Diario de a bordo: Pequeñas maldades

Estimado Capitán:

Los lechones crecen y crecen. Son grandes como los candados de un penal y comen por castigo. Desde su llegada a este mundo nuestra vida es más sosegada, más tranquila. Lejos quedan los tiempos de salir los sábados de copas. Salía con ganas. Salía con chichonera. No había mañana.

Ahora sí que hay mañana y si algún día me propaso un poco y cometo la flagrante locura de llegar a la una de la mañana pues lo pago y ardo en el infierno de la culpabilidad durante los días siguientes. ¡La una de la mañana! Ni que fuésemos nórdicos.

Total. Que los “New Papis” buscamos planes de tarde para poder beber a plena luz del día, lo cual es tan antinatural como lo de los vampiros relucientes de Crepúsculo. Creemos que beber unas cañas a la luz del día es mejor y qué va, para nada. De día la gente te ve con más claridad. La luz del sol es lo que tiene, que alumbra.

Así que ahora busco otros planos más transgresores, distintos y arriesgados.

Me fui al cine con mi sobrino de cinco años al cine. Mi sobrino, que tiene cinco años, me quiere mucho y me llama Tititón, que es uno de los nombres menos masculinos de la historia. Tititón. Suena a payaso de circo. «¡Bienvenidos al circo búlgaro! ¡Con la actuación del mítico payaso Tititón, recién llegado de Honduras, el payaso lampiño!»

Pedimos las palomitas y para beber agua. Le preguntaron si fría o del tiempo y el dijo que mejor «templada». Cómo puede ver Capitán, fue una tarde excesos. Yo también me pedí mi agua «templadita». Qué cojones. Un día es un día y no vamos a vivir para siempre.

Y nos metimos en la sala.

A mi sobrino le tomó mucho el pelo, siempre desde el cariño. Por ejemplo, el otro día al sentarnos en nuestras butacas le dije que se pusiese el cinturón y el tío buscándolo como loco. «Está por detrás», le decía yo. Y el chaval buscándolo como loco. Al final le dije que esa fila no tenía, pero que se agarrase bien. Se pasó la película agarrado con fuerza a los reposabrazos. Parecía que iba en el Dragon Khan el tío.

Más tarde le pillé en una mentira, no muy grave, ya sabéis cosas de chavales, pero le advertí de que si decía tres mentiras pequeñas en 24 horas o una grande la pilila se le caería en tres trozos.

Al acabar la peli, una de Marvel, de esas que cuando pasan los títulos de crédito te das cuenta de que la cantidad de gente que hace falta para llevar a cabo semejante producción le hice leer todos los nombres en alto a toda velocidad. Era un reto. ¡Ojo! ¡Yo también jugaba! La gente nos miraba raro, pero nos dio igual. Por cierto, no lo intenté Capitán, es imposible.

De camino a casa paramos a comer una pizza templada (sí, estamos loco, qué pasa) y nos dedicamos a crear un súper grupo —Los 4 geniales— formado por mi sobrino, los lechones y yo.

Él se pidió Mr Templado.

No seré yo quien se lo robe.

¡Saludos desde La Tiera!

 

 

 

 

 

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