Carnaval: El Zorro

Sábado, 8 de marzo de 2014

Me miro al espejo y una versión mejorada de Antonio Banderas en “El Zorro” me devuelve la sonrisa. ¡Menudo disfraz que se ha currado mi novia! Hasta el último momento el carnaval siempre me la trae al pairo, pero una vez enfundado en el traje, reconozco que me crezco. Empiezo a meterme en el papel y adopto, casi sin darme cuenta, un aire heroico, altivo y elegante al caminar.

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Me dan ganas de dejarme caer por la ventana para, de un grácil salto, acabar sobre los lomos de mi negro corcel que a buen seguro estará esperándome a pie de calle, pero….me lo pienso mejor y bajo por las escaleras, como cualquier bienhechor del montón. Si llevo una mierda  de espada de plástico hay una probabilidad bastante alta de que mi novia se haya olvidado de comprar un pura sangre amaestrado de medio millón de euros para hacer la gracieta.

Salgo a la calle decidido, pero la magia del disfraz se desvanece de sopetón. Tan solo cuatro pasos me hacen falta para darme cuenta de que no hay nadie disfrazado. Mi andar de leyenda se va difuminando al verme desde fuera, como un gilipollas, vestido de El Zorro en un día laboral. Cuando llevo doce pasos le echo un vistazo el reloj digital Casio (¿Qué Zorro que se precie saldría de casa sin él?) y compruebo la fecha. Todo parece correcto, pero una duda me fustiga…

¿Es posible que me haya equivocado de día? Envaino mi espada (que momentos antes zigzagueaba valiente y juguetona al viento) avergonzado por mi aspecto.

Al girar la esquina, justo cuando mi mente empieza a aceptar mi fatal sino, diviso a Axl Rose y a Luke Skywalker que charlan amigablemente mientras se acercan a mi posición. Recupero mi porte caballeresco en apenas unos segundos: espalda recta, pasos largos y decididos; vuelvo a empuñar con un par de cojones mi espada de plástico (recomendada para niños de entre tres y seis años) y me toco el ala de mi sombrero  a modo de saludo.

Mi mente resuelve el problema del carnaval. Puede que me haya equivocado de día, pero estos dos soplapollas también. Una décima de segundo después me doy cuenta que me hallo ante dos buenos amigos de mi pandilla, pero con tanta parafernalia no les había reconocido. Después de un par de chistes de todo a cien, les acompaño al restaurante en el que están y la gente al verme exclama mi nombre a modo de bienvenida aunque en realidad se la pela que esté o no esté. Hago una reverencia del copón (más que un héroe parezco uno de Loco Mía con tanta contorsión) y me pido una cerveza fría que es lo que haría el auténtico Zorro llegado este punto. Aplausos.

Las birras empiezan a caer una a una, sin prisa, pero sin pausa y tengo que ir al baño…hagamos un inciso…

El kit de “El Zorro” es más complicado de lo que parece a simple vista:

-Pañuelo/antifaz: Todo en uno. Oculta mi rostro de mis múltiples archienemigos y eso está bien, pero la contrapartida es que te resta visibilidad lateral, así que uno se pasa toda la noche hostiándose con farolas, columnas de discotecas y otros borrachos. Bastante incómodo y poco práctico.

-Espada/ látigo: Menudo coñazo. La primera vez que sacas el látigo tiene gracia, pero a partir de ahí todo es cuesta abajo. ¿Alguna vez habéis intentado enroscar un látigo una vez hecha la broma? Es como intentar quitar los pelos de la alfombra del Blandi Blub, crees que puedes, pero en realidad no. A mayor alcohol en sangre, mayor dificultad. Me propuse llegar con ambas armas a casa y casi lo conseguí, pero a las 5:00  de la mañana no aguanté más y las tiré al río Lérez al grito, siempre elegante y liberador, de: ¡¡¡A tomar por culo ya de una puta vez!!!

Al menos eso creía yo…porque ayer aparecieron, impolutas, debajo de la cama. Eso sí, al río tiré algo seguro.

En otro orden de cosas, si alguien encuentra las llaves de mi coche y mi cartera que se ponga en contacto conmigo en cuanto pueda.

-La capa: La capa merece capítulo aparte. Elegante sí, funcional no. No voy a entrar en detalles de lo lioso que es ir al baño con una capa, pero todos nos los podemos imaginar. Evidentemente si es para hacer “popó” (término infantil que designa la acción/necesidad de cagar), la cosa se complica sobremanera y si a esto le añadimos el factor “EG” (Estrella Galicia) la prueba se torna casi imposible de superar con dignidad.

Pero de todas estas aventuras y desventuras me quedo, sin atisbo de duda, con el instante previo a salir a la calle. Ese momento en que el traje te sienta como un guante, ese segundo en que uno comienza a interpretar el disfraz. Ella me ayuda a colocarme el antifaz y la pañoleta, pero a mi me arde el culo por salir ya a a la calle.

