El extraño caso del actor cornudo

Dicen que lo peor que le puede pasar a un actor es que lo encasillen. Desde mi humilde punto de vista, que un actor viva encasillado no significa que sea malo en su trabajo. Para nada, puede que incluso sea al revés.

Hay tres escenarios:

El primero se da cuando uno se interpreta a sí mismo. Seguro que aunque parezca fácil es una de las tareas más complicadas a las que se tiene que enfrentar un actor. ¡Sé tu mismo!, le grita desde su silla el director. Casi nada. Menudo papelón.

Veamos un ejemplo para entender mejor la presión a la que se ve sometido un profesional de la actuación ante esta perspectiva.

Viajemos a 1990.

Ok. Ya hemos llegado. Estamos en 1990 tengo catorce años y soy, lo que podríamos denominar, un auténtico soplapollas. Los sábados por la mañana antes de ver Sensación de vivir me suelo bailar entero el primer disco de Vanilla Ice  encerrado en la habitación. Leo cómics y escuchó a los New Kids on the Block o a Milli Vanilli. A todo volumen, como si aquello fuese Led Zeppelin. Es lo que podríamos denominar la época oscura. The dark age. Podría quedar mejor diciendo que escuchaba a Depeche Mode y The Cure, pero es mentira. Sin duda, por el atuendo que llevo o soy un freaky o soy daltónico. Observo a mi yo de 1990 y me doy cuenta del daño que le hizo Kirk Cameron a toda mi generación.

En 1990 los de mi edad, entrábamos en la adolescencia e inevitablemente, tarde o temprano, aparecía LA CHICA. Lo fácil en esta situación consistía en pedir consejo a alguien más duro y más maduro que yo. Uno de los mayores que fumaban en el recreo parecía la opción más sabia.

Puedo verlo perfectamente.

Me acerco acojonado y le comentó que me he enamorado.   Me doy cuenta de cómo ha sonado  y matizo que no me he enamorado de él sino de LA CHICA. Me mira de arriba a abajo y le da una calada a su Chesterfield. El tío, que se cree River Phoenix me hace un gesto para que me siente a su lado. Me ofrece un tiro de su cigarro. Yo declino la invitación. Le expongo los hechos, le hablo de mi sufrimiento y de mi esperanza. Le pido consejo. Asiente con la cabeza. Él ya está de vuelta de todo eso.  Expulsa el humo haciendo aritos y, con la mirada perdida en lo más profundo del patio del colegio, me suelta:

-Sé tú mismo tío…

Menuda mierda de consejo. Dentro de la lista de recomendaciones que se le pueden dar a un adolescente enamorado se tú mismo es sin duda la peor. Eso solo puede acabar en desastre. ¿Cómo se hace eso? Si precisamente te estoy preguntando a ti porque quiero ser como tú. Ser como yo es un coñazo.

Lo misma sensación debe experimentar un actor cuyo éxito en la profesión va unido (entre otros factores) a la capacidad para meterse en la piel de otras personas. Partiendo de esta base que te digan sé tu mismo debe ser además de complicado…frustrante.  Mirad a Antonio Resines que hace muy bien de sí mismo, pero cuando le entra la vena de Niro lo borda. La buena estrella (1997), La caja 507 (2002) o Celda 211 (2009) son solo algunos ejemplos.

Segundo escenario:

Que te den un papel tan grande, en una película tan buena, que tu actuación y todo lo que la rodea se convierta en un icono cinematográfico. En este sentido el encasillamiento es como un tumor, puede ser benigno o maligno. Se detectan por la incapacidad de visualizar a otro actor interpretando a ese personaje.

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Benignos: Harrison Ford interpretando a Indiana Jones o Han Solo, o Marlon Brando interpretando a Don Vito Corleone en El Padrino (1972).

Malignos: Mark Hamill, es decir, Luke Skywalker en Star Wars (1977) o Christopher Reeve en Superman (1978). Estos dos apenas levantaron cabeza, siendo a mi juicio Reeve un pedazo de actor al que la capa no le dejó volar.

