Diario de a bordo: Gestión de violencia

Estimado Capitán:

Esta mañana he tenido el privilegio de quedarme por la mañana con los lechones. Ayer fue una jornada de grabación agotadora que acabó especialmente tarde. ¡No se puede imaginar usted la agradable sensación que es despertarse a las siete de la mañana rodeado de dos señores en miniatura que quieren investigar el mundo!

En un rato saldremos de casa y mamá osa me ha dejado la ropa preparada para que los vista. Le dije que no se preocupase, que yo era perfectamente capaz de elegir un vestuario conjuntado y acorde a esta época del año. Ella me miró con una expresión a caballo entre la pena y la incredulidad y, sin decir nada, estalló en carcajadas, abrió la puerta y tras murmurar algo que no pude entender sobre el daltonismo se fue.

Hasta el momento los lechones y yo no hemos hecho gran cosa. Mover la cabeza al ritmo de la música, ver el resumen del debate del PSOE (ellos seguían moviendo la cabeza, pero esta vez cada uno para un lado), cagar mucho (sobre todo ellos) y pelear. Peleas entre ellos. Pensándolo bien, llamar a eso peleas quizás sea muy osado. Son pequeñas cosillas. Que si te pillo la mano con el cesto y aprieto para abajo, que si te tiro del pelo, pues yo te muerdo…Y esto, Capitán, nos lleva al tema de hoy.

¿Cómo gestionar la violencia?

A hostias. Así era en los ochenta. En el colegio caía alguna. Nadie mejor que un cura para mediar en un conflicto y soltar unas buenas hostias. Esto no es un secreto, es conocida la debilidad de curas y algunos profesores no pertenecientes al gremio de Cristo de educar a base de coscorrones, tirones de patillas, bofetadas etc. En algunos casos incluso han utilizado libros de textos y Biblias para calentar mofletes.

¿Cómo tiene que gestionar un padre moderno y daltónico como yo la “violencia” de sus hijos para que no se conviertan en unos ñetas?

Una cosa es la cabeza, que te dice lo mismo que esos gurús de la educación y otra la vida real. Personalmente Capitán me encantaría intentar razonar con ellos cuando por ejemplo Tomás le tira del pelo a Antón. Sería genial ser una especie de negociador, al estilo de las películas americanas.

—Tomás suelta a tu hermano. Haz el favor.

Tomás mira desafiante, se ríe y tira un poco más fuerte. Antón llora.

—Tomás, hijo, verás…Le estás haciendo pupa. Además estás rodeado. Creo que sería una buena idea si lo sueltas, nos vamos todos al salón y olvidamos todo esto. Mamá no tiene que enterarse.

Pero la realidad es otra. Por ejemplo ahora mismo. Tomás golpea el radiador como el simio protagonista de “El planeta de los simios” (la nueva, que es más violenta). No para, cada vez más fuerte. Está en modo asilvestrado. A mí también me dan ganas de golpear como un orangután el radiador cada vez que me llega la factura y no lo hago. No lo suelo hacer. Con gente delante.

Uno piensa. “Bien. ¿Cómo actuaría un padre guay en esta situación? Bill Cosby o el Dr. Seaver, alguien guay de verdad, pero no hay tiempo de maniobra y me sorprende enfilado hacia Tomás y antes de darme cuenta me escucho decir una frase llena de psicología infantil.

—¡Tomás! ¡Cómo no dejes de darle golpes al radiador te corto los huevos!

Ahora mismo está dando golpes a la silla y le dice algo. Está cabreado. Ahora es Antón que lo imita. Da golpes a la misma silla y también grita algo. Creo que es un rito para que llueva.

Buscando en Internet he encontrado unos consejos para estas situaciones.

