Diario de a bordo: Reunión de guardería

Estimado Capitán:

El verano arrecia en el planeta Tierra. Las playas llenas de gente aceitosa, las calles inundadas de pantalones cortos, chanclas y helados…Pero los padres primerizos estamos ya pensando en septiembre y en lo que aquí se les da en llamar: La Guardería. Como su nombre indica, la guardería es el lugar en el que se guardan hijos. Es decir, un espacio en el que unas personas ajenas a la familia cuidan de nuestros lechones mientras nosotros trabajamos o estamos ocupados estando en paro. Bien, pues resulta que la jefa de la guardería, La Capitana para que me entienda, convoca una reunión con todos los padres para explicarles el funcionamiento del lugar. Y ahí estoy yo con otros tantos padres; unos con más experiencia Padres Premium (hay gente con cinco hijos algo tan inaudito como nacer con siete testículos) y otros con menos maestría Padres de Hacendado a los que se nos reconoce por la cara de pánfilos y la mirada de búho.

La verdad Capitán es que hacía años que no me sentaba en un pupitre y un montón de recuerdos me arroparon durante la reunión. Delante nuestra estaban ellas. Las profes. Personas que serán una gran influencia para los mellizos durante el próximo año; profesionales con uniforme (que da más seguridad) compuesto por un pantalón rosa fuerte y una alegre camisa multicolor. Deduzco que no son daltónicas y eso está bien. En esta época en que los niños aprenden cosas como los colores se agradece. Trasmiten sensación de equipo; así alineadas parecen las Harlem Globe Trotters de la educación infantil. Me gustan. La Capitana nos habla del funcionamiento de La Guarde. 

Hay algunas normas básicas que no deberían verbalizarse y sin embargo lo hace. Será por algo.

Las normas

Hay tres normas básicas.

Norma nº1: Los niños deben venir limpios a la Guardería

Yo había pensado rebozarlos en unto, barro y después rajar una almohada y soltarles todo el plumón encima. ¡Claro que tienen que ir limpios! Lo que me inquieta qué tendrá que haber visto en su carrera esta mujer para tener que recordarlo de viva voz. Supongo que la frase de Rambo de “He viso cosas que harían vomitar a una cabra” se aplica en este caso.

Norma nº 2: No llevar a los niños con fiebre

Los niños deben ir sanos a la guarde. Y es que hay edades en las que estas criaturas son como fichas de dominó. Cae una y van todas detrás. Como las cervezas.

Norma nº3: Norma Duval.

A continuación La Capitana nos habla del comedor, de los niños celiacos y me pongo muy contento de que haya extranjeros en el centro. La mezcla de culturas y razas es necesaria para el enriquecimiento intelectual de nuestros hijos.  Incluso puede que algún día vayamos de vacaciones a Celia, que supongo que será una isla italiana o griega.

Otro punto en el orden del día fue el tema de los carritos. La responsable nos advierte de la imprudencia de dejar los carritos aparcados en la puerta ya que el centro no dispone de un vigilante para estos menesteres. Yo pondría a Batman. O si no puede ser pues pondría a un aparcacoches vestido como Batman, pero que en realidad no fuese él, no sé si me entiende, Capitán. A eso en La Tierra se le llama señuelo. A mi juicio señuelo es un nombre de mierda para un vigilante, pero buen, a falta de Batman…Lo que nos queda claro es que hay que tener ojo con los carritos que hay mucho pájaro suelto y el curso pasado desapareció alguno.

La Capitana se dispone a anunciar los nombres de los niños y el de su futura profesora que será la encargada de la visita guiada por el centro. Cuando nombra a la profesora yo aplaudo. Nadie me sigue el rollo. No lo entiendo. Se merecen un aplauso. Al fin y al cabo serán parte de la familia durante un año. Seguí aplaudiendo en cada nombre por principios. Algunos padres me miran mal, sobre todo los estrábicos. En fin. No se puede luchar contra ciertos comportamientos, Capitán.

