Diario de a bordo: Cinco momentos en los que te entran ganas de prenderte fuego

PLANETA MELLIZOS

22 meses y tres semanas de misión

Estimado Capitán:

Siempre estamos de risa en este cuaderno de bitácora, pero no se crea que es siempre así. Hay momento en los que uno está a punto de perder la paciencia, la cordura y la dignidad cuando se trata de educar a los lechones.  A veces pasa. Va incluido en el pack. He aquí lo que he denominado sin intentar exagerar:

5 momentos en los que te entran ganas de prenderte fuego

 

1) No pueden dormir

Descripción: No pueden dormir. O no quieren. O no saben. Y empiezan los gritos y los berrinches. Todo les molesta. Y aún es peor si por cualquier cosa hay que despertarlos por lo que sea. Es como liberar al Kraken. Sin ir más lejos ha ocurrido hoy. Se quedan dormidos y tengo que despertarlos para subir las escaleras. Maldita la hora. Si lo sé me quedo en el garaje esperando a que despierten. ¡Venga a gritar! Como es gratis.

Síntomas: Se retuercen como Dyango. Se ponen rojos como un alcohólico de nariz bulbosa.  

Sensación: Impotencia (Figurada).

Solución: Dormir. 

2) No quieren comer

Descripción: Que no les vale nada. Ni que fueran los coaches de Máster Chef. Todo es no, no y no. Y además ya empiezan a apartar con la mano, así con desdén y desprecio y mirando al infinito como si hubiesen nacido marqueses. Les pones el tenedor, pero para qué si Dios nos dio dos manos con las que desmenuzar los alimentos. Les cantas, les haces el avión, el pino puente y les cuentas el cuento del hijo cabroncete que era malo y no comía y tal, pero nada. Se ríen en tu cara. Eso sí, los yogures como si no hubiera mañana.

Síntomas: Chulería, berrinche, y mover la cabeza como un árbitro de tenis.

Sensación: Dan ganas de prenderse a lo bonzo o darles un beso cariñoso, acercarse con elegancia a la ventana, cerrar los ojos y arrojarse al vacío. 

Solución: Si alguien la ha encontrado que deje un comentario. No vale emplear la violencia ni verbal ni física.

3) Quieren «colo»

Descripción: Verá Capitán, aquí en la zona se denomima «colo» al acto de llevar en los brazos al niño. Cuando tu hijo extiende sus pequeños brazos regordetes al cielo buscando el abrigo del progenitor es un momento en la trayectoria vital de una persona que solo se podría catalogar como precioso. Allí está ese pequeño gnomo, con sus ojitos y moviendo la boca como un pez fuera del agua; esa mirada de cervatillo. Hasta aquí todo bien, pero la cosa se complica como Dallas cuando son los dos los que lo hacen a la vez. «¿A cuál cojo? Me duele la espalda» Y la frase de respuesta cuando empiezan a pesar de verdad suele ser «No puedo, no puedo» Como Chiquito. Ellos se restriegan como perrillos intentando trepar la pierna, se tiran al suelo…una estampa.

Síntomas: Inquietud, berrinche, breakdance.

Sensación: Conspiranoica. Todo el mundo me está mirando. 

Solución: Un clásico que funciona el 32% de las veces y jamás cuando tienes prisa. Consiste en mentirles y decirles: «¡Vale, pues ahí os quedáis ¿eh?» Ellos lloran, tú te alejas (tres metros, metro arriba metro abajo, mirando de reojo su reacción) y te observan sin saber bien que hacer desde el suelo. Por un lado no quieren que te vayas, por otro no quieren ceder y por otro te ponen a prueba a ver si eres alguien con palabra. Como dijo Nixon «Una mentirijilla no es para tanto».