─A ver… que así lo tienes torcido paletiño…

─Venga, que me están esperando…

─Ponte bien la capa…

─ ¡Uy que carallo eh!

Y me preguntó: ¿Y al Zorro de verdad? ¿Le pasaría lo mismo?

Los Ángeles, principios del siglo XIX. Martes por la tarde.

─Cariño has visto el látigo, es que tengo que salir a hacer el bien y llego tarde…

─¡Ay!¡ ¡Y yo que sé Manolo!

─Te he dicho mil veces que no me llames Manolo cuando estoy a punto de salir a hacer la ronda…

─ ¡Vaaale…! Pues yo que sé “Zorro”…

─ ¿Cari,  así voy bien? ¿Voy bien conjuntado?

─¡Pero si vas todo de negro anormal!

─Vale, vale…no sé a qué hora llegaré…no me esperas despierta amor.

Ella ronca a pierna suelta antes de que él acabé la frase. Silba tres notas , salta por la ventana de la alcoba, cae sobre su negro caballo y cabalga hacia la enorme luna de plata en busca de algún malhechor al que capturar…

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 FIN

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Marvelpop: un planeta imaginario…

Bueno, ya está aquí…por fin. Y desde hoy podéis haceros con él.

Marvelpop-Planeta Imaginario (Vol.I)

El Planeta Imaginario (Vol.1) entra en órbita y yo tan contento. ¡Ha costado mucho llevarlo a cabo por un montón de motivos diferentes! Cualquier grupo que saque un disco tiene una historia que contar y no suelen ser precisamente de risa, pero cuando una lo tiene en sus manos…todo eso se resetea y el contador se pone a cero. La música es así. Al principio, el EP no iba a tener título, pero casi en el último momento, me tropecé con la maravillosa sintonía del Planeta Imaginario (un programa infantil de los ochenta que los de mi quinta recordaran) y pensando en ese nombre se me “incendió” la bombilla. ¡Era perfecto para el EP! Las historias que cuentan nuestras canciones no ocurren aquí…ocurren allí, en ese Planeta Imaginario. http://www.youtube.com/watch?v=UgG__CI924s Esta es la primera entrega, cinco canciones para presentarnos en sociedad:

1) Kamikazes: El single. Surgió de un arreglo de guitarra que tenía escrito desde mi época de estudiante en Madrid. Salió de la nada, de repente… y tiene la fuerza y energía que se le presupone a una buena carta de presentación. Y es que pelearse con la música cuando llega cierta edad tiene un cierto componente suicida. La letra la escribí en un “aviso de llegada”  mientras repartía el correo en Sanxenxo. No debí dar una aquella mañana.  Podéis escucharla aquí: https://marvelpop.bandcamp.com/track/kamikazes-2014

2) El astronauta y la bailarina: El riff de guitarra del estribillo surgió en el estudio de Triqui en los tiempos muertos de la grabación de Kamikazes y se fue cociendo a a fuego lento. Una canción tranquila y elegante que habla de amor en el espacio, de un cataclismo a escala mundial y de que la esperanza no debería perderse nunca. https://marvelpop.bandcamp.com/track/el-astronauta-y-la-bailarina

3) Cowboys y fantasmas: Esta es un western. Dos pistoleros que se retan al salir al sol. Los dos tienen cierta mala fama, pero la realidad es que tienen miedo…mucho miedo: pero nunca lo confesarían, antes morirían…y eso es exactamente lo que les va a pasar. Vagaran por el pueblo unidos para siempre…como fantasmas. Moraleja: el miedo no es malo, lo que es malo es callárselo y no afrontarlo. Si estos dos hubieran hablado…no habría canción. El solo de saxo de José García ya vale por todo el tema. https://marvelpop.bandcamp.com/track/cowboys-y-fantasmas

4) Ave Fénix: Sentados uno frente al otro, Rodrigo Conde y yo esbozamos esta canción que se ha ido transformando a lo largo de los años. Siempre creí en ella y me empeñé un grabarla. Habla de los cojones que tenemos, aunque no lo sepamos, para afrontar esos palos que llegan de la nada y nos reducen a cenizas durante un tiempo. https://marvelpop.bandcamp.com/track/ave-f-nix

5) Mi pequeña guerra mundial: Cuando la escribí no lo sabía, pero era la primera canción de Marvelpop, y eso que el grupo ni siquiera existía. Esta habla de el lado oscuro de tener un grupo: de los advenedizos que se arriman cuando hace calor, de las discusiones, de los egos infundados…de todo lo que pasó. https://marvelpop.bandcamp.com/track/mi-peque-a-guerra-mundial  

6) MPGM reprise:Cuando Triqui me puso solo el arreglo de cuerda que se curro para “La guerra” decidí meterlo en el Planeta. Sin Triqui no habría disco, pero lo más importante no es eso…sin Triqui no habría Marvelpop, y eso no es algo que pueda decir de muchas personas.