Me toca una profesora muy maja que nos habla de los horarios, de las necesidades, de la mecánica de la escuela; hago alguna pregunta y me mira como si fuese un padre desinformado. Me ha calado enseguida. Se habla de juguetes, de siestas, de peluches. Una madre preocupada (tenía el ceño fruncido como cuando llevas tres días sin ir al baño) pregunta por el tema del chupete. La profe nos guiña un ojo y nos confiesa con complicidad que en Navidades Papa Noel visita el lugar y se lleva los chupetes de los niños para siempre.  Cojonudo. Un Papa Noel cleptómano. Le digo que a ver si va a ser él el que roba los carritos. El resto de padres se ríen, pero ella no y solo hay una explicación para eso:

Creo que la profe me tiene manía.

 

Un saludo Capitán.

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Diario de a bordo: El despertar del mal

Estimado Capitán:

Creo que hemos superado la primera fase de la paternidad. Usando jerga de vídeojuegos diría que hemos pasado de pantalla y esta, añorado amigo, es mucho más compleja. Digamos que los niños han “despertado”. En el último mes hemos notado lo siguiente.

1) Interactúan entre ellos

Se reconocen, se sonríen como políticos buscando un pacto y se demuestran su afecto en una extraña coreografía que consiste en que uno deja caer su cara contra el cojín y el otro le intenta comer la cabeza pelona. Después intercambian los papeles y así se divierten. También se dan golpes cariñosos y creativos que alucinarían al mismísimo Bud Spencer que Dios tenga (tranquilito y sin muchas emociones) en su gloria.

2) Hacen “el mal”

Dejemos una cosa clara. Los bebés son bebés y no distinguen el bien del mal, pero para nosotros, los mayores, que nos encanta ponerle etiquetas a las cosas para no liarnos la cosa cambia. Al bebé le “llama”  hacer el mal y buscar situaciones que le pongan en peligro. Además a esto hay que sumarle otro factor: Un padre primerizo es un ente creativa de por sí y en muchas ocasiones imagina peligros que ni siquiera existen. Estas dos situaciones unidas dan para mucho.

Desde mi punto de vista mis hijos son como los guionistas de SAW. Siempre inventan formas nuevas de ponernos nerviosos. Si los dejas en una habitación vacía buscarán la manera de ponerse en peligro de alguna manera creativa e insospechada.

Además de repente han aprendido a moverse mediante esa técnica híbrida entre el arrastre y el gateo. En realidad lo que hacen es reptar con cierta agilidad y en menos de un segundo son capaces de desplazarse de esta manera a una velocidad insospechada.

Tienen toda una manta gigante, pero acaban con medio cuerpo debajo de la cama. Y yo pienso. ¿Y si ahora se cae la cama y le parte en dos? Y lo aparto de ahí por si acaso. Cosas de tarao.

Tienen fijación con los cajones. Puede que un futuro sean ebanistas o carpinteros.Tienen dos mil juguetes y peluches para jugar, pero ellos son felices comiendo toallitas. 

También me he dado cuenta que la distancia que cubren los bebés entre que vas a la cocina y vuelves se mide en “metros radiales” ya que se mueven como aquellos jóvenes breakdancers de los ochenta que se ponían a girar como un helicóptero con las manos apoyadas el suelo. Pues estos igual. Tengo la sensación de que un día los voy a dejar en el suelo con sus juguetes, me voy a ir a la cocina y al llegar me los voy a encontrar allí sonriendo maléficamente. 

Los bebés son mágicos sí. Como David Copperfield.

3) El maravilloso mundo “Causa- Efecto”

Bebé está en la trona. Bebé tiene juguete en mano.Bebé mira juguete.  Bebé lanza juguete al suelo. Juguete hace ruido. Bebé flipa y analiza. Papá o Mamá recoge juguete y se lo vuelve a dar. Bebé mira . Bebé lanza. Juguete hace ruido. Bebé analiza. Papá o Mamá recoge juguete. Papá Mamá se lo vuelve a dar. Mira. Lanza.Flipa. Papá/Mamá recoge. Se lo vuelve a dar lo que nos sumerge en un bucle que puede durar perfectamente y sin forzar la situación de 18:00 a 19:15.

Conclusión:

Tanto hijos como padres tenemos un cantidad importante en el ADN de Homer Simspon.

