Esto no es temporal…es permanente: Qumaira, Ruth y Stephanie

Si hace unos meses alguien me dijese que iba a pasarme una mañana atrapado entre Ruth y Qumaira… seguro que mi lasciva mente me imaginaría en algún lugar paradisíaco, rodeado de esas dos voluptuosas mujeres, perdido entre sus neumáticos encantos, bebiendo caipiriñas como un político en celo.

Ruth y Qumaira
Ruth y Qumaira

Por un momento también barajé otro escenario. ¿Qumaira y Ruth? Puede que estuviese intentando darme de baja en Vodafone…

 

…pero nada de eso.

Aquí estoy, en el puto puente de Rande, flanqueado por estos dos engendros climatológicos. No sé cual de las dos es peor, no me han dado ni tiempo a conocerlas. Así como llegan se van y cuando uno les pilla algo de cariño, desaparecen… como lágrimas en la lluvia que decía Rutger.

qumaira temporal

Ya me imaginaba yo que entre Ruth y Qumaira iba a haber algo de humedad, pero esto es pasarse. Mi saxo penetra en el temporal como el virgen en un prostíbulo: tímido y decididamente acojonado. ¿Cuántas embestidas puede aguantar mi tartana de tercera mano? Hemos recorrido la mitad del puente y noto que la máquina no quiere seguir avanzando. Le acarició el salpicadero y ronronea con fuerza, me informa de que hará lo que pueda, pero se sincera y admite que no me puede prometer nada. Aprieto a fondo el acelerador, el motor ruge y Saxito alcanza sin despeinarse los 90 km/hora en línea recta…”todo un recto” para él.

Otra racha de viento nos golpea de costado mientras un camión (bastante abusón, por cierto) nos adelanta. Parece tan grande como Optimus Prime y, aunque ya hemos recorrido dos terceras partes del puente, empiezo a temer por mi vida. Subo el volumen de la radio. Desde su confortable estudio, el locutor me pide que tenga cuidado en la carretera, al parecer hemos pasado a alerta naranja. ¿Qué cojones es eso de alerta naranja? ¿Debería ser roja ya? ¿O no?  ¿Cuántas alertas hay? ¿De qué colores? ¿Son como los cinturones de taekwondo? Es decir, ¿puede existir la alerta amarilla-naranja o naranja-roja? Mientras reflexiono sobre estos apasionantes temas Saxito se queja y me doy cuenta de que ya hemos superado el puente de Rande y seguimos vivos.

Según el periodista olas de más de diez metros azotan algunos puntos de España y decenas de curiosos barra temerarios barra anormales se paran a escasos metros del furibundo mar para verlas de cerca. ¡Son olas joder! ¡Olas! ¡Habéis visto dos mil en vuestra vida!

Después pasa lo que pasa.

Me recuerdan a los bobos que animan en las curvas cerradas de los rallies. Estos papaconas también traen a mi memoria a aquel domador, el gran Ruffino, que solía introducir su pene entre las fauces de su tigre de Bengala: “Cafú”.

Nunca pasó nada…hasta que pasó. Ruffino nunca más intento domar nada, no tenía pelotas (literalmente).

La lluvia arrecia y me acojono de verdad. Parece que estoy en un túnel de lavado y reduzco la velocidad de mi bala de 90 a 75. Pienso en que tengo que grabar a una familia esta mañana y no creo que tanta humedad sea buena para A Parrocha, así se llama el lugar. Me entero de que ha muerto Philip Seymour Hoffman, dicen que esnifaba heroína. ¿Y quién no joder?

Apagó la radio, harto de tanta desgracia para no ponerme  de mal café y escuchó por enésima vez  el disco de Marvelpop: Planeta Imaginario Vol. I  (publicidad subliminal por la inminente salida de nuestro EP). Me sorprendo cantando y me siento como Gene Kelly en aquellas escena de “Cantando bajo la lluvia”.

Mi mente viaja al pasado veinte minutos y…

Autopista AP-9 (Veinte minutos antes, atrapado en Qumaira y Ruth)

…bajo del coche, a la altura del peaje que desune Pontevedra y Vigo mientras los sacos de arena que tengo por altavoces reproducen como pueden el “I´m singing in the rain…” de Gene Kelly.

rain1

Llevo un paraguas y un chubasquero amarillo, me marcó un par de ágiles pasos a la vez que despliego mi mejor sonrisa ante el hombre de la garita.

─Son tres con sesenta y cinco ─ me dice el buen hombre mientras mueve la cabeza al ritmo de la canción.

─¡Pero si solo voy hasta Vigo!─ le respondo sonriente, mientras giro sobe mi mismo y contoneo el paraguas con graciosos pasos.

─ Ya, pero AUDASA dice:¡ Son tres con sesenta y….!

Me dan ganas de meterle el paraguas por el culo, contar hasta tres y abrirlo seis veces seguidas mientras Ruth y Qumaira lo ponen de verano, pero en vez de eso…el hombre baja de la garita y empieza a chapotear conmigo en los charcos al ritmo de la música; nos movemos como dos artistas consumados y nuestra improvisada (pero perfecta) coreografía sorprende al resto de conductores que tras unos momentos de incredulidad, se miran y dejando atrás la timidez bajan de sus vehículos y se unen a nuestra danza bajo la lluvia.

Plano picado, la cámara se aleja y…

Vuelvo al presente y a la realidad.

La lluvia azota sin clemencia mi parabrisas, que ya no sabe cuánta brisa más va a poder parar….

Ruth y Qumaira son dos jacas peleonas. Ciclogénesis que la llaman: buen nombre para un prostíbulo, el clímax es lo que tiene. Yo le llamo temporal de mierda, que es menos científico, pero más español.

Enciendo la radio de nuevo y mi amigo, el locutor, me confiesa que un nuevo temporal, Stephanie, está a la vuelta de la esquina.

Con ese nombre no podía estar en otro sitio.

Intento otear el horizonte entre millones de gotas, grandes como testículos de mono, y me doy cuenta de una cosa:

Esto no es temporal…es permanente.

¡Salud hermanos!

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