¡Así que aquí está! Ahora a degustarlo. Si te gusta el pop y el rock en castellano seguramente encontrarás algún momento en este disco con el que disfrutar, si lo tuyo es otro estilo…ni te molestes, pero en la variedad está el gusto amigos.

¿Yo quiero un Planeta, cómo hago?

Os cuento, hay dos opciones:

1) Vivo en Pontevedra Pues te pasas por el HiperFroiz de Cobian Roffignac, allí un enorme cartel con nuestros jetos os dará la bienvenida. Precio: 7,95.

2) Soy de fuera de Pontevedra (para los de aquí simplemente “los de fuera”). 

Ahora que hay Internet ya podemos llegar a cualquier rincón de este planeta (el real) con solo un click. El disco de Marvelpop está disponible en: Itunes, Amazon, Spotify, Amazon, E-music y en la tienda (Play Store) de vuestros móviles así que no hay fallo. Si a pesar de esto lo queréis en soporte físico. podéis mandarnos un privado a nuestro Facebook y lo arreglamos en dos patadas: https://www.facebook.com/marvelpopgalicia

Marvelpop-Planeta Imaginario (Vol. I)
Planeta Imaginario Vol.I

Mi cerebro está ya en el Planeta Imaginario (Vol.2): Las nuevas: Ilógico, Búnker (La furia del dragón); las “clásicas”: Éxodo, El Circo, El Cosmonauta; Jekyll & Hyde,Tribal…ya veremos… disfruten del viaje.

¡Gracias a Carmen Rey por echarme un cable con las armonías y las voces! ¡Volveré!

PD: En el Planeta Imaginario no hay un 21% de IVA. ¡Chorizos, que sois unos putos chorizos y unos ignorantes! Citando una gran frase de “El día de los muertos” de George A. Romero: “Así reventéis” Al resto: ¡Salud hermanos!

Esto no es temporal…es permanente: Qumaira, Ruth y Stephanie

Si hace unos meses alguien me dijese que iba a pasarme una mañana atrapado entre Ruth y Qumaira… seguro que mi lasciva mente me imaginaría en algún lugar paradisíaco, rodeado de esas dos voluptuosas mujeres, perdido entre sus neumáticos encantos, bebiendo caipiriñas como un político en celo.

Ruth y Qumaira
Ruth y Qumaira

Por un momento también barajé otro escenario. ¿Qumaira y Ruth? Puede que estuviese intentando darme de baja en Vodafone…

 

…pero nada de eso.

Aquí estoy, en el puto puente de Rande, flanqueado por estos dos engendros climatológicos. No sé cual de las dos es peor, no me han dado ni tiempo a conocerlas. Así como llegan se van y cuando uno les pilla algo de cariño, desaparecen… como lágrimas en la lluvia que decía Rutger.

qumaira temporal

Ya me imaginaba yo que entre Ruth y Qumaira iba a haber algo de humedad, pero esto es pasarse. Mi saxo penetra en el temporal como el virgen en un prostíbulo: tímido y decididamente acojonado. ¿Cuántas embestidas puede aguantar mi tartana de tercera mano? Hemos recorrido la mitad del puente y noto que la máquina no quiere seguir avanzando. Le acarició el salpicadero y ronronea con fuerza, me informa de que hará lo que pueda, pero se sincera y admite que no me puede prometer nada. Aprieto a fondo el acelerador, el motor ruge y Saxito alcanza sin despeinarse los 90 km/hora en línea recta…”todo un recto” para él.

Otra racha de viento nos golpea de costado mientras un camión (bastante abusón, por cierto) nos adelanta. Parece tan grande como Optimus Prime y, aunque ya hemos recorrido dos terceras partes del puente, empiezo a temer por mi vida. Subo el volumen de la radio. Desde su confortable estudio, el locutor me pide que tenga cuidado en la carretera, al parecer hemos pasado a alerta naranja. ¿Qué cojones es eso de alerta naranja? ¿Debería ser roja ya? ¿O no?  ¿Cuántas alertas hay? ¿De qué colores? ¿Son como los cinturones de taekwondo? Es decir, ¿puede existir la alerta amarilla-naranja o naranja-roja? Mientras reflexiono sobre estos apasionantes temas Saxito se queja y me doy cuenta de que ya hemos superado el puente de Rande y seguimos vivos.

Según el periodista olas de más de diez metros azotan algunos puntos de España y decenas de curiosos barra temerarios barra anormales se paran a escasos metros del furibundo mar para verlas de cerca. ¡Son olas joder! ¡Olas! ¡Habéis visto dos mil en vuestra vida!

Después pasa lo que pasa.

Me recuerdan a los bobos que animan en las curvas cerradas de los rallies. Estos papaconas también traen a mi memoria a aquel domador, el gran Ruffino, que solía introducir su pene entre las fauces de su tigre de Bengala: “Cafú”.