He visto en un documental que así es como aprenden.

Es que si no aprende así…

4) A todo volumen

Lo de los sonidos va a más, pero lo más molesto es el volumen. Supongamos que un bebé es una minicadena (una Sanyo del montón). Bien, hasta ahora su volumen no pasaba del 4 o 5. En este últimos mes y medio la minicadena ha sufrido una mejora considerable (ahora es una Pioneer con Dolby Surround) y ya pueden subir el volumen hasta un molesto 9, 9,5. Curiosamente cuando más gritan es cuando uno habla por teléfono tanto es así que para entender algo en una conversación tengo que hacer el típico gesto de taparme un oído con un dedo  y poner tal mueca de concentración para descifrar lo que me cuentan que no sé si voy a responder a mi interlocutor o si le voy a cantar “We are the world”.

Hay muchos más cambios Capitán, se producen cada día. Están más despiertos, más ruidosos, más activos y eso es lo que nos agota y nos hace felices.

 

Un saludo y seguiremos informando.

 

PD.

Capitán el otro día estuve con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Así que nos pusimos al día en apenas treinta segundos en una de esas conversaciones directas que solo tiene la gente que se conoce bien.

—¿Qué tal va todo?

—Bien, no me quejo.

—¿Qué tal el trabajo?

—Como siempre ¿Y tú?

—Bien. Ahora soy autónomo.

—¿Y los niños?

—De momento no. En ninguno de los sentidos.

 

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Diario de a bordo: Juego de Tronas

Estimado Capitán:

Sé que últimamente no he podido escribir los informes con la misma asiduidad de siempre, pero es que estoy tramando algo que me consume todo el tiempo y energía, pero de eso le hablaré en breve.

 

Los lechones crecen muy deprisa y sus piernas se han convertido en unos carnosos muslos de pollo que mujeres de toda edad y condición quieren saborear. Se les ve en la cara.

También tengo que comunicarle que el otro día tres personas creímos ver un diente en la encía superior de uno de los lechones. Este avistamiento resultó ser falso (a saber) y aunque la visión duró solo un par de minutos nos vimos obligados a rellamar a amigos, conocidos y a algún que otro desconocido íntimo para desmentir tal espejismo. Es increíble la cantidad de números de teléfono que un padre ansioso puede marcar en 67 segundos que fue lo que duró el encuentro con el falso diente.
Hasta llamé a Vodafone.
—iA mi hijo le ha salido un diente!
—Y a mí que me importa señor.
—¿Ve usted? ¿A qué jode?

Le juro que ahí estaba el diente. Incipiente, blanco, en el lugar perfecto. Pero en realiad no había nada. Se esfumó en unos segundos. ¿Qué sería? Quizás estemos ante una nueva mutación en la especie humana: la de los incisivos retractiles. Sé que este capítulo pasará a ese sitio tan sucio (los anales) como nuestro Roswell particular.

En el futuro habrá documentales sobre el tema. “Expediente Piño”

Las alucinanciones acústicas también están a la orden del día. Cuando no era padre y veía a mis amigos desencajados al escuchar las primeras palabras de sus vástagos no daba crédito. Aquello se me antojaba un poquito exagerado.

—¿¡Ha dicho papá!? ¡Ha dicho papá!

Hombre, no va a decir “Bitelchús”. Papá no es para tanto, Papá entra dentro de lo previsible. Lo raro es que dijese “testículo” o “Ramadán”.

Pero ahora les entiendo a la perfección. Verá Capitán, el otro día Antón Jr. dijo Papá, pero en realidad no lo dijo. Dijo primero pa…y unos segundos después otro pa…pero no quería decir papá, ni siquiera aquello tenía pinta de ser una palabra. Ese fonema era a una palabra lo que el regalo del día del padre es a un regalo de verdad. Pero por un momento me dio subidón. ¡Ha dicho papá!

Ovugirl ni se inmutó.

—¡Que ha dicho papá!

—No, no lo ha hecho.

—¡Que sí!

—Venga pues sí.

—No lo ha dicho ¿no?

—No cariño, no. Para eso aún falta.

Y me fui desdichado a la habitación como un jugador que abandona el campo humillado tras el cambio.

