Diario de a bordo: «Mamá ieo chocho»

Estimado Capitán:

¡Ay los lechones! Cada día más divertidos, cada día más habladores. Descubriendo palabras, captando sonidos, interiorizando conceptos. Conceptos como «chocho» que así llama Tomás al dulce que con más cariño puede hacer una madre: el bizcocho. Así que por ahí va el niño, desbocado por el piso, pidiendo un poco del  «chocho» de su madre. «Así empecé yo», pienso.

UN MUNDO DE COLOR

Aillo, Abul, Bobo, Lila, Vede. No, no son nombres de teleñecos son los colores dichos por críos de dos años. A veces se lían, pero a su madre y a mi se nos cae la baba incluso cuando nos enseñan esa pieza de LEGO roja como una fresa y dicen; “¡Vede!”. Nos miramos y la sombre del daltonismo salpica nuestra sonrisa, pero bueno, que todos los males sean esos. Anda que no hay daltónicos famosos y son gente normal: Agatha Ruiz de la Prada, Paco Clavel, El Cigala…No nos da miedo.

Thor es su superhéroe favorito y en su pequeño mundo todos deben ser Thor. Iron Man es Thor, Hulk es Thor, Spiderman es Thor. Todos son Thor menos el Capitán América, «el Capi». A él le llaman Paqui, que no me diga usted que no hay nombre más humillante para un superhéroe: Paquito. No sé que poderes podría tener. Comerse los mocos, cagar tres veces al día y eso tipo de cosas que todo el mundo sueña con hacer.

EL YO

Con dos años el lechón humano común reconoce a todos los que le rodean. «Papá» »Mamá» «Tita» «Abu» etc. El gran problema es que no se reconocen a ellos mismos. Este problema se acrecenta al ser mellizos. Por ejemplo, cuando Antón ve una foto suya dice «Tomás». Le expliqué que no, que ese no era Tomás. «Eres tú, hijo, tú». Y por su sonrisa supe que lo había entendido. Así que le puse otra tanda de fotos: «Papá, Mamá, Abu…» y al salir su foto decidido e ilusionado dijo: «¡Tú!». Le iba a explicar la diferencia entre el tú y el yo y el él, pero al final la explicación se parecía a una canción de Perales y lo dejé.

 

Esta semana (y cuando digo semana quiero decir un mes) no están muy allá de salud, ya sabe usted Capitán, en nuestra casa los catarros se cuentan por pares, las gastroenteritis son ya uno más de la familia y los mocos el cemento que nos mantiene unidos. Urgencias es nuestra segunda casa y el Salbutamol es nuestra droga. Lo del Salbutamol es curioso. Imagine que está usted enfermo y para curarle le diesen crack…cada cuatro horas. Así me llegó ayer el chaval de urgencias que parecía Pocholo en Fin de Año. Colocado perdido, se reía, me pegaba y cerraba los ojos y se estampaba la cara contra la almohada. Así estuvo de 11:00 a 01:00 de la mañana. Estuve a punto de tomarme un par de copas para ponerme a su altura.

En definitiva Capitán, las palabras y los virus vuelan, pero a veces aún me sorprendo ilusionado al levantarme y pienso: «¡Hostia que tengo dos hijos!».

 

Saludos Capitán.

 

 

 

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