Paladín

Cuando un español medio escucha la palabra paladín se ve transportado de repente a una polvorienta carretera, con un cruce de caminos en el que se le presentan dos opciones.

A la derecha podemos tirar hacia Paladín, que según la nunca bien ponderada Wikipedia significa:

Era cada uno de los doce legendarios guardianes de Carlomagno en los cantares de gesta de la denominada “materia de Francia” o ciclo carolingio. Se trata de una persona que asume la tarea de conservar o proteger algo.

No soy yo mucho de empezar las definiciones de algo con la palabra era, pero para esto nos vale.

A la izquierda, el español de a pie se encuentra con otro cartel que reza Paladín. Parece lo mismo, pero no es igual. Se trata esta última de una acepción más comercial, pero que ha marcado a una generación. En esta segunda opción, Paladín siempre va acompañada de otras tres palabras que hacen las veces de fieles escuderos.

Esas palabras son: “A la taza”.

 Y si usted es de Ávila, Santander, o Lima, pues… ahí se quedará la historia.

Pero si usted es de Pontevedra… ¡Amigo, la cosa cambia! Una tercera vía que discurre en línea recta se abrirá ante usted y seguramente en primer lugar. Las bebidas de cacao y los justicieros pasarán a un lejano segundo plano. Para los pontevedreses el Paladín era otra cosa.

Aquí os dejo la entrevista que mi ciudad, Pontevedra, ha tenido la deferencia de concederme para recordar viejos tiempos.

Antón: ¿Qué era el Paladín?

Pontevedra: El Paladín era un puticlub.

 A: ¡A ver mujer (Pontevedra es una señora) no diga tacos!

 P: Tiene razón A. Disculpe. El club Paladín era un PEG.

 A: ¿Qué es un PEG?

 P: Un Punto de Encuentro Genital.

 A: O sea un puticlub.

 P: Pues eso es lo que he dicho.

 A: Supongo que durante los años que el PEG estuvo en activo habrá visto a mucha gente “entrar de refilón”, sin saber que usted siempre estaba vigilante.

 P: (Risas) Sí, la verdad que sí (afirma nostálgica). Políticos, médicos, abogados, taxistas, comerciantes…Toda clase de gente se daba cita allí para pasar un buen rato. De derechas y de izquierdas, pobre y ricos…los coitos clandestinos unen mucho e incluso las personas del mismo sexo, que no tenían nada en común (salvo la lascivia del bebido), podían forjar una amistad duradera a raíz de sus encuentros en los PEG.

A: ¿Cómo de durarera?

P: Hasta que cerrase el club.

 A: ¿Y cuál dirías que es la principal diferencia entre unos (ricos y adinerados) y otros?

 P: Los pobres iban de putas y los ricos a ver “el espectáculo”.

 A: Entiendo. ¿En qué consistía el espectáculo?

 P: Basicamente en ir de putas.

 A: Ir de putas es una expresión muy sincera, pero malsonante y vulgar.

 P: Y yo que quiera que le haga, ir de putas es ir de putas aquí y en Bruselas.

 A: Seguro que hay alguna anécdota especial que se le haya quedado grabada.

 P: Cada noche era distinta. He visto a amigos despedirse en la Peregrina, con la excusa del cansancio, para encontrarse media hora más tarde agachando la cabeza y haciendo cola en la puerta del  local. Evidentemente iban al espectáculo, sin malicia. Otro recuerdo divertido es el del famoso abogado que, creyéndose perfectamente disfrazado, asistió al show seguro de su anónimato. El presentador del evento al verlo no dudo ni un segundo de la identidad del picapleitos; le dedicó una canción por el microfono mentando su nombre y sus apellidos mientras el público le apaudía y un foco le cegaba. Sin cortapisas, con la alegría y la naturalidad del que recibe a un cliente habitual. ¡Ay que risa!

 A: ¿No le da un poco de pena que vayan a demoler un edificio tan emblemático?

 P: La verdad es que sí. Hay muchos recuerdos en esas cuatro paredes, muchas historias de las buenas, de esas que no se pueden contar. Mucho amor y soledad en sus paredes. Sí, es una pena. Ahi hay mas historia que en el museo.

 A: Creo que van a abrir un banco.

 P: ¿Ah sí? ¡Bien! Me alegra que los hijos de las trabajadoras continúen con la empresa.

 A: Gracias por atendernos Pontevedra.

 P: Gracias a ti.

paladin

Pues eso amigos. Unos locales abren y otros cierran, pero la vida sigue su curso. El show debe continuar.

Salud hermanos.

Nota de las trabajadoras del Paladín:

No son hijos nuestros. Son unos cabrones.

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