Nunca pasó nada…hasta que pasó. Ruffino nunca más intento domar nada, no tenía pelotas (literalmente).

La lluvia arrecia y me acojono de verdad. Parece que estoy en un túnel de lavado y reduzco la velocidad de mi bala de 90 a 75. Pienso en que tengo que grabar a una familia esta mañana y no creo que tanta humedad sea buena para A Parrocha, así se llama el lugar. Me entero de que ha muerto Philip Seymour Hoffman, dicen que esnifaba heroína. ¿Y quién no joder?

Apagó la radio, harto de tanta desgracia para no ponerme  de mal café y escuchó por enésima vez  el disco de Marvelpop: Planeta Imaginario Vol. I  (publicidad subliminal por la inminente salida de nuestro EP). Me sorprendo cantando y me siento como Gene Kelly en aquellas escena de “Cantando bajo la lluvia”.

Mi mente viaja al pasado veinte minutos y…

Autopista AP-9 (Veinte minutos antes, atrapado en Qumaira y Ruth)

…bajo del coche, a la altura del peaje que desune Pontevedra y Vigo mientras los sacos de arena que tengo por altavoces reproducen como pueden el “I´m singing in the rain…” de Gene Kelly.

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Llevo un paraguas y un chubasquero amarillo, me marcó un par de ágiles pasos a la vez que despliego mi mejor sonrisa ante el hombre de la garita.

─Son tres con sesenta y cinco ─ me dice el buen hombre mientras mueve la cabeza al ritmo de la canción.

─¡Pero si solo voy hasta Vigo!─ le respondo sonriente, mientras giro sobe mi mismo y contoneo el paraguas con graciosos pasos.

─ Ya, pero AUDASA dice:¡ Son tres con sesenta y….!

Me dan ganas de meterle el paraguas por el culo, contar hasta tres y abrirlo seis veces seguidas mientras Ruth y Qumaira lo ponen de verano, pero en vez de eso…el hombre baja de la garita y empieza a chapotear conmigo en los charcos al ritmo de la música; nos movemos como dos artistas consumados y nuestra improvisada (pero perfecta) coreografía sorprende al resto de conductores que tras unos momentos de incredulidad, se miran y dejando atrás la timidez bajan de sus vehículos y se unen a nuestra danza bajo la lluvia.

Plano picado, la cámara se aleja y…

Vuelvo al presente y a la realidad.

La lluvia azota sin clemencia mi parabrisas, que ya no sabe cuánta brisa más va a poder parar….

Ruth y Qumaira son dos jacas peleonas. Ciclogénesis que la llaman: buen nombre para un prostíbulo, el clímax es lo que tiene. Yo le llamo temporal de mierda, que es menos científico, pero más español.

Enciendo la radio de nuevo y mi amigo, el locutor, me confiesa que un nuevo temporal, Stephanie, está a la vuelta de la esquina.

Con ese nombre no podía estar en otro sitio.

Intento otear el horizonte entre millones de gotas, grandes como testículos de mono, y me doy cuenta de una cosa:

Esto no es temporal…es permanente.

¡Salud hermanos!

A gran parrocha

Según la Real Academia Galega la palabra PARROCHA tiene dos acepciones:

1) Sardina pequeña

2) Vulva

 

Por más que lo intento no logro establecer ninguna relación entre el pescado y la vulva. Pongo en ellos mis cinco sentidos y nada.

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23 de enero de 2014

La familia que me toca “localizar” para el programa reside en A Parrocha (Bembrive).

Conduzco el coche de la productora un poco a ciegas, dejándome guiar por mi instinto. Sé que estoy cerca, pero doy vueltas en círculo. Una señora espera a que su hija saque el coche del garaje, son los únicos humanos que he visto en un buen rato, así que me detengo a su altura; bajo la ventanilla y de mi boca brota una pregunta que nunca pensé que le formularía a ninguna señora desconocida:

─¡Perdón!─ elevo el tono para que me escuche bien─ ¿Sabe usted dónde está A Parrocha?

Vale lo he dicho. Joder que mal suena.

─¿Cómo dice?

Me cago en tu puta madre, no me hagas repetirlo. Suspiro y grito un poco más. 

─¡Que si sabe usted dónde está A Parrocha!

─¿A Parrocha?

Trago saliva.

La mujer me mira a través de sus gafas oscuras y por un momento tengo miedo de que A Parrocha no exista. ¿Y si todo esto es una novatada del equipo y esta mujer me cruza la cara por preguntarle si sabe dónde tiene la vulva? Justo cuando creo que me va a calzar una hostia, la amable lugareña suelta:

─ ¡Uy, pero así vas mal! Tienes que dar la vuelta, volver por dónde viniste y seguir recto. Pasas por debajo de un puente, y después de un túnel; sales a la derecha y “todo recto parriba”. Por allí preguntas.