  • Cuando un niño pegue, hay que decirle con firmeza: ‘no se pega’. Evidentemente. No le vas a decir: “¡Sigue! ¡Dale más fuerte! ¡Eres un flojo! ¡Al hígado!
  • Si persiste en su agresividad, lo que se puede hacer, sin perder la serenidad, es apartarle de nuestro lado, llevarle a su cuarto, o dejarle allí solo si está en él. En Guantánamo hacían algo parecido.
  • Cuando el comportamiento de pegar forma parte de una rabieta, nunca hay que permitir que consiga algún propósito por ese procedimiento. Nivel Hermano Mayor.
  • Una vez que la crisis (se referirá a Cuba o al Brexit) haya pasado, hay que volver a ser cariñosos con el niño (¡Ah vale! Hasta ahora era de mal rollo), sin rencor, como si no hubiese pasado nada. Y, por supuesto, hay que ser cariñosos también el resto del tiempo. (Aclarado queda)

Voy a seguir estas reglas. Aunque las cojo con pinzas Capitán. Ya sabemos que en Internet hay de todo. Desde Arturo Pérez Reverte hasta gente formada de verdad.

Habrá que buscar el equilibrio entre los curas de los ochenta y “Padres Forzosos”.

 

Un saludo.

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Diario de a bordo: El círculo de los mellizos

Estimado Capitán:

Aquí le mando las gráficas de mi misión a la que he bautizado como “Misión Doble Óvulo” a partir de ahora MDO.

Bien, llegado a este punto de la crianza que los humanos denominan puta locura poco más se puede decir, así que como una imagen vale más que mil palabras, he decidido plasmar toda la información en esta gráfica titulada “El círculo de los mellizos”.

En ella se muestra la paleta emocional a la que nos vemos sometidos los padres múltiples en los primeros estadios de la crianza de nuestros pequeños seres. Capitán, es de suma importancia que no se deje embaucar pos si naturaleza adorable y por su pequeño tamaño. ¡No lo haga, por favor! Es un error. A los gremlins también les ponía uno un piso y mire la que liaban si comían después de media noche. Más feos que una suegra recien levantada. Menudo dueño el chaval de los Gremlins. Lo hizo todo mal y en cuarto de hora. No lo supero ni yo.

A lo que vamos. Partiendo de la base que el amor que nos fluye por el cuerpo es como burandanga que nos deja sin voluntad al ver a nuestros preciosos hijos, en realidad se mantiene una lucha atroz entre cerebro, corazón y cuerpo.

El cerebro dice: “Cómo te vuelvas subir te mato” (Cabe puntualizar que “volver a subir” hace referencia a la vez número veinte o ventiuno en apenas 12 minutos que se suben al sofá. Ojo, se suben para tirarse, hete aquí el problema)

El cuerpo dice: “Pues a ver quién se agacha para levantar a chaval…Yo no puedo más. Por cierto soy tu espalda”. Acotación del cuerpo de papá. Increíble estos brazos hipermusculados que se me están poniendo en comparación con la barriga que deja mucho que desear (nunca mejor dicho). Este contraste es raro raro… como un mono con piel de lagarto.

El corazón dice: “¡Cómo te quiero enano, sube más alto! ¡Hasta el infinito y más allá! Y si puede ser cuando esté tu madre mejor”

 

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Cómo puede ver nuestro tiempo de felicidad doméstica se divide entre:

Perdidas de paciencia: A veces nos sorprendemos gritándoles para a continuación escacharrarnos de risa al ver su mirada arrojadiza tan entrañable como limpia.

Falta de sueño: Pues eso, que nos falta el sueño, pero no en plan un poquito, no. Para ojeras las nuestras, parecemos todos familiares de Benicio del Toro.

Dolor de espalda: Explicado en un punto previo.

Impotencia: A buenas horas mangas verdes.

 

En fin Capitán espero que le sirva de algo esta gráfica sobre el estado de ánimo de los padres múltiples. Le dejo que están saltando al vacío desde el sofá. Y les gusta.