4) Papá te llaman…

Descripción: Tu hijo te tiende el teléfono de juguete. Alguien te llama parece decir. Y tu lo coges y hablas con esa persona que está al otro lado. Y al atiende a lo que le dices como si fueses Moises recitando lo que sea que recitaba Moises. Y mola. Es divertido. Pero solo las primeras 17 veces seguidas. Además ellos no son tontos. Hay que entonar y contar una historia.

—¿Hola? Sí, sí es aquí—. Le guiñas un ojo y el se sonríe.—Si…si…claaaaaro señor Pulpo, cuando quiera. Ahora le paso a Antón—que espera ilusionado—. Es para ti hijo,

Él se ríe se lo pone en la oreja (al revés) dice un par de frases de esas que dice él que son una mezcla entre vasco y japonés  y vuelve a empezar el bucle. Ya he hablado con pulpos, ciervos, tres gnomos, Montoro, Chandler de Friends, Umbral, Thor, Cher y Sandokán. Y eso esta semana. No llama tanto ni Yoigo.

Síntomas: Cara de ilusión y de «No voy a parar nunca».

Sensación: Call center.

Solución: Ceder o enseñarle a mandar mails.

5) No me quiero bañar

Descripción: Ahora no les gusta el agua. La semana pasada les encantaba y ahora cada vez que los metemos en la bañera gritan tanto que tengo que meter el dedo para asegurarme que de las cañerías no brota ácido sulfúrico. Espero que se les pase pronto. Además todo se pega y si uno se pone a chillar y a llorar el otro le sigue aunque solo sea por solidaridad. Es el único momento del día en que se ponen de acuerdo de todo.  El famoso efecto Falete: «Si tú lloras en la cocina yo lloro en el retrete». Es así. Y no le digo cuando hay que sacarles el champú del pelo con la ducha. Eso es como cuando se le derriten las caras a los malos al final de “En busca del Arca Perdida˝. Atención spoiler (Nunca sé si se pone antes o después). 

Síntomas: Tembleque, abrir los ojos y mover la cabeza, rigidez a la hora de meterlos en sus asientos de baño, respirar como un buzo cuando se quita el casco.

Sensación: Torturador de la Inquisición.

Solución: Si alguien la tiene que deje un comentario. No vale la violencia ni física ni verbal, ni psicología. 

Estos elementos no se suelen dar todos a la vez, pero todo puede ser. «¡Disfrutad que pasa a toda velocidad”, dice la gente.

Un tren expreso también.

Saludos Capitán.

 

PD Recomendación de hoy: Un papá que rima.

 

 

Mellizos con cara de buenos
Algo haremos y te pedimos disculpas de antemano.

 

 

 

 

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Diario de a bordo: Patrulla Canina vs He-Man

PLANETA MELLIZOS

(22 meses y tres semanas de misión)

Estimado Capitán:

Los niños crecen bien, fornidos y lozanos. Les gusta la empanada, la fruta en su justa medida, el pescado y estoy casi seguro de que si le echase un kilo de clavos de cabeza plana también se los comería. También les gusta mucho desordenar cosas que su madre —la legendaria Ovugirl, madre de lechones—ha ordenado previamente. Cuando esto acontece me cae la bronca a mí ya que en esa situación parece ser que son mis hijos. «¡Mira lo que han hecho tus  hijos!»  Como si fuesen hijos exclusivamente míos y se hubiesen generado de manera espontánea, como los Barbapapá, lo que me convierte a mí una espora. Pero ese es otro tema. Hoy vamos a hablar de dibujos animados. De los de ahora y de los de antes.

La Patrulla Canina

La última moda se llama La Patrulla Canina. Vamos por partes Capitán, los dibujos animados son lo que ven los niños en La Tierra para entretenerse antes de hacerse mayores y volverse gilipollas con el fútbol. El nombre de La Patrulla Canina está muy bien elegido ya que define a la perfección el alma de la serie. Al poner un capítulo uno se encuentra a un grupo —de ahí lo de patrulla— de canes — de ahí lo de perros— que hacen el bien por dónde quiera que van. Y todos contentos. Perros que hablan entra dentro de lo clásico. Que hablen vale, pero que no caguen cada tres metros no se lo cree ni el tato. Pero bueno, quitando esos detalles de ciencia-ficción La Patrulla Mola. Hoy por hoy, existen otros dibujos para niños más vanguardistas cuyos autores fuman una pipa de crack mezclada con peyote antes de sentarse a escribir.