Asiento con la cabeza y le digo que sí para no hacerla sentir mal, pero para mí es como si me estuviese hablando una cabra. No entiendo nada. Si un miembro de la Real Academia de la Lengua me diese las indicaciones perfectas me perdería, así que con las de estas señora estoy seriamente jodido.

─¿Entendes?─ me pregunta mi nueva amiga.

─ Más o menos─ le miento.

─A ver rapaz, que é moi fácil. 

─Das la vuelta y sales a la derecha─ la mujer señala a la izquierda lo que hace que me líe más─ Pasas por debajo de un túnel y  por encima de un puente. ¿Joder, no era al revés? Fas a rotonda y “todo recto pabajo”. Por allí preguntas.

Esta segunda indicación me deja absolutamente desconcertado al ser exactamente lo contrario que la primera.

─ O sea que doy la vuelta y primero a la derecha y después del túnel todo recto ¿no?.

Lo digo así… a voleo pero con seguridad.

─¡Eso es!─ me dice ella orgullosa. 

Vale. Estoy peor que antes. Le doy las gracias y cuando me dispongo a dar la vuelta, la hija sale de garaje e intercambia unas frases con su madre. El ruido del motor no me deja discernir nada más allá de “Parrocha”, “por ahí no” y “es más fácil”.

La hija trota hacia mi posición como un Miura y mi instinto de supervivencia hace que me entren ganas de subir la ventana, pero no lo hago.

─ ¡No le hagas caso!─ me explica─ No des la vuelta.

Joder, lo único que había entendido de la otra explicación y me lo echa abajo.

─Sigue por la autovía y verás un puente.

─¿Se refiere a un túnel?

─Sí eso, un puente.

La madre entra en escena y le increpa. 

─¿No ves que por ahí es más complicado?

Las mujeres se enzarzan en una batalla interminable para ver cuál es el mejor camino para llegar A Parrocha. 

─Bueno─ susurro sin ánimo de interrumpir la discusión que va subiendo de tono por momentos─ Yo ya me voy. Muchas gracias.

Meto la marcha atrás y me deslizo como una gacela, en silencio. Solo quiero escapar. Mientras la hija gesticula sobre las direcciones correctas que llevan al sagrado lugar, su madre me sonríe muy tranquila y me dice:

─Tú no te líes.

Me escarallo de risa y tengo la certeza de que estas cosas solo ocurren en Galicia. 

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Al final hago lo que me dice la hija y noto que casi estoy en A Parrocha, pero no acabo de encontrar el lugar exacto. Paro al lado de un restaurante con cierto movimiento. Una chica joven saca la basura, así que aprovecho y toco el claxon; ella se acerca. Vuelvo a tragar saliva y decido simplificar el mensaje:

─¿A Parrocha?

Empiezo a odiar esa palabra.

La respuesta que me dio la chavala, se me quedará grabada para siempre .

─ La Parrocha, lo que es la Parrocha es ya todo esto.

─ ¡Ah vale…muchas gracias!

 

Poco después llego a mi destino y constato lo que me temía:

La Parrocha está en el quinto carallo. Paradoja donde las haya.

Unas horas más tarde vuelvo a la redacción;  cuento la historia y mi compañera asegura que en una ocasión estuvo en una calle, con un nombre más inquietante si cabe: Calle Cona Estreita.

Gracias a Dios que estos lugares no están uno al lado del otro. Guerra asegurada. Habría peleas, partidos de fútbol entre os da Parrocha e os de Cona Estreita.

Un conflicto en toda regla. 

¡Salud hermanos!

 

 

 

 

 

Trabajo nuevo y viajes en el tiempo

7 de enero de 2014

“Los Reyes Magos no existen”.

Eso es lo que pienso mientras me hago unos largos en la piscina y pienso en el nuevo año que empieza. Les pido un trabajo y los muy cabrones se parten el ojete mientras ponen rumbo al lejano Oriente. Ya les vale…para una cosa que necesito. Nunca voy a encontrar trabajo de periodista. Es un imposible y ya me da igual. Yo a lo mío. Sin previo aviso, y con las pelotas aún irritadas por el cloro, el tiempo se dobla sobre sí mismo y tiene lugar uno de mis inesperados viajes al futuro.

9 de enero de 2014

Abro los ojos desorientado. Miro hacia los lados e intento ubicarme. Parece que estoy en una redacción, pero no sé dónde ni con quién. Miro alrededor, pero no reconozco a nadie. Parece que (increíble) estoy trabajando. En la pantalla de mi ordenador parpadea un guion sin acabar:

Entre familias anda o xogo. Programa 16: Os Cao (O Valadouro)

¿Qué coño es O Valadouro? ¿Quiénes son Os Cao? ¿Tengo curro? Noto el hormigueo característico que precede a mis viajes y desaparezco de la redacción.

