseguir una buena elección

Se acercan las elecciones y los viejos políticos, como si de magos cegados por decenios de éxitos se tratasen, desempolvan su vieja chistera. Nos miran a los ojos; gesticulan con su varita entre las manos mientras su asistente- ya con pistoleras y maquillada como una prostituta de barrio- hace una torpe reverencia al público y despliega una sonrisa tan amplia y brillante como falsa y desdentada.

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El político/mago está a punto de deleitarnos con su mejor truco: el conejo en la chistera. Vale que el conejo está viejo, respira con dificultad, tiene el pelo canoso, las orejas caídas y le falta un diente, pero una parte del público, la más impresionable, aplaude con energía. ¡Un conejo de la chistera!, exclama. ¿Cómo diantres lo hará? murmura el respetable. ¡Qué gran truco!

Pues esto de las elecciones es la enésima función, la hemos visto mil veces y ellos, los magos de la confusión, siguen con sus viejos trucos que ya no sorprenden a nadie; bueno, solo al que se deja. ¿Os acordáis de aquel chiste que acababa?:

—A ver, Luis Alfredo, ¿ A tu edad y aún creyendo en duendecillos?

Pues eso.

Creo que esta vez no les va a funcionar. Hay magos nuevos y vienen con trucos renovados y sorprendentes. Sus conejos son de un blanco cegador, tienen una pelambrera fuerte, las orejas erectas y dos dientes perfectos. A lo mejor también nos la dan con queso, eso nunca se sabe, pero de momento parece que la cosa les va bien.
Son nuevos prestidigitadores. A ver si son algo más.
Lo cierto, es que los viejos magos se estaban descuidando. A algunos les asomaba el pañuelo a la altura de la manga, otros traían las cartas marcadas con rotulador, en algunas casos, era tal la desfachatez que magos, antaño efectivos, han osado traer a la compañera partida en dos de casa y claro, la cosa ha ido perdiendo fuelle.

¿Cómo conseguir una buena elección?

Pues muy fácil . Jugando a la democracia. Escuchando sin prejuicios tan antiguos como aquellos conejos y valorando. Nos podemos equivocar claro, pero si nos engañan, pues dentro de cuatro años fuera de nuevo. Nos vamos a ver otra función, la del mago de enfrente y punto.

En realidad, la metáfora no es correcta. Cuando veo a un mago, me encanta que me engañe. Pero con los políticos es otra historia. Solo les pido dos cosas.

—Que no me roben.

—Que no me tomen por tonto.

El 20 de diciembre…Abracadabra.

 

 

 

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