Lo de “papá” lo puedo aceptar, pero el diente lo vi. Y su madre también lo vio. En eso nos hemos puesto de acuerdo. Bueno, en eso y en lo de que los niños se tenían que ir ya a su habitación.

—Cari, los niños deberían ir ya a su habitación.

—No saben andar, dejálos un poco más aqui.

—¿Hasta cuando?

—Hasta la segunda vez que hagan primero de carrera.

—Cari, lo siento, pero no. Se tienen que ir ya, que ya son mayores.

—Claro que se tienen que ir, pero mañana que esta noche ya se ha hecho tarde. Que se vayan el lunes.

—Cari, esto no es como ir al gimnasio. Como cabeza de familia exijo…

Y me cerró la puerta en las narices mientras que desde el otro lado me llegaban las risas de mis hijos y la madre que los parió.

Pero al final se impuso la razón y los niños ya llevan una temporada en su nueva habitación.

Cuando digo temporada no me refiero a temporada en plan “temporada de una serie”, ni siquiera llevamos una de esas como padres. Ahora mismo debemos andar por el capitulo 13 de la primera, pero con buenos índices de audiencia. Espero renovar.

Además su dieta se va ampliando: frutas, verduras, galletitas…y todo eso lo toman ahora sentados en sus tronas. Que para un bebé es como cuando un adolescente se deja un poco de bigote ridículo/pelusilla  para parecer mayor y entrar en una discoteca.

Pues es el mismo principio.

Las tronas les hacen parecer “mayores” pero no lo son. Siguen meneando la cabeza para los lados, se baban y se lo pasan pipa tirando los juguetes al suelo. Desde las tronas todo se ve de otra manera, las tronas dan poder a los hijos y enorgullecen a los padres que ven a esos dos mocos levantando sus rollizas manitos pidiendo que alguien les tome en brazos, pero nosotros no caemos en la tentación de esos ojos grandes que piden “colo”. Al menos en primera instancia, después caemos sin remisión y obedecemos sus deseos, que para eso son los bebés más guapos del mundo. Ojo no es un decir, tenemos un certificado expedido por las dos abuelas, siete vecinas vírgenes, un concejal de festejos, un DJ ruso y un autónomo. Todos coinciden.

Han nacido para ser reyes.

 

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¡Saludos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: El youtuber cuarentón…

Estimado Capitán:

Además de los informes semanales he decidido mandarle también informes visuales que a lo mejor así me responde de una vez. Lo único que tiene que hacer es suscribirse y le llegarán puntualmente.

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En el canal podrá usted encontrar vídeos relacionados con un montón de temas, pero sobretodo centrados en la magnífica aventura de la paternidad y en la curiosa onda expansiva que golpea al resto de la familia.

De momento el canal se divide en:

Bibe… y deja vivir: Informes visuales sobre cómo los lechones van creciendo. Tutoriales para padres, reflexiones, anécdotas…

Cosas de familia: Son pequeños informes para conocer un poco más a los personajes que componen mi unidad familiar terrestre: la abuela primeriza, el abuelo deportista, los tíos friquis…

 

Espero que le guste.

Saludos desde La Tierra Capitán.

 

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Diario de a bordo: Navidades

Estimado Capitán.

La vida sigue como siempre aquí en La Tierra. Mucha elección, mucho debate, pero amanecer, amanece cada día como si nada. Casi hemos completado otra vuelta más al sol y se acerca ese momento que los humanos denominan Navidad. No sé si tendrá que ver, pero los niños han empezado a arañarse la cara justo en el momento que El Corte Inglés inauguraba su iluminación navideña. Sus primeras navidades acechan.

En la tierra, querido Capitán, la Navidad es la época del año en la que la familia se reúne para discutir. Una familia puede no verse nada o verse mucho, eso no importa. Las grandes discusiones, esas que merecen ser recordadas, suelen tener un villancico de banda sonora original. El abuelo eructa, el cuñado se toma dos copas de más y los bebés, pues eso, se arañan.

Es como si estuviesen pensando:

—¡¡¡¡Qué coñazo!!!!