20 de diciembre de 2013

Me presento en una entrevista de trabajo en el Colegio de Enfermería de Vigo. Tras una hora y media de charla la entrevistadora, Estefanía, me asegura que en unos días me llamará para decirme si el puesto es mío o no.  Le replico que, en mi experiencia, “la llamada del no”, nunca se recibe. Sonríe y me asegura que ella siempre se pone en contacto con los candidatos tanto para bien como para mal. Me dice que tiene mi número y que esté tranquilo, que me llamará. Nos despedimos cordialmente.

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16 de enero de 2014

Otro nuevo salto al futuro, esta vez algo más violento. Estoy en un plató de televisión, parece que se está grabando un concurso familiar. Lo presenta “El Tonecho”. La verdad que tiene coña el tío. No sé qué hago aquí, no lo entiendo. ¿Concurso yo? Si es familiar no creo.

Creo que la que está mi lado es la morena de “Tunight”, se gira hacia mí y me pregunta no sé qué de una tal Nati y de unos planos. Sonrío para no parecer subnormal perdido y, para escurrir el bulto, le digo que estoy cansado y que no puedo pensar. ¿Quién es Nati?

Fogonazo y vuelta al pasado.

10 de enero de 2014

Estoy sentado en un despacho y un tipo me explica las condiciones de el contrato. Cuando menta el sueldo noto un cosquilleo por todo el cuerpo, no por el hecho de ser alto o bajo sino por el mero hecho de tener un sueldo digno. Me pide que cubra un impreso y al fin averiguo con sagacidad (leo el membrete) que estoy en una conocida productora.

 15 de enero de 2014

Alguien me para por el pasillo y me pregunta si he visto a una tal Brenda. Me dan ganas de responder que no, pero que busque en el Peach Pit. ¿Quién es Brenda? El hombre vuelve a insistir: esta vez me dice si he visto a Javi. Le señalo una dirección a boleo y para no parecer muy imbécil salgo corriendo moviendo los brazos mientras me pierdo por el laberinto de pasillos.

9 de enero de 2014

-¿Entonces…tengo el trabajo?

─¡Que sí hombre tranquilo!

Nos damos un abrazo y contravengo una de las tres normas del novato: “No abraces a tu jefe el primer día de trabajo”. Las otras dos son: “No abraces a tu jefe” (así sin más) y “No abraces a tu jefe en la primera hora de trabajo”. Me doy cuenta que he infringido las tres.

Como para regalarme un Gremlin.

gizmo

Subo al coche y llamo a mi madre. Le cuento lo que ha pasado y se pone a llorar de emoción como Al Pacino en El Padrino III cuando matan a la hija. Si no has visto El Padrino III te he reventado la película, pero la culpa es tuya por no haberla visto antes, burro.

Le digo que se tranquilice, y que me llame cuando deje de balbucear como si le hubiesen amputado un brazo.

Vuelve a llamarme más tranquila (solo hipa) a los dos minutos. Le cuento la historia y la noto tan emocionada que no me atrevo a decirle que es solo un contrato por obra. Me imagino la conversación.

─¿Por obra de quién Antonciño?

─Por obra de Dios Mamá, por obra de Dios.

Yahveh

9 de enero de 2014

Miguel García le pregunta a Quique Morales por un redactor “creativo y divertido”. Quique se acuerda de mí y me recomienda.  Pensé que ese tipo de cosas ya no ocurrían. Q. me manda un mensaje al Facebook contándome la jugada. Hablo con mi futuro jefe y omito mi verdadera edad. No quiero que sepan que tengo 25.

20 de junio de 2036

Suena mi holograma neuronal. Es un número largo. Descuelgo tocándome la oreja. Es Estefanía.

Me dice que no tengo el trabajo.

¡Salud hermanos!

Noche de reyes

Pensé que era de nuevo el granizo.

El primer ruido me sorprendió sobre las 4:30 de la madrugada; era un sonido extraño, hueco y rítmico, que hizo que mi párpado derecho se levantase, desvelado y cabreado, en busca de respuestas. El golpeteo se iba acercando a mi posición, creciendo de intensidad; definitivamente aquello no era granizo. Un estrépito en la cocina hizo que me levantase, acojonado, para comprobar qué diantres ocurría por aquella zona de la casa.

Recorría descalzo y a oscuras el pasillo sin hacer ruido, sigiloso como un político corrupto, cuando comencé a escuchar un murmullo; una suerte de conversación que me llegaba desde el otro lado de la puerta de la cocina. A medida que me acercaba al pomo de la puerta; la charla se iba tornando más y más nítida así que me paré a escuchar no sin antes marcar el 091 en mi teléfono.

Pude distinguir al menos tres voces y me sorprendí espiando la escena cual voyeur por una rendija de la puerta; lo que vi me sorprendió y aún hoy, tres días después me sigue pareciendo increíble. Tres señores de avanzada edad , claramente trastornados, se daban cita y departían alrededor de la mesa.