Tercer escenario:

Que te llames James Marsden y que evoques el cornudismo en la mente de todos los directores de casting del planeta. Al pobre hombre siempre le cae el papel de cornudo entrañable. Y eso que el tío es un guaperas. Además no os creais que su mujer le traiciona con cualquiera al que podrías partirle la cara, para nada. Sus infieles parejas le han puesto complicada la venganza.Pobre James.

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Repasemos:

En Superman Returns (2006) hace de marido de Lois Lane (ya empieza jodida la cosa) y claro… como ya advierte el título de la película..Superman, pues eso… que vuelve. Esa es la palabra clave. Cuernos que te criaron. El tío está entrañable y comprensivo en su papel. Se ve a la legua que no se merece la cornada, pero claro, es Superman, me liaba con él hasta yo.

En Spiderman 3 (2007) interpreta al prometido de Mary Jane Watson, más conocida como la novia de Spiderman. Toma telaraña de cuernos para tu curriculum. Otra vez James sale mál parado. ¡Zasca!

En la saga X-Men, James se mete en la piel de Cíclope que está casado con Jean Grey. Vale. Pues ésta, ni corta ni perezosa, le pone los tarros con Hugh Jackman, es decir, con Lobezno. Rebotaté tu con él. No es Panocha (mítico personaje de la noche pontevedresa) es Lobezno. Por mis cojones voy a luchar yo. Que se la lleve pero que no me pegue.

James lo bordó en El Diario de Noa (2004). No salía mucho en pantalla, pero si recordais era el prometido de la protagonista, Rachel McAdams, que por supuesto le engañaba con Ryan Goslin, su verdadero amor. Más cuernos. Además aquí se los pusieron a base de bien. Es decir con penetración y todo. Ya sabéis que los superheores esas cosas no las hacen. Puede que Lobezno sí, pero Spiderman follando…no lo veo. Lo dicho, no salía mucho pero sí lo suficiente para ver que era un cornudo en potencia. Le volvieron a coser a cornadas en Encantada (2007), película en la que Amy Adams se la pega con el Doctor Macizo de la serie Anatomía de Grey. Ni Paquirri.

En fin amigos…hacedme caso…no hay nada peor que el encasillamiento sobre todo el del tercer tipo. Por eso Cartas a 1985 irá cambiando a menudo de temas y de tono. En la variedad está el gusto. Gran frase acuñada por las parejas de James.

Saludos hermanos

Os dejo una foto de Resines puteando a Mardsen

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Ratzinger vs Jon Bon Jovi

Ratzinger se harta de las intrigas vaticanas y alega cansancio para dejar a otro de encargado del tinglado. Tú la llevas. Esa es la versión oficial. Seguro que algo de verdad hay en ella. Otra opción es que no haya podido superar el listón que dejó su antecesor. Juan Pablo II, que era un Jon Bon Jovi de ciudado.

Juan Pablo II y Jon Bon Jovi tienen muchas cosas en común. La primera, y la más evidente, es que ambos estuvieron en los ochenta Living on a prayer. Eso lo sabemos todos. La segunda es que los dos llevaron su mensaje por todo el mundo. Around the world.

Por ejemplo, la gira de Bon Jovi de su tercer álbum, el que les lanzó a la fama mundial, comenzó el 16 de julio de 1986 en Vancouver (Canadá) y llegó a su fin el 17 de octubre de 1987 en Honolulu (Estados Unidos). Un tour de 210 conciertos, que les llevó por cuatro contienentes. Casi nada. Ni Zapatero.

Juan Pablo II no se quedaba atrás y ese año visitaba Calcuta, Bombay, Francia, Trichur, Singapur, Nueva Zelanda…

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Los dos predicaban su palabra. Uno la de Jesus y otro la de Elvis. Puede que incluso coincidesen en alguna ciudad.

Me lo imagino perfectamente.