En mi época de niño en este planeta la cosa se llevaba mucho mejor. Los humanos han inventado unos paquetes con sorpresa, ellos les llaman “regalos” y cuando uno es pequeño,  pues bueno, como que se disimula más el mal ambiente que genera ese intruso de Santa Claus que, si lo analizas bien, no deja de ser un gordo que se te cuela en casa de noche no sé sabe muy bien con qué intenciones. De momento no me lo he encontrado, pero como lo pille lo pongo de verano.

Y todo eso por no hablar de los Reyes Magos, que son como una pandilla de Ñetas a los que les ha tocado la lotería. Nuevos ricos que diría alguno. Con esas pieles, esas barbas: los primeros hispters del planeta. A ver como les explico yo a mis hijos el tema de los regalos, las zapatillas, el oro, el incienso, la mirra y la estrella esa de Belén (el primer GPS). No me diga usted Capitán que no son los ingredientes de una telenovela.

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Mientras tanto, los chavales, “los hijos de Sperman”, como son conocidos en este mundo, se están poniendo nerviosos. Notan que la gente babea más de lo normal. Antón, al que para darle seguridad y empaque le denominamos Antonciño, cada vez que escucha la palabra “Navidad”, “Nochebuena” o “Corticoles” mueve la cabeza muy rápido de un lado a otro en una negación acelerada que hace que se parezca a los Jackson 5. A los cinco.

Tomás, al que para enaltecerlo y que en un futuro sea un hombre que rebose autoconfianza, le llamamos Tomasito, es más pachón. Si escucha la palabra Navidad o villancico, pues nada; se echa un eructo de sultán y ancha es Castilla. Con él no va la cosa.

También me he dado cuenta esta semana de lo rápido que crecen. Están gorditos como lechones hormonados y cada vez más atentos a todo lo que les rodea. Levantan su cabecita cual periscopio y escudriñan atentos los muebles, lamparas, puertas…todo apunta a que van ser decoradores.

Mientras ellos analizan tendencias del hogar uno les haces carantoñas y ello sonríen. Les cuesta un rato, pero al final arrancan. Casi puedo descifrar su diálogo.

—Oye tú.

—Dime…

—Este tipo que sonríe y habla como un minion retrasao…

—¿A ti también te suena, no?

—¡Sí, muchísimo! ¿A ti te pasa lo mismo?

—Pues sí, pero no caigo, o sea, la cara me es familiar, pero no acabo yo de…

—Es que aún somos muy pequeños para retener caras. 

—Ya, eso sí…

SILENCIO INCÓMODO MIENTRAS LADEAN LA CABEZA Y ME OBSERVAN

—No para el tío, ¿eh? A ver si se calla un ratito y mamá nos pone un rato más entre sus pechos.

—¿Cuales son los pechos?

—Eso que tiene forma de teta.

—Si te fijas el tío este también tiene tetas.

—¿Mamá es la de las ojeras, no?

—Sí, la que te come los pies y te habla como si fueses un pitufo.

—¡Que ridícula es a veces, pero mola! El otro día casi le hice pis encima.

—Será por pis…

—Ya. Oye tú, que acabo de atar cabos. ¡Este tío podría ser nuestro padre!.

—¡No, por favor, nooooooooo!

—Sonríe, tú sonríe.

 

Y de ahí los arañazos que parece que el chaval acaba de llegar de Crimea.

En fin, poco a poco Capitán, poco a poco.

 

Saludos Capitán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dime cómo bebes y…The Walking DYC

Cartas a 1985

Si es que (me) lo digo siempre: hay gente que no sabe beber.

Con las borracheras al final sucede como con las opiniones: cada uno tiene la suya. Hay infinidad de grados y variantes y a la  hora de la verdad (que suele coincidir con la hora feliz) a cada uno le afecta de una manera muy personal.

A lo largo y ancho de los años y dentro de mi círculo de allegados he podido analizar y profundizar en los diferentes y apasionantes subtipos de lonas y he llegado a la conclusión de que posiblemente se puedan extrapolar al resto de la sociedad española que frecuenta los bares (¡qué lugares!).