Le voy a confesar un secreto. La canción de apertura de la serie me tiene hasta los cojones. Perdone por mi lenguaje Capitán. Pero es que llevo dos meses cantándola mentalmente y lo peor es que me asalta en los momentos más inesperados. Por ejemplo, en medio de una reunión de trabajo… Ya está aquí… en el baño…. ya llegó… en el coche…la Patrulla Canina…Un amigo con hijos de la misma edad que los míos me confesó que la canción se le había enquistado en el subconsciente hasta  tal punto que la escuchaba en medio del coito…. vamos todos a una. Un desastre.

La Patrulla Canina tiene una misión que básicamente es la misma puta mierda siempre. Perdone de nuevo por mi lenguaje, es que me dejo llevar y aquí en La Tierra hablan todos como camioneros checos. Prosigo. La patrulla salva un pato, la patrulla salva un oso, la patrulla salva un yihadista, la patrulla salva al Fary que se ha quedado atrapado en una montaña. Cosas así.  Uno de los perros tiene una excavadora, otro un helicóptero, otro un barco, un coche de bomberos…y viven en una torre de control. Todo muy rural. Ahí hay pasta. El jefe de los perros es el amo que se llama Rayder porque Manolo estaba cogido y no es tan comercial para vender millones juguetes. Nadie compraría un muñeco de Manolo. Ni siquiera yo. En mi época lo que molaba era He-Man.

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He-man y los Másters del Universo

He-Man que era un tío cachas, exhibicionista con el mismo peinado que tu abuela que luchaba contra el malvado Skeletor, un tipo de lo más malvado con una calavera por rostro que parecía salido de Proyecto Hombre. A mí también me compraron mis padres aquellos muñecos molones, los pedía por mi cumple o por Reyes. He-Man y Skeletor. Jamás me hubiese comprado un muñeco de Jacinto, el príncipe de Grayskull y su archienemigo Chema, el yonki hipermusculado. Pues no. El nombre de He-Man mola y que tus padres te lo pongan es un triunfo para toda la vida. Un nombre cargado de testosterona. He-Man (Él-Hombre). Daba igual que después saliese vestido para el Orgullo Gay. Él era el Amo del Universo, entendiendo por Universo el «todo espacial y el temporal eterno» y no el pub de la zona antigua Pontevedra. La dueña se llama Marta no He-Man, aunque también ha tenido que luchar con más de un Skeletor los sábados por la noche, pero es posible que me esté desviando del tema. Resumiendo, He-Man tenía también su patrulla que eran como los Village People del espacio y luchaban para salvar Eternia que es un planeta que aunque tiene nombre de tienda de moda mola mucho y no merece la extinción.

Al final todo es marketing, pero que bien me lo pasaba yo salvando a Eternia y que bien se lo pasan ellos rescatando a La Veneno de un peligroso descampado como hace La Patrulla.

Capitán le dejo que me piden que les ponga «Oto».

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Saludos.

PD. Recomendación de hoy Capitán el blog de Un papá en practicas y sus artículo Cada post un regalo.

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: El chochete vacilón

Estimado Capitán:

Las atracciones para niños se han transformado en estos años entre mi niñez y mi paternidad. ¡Y de qué manera! Recuerdo los cochitos de mi infancia que tenían nombres como los coches de choque, los caballitos, la cadena, el tren de la bruja…Nombres de atracciones mágicos que por unas monedas te daban lo prometido en la publicidad. Los coches de choque chocaban, los caballitos trotaban en el aire sin moverse de su sitio, las cadenas giraban y eran, pues eso, cadenas y el tren de la bruja tenía una locomotora y sí, una bruja. Cinco minutos de girar sin parar y de saludar cada vez que uno pasaba por delante de sus padres. Felicidad absoluta.