Jon puede oír desde su camerino la muchedumbre que corea con energía el nombre de la banda. No muy lejos de allí, Juan Pablo II espera impaciente su momento para saludar a las masas congregadas debajo del balcón de su hotel.

Jon se mira el espejo, se despeina con las dos manos su larga melena y lanza una serie de puñetazos al aire como calentamiento. El Papa se mira al espejo y se coloca derecho el solideo mientras con la otra mano agarra la cruz.

Los dos aguantan la mirada de su reflejo en el espejo y sueltan a la vez: “Becouse we can”.

Es la hora de salir a la palestra. El resto de Bon Jovi (Sambora, Torres, Bryant y Such) arropan a Jon y hacen piña. Se agarran como un equipo de rugby antes de salir al campo, juntan sus manos y las lanzan al aire entre aullidos. Wojtyla hace los mismo con sus cardenales al grito de “Amén”. Todo va sobre ruedas.

La multitud enfervorizada se impacienta. Clama por sus ver ya a sus ídolos. Las luces del estadio se apagan y los gritos impregnan cada centímetro del recinto. Jon sube las escaleras. Juan Pablo se planta delante de la ventana batiente, aún cerrada. Por una rendija puede notar el calor de los fieles. Tiene los ojos cerrados. Jon también. Wojtyla se persigna. Jon también. El Papa respira hondo y abre las puertas de golpe. Las luces se encienden y ciegan al público que arremete de nuevo con más gritos al ver al cantante de New Jersey sobre el escenario.  Ambos levantan los brazos…y comienza el espéctaculo.

Dos mundos distintos sí, pero el mismo efecto sobre las personas al fin y al cabo. Cada loco con su tema. Parece una coña, pero es verdad. A uno le puede parecer ridículo ver a las niñas de 15 años llorando por Justin Bieber, y a otro le puede parecer calamitoso ver a gente perdiendo los papeles por el Papa de turno. No es una coña. Es preocupante. Los fanatismos no son buenos, pero a lo mejor son necesarios.

Lo realmente divertido sería que, por un endeble giro de guión made in Hollywood, nuestros dos personajes de hoy se intercambiesen los papeles allá en 1986.

Imagínense a Jon Bon Jovi vestido de Papa en el Vaticano sonriendo y besando en la mano a los feligreses. Yo te absuelvo hijo mío. Aún mejor…visualicen un concierto de Bon Jovi con Juan Pablo II de cantante. Agarrando el micro, con el tatuaje de Superman en el brazo y volando con Sambora sobre una audiencia entregada mientras canta Living on a prayer. Todo tiene sentido. El mensaje es muy parecido. El círculo se cierra.

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Más cosas en comun:

El 8 de enero de 1987 Juan Pablo II fue nombrado primer embajador de Estados Unidos en el Vaticano tras el establecimiento de relaciones diplomáticas. Pocos embajadores tiene Estados Unidos como Jon Bon Jovi cuya “americanidad” para lo bueno y para lo malo es marca de la casa y está fuera de toda duda. Solo Springsteen le supera.

El 1 de diciembre de 1989, el líder soviético Mijail Gorbachov visita el Vaticano. Se trata de el primer cara a cara entre el jefe de la Iglesia católica y un líder soviético. Meses antes, en agosto, Bon Jovi encabeza el cartel del primer concierto de rock & roll de la historia en Moscú.

Ante todo esto es normal que Ratzinger se me venga abajo. ¿Cómo podría competir con toda esta pirotecnia ochentera? Es muy complicado estar a la altura del Papa Bon Jovi. Aunque a lo mejor dice la verdad, los hombres de Dios no pueden mentir, y está cansado, pero no por la edad. Quizás echar un buen vistazo a las intrigas vaticanas le quita las ganas a cualquiera. A lo mejor quería cambiar y aclarar cosas que otros prefieren que sigan así, entre bruma. Sí. Me refiero al tema pederastia que nos abriría otro símil con el mundo del pop, pero eso mejor otro día.

