100% Ignífugo (Parte I)

Esta que vais a leer es una historia inverosímil, pero real como la mentira que la provocó. Una de esas anécdotas que elevan a categoría de leyenda a su protagonista que no es otro que…

Madrid, año 2005

Cals, nombre en clave de Juan Carlos Simón García-Louzao, asiste a una de sus primeras entrevistas de trabajo en la capital. La oferta dice que una conocida empresa —el anuncio no informa del sector— busca un vendedor solvente y con experiencia para la zona de Madrid centro y alrededores.

Horas antes de la cita mi amigo mete un poco de relleno en el curriculum. Práctica habitual entre el 90% de la población que curiosamente coincide con el 90% que niega hacerlo. De repente y tras pulsar unas cuantas teclas, Cals domina el inglés (nivel medio) y el francés (nivel básico).

Yo le aconsejo que no lo haga, pero él es una persona con principios y argumentos sólidos.

—O miento o no me llama ni DIos.

Es un razonamiento sin fisuras, digno de una auténtica máquina de vender. La verdad es que no tengo mucha fe en que le den el trabajo. Ninguna en realidad. Pocas horas después, la realidad y el buenhacer de Cals me pondrían en mi sitio.

—¿Qué tal la entrevista?le pregunto mientras damos buena cuenta de un helado gigante de Ben & Jerry tirados en el sofá. Es nuestro primer día de dieta.

—Pues a ver si tengo suerte—responde mientras abre a tirones una bolsa de cortezas de cerdo fritas en su propia grasa.

—La verdad…no creo que la tengas— le espeto para motivarle, pero no sé por qué razón él siempre se lo toma como una ofensa.

¿Eres tonto o qué te pasa? ¿Acaso te crees superior?

Dejemos la discusión aquí. Lo único que  puedo decir es que seguramente fue como todas. Un intercambio de opiniones desde el respeto y la madurez.

—Imbécil

—Pues anda que tú.

—En tu culo explota.

Y todo esto sin parar de rillar.

La cosa al final se quedaría en nada, como siempre, a lo sumo serían un par de horas de enfado. Ante todo la amistad. Nada que no se arreglase con una buena charla a las dos y media de la mañana cuando uno pille al otro rompiendo la dieta en la cocina. A oscuras. Como los cobardes.

La culpabilidad y el hambre estrechan lazos.

Cals siempre ha sido un tío con ángel en las entrevistas. Todo lo contrario que un servidor. Cae bien y trasmite confianza. Básicamente miente como un bellaco, pero lo hace bien y le funciona. Obtiene resultados. Yo he ido a varias entrevistas en mi vida y jamás me han dado el curro, bueno, solo una vez y mira tú por dónde, Juan me acompañaba. ¿Casualidad? No creo. Hay una energía que fluye entre colegas y que nos protege entre nosotros. Lo de Juan es como un súperpoder.

Al día siguiente una llamada tempranera le informa que ha sido elegido para el puesto de trabajo. La famosa empresa, la llamaremos Descansolatex, apuesta por Cals para afianzar sus ventas en Madrid y convertirse en líder indiscutible de su sector: el campo del  descanso y del confort.

—¡Enhorabuena tío! ¡Sabía que lo conseguirías!

—¡Gracias Tony!

—¿Cómo lo has hecho? A mí no me llaman ni de Vodafone…

—Verás, es muy fácil. Solo tienes que…

 

24 horas antes en algún lugar de Madrid…

LA ENTREVISTA DE TRABAJO

—¿José Carlos Simón García Louzado?

—Es Juan Carlos Louzao…sin la «d»

—Ah perdón, sí, Juan Carlos Lorzado…

—No, no…Louzao. Así sin más. Louzao.

—Disculpe, sí…es correcto… Louzao. Puede pasar ya.

—Gracias.

El entrevistador le indica que puede tomar asiento mientras rebusca entre la pila de papeles que tiene sobre la mesa. Juan agradece el gesto con educación. El hombre por fin encuentra el curriculum.

— A ver, Lorzado cuénteme, ¿por qué quiere trabajar en Descansolátex?

Démosle a PAUSE un momento.

Primera pregunta de mierda. La verdad que no culpo a Cals por meterle a este individuo la sarta de bolas que le sirvieron para conseguir el curro y vivir mejor unos meses.

PLAY.

Esto es lo que Juan respondió:

—Bueno, la verdad es que he estado siempre ligado al sector del descanso y del confort…

Esto es lo que Cals pensó:

«Vivo como un jeque la verdad…no me levanto antes de las doce ni para mear, si eso no es conocer bien tu producto ya me dirás. Menuda papada por cierto»

—¿Qué cree que puedes aportar usted a Descansolátex?

—Me considero una persona, activa, dinámica y con iniciativa, no paro ni un momento y…

«¿Aportar? Necesito la pasta. Ahora mismo si no fuera porque está mal visto me pondría de chapero en Fernández de la Hoz. Solo espero que no haya que caminar mucho porque no estoy en mi mejor momento de forma, aunque a tu lado parezco Brad Pitt….menuda catarata de carne macho…»

—Bien Lorzado, ese es el tipo de gente que buscamos. Posee el perfil idóneo. Joven, activo, con ganas de trabajar y…

—Es Louzao…Louzao…sin la «d».

—Sí, sí por supuesto… ¿tiene coche?

PAUSE.

Y es aquí el momento en el que se pone en marcha la serie de despropósitos que harán que nuestro protagonista acabe esta historia humillado, despedido pero con una buena historia en la mochila que es más de lo que tienen muchos. Fue en este instante cuando el bueno de Juan soltó una de las bolas más grandes, más peligrosas y con más daños colaterales que alguien ha dejado caer jamás en una entrevista de trabajo.

—Si. Claro.

«En Pontevedra. Y no pienso traerlo.»

Continuará…

 

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