Diario de a bordo: Nos gusta Michael

Estimado Capitán:

Hoy soy yo el que debo disculparme por la falta de informes de las últimas semanas. Mi trabajo se multiplica y no he encontrado el tiempo para sentarme y contarle las última novedades en el crecimiento de los lechones.

Tomás pesa ya tanto como un preso dormido mientras que Antón es más peso pluma y eso que el primero come mucho peor que el segundo.

Este mes han descubierto a Michael Jackson al que han rebautizado como Paike que a mí me suena a un arte marcial tailandés. Tras tan revelador descubrimiento, su madre les puso Thriller que como todo el mundo sabe es un vídeo que recomiendan todos los psicólogos infantiles. Después le pareció raro que los pequeños tuviesen pesadillas esa noche.

Hasta yo las tuve.

Como para no tenerlas. Es Thriller. Yo no pude ver el vídeo completo hasta los 22 años. Mamá calibró mal. Le digo que ya que está por qué no les pone Saw para dormir u Holocausto Caníbal mientras meriendan y me mira mal. Bueno un lapsus lo tiene cualquiera. Les hemos retirado Thriller de su rutina, pero se siguen despertando por las noches, pero ese es otro tema. Como diría Mariano: «No nos metamos en eso».

La cuestión es que flipan con Michael y se agarran la chominola imitando al Rey de Pop. Yo también me la agarro y el vecino nos mira desde su balconcillo, al otro extremo de la acera, con cara circunspecta y negando con la cabeza así que bajo la persiana. Seguimos bailando en la intimidad. Y la verdad que se nos da bien. Yo todavía conservo el flow de cuando era un chaval y bailaba el Black or White en la legendaria discoteca Why!  Eran días geniales en los que la gente me hacía un corro y mis amigos hacían que no me conocían. Vergüenza ajena creo que se llama el fenómeno.

Bailamos They don´t really care about us, Smooth Crimial, Another part of me y me crezco tanto que me tiro al suelo para que mis hijos puedan observar uno de los grandes pasos de baile de los noventa: mi mítica oruga. No calibro que ahora tengo barriga y la hostia que me meto se oye en todo el edificio. Ha sido una plancha contra el suelo en toda regla. Me golpeo la barbilla, la zona testicular, la barriga y las rodillas. Toda con el mismo movimiento lo cual estoy casi seguro que es algún tipo de hazaña anatómica. A pesar del dolor me levanto como un rayo ante el ceño fruncido de mis hijos que no comprenden la razón por la que su padre se humilla de esa manera. Sigo bailando y ellos retoman el ritmo. Después de catorce largos minutos no puedo más. Debería ponerme en forma.

De esta experiencia sacamos las siguientes conclusiones.

—Nos gusta Michael ergo tenemos buen gusto.

—Bailar es bueno. Engordar es malo.

—No hacer la oruga.

—Ni en público ni en privado.

Estaría bien que los padres quedásemos para bailar Michael o lo que sea con nuestros hijos, todos juntos haciendo la oruga. Ya tengo el local.

Es cerca de Urgencias.

Saludos Capitán.

 

 

 

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