Treinta y pico años después me sorprendo subiendo a mis propios hijos a una de estas atracciones y para hacer honor a la verdad hay cosas que no han cambiado mucho. Los señores que recogen las fichas parecen todos de la misma organización criminal y la música sigue estando elegida por una mona con un martillo. Los críos siguen saludando con tal ímpetu que parecen los de Loca Mía sin abanicos y los padres siguen exagerando el saludo tanto en cara, ojos como sonrisa. Parecen payasos sin maquillaje colocados.

En lo que sí ha cambiado la cosa es en el nombre de las atracciones. Imagínese usted mi sorpresa Capitán al sentar a los niños en su flamante coche de bomberos y comprobar en las fichas que están subidos en la colosal atracción El Chochete Vacilón. Anda que no habrá nombres más adecuados aunque huelga decir que el adjetivo también se las trae. Tras comprobar dos veces que estaba leyendo las palabras correctas—primero pensé en que quizás estaba leyendo mal un nombre más adecuado como El cochete vacilón o el cohete vacilón— pero no, estaba delante de una atracción creada por unos tal hermanos Silva que se llamaba El Chochete Vacilón.

Supongo que la reunión creativa habrá pasado a la posteridad.

Base de los Hermanos Silva S.L. reunión para el nombres de atracciones

—Buenos días a todos…

—Si solo estamos los dos Juan…

—Siempre jodiendo Luis. A ver, vamos a empezar con la orden del día 16 de abril de cara a la temporada veraniega de ocio y tiempo de este año. Y rapidito que tengo sed.  Primer punto. Nombres de atracciones.

—Pues a ver, he estado pensando y como hay coche y dan vueltas y vueltas podríamos bautizarla como Autopista loca o Autopista sinfín.

—Me parecen unos nombres, no sé como decírtelo hermano…—dice el mayor de los Silva—unos nombres de mierda, eso es,  creo que esa sería la definición más adecuada. Desde el respeto, por supuesto.  Necesitamos algo más atrevido, algo que llame la atención a los padres.

— El chochete vacilón—dice sin dudar el pequeño de los Silva.

—Eso sí. Ahí le has dao. Me encanta. Les gustará a las madres modernas y a los padres todavía más. El chochete vacilón—dice saboreando cada palabra—. Suena bien. Cho-che-te. Es divertido. Podría ser el nombre de un payaso italiano. ¡Con ustedes el chochete vacilón! ¿Cómo te has inventado esa palabra?

—Bueno, en realidad…vi el nombre ayer por la noche en la carretera de Burgos resplandeciendo en elegantes luces de neón rojas y violetas. Me pareció un buen nombre.

—Eres un genio. Vamos a por ese sol y sombra que nos lo hemos ganado.

O algo así sería.

LA REALIDAD

La cuestión es que la atracción existe y nadie parecía darse cuenta del nombre. No creo que sea para escandalizarse, pero puede dar lugar a dramáticos equívocos.

—¡¡¡¿Que te has gastado treinta euros en el chochete vacilón?!!!

—¡Mamá, no le riñas a papá que está guay!

—¡¿Y con los niños?! ¡¡¡¿Pero a ti que coño te pasa Alfredo?!!!

Aunque la realidad es que la mayoría de usuarios del chochete no tienen edad para hablar que si no…

—¿En qué te has montado?

—En el chochete vacilón.

— Qué suerte. ¿Y tú?

—Yo nada dos vueltas en la Polla Loca y pa casa.

Nombres de atracciones, todo un reto.

Saludos Capitán.