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Diario de a bordo: Noche sin dormir

Estimado Capitán:

Esta noche la hembra terráquea y yo no hemos pegado ojo. Es lo que tiene que ser padre múltiple.  Ha sido la peor noche desde el advenimiento de los lechones. Le voy a ser sincero. Había escuchado leyendas sobre eternas noches sin dormir, pero hasta este momento no nos había ocurrido nada parecido.

Verá uno de ellos, Antón Jr. está acatarrado, dos velas líquidas  bajan por su nariz, perfilan sus labios y desembocan en su barbilla. Sus ojos están acuosos y un poco rojos. Parece que acaba de llegar a casa de un after. Y está muy incómodo y cuando los bebés están incómodos lloran a mandíbula batiente.

Y así estuvimos toda la noche. Aquí le pasó el resumen de actividad que me pidió.

00:00 No logran dormirse. Tomás está a punto, pero Antón no para.

01:00 Tomás se queda dormido. Antón sigue llorando, a veces se tranquiliza, pero es solo un espejismo como cuando crees que te mira la camarera guapa, pero en realidad no. Te haces ilusiones vanas.

02:00 Antón Jr. por fin se duerme.

02:03 Tres estornudos rompen la noche. Antón se vuelve a despertar.

02:10 La hembra terráquea y yo juramos en arameo. Hine mah tov umah na’im.

02:15 Le damos la Apiretal. Como buen paciente la escupe. Sigue llorando.

03:00 Los lloros no paran. La conversación que tenemos mi mujer y yo es todo lo contrario a la siguiente.

—Uy que a gustito se está así.

—Sí, que noche más genial. Además ardo en deseos de ir a trabajar. ¡Aún quedan cuatro horas!

—Qué guapa estás amor.

—Pues anda que tú, jamás había conocido a nadie tan atractivo y fértil.

—Vuelve a llorar el niño, ya me ocupo yo.

03:20 Antón se relaja. Lo metemos en la cuna. Paz.

03:45 Ella consigue dormir. Yo me desvelo.

03:50 Antón arranca de nuevo con su lloro. Camarón es un flojo a su lado. Su madre se despierta. Impotente y de nuevo muy atractiva. Lo traigo de nuevo a la habitación por voluntad propia.

03:56 Se despierta Tomás.

04:00 Les preparamos un biberón. Es el denominado biberón “A ver si así…”

04:06 Tomás está feliz. Me mira fijamente. Es James Dean con chupete. Su madre y yo notamos que se ha despertado hablando en otro idioma. No es el idioma natural de un bebé español. Es como si fuera una mezcla entre un japonés y R2D2. Nos damos cuenta que toda resistencia es inútil y nos unimos a la fiesta.

05:30 La cosa sigue igual. El japonés no para y Antonciño parece Massiel de resaca. Esto es una pesadilla. Se nos cierran los ojos y estamos algo irascibles.

—Guapa

—Guapo tú. Camelador.

06:00 Por fin se duermen. Y nosotros también.

Puede que haga gracia, pero no es divertido. Es agotador. Aún así al verlo llorando, tan rojo, débil e indefenso, pensé en una cosa que siempre me decía mi madre cuando estaba enfermo: “Si pudiera me cambiaba por ti”. Yo pensaba Capitán que estaba loca. Pero no. Pues eso es justo lo que pensaba yo ayer. Y eso que solo es un catarro. Hay un hacedor de canciones en este planeta llamado David Summers que no podía haberlo descrito mejor en su canción “Multiplicados por nueve”. Dice así…

Yo te pido si es que existes,
Que me duelan sus dolores,
Multiplicados por nueve.

Yo te pido si es que puedes,
Que me quebren sus fracturas,
Y que me suba su fiebre.

Que me de sus malestares,
Su escayola, su jaqueca,
El dolor de sus muñecas,
Casi blancas, casi solas,
Su adicción a la tristeza,
Que me duele mas que nada,
Yo te pido por la almohada,
Donde apoya su cabeza.

