paul auster y las casualiadades increíbles

Paul Auster y las casualidades increíbles

¿Quién no ha vivido una de esas casualidades increíbles en algún momento de su vida? Un giro del destino tan inesperado, inédito e improbable que hace que esos capítulos estén envueltos en un manto inexplicable, casi mágico.

El escritor norteamericano Paul Auster colaboraba en un programa de radio en su país natal al que la gente llamaba para contar este tipo de extrañas vivencias. Auster se debió quedar tan fascinado ante lo que le transmitían los oyentes que les pidió un favor: les animó a que le mandasen esas historias (de forma breve y concisa) por escrito. La respuesta de la audiencia fue tan abrumadora que el autor pronto tuvo en su poder material suficiente para editar un delicioso libro con las mejores anécdotas.

Lo llamó Creía que mi padre era Dios.

 

Creía que mi padre era Dios

Un título raro para un ejemplar único y original.

En él se cuentan reencuentros imposibles, casualidades tan grandes que nadie en su sano juicio las creería o, simplemente, momentos sumamamente extraños.

Lo que os voy a contar a continuación sucedió hace tres años en mi familia. Es totalmente cierto y siempre he creído que perfectamente podría haber engrosado las páginas del libro del maestro Auster.

Viajemos atrás en el tiempo.

CASUALIDADES INCREÍBLES

Año 1964.

1964 es el año en que The Beatles publican I want to hold your hand. Mi madre, recién llegada de Perú, cursa primero medicina y se instala en una residencia de la zona vieja de Santiago de Compostela. Comparte vivienda con otra chica de A Coruña con las que entabla una estrecha amistad. Durante unos años son como hermanas. Al acabar la carrera cada mochuelo a su olivo y la relación, como ocurre en tantas ocasiones, se enfría sin ningún motivo concreto.

La vida sigue.

Seguro que en más de una ocasión a lo largo de los años tanto mi madre como su amiga se preguntaron ¿Dónde estará Terina? o ¿Qué habra sido de Piluca? Pero todo quedaba en eso. En preguntas sin respuesta y un recuerdo nostálgico.

Quizá algún día…

Es entonces cuando en esta historia interviene la suerte, el destino o cómo lo queráis llamar, pero ponerle a esto la etiqueta de casualidad me parece un traje que se le queda muy corto.

Año 2010

He quedado para comer en casa de mi madre, pero la resaca no acompaña. Además hay una invitada, una amiga madrileña de mi hermana que pasa unos días en casa. Nos sentamos todos a la mesa y yo creo que muero. Entre plato y plato va surgiendo la conversación aunque yo la recibo como si tuviera tapones en los oídos. No me entero de mucho y estoy deseando volver a mi casa para fermentar tranquilo lo que queda de tarde.

Mi madre ejerce de MADRE y desliza con maestría un …

—¿Guapa y tus padres a qué se dedican?

La amiga de mi hermana, que se llama Irene, le dice que su madre es médico. La mía asiente satisfecha por la respuesta y ahí se queda la conversación. Colega de profesión. Bien.

Yo me despido educadamente y me voy. Encantado de conocerte pero tengo que vomitar.

Irene vuelve a Madrid.

Mi hermana regresa a Valencia. Hay que seguir estudiando.

La vida sigue.

Dos días después recibo una llamada de mi madre que llora de alegría al otro lado de la línea. No entiendo nada de lo que me dice. Se calma y me explica el porqué.

Al parecer la misma conversación de madre/detective tuvo lugar en casa de Irene en Madrid.

—¿Y sus padres a qué se dedican?. 

—Pues sus padres son los dos médicos. Creo que también estudiaron en Santiago.

Todo podía haberse quedado ahí, pero no. Hubo una pregunta más. La decisiva.

—¿Cómo se llama su madre? 

—Teresa. Teresa Vergara. Fue en esa preciso instante cuando saltaron todas las alarmas.

Imaginaos la cara de Piluca al escuchar ese nombre por vez primera en 40 años. Ahora el reencuentro estaba solo a una llamada de distancia.

No me imagino los nervios de una al llamar y de la otra al recibir semejante sorpresa.  Las dos llorando como locas con la promesa de verse cuanto antes y ponerse al día.

Y así fue.

Se vieron poco después en Madrid en una tarde supongo que llena de emociones y recuerdos.

Sorpresa, sorpresa una auténtica mierda al lado de semejante historia. Es increíble. No se puede creer. ¿Cuántas mariposas han tenido que batir sus alas para que este reencuentro se hiciese posible?

Resumamos: Mi hermana, nacida en Pontevedra y estudiante en Valencia, se hace amiga de una chica madrileña en Gante (Bélgica) que resulta ser la hija de la mejor amiga perdida de mi madre durante sus años universitarios. Esto no se le ocurre ni al guionista de Pasión de Gavilanes.

¿Cuántas posibilidades reales existende que ese reencuentro se produjese? ¿Qué mecanismo hace posible que pensemos en una persona y que de repente te la encuentres por la calle en una ciudad extraña?

Aún hay más.  Irene se mudó  poco después de este episodio a Vigo. Mi hermana la visitó en un par de ocasiones. Meses más tarde dejó la ciudad. Un  año después mi hermano encontró trabajo  en esa ciudad e invitó a mi hermana a que le visitase en su nuevo apartamento.

Era el mismo piso. Emoticono de sorpresa.

Esto ya no pasa, claro.

Facebook, Twitter y la madre de Steve Jobs se han encargado de robarnos estos momentos, esas casualidades increíbles. Hoy por hoy el que pierde de vista alguien es por que quiere y seguramente hay muchos a los que nos encantaría borrar de nuestras vidas que nos saltan cada dos por tres en las redes sociales. Por eso se llaman redes, porque atrapan a todos los peces sin control.

Si es que el mundo no es tan grande. Esta historia lo prueba. ¿Habrá un plan?

Las casualidades increíbles existen y la  vida sigue.

¿Cuál es la tuya?

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