 

 

Nombres de atracciones
Montando en El Chochete Vacilón

 

 

Diario de a bordo: Los cochitos

Estimado Capitán:

La verdad es que hecho de menos nuestro planeta; la quietud de su gentes, la armonía entre sus razas, la bondad de nuestro carácter. Aquí, en La Tierra, es todo lo contrario. La gente grita, está todo el día a la gresca y hay gente para todo. Usted se volvería loco por aquí y más en esta época del año: el verano. Ya le he hablado de la costumbre de esta raza de tostarse al sol medio desnudos y untados en aceite, pues aún hay más. Resulta que en esta estación abunda una cosa que se llaman genéricamente «fiestas». Así que es muy normal escuchar frases como «Me voy a la fiesta», «Es que hoy no puedo que son las fiestas de mi pueblo» y cosas así.

Las fiestas se dividen a su vez en:

—Procesiones: Se trata de un desfile de gente disfrazada de cabezudos y de gigantes (80% de cabezudos y 20% de gigantes) más un séquito de gente vestida con sus mejores galas y cara de que se ha muerto el abuelo. Todo muy bipolar.Es como estar en una película de Tim Burton. Además aquí, en Galicia, el lugar en el que aterrizó mi nave hace decenios, a los cabezudos y a los señores serios hay que sumarle a unos gaiteiros lo que aporta más cordura al asunto. A los lechones les encanta esta performance. Será el colorido.

— Atracciones: A las que depende de la edad y la zona en las que uno viva les llama cochitos, atracciones, cahivaches, barracas etc. Pero en realidad es como un Ikea de churrerías. Hay una churrería cada cuatro metros. Todas con el mismo nombre lo que hace pensar que esta gente monopoliza el mercado del churro sí o sí. Entre churrería y churrería hay barracas regentadas por buena gente con mal aspecto. Son muy agradables en general, pero parece que llevan media vida en San Quintín. Si no tienen al menos un tatuaje es que llevan poco en el sector. Montamos a los niños en un Tío Vivo (en su momento se valoró llamarle Tío Muerto pero el gremio de feriantes tatuados decidió por mayoría necesaria que  no era un nombre comercial) y se lo pasaron pipa montados en un barco con forma de Mickey. Me subí con Anton Jr., la sirena ululó como si alguien estuviera matando un cerdo a diez metros (en serio, ¿hay necesidad?) y me empecé a marear en la vuelta número 2.

—¡Me mareo y solo van dos vueltas, cari!— grité alzando la voz sobre la relajante música de Camela.

—¡No las cuentes cariño que es peor!— me respondió ella.

Fueron 37 vueltas.

Y sí. Es peor contarlas.

Pero bueno, todo con tal de ver a mi hijo saludar con la mano al mismo punto 37 veces. Su hermano al principio no quería subir, pero a medida que fueron pasando los días cayó también en esa tentación que es girar, girar y volver a girar. Girar y saludar, girar y saludar, girar y saludar…

— Fuegos artificiales

Los fuegos se dividen en luz y sonido. Creíamos que les iba a hacer ilusión. Además tenemos una posición privilegiada ya que desde nuestro balcón se puede admirar en todo su esplendor. La parte de las luces bien, son como gominolas para los ojos, pero la del sonido mal, son como tumores en los oídos. Y claro, esta es una de esas cosas en las que o te gusta todo el conjunto o no tienen nada que hacer. No se puede. O todo o nada. O al rojo o al negro. O Marta Sánchez o Vicky Larraz. No hay medias tintas.

Empezaron a temblar y a decir no con la cabeza, así que me refugié con ellos en el pasillo. Lo que iban a ser unos minutos familiares se transformaron en Apocalypse Now en cero coma. Quizás el año que viene.

 

Saludos Capitán.

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Diario de a bordo: Los niños del lloro

Estimado Capitán:

Un año y medio de viaje y la ruta no deja de sorprenderme.