─¡No puedo con las pelotas Gas!─ dijo uno de los hombres que dejó caer su cabeza entre sus brazos, cruzados sobre la mesa, en un claro signo de cansancio.

─Tranquilo Mel, a ver que nos han dejado por aquí para recargar fuerzas. Hacemos un descansito y seguimos, que aún queda chollo de carallo ─ le respondió su compañero que a todas luces sufría alguna tipo de enfermedad mental.

Mi teléfono interrumpió la escena y me delató:

─Policía, ¿en qué puedo ayudarle?

Los tres ancianos miraron sorprendidos hacia la puerta. El más grande, el de color, la abrió de golpe y me encontró con el móvil en la mano y una mirada de clemencia en el rostro. Me llevé el teléfono a la oreja y me quedé en silencio: ¿qué podía decir? El  hombre me miraba con una expresión divertida en la cara, retándome a qué les delatase, pero simplemente me disculpé con la operadora y colgué.

Durante unos segundos nos quedamos todos en silencio, mirándonos unos a otros sin saber qué decir o cómo actuar, como púgiles desorientados en un cuadrilátero.  El tal Gas me miraba de arriba abajo con detenimiento y no  pudo ocultar una sonrisa al ver que, como siempre a estas horas, llevaba puesto solo un calcetín.

─Veo que sigues perdiendo un calcetín mientras duermes─ dijo el hombre mientras se mesaba la blanca barba.

─Y has engordado─ apostilló el pelirrojo.

─¿Sois los…?─ pregunté.

Baltasar, hombre de pocas palabras, asintió con la cabeza.

─¿Y qué coño hacéis en mi cocina?

─¡No digas tacos hombre!

─¡Oiga amigo, no me de lecciones que acabo de escuchar como usted acaba de decirle a ese de ahí que “no podía con las pelotas”!

─ “Ese” de ahí es Melchor y las pelotas a las que me refería son esas de ahí─ me aclaró el hombre mientras señalaba una gran  saca de tela marrón de la que asomaban tres o cuatro balones de fútbol y baloncesto.

Me sentí avergonzado al instante y les pedí perdón por mi vocabulario.

─Tranquilo Antón─ exclamó Melchor─ si te hace sentir mejor en realidad estamos hasta los huevos.

─¡Melchor!─ le reprendió Gaspar, ofendido por el lenguaje de su compañero.

─¿¡Qué!? ¿Acaso no es verdad? Vamos mayores Gas antes tardábamos diez minutos en llegar de Poio y ahora mira. Son ya las cuatro y media y aún no hemos llegado a la mitad de la ruta.

Baltasar asintió con gesto grave y Gaspar se quedó callado; sabía que su amigo tenía razón.

─¿Os puedo ofrecer algo de comer?

─Claro hijo, te lo agradeceríamos de corazón─ dijo Melchor.

─ ¿Lo de siempre? ¿Una jarra de leche y algo de fruta o turrón?

─¿Tienes nachos? Estamos un poquito hartos de la leche, de los higos y de todo eso…

─Nachos marchando, sin problema.

Cinco minutos después estaba sentado con ellos charlando alrededor de un buen plato de nachos del Mercadona.

─¿Cómo te va Antón?

─Bueno no me quejo la verdad, a ver… si me quejo, pero no delante de vosotros. No hay mucho curro, pero bueno el resto va bien.

─¿El grupo qué tal?─ preguntó Gaspar. ¿Cómo se llamaba? ¿Denver?

─No, Marvel, Marvelpop. Sacamos ahora el primer EP, a ver que tal se nos da, pero la cosa está muy jodida.

Baltasar me mete tal colleja al escuchar esa palabra que los nachos que tengo en la boca salen despedidos y acaban desperdigados por el mantel.

─ Fastidiada─ me corrijo─ la cosa está fastidiada.

Baltasar sonríe, complacido por el cambio de terminología.

Me disculpo y continuamos charlando.

─¿Y vosotros qué tal?

─ Cansados─ responde Gaspar─ muy cansados. La magia agota y cada vez necesitamos más pajes para hacer el trabajo sucio, de hecho son ellos los que reparten el 80% de los regalos.

─¿Son como becarios?

─Sí. Más o menos. A veces dejan un regalo en la casa equivocada, pero nada grave.

─¿Pero, los tendréis asegurados no?

─¿¡Estás de broma!?─ exclama un exaltado Melchor─ ¿Tú sabes lo que hay que pagar de seguridad social por currar un domingo y además festivo? De asegurar nada, que repartan que así van adquiriendo experiencia. Piensa que pueden acabar trabajando en Correos o en MRW.

─Ya…─ respondo─…visto así. ¿Les hacéis un favor no?

─Claaaaro.

Gaspar apoya sus manos sobre los muslos y no sin cierto esfuerzo logra levantarse.