¡Ratzinger tranquilo hombre! que parece que estamos en buenos manos con el Papa Francisco I. Si Juan Pablo II era el Papa Viajero, este parece el Papa Coñón. Ojalá me hubiese dado la comunión el Papa Paco y no Don Jesús, que se paraba demasiado con el tema del vino y así iba…haciendo eses por El Chaparrita adelante. Hubiese sido un buen Papa, el Papa Suso, pero volvamos al argentino designado por Dios (me refiero a Jorge Mario Bergoglio no a Leo Messi)  . Estas fueron sus palabras.

-¿Cómo le llamamos Su Santidad?

– Este… no sé…este… ¡Llamamé  Francisco I y Paco después boludo!

Menos mal que no dijo que quería ser el Papa Bon Jovi II o el Papa San Bora. A Jon le daría un infarto.

Amén

Salud hermanos.

Paco Martínez Soria, la ley de la Botella y el viaje en el tiempo

Paco Martínez Soria era un tipo entrañable que solía hacer papeles de abuelete o de pueblerino dependiendo de si el guión le llegaba un martes o un jueves.  De pequeño me encantaba. Todos los sábados programaban una de sus películas en La Televisión (así escrito ya que solo había una) y yo me partía el hojaldre viendo las calamidades que le pasaban al pobre diablo.

En las películas de aquella época había una escena muy socorrida que se repetía constantemente: el bueno de Paco con la boina torcida intentando ligar con una sueca de un metro ochenta y cinco. Un segundo… esperad un momento…¿era Paco Martínez Soria? ¿o era Esteso? ¿Pajares quizás?. Debía de ser Soria porque los otros dos eran más de americana de pana marrón. La verdad que ahora no puedo recordarlo, puede que fuesen todos juntos.

Al pobre de Paco/Esteso/Pajares las guiris no le hacían ni caso. Normal. Chapurreando un poco de inglés made in Franco la cosa seguro que no era fácil. Además en aquella época según mi padre se estudiaba francés.

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SALTO EN EL TIEMPO: Destino 2013

Ahora saltemos de mediados de los setenta hasta el año 2013. España ha evolucionado a los largo de estos años. Pongamos dos ejemplos:

Cine: De Paco Martínez Soria hemos evolucionado (poco a poco) hacia Antonio Banderas o Javier Bardem. Cada uno en lo suyo son auténticos cracks, Paco incluído, pero no hablo de su calidad como actores. Hablo de la imagen que venden o vendían del español. Los títulos de las películas de Martínez Soria lo dicen todo: Abuelo Made In Spain, El turismo es un gran invento, El calzonazos…artillería de primera. Con esta estrategia de branding las nuevas generaciones ibamos a tenerlo muy jodido ante las suecas y si me apuras también con las de aquí.

Hoy por hoy Bardem es el malo de James Bond y  Banderas es El Zorro. ¡Joder con el salto!¡Ni Falete en Splash! Ahí no hay un eslabón perdido hay toda una cadena desaparecida en combate. Sacamos pecho y presumimos. Les ponemos a parir porque aquí la envidia es el deporte nacional, eso no ha cambiado, pero en el fondo estamos orgullosos. Yo por lo menos lo estoy. Es difícil imaginar a José Luis López Vázquez de villano en Moonraker o a Saza encarnando a Reinaldo Arenas.

Deporte: Aquí ya no se puede hablar de evolución hay que introducir directamente el término mutación. Ríase usted de los X-men.

Otro ejemplo: Nochebuena de 2012

A algún iluminado se le ocurrió programar, creo recordar que en Teledeporte, el España-Malta clasificatorio para le Eurocopa de Francia de 1984. Cuando nos dimos cuenta mi padre, mi hermano y yo estábamos enganchados al mítico 12-1. No lo había vuelto a ver  desde que se emitió en directo el 21 de diciembre de 1983. Lo recordaba como una gran gesta.