Los lechones ya caminan, corren y yo diría que en ciertos tramos con pendiente incluso esprintan. El tempo de la convivencia va in crescendo y en más de una ocasión me siento como Indiana Jones en En busca del arca perdida.

Yo soy Indiana. Ellos son la bola.

Hace un año eran unos seres que se entretenían con un eructo aquí, un bibe allá y todos tan tranquilos, pero ahora no paran. Suben, bajan, abren, corretean, cierran, ríen, corren, golpean, rompen, saludan, salpican, gritan, trepan, escalan,  exploran, estrujan y lloran.

Casi cualquier verbo que denote movimiento y/o destrucción valdría.

Llorar siempre han llorado. Eso sí, el llanto ha evolucionado y tiene más matices que los filtros de Instagram, que parece que no pero al final sí.  He estudiado durante estos meses los llantos y los he categorizado en los siguientes tipos. Helos aquí Capitán.

1. Llanto “Trata de arrancarlo”

Es ese llanto que sí, pero como que no. Ese llanto que siempre produce la misma reacción en los padres, bien sean múltiples o padres simplones de esos que solo tienen un hijo por parto. Uno de los niños (o ambos) comienzan con un quejido intercalado con silencios de blanca, negra o corchea. ¿Es un lloro o una queja? ¡Ah! Ahí está el misterio y la chicha de la cuestión. Veamos un caso real, pero con nombre ficticios para preservar el anonimato de los protagonistas.

Tomás Cruces llora de manera intermitente. Son las 4:17 de la mañana. Sus padres Antón Cruces y Raquel Lubiáns están agotados y no se percatan del lloro hasta las 4:21. Bueno en realidad papá si se da cuenta a las 4:19, pero, empleando un término científico, le tira de un huevo ya que son solo pequeños quejidos, como cuando afinaba Camarón de la Isla. Mamá, que duerme como King Kong después de una boda, hace un sonido con la garganta que se podría definir como una protopetición, un: “Llora el niño”, pero sin palabras ni sílabas. Papá que tiene un ojo abierto sigue haciéndose el dormido y suelta un ronquido sobreactuado para dejar patente que está durmiendo.

Nuevo quejido de Tomás en re menor.

—Vete tú— dice ella.

Ronquido.

—Sé que te estás haciendo el dormido.

Dos ronquidos.

—¿No estarás jugando a la tontería esa de “Un ronquido significa no y dos significan sí?

Dos ronquidos.

Aquí pueden pasar dos cosas. El niño se calma y se vuelve a quedar dormido o el niño se arranca definitivamente y entonces ya sí que sí. ¿Que se duerme? Pues todos felices y descansados. ¿Que aquello crece? Pues eso nos lleva al segundo tipo de llanto.

 

2. Llanto “Stradivarius”

Es un llanto muy complicado de ejecutar a posta, pero viene de serie, está grabado en su código genético. El niño está durmiendo a pierna suelta y de repente un diminuto Julio Iglesias, padre de padres, resuena en la cabeza del bebé y dice: “Estarías mejor entre papá y mamá. Y lo sabes”. Y ya está liada. El niño llora a ver qué pasa.

Y lo que pasa es después de un rato tomas a tu pequeño lechón entre los brazos y él apoya su cabeza en tu hombro. Y tú, en un movimiento involuntario también inclinas tu cabeza y la pegas a la suya. Entonces te das cuenta de que pareces un violinista. Tanto por la postura como por que lo tienes entre los brazos es de un valor incalculable.

Acomodas al lechón en tu cama (justo en la parte que más moleste a tu pareja, ya que no se ha levantado por lo menos que se joda un rato). Tu pequeño se queda dormido con una sonrisilla en los labios. Todos felices nos dormimos y en ese preciso momento en el que el sueño fluye…Se despierta el otro.