─Es hora de partir Antón; gracias por tu hospitalidad.

─De nada, a vosotros. Por cierto, el oro y el incienso me dan un poco igual, pero si podéis dejar la birra os lo agradezco.

Baltasar me pone una de sus enormes manos en el hombro y aprieta. Se le ve cariñoso.

─Si he de ser sincero, os veo un poco cascados. ¿No habéis pensado en abdicar?

Los tres magos intercambian miradas y se echan a reír a mandíbula batiente, tanto que les tengo que pedir que bajen el volumen de sus carcajadas.

─¡No podemos abdicar somos los últimos de nuestra estirpe!─ me aclara Gaspar mientras se seca las lágrimas con su túnica.

Y al carallo, aquí no abdica ni Cristo, pienso yo, pero no digo nada.

Poco después me asomo a la ventana y observo como se alejan montados en sus camellos. Abro la ventana de la terraza y les llamó intentando no levantar mucho la voz.

─¡Eh…!Este año me gustaría conseguir un trabajo.

Los ancianos detienen sus camellos durante un segundo y Melchor se acaricia meditabundo la barbilla. como sopesando la petición. Tras unos segundos el rey mago me pregunta:

─¿Pagado?

─¡Coño claro!

Los reyes vuelven a estallar en carcajadas mientras niegan con la cabeza.

─¡Siempre fuiste un cachondo Cruces!─ me grita Melchor desde su camello.

Me acuesto de nuevo, pero no consigo conciliar el sueño; una pregunta absurda ronda mi cabeza: ¿es una conversación con los Reyes Magos una conversación “real”?

carta ok

¡Salud hermanos!

La granizada perfecta y Tom Waits

Lo de ayer pasará a los anales (perdonad la expresión) de la meteorología local.

Como cada enero, los primeros compases del año me traen el insomnio justo hasta mi puerta y este 2014 no iba a ser menos.

Así que allí estaba yo tumbado en la cama sin poder pegar ojo; con la mirada clavada en la oscuridad y la oreja intentando asimilar cada arista de un viejo disco de Tom Waits cuando un golpeteo contra la pared de la habitación se impuso a la voz aguardentosa del artista.

tom

Al principio no le di más importancia, pero aquello empezaba a parecerse cada vez más al sonido de unas castañuelas amplificadas. De repente, en medio de un solo de saxo se desató la tormenta.

Y lo hizo sin compasión.

Los impactos, cada vez más fuertes y violentos, se dejaban sentir en los cuatro costados del piso; mi novia se levantó de golpe, como si alguien hubiese accionado un resorte:

─¿Qué has roto?

─¡Nada joder! Es en la calle.

Nos acercamos a la ventana y observamos sin dar crédito como el granizo (del tamaño de cabezas de bebé) golpeaba ventanas, hacía saltar las alarmas de los coches y se estrellaba contra el pavimento sin romperse. La habitación parecía una barricada y nosotros los soldados primerizos que no saben qué hacer o hacia dónde huir. Cualquiera de esos pedruscos sería más que suficiente para romper la ventana en mil pedazos. Ante esta situación solo pude hacer una cosa: tirando de valentía me escondí detrás de mi novia mientras los relámpagos iluminaban la mueca de pavor de mi rostro.

Sí. Reconozco que por un momento tuve miedo: miedo a lo desconocido.  Sí. Había visto antes otras granizadas, pero ninguna como la de ayer. Aquello no era granizo, era granito a juzgar por el cristal que encontramos hecho añicos en el suelo de la cocina.

La cosa amaina de golpe y el Facebook se convierte en un hervidero. Parece que estoy en una casa de citas virtual en la que todo el mundo enseña sus bolas sin pudor.

Por ejemplo: estas son las bolas de Yago; tiene tres lo cual es anormal ya que es difícil que te quepan tres en una mano con semejante tamaño. La gente normal suele poner dos.

Las bolas de Yago
Las bolas de Yago

Esta es una de las bolas de Manuel. Ya veis, unos tanto y otros tan poco.

Las bolas de Manuel
Las bolas de Manuel

Si una de estas te da en la cabeza no sé si te mata, pero tonto te deja seguro, al menos durante un rato.

Mientras escribo esto parece que todo ha pasado y el susto se va diluyendo, pero qué mal lo he pasado. Pienso en la gente que está en la calle haciendo botellón y pienso:

Que se jodan…les está bien… por jóvenes.

Pues sí que comenzamos bien el 2014. Los Reyes Magos de Oriente (no podían ser de otro sitio) deben estar flipando. Miles de años de tradición que se podían haber ido al garete si les pilla la Granizada Tom Waits. Un camello (el animal, no el profesional) no está preparado para que le caigan semejantes piedras entre ceja y ceja. Yo solo digo que si les la GTW les sorprende haciendo la ronda no se salva ni Melchor.

Ya era lo que le faltaba a la Marca España.

¡Salud hermanos!