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1) El violento

Todos conocemos a uno de esos tipos que cuando beben imponen su ley. Normalmente tampoco es que sean la alegría de la huerta, pero cuando se toman dos copas de más buscan pelea a toda costa. No…

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Velas y cirios

Hoy cumplo 37 años. Creo que es la primera vez en mi vida que me molesta poner una vela más en la tarta. A veces tengo la sensación de que se me está escapando algo, como un globo que se te va un momento y que cuando te das cuenta es inalcanzable. Es una sensación extraña que me pone, no hay que ocultarlo, un poco triste. Así que he decidido afrontarlo como un hombre y mirar al reloj directamente a las manecillas para decirle:

─Sé que me pillarás, pero no va a ser hoy, cabrón cruel.

No pasa nada. Vuestras felicitaciones─ y los regalos de los más allegados─ me han dado un pequeño empujón en el día de hoy. Os lo agradezco de verdad.

A las ocho salgo de trabajar. Hace años os diría:

─ ¡Temblad incautos! ¡En cuanto salga del curro me voy a coser a copas!

¡N0! ¡No debo ceder ante el aliento fétido de la maldad! Esa no es la actitud. Beber no conduce a ninguna parte, además, a medida que se cumplen años uno pasa de ser “ese chaval divertido” a “ese puto borracho”. El vulgo es así de atrevido.

Es precisamente por esto hermanos de Cartas a 1985 que hoy, más que nunca, no tengo otra opción que la de revolverme contra mi destino, caer violentamente sobre mis rodillas, alzar los brazos bien alto en busca del cielo redentor y exclamar con educación:

─ ¡A tomar por el culo! ¡Me mazo como si tuviese 18 años que es mi cumple!

Y punto.

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Podéis pensar que es una decisión inmadura y débil para alguien de mi edad, y lo entiendo, pero es una decisión tomada. No hay vuelta atrás.

Los cumpleaños son como las prácticas en vida que te preparan para el día de tu muerte. Al igual que ocurre con los aniversarios que marcan tu llegada a este planeta, el día de tu deceso todo el mundo se acuerda de ti, te traen regalos (flores básicamente) y durante 24 horas solo se escucha una frase:

─Era un tío cojonudo.

Los cumpleaños igual. Al día siguiente ya nadie se acuerda no de cómo se llamaba el finado y cada uno intenta vivir lo que le queda de vida lo mejor que puede. Si la muerte dura una eternidad, un cumpleaños debería durar al menos un a semana. A eso lo llamo yo un trato justo.

Hablando de cumpleaños y velas. Hoy me ha pasado algo muy curioso en el gimnasio. Os cuento. Salgo de la piscina y en el vestuario me encuentro con un conocido que está como un toro. Charlamos durante unos segundos y de repente me da la sensación de que su aparato se bamboleaba más de lo necesario para las circunstancias.

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Me quedo seriamente preocupado, porque me da la sensación de que su arma me apunta directamente a la cabeza, y eso no es plato de buen gusto. A nadie le gusta que le señalen. Intento disimular, pero nada… que el cacharro cada vez va tomando más forma y el tío como si nada. Igual la tiene así, pensé yo. Una mirada fugaz─ de sincera curiosidad─ me corrobora que la actitud del pene de mi conocido rozaba lo inadecuado en tal situación. Mientras tanto seguíamos hablando.

─ ¿Y qué? ¿Le estás dando mucha caña? (Quizás no sea la mejor de las preguntas, pero esa fue la que me salío).

─ Este fin de semana corro una de relevos─ me dice el péndulo parlante.

En este momento fue cuando mi mirada se desvió al teniente de mi colega, y mi subconsciente me traicionó. Mi respuesta fue la siguiente:

─ Joder, en esas tienes que ir a TODO RABO.

¡Qué dolor! Una historia cierta y fresquita. Un lapsus en toda regla, pero insisto en mi inocencia. Si vas así por la vida, tápate hombre, que puedes sacarle un ojo a alguien.

Me vino a la mente esta historia por lo de los cumples, las velas y de ahí derivó a la palabra cirio. Cosas de la sinapsis que a los 37 funciona como quiere. Gracias por todo.

¡Salud hermanos!