 

3. Llanto “El Cigala”

Este es con energía y arte. Es repentino y puede el niño que solo quiera que lo cojas. Es un llanto con arte, frustración e impotencia. Como si Mozart acabara de escuchar a Pitbull. Aquí hay que calmar al niño. Viene acompañado de un movimiento de manos que parecen el cangrejo de La Sirenita. Es un llanto irresistible. Siempre acaba igual. El niño tranquilo y el padre con dolor de espalda.

 

4. Llanto “El Padrino III”

Este solo ocurre en dos situaciones. Después de la vacuna o después de una caída. El llanto es una réplica exacta del llanto de Michael Corleone en El Padrino III al final de la película cuando se arrodilla y toma a su hija muerta entre sus brazos. Atención spoiler. Nunca sé si hay que ponerlo antes o después. Este llanto tiene una cualidad diferenciadora del resto: Empieza con un largo grito sin sonido, como si alguien le hubiese bajado el sonido al bebé, mute que se llama. Y solo al cabo de un rato el lechón vuelve a coger aire y libera ese grito rumiado en la desesperación y el dolor durante los segundos previos.  A veces acojona. Ni Freddy Mercury. Gracias a Dios hay remedio para esto. Hay que decir las siguientes palabras:

Sana, sana culito de rana

si no sana hoy sanará mañana.

Paquirrín ha escrito canciones mejores.

Pero no seré yo el que rompa la tradición. Este pareado denota que en la época de antaño tenían una buena mierda para fumar negrata.

5. Llanto Fake

Es un fake. Es mentira. No hay lágrimas. Quieren algo. No les hagas caso. Algo quieren de ti. Fíjate bien.  Te enseñaré una regla “memotécnica” regla para memos, para que la recuerdes: “Mejillas secas, mentira y tretas”.

Mi mierda también es buena.

Un saludo Capitán.

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Diario de a bordo: 5 momentos inolvidables

Estimado Capitán:

En este informe le explico los cinco momentos que no tienen precio de esta aventura llamada paternidad. Son muchos los instantes que nos hacen sonreír como un alcalde medicado, pero en esta ocasión me que quedado con cinco, a ver que le parecen.

 

5) El momento Paul McCartney

Ese momento que ellos están en la cuna a primera hora de la mañana y tú te diriges, ajeno a que ya se han despertado, a la ducha. Paso por delante de su habitación y allí están, lanzando sus brazos al aire, suplicándome que les haga caso, que les abrace. Que me haga un selfie con ellos. Me lo hago.

4) Momento Waterworld

Ese momento en el que te despistas y escuchas el chapoteo del agua. En casa no tienes un estanque así que solo puede ser una cosa. Corres al baño y te los encuentras a los dos con esa cara de felicidad  y las manos metidas en el wáter removiendo el agua. Te miran como diciendo: ¿A qué esperas julai? Venga que hay sitio para otro. 

Son tan felices en ese momento que reconozco que me da pena sacarle las manos de ahí, pero mi responsabilidad como padre me puede. Me hago el escandalizado y les digo que eso no se hace, caca. La próxima vez me uno.

3) Momento Baño

Ese momento en que descubren que el agua mola, pero que no pueden agarrarla. Se sientan en el baño, un poquito de espuma por aquí, se agarran la pirolilla y la estiran y yo les digo que no, que no crece, se ríen como si entendiesen, se salpican y mueven a cabeza de un lado a otro cuando. El baño parece Toys´r Us después de un terremoto.

2) Momento Máma

Saben decir mamá, pero lao pronuncian como mmma-mmma. Parece que se vayan a arrancar con el Bohemian Rhapsody. Llevo tres meses intentando que digan “papá” y nada. Alguna vez han pronunciado los fonemas sueltos, pero nada con sentido. En más de una ocasión los siento en mis rodillas, les miro a los ojos y les digo:

—Papá, di papá

Me mira

—Pá-pá

Sigue mirando, inteligente y sonriendo

—Pa-pá

Cualquiera que me vea diría que el que no sabe pronunciarlo soy yo.