En 1983 los tantos iban subiendo al marcador uno tras otro a gran velocidad. Cada acierto de la selección era jaleado por toda la familia que se reunía en torno a la única televisión que había en casa de mi abuela. José Ángel de la Casa iba perdiendo los papeles poco a poco, gol tras gol, grito a grito. El tío se desdibujaba y le daba igual.  No hubo ningún momento igual en las casas españolas hasta que cuatro años después se le escapo la teta a Sabrina, pero esa es otra historia que bien merece un buen par de posts. En definitiva, lo recordaba como el padre de todos los partidos.

Mentira.

Lo primero que me sorprendió es que el portero era Buyo. Yo hubiese puesto la mano en el fuego por Arconada. ¡El tiempo y la memoria todo lo empantanan amigos! Lo que yo llevaba evocando durante 30 años como un partidazo era en realidad un truño salido del infierno. Hoy en día ese fútbol es de Primera Regional. Aquello (desde la perspectiva actual) era un muermo. Además el grueso de los goles llegó en la segunda parte. Aún así, la nostalgia es un enemigo poderoso y los dos varones de la familia (y mi hermano) nos metimos el encuentro enterito entre pecho y espalda (otra vez me viene Sabrina a la mente). Maceda, Rincón, Santillana, Señor…los Vengadores Cañís haciendo de las suyas.

De aquello, que también nos hizo muy felices en su momento, hemos pasado a Iniesta, Xavi, Casillas, Ramos… ¡Si hasta hemos ganado el Mundial! A veces tengo miedo de que todo sea un sueño, una vida virtual como en Desafío Total. Me aterroriza despertar y  ver a Zubizarreta en la tanda de penaltis.

La mutación esta ahí. Hubo avanzadillas como la plata en baloncesto de Los Ángeles 1984 o Induráin, pero por lo general eramos mediocres. Como mucho. ¿Ahora qué? Algo le echarían a los Bollicaos porque esto dista mucho de ser normal. Nadal, Contador, Gómez Noya, Gasol, la selección de balonmano, Gemma Mengual…por citar algunos.

España acojona.

ANNA BOTTLE:

Pero…¿qué les ha pasado a nuestros políticos? ¿Dónde se han quedado? No siguen el patrón evolutivo del resto de España. Ni de lejos. Después de ver el vídeo en You Tube de Ana Botella me doy cuenta de qué en esta país falla algo. Un segundo, esperad un momento… ¿era Ana Botella o era Rajoy? ¿o Zapatero?. Es que en cuanto salen de España no puedo distinguirlos. Vamos a conmprobarlo.

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Esta vez fue la Botella.

Si no somos capaces de pedir agua en inglés, ¿cómo pretende esta gente organizar unos Juegos? Y la cita olímpica es lo de menos. ¿Cómo coño van a defender Zapatero, Rajoy o los dos juntos nuestros intereses en Bruselas, Washington o Berlín? Cada vez que sale un vídeo de estos en Internet hacemos el rídiculo más esperpéntico delante de todo el planeta. Que no se me enfaden los de la capital, que toda España estamos “with the madrileños”, pero esto es patético. Si un médico ha de saber de anatomía y un abogado tiene que conocer el Código Penal, un político debe hablar inglés. ¡Con fluidez Mariano …con fluidez! ¡José Luis usted no se ría, que sus notas también dejaron mucho que desear!

En fin, viendo día tras día las burradas de “nuestros representantes”, no puedo evitar sentir un profundo vacío en el pecho. Lo reconozco. Echo de menos a Paco. Al menos él tenía gracia y buen gusto. Donde esté una sueca que se quite la Merkel.

Lo dicho. Echo de menos a Paco.

Filmografía recomendada de Paco Martínez Soria para politicos de tres al cuarto:

Hay que educar a Papa para Mariano Rajoy

Fantasía Española para Ana Botella

Don erre que erre para Adolfo Pérez Rubalcaba

Estoy hecho un chaval para José María Aznar

Saludos hermanos.