—Pa-pá

Al fin abre la boca y dice:

—Mmma-mma

Un desastre Capitán.

 

2) Momento Despertar

Ese momento en que despiertas y por haches o por bes acabáis todos en la cama y piensas “Anda que suerte tengo”. Qué guapos, qué felicidad estar así todos juntos esta mañana tempranito.

Este tipo de momento solo se da el sábado.

Aquí le dejo otro momento extra. Yo le llamo “El Arrebato”

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Diario de a bordo: Aplausos

Estimado Capitán:

Le escribo con un trancazo del 15 (me refiero a un resfriado). Al final tanto hospital y tantos virus de unos y otros, pues es lo que tiene. Tengo la garganta con placas que a juzgar por el dolor deben ser por lo menos tectónicas.

Hoy le quería hablar del aplauso. Vivimos en esa era. ¿Cada cuánto aplaude usted en su vida normal? Ellos se pasan aplaudiendo la mitad del día.

Parece que estoy criando a Los Chichos.

Aplaudir. verbo transitivo/verbo intransitivo

Chocar repetidamente las palmas de las manos una contra la otra como muestra de aprobación, admiración o acuerdo con una persona o con lo que hace.

Supongo que aplaudir es el primer acto de refuerzo (o de los primeros) que aprenden los lechones humanos. En realidad es culpa nuestra, los padres, que sin darnos cuenta los educamos desde muy pequeños en el aplauso. Si hacen algo bien nosotros aplaudimos confiriéndoles el status de artistas,  divos etc. Son al fin y al cabo las grandes estrellas de nuestras vidas. Y ellos, que son más listos que nosotros, pronto empiezan a imitar ese comportamiento. Con cada aplauso vienen a decir algo así como: “Mira papá, ya está lo he conseguido”.

Estos dos aplauden siempre. Termina una canción…Aplauden. Acaban la merienda…Aplauden. Llega alguien a casa …Aplauden. Se te mean en la cara…Aplauden.

Además tienen varios estilos de aplauso que van desde lo que yo llamo el Lina Morgan (descoordinado y atropellado)  hasta uno mucho más elaborado “el Antonio Carmona” un aplauso tan rítmico y lleno de arte que parece que se van a arrancar por bulerías de un momento a otro. Hay una gran paleta de colores en el mundo del aplauso, pero el que más ha llamado mi atención es el que se podría clasificar como el Aplauso de Pavlov , ya sabe usted Capitán, aquel del experimento con el perro y el filete.

Pues esto es parecido.

Anton Jr. tiene asma y al principio la mascarilla le daba miedo así que Ovugirl (madre de dragones) y un servidor nos pusimos a jugar con él para que lo entendiese como un juego. Después de su paso por El Hospital (The Hospital) ya lo tiene asumido y es él el que busca la mascarilla incluso cuando no le toca. Sabe que cuando acaba el proceso toca un aplauso rico que inunda cada esquina del salón.

La sorpresa me la llevé ayer por la noche cuando tuve que darle uno de los inhaladores  y el lechón estaba durmiendo a muslo suelto. Le puse la mascarilla, apreté dos veces el inhalador y él sin abrir los ojos ni moverse al acabar el proceso …¡Aplaudió!. Fue una breve ráfaga que me provocó una carcajada. Como los diputados estos que se duermen y después aplauden como si sí.

Pues que aplaudan claro que sí.

Ya se les irá pasando. Uno con los años pierde la costumbre. Yo he intentado recuperar la costumbre, pero la gente me mira raro. Aplaudí al carnicero cuando me cortó la carne y me miró como si le estuviese puteando, un taxista me dio bien la vuelta y yo paré un segundo para aplaudirle y tampoco sonrío mucho. La gente mayor no se lo toma como un cumplido, se lo toma mal.

Llaman a la puerta  Capitán, debe ser el pizzero seguro que él si me lo sabrá agradecer.

 

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Seguiremos informando.