Que el mar, entierre su miedo en mí,
Que no llore mas, que no tenga que sufrir.
Que la soledad, no me deje a mi dormir,
Y que el dolor de sus latidos, se mezcle con el mío.

Yo te pido si es que puedes,
Que me duelan sus dolores.
Multiplicados por nueve.

Pues eso Capitán. Que me duela todo a mí.

Buenas noches. (No es un decir. Es un deseo).

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Diario de a bordo: El ángel de la guarda

Estimado Capitán:

Los bebés terráqueos conocidos con los nombre de Antón Jr. y Tomás están a punto de cumplir un año. Su crecimiento ha sido pasmoso, rápido e irrepetible. Ya gatean, les han salido dos dientes arriba y dos abajo, comen como presos panameños al salir de aislamiento y ya hace tiempo que muestran rasgos definitorios de su personalidad. Antón, más nervioso y expresivo que Luis Cobos al final de una zarzuela y Tomasete más tranquilo que Piqueras de vacaciones.

Hemos tenido que blindar el salón para reducir lo más posible (es decir que tiendan a cero) el número de incidentes que provocan a diario. Y cuando escribo “incidente” quiero decir “hostia que te crió” que es como denominan a estas pequeñas caídas de aprendizaje y ensayo los humanos.

Hemos comprado una cosa que los padres de este planeta denoniman “protectores de esquinas” que por usar un término científico no valen una mierda. A lo mejor un poco sí, pero nosotros los hemos puesto y los chavales los quitan sin esfuerzo lo cual posiblemente nos convierte en malos padres que arderán en el averno para siempre.

También hemos comprado una cosa que sirve para tapar los enchufes que en un alarde de creatividad humana reciben el nombre de tapaenchufes. Los niños no son capaces de sacarlos.

Y yo tampoco.

Lo cierto Capitán es que llevo una semana sin ver la televisión, pero es que me da vergüenza pedir ayuda. El mecanismo está muy bien pensado por estos humanos que cuando quieren bien que se las apañan para hacer las cosas bien.

Otro de los elementos indispensables para eliminar riesgos son los bloqueadores de cajones. Cuando los humanos se hacen mayores sienten un deseo irrefrenable, casi sexual, por encontrar un punto de la calle en el que puedan supervisar obras (así en general) con tranquilidad. Los cajones es el equivalente infantil a estas obras. Si hay un cajón allá van a abrirlo. Pues bien, con el bloqueador de cajones todo está solucionado. Serán incapaces de abrirlo. Bastante me cuesta cerrarlos (según su madre) como para que ellos vengan a deshacerme el trabajo. Para ser sinceros he metido todo lo que me importa en cajas de cartón ya que tampoco creo estar capacitado para desbloquear el bloqueador de enchufes. Soy de letras.

Más cosas. El salón ya no parece un salón. Más bien es como el país aquel del cuento de Pinocho al que iban todos los niños drogadictos en potencia carne de “Hermano Mayor”. Juguetes y más juguetes, peluches y más peluches y un sofisticado sistema de cojines, alfombras y piezas acolchadas creadas por la sinigual Ovugirl para evitar que los lechones se hagan daño. Vivo en un Chiquipark.

Puede parecerle Capitán que hacerse daño en estas circunstancias es imposible. Pero se lo hacen. Se lo hacen porque no paran. No paran porque son niños. Y son inquietos como militantes del PSOE en estas fechas. No saben qué hacer y claro…De vez en cuando atrapan.

Chocan contra la pared, caen de espaldas en la alfombra, aterrizar con el culo también se estila mucho, de cabeza a la alfombra es un clásico…El 99% de las veces se ríen y pienso Capitán que si me meto yo esa hostia estoy un mes en el Hospital. Causa efecto que se llama. Pero ellos, pequeños Lobeznos, se recomponen felices, giran sobre sí mismos y continuán con su fiesta gitana en el salón, que solo falta Camarón.

El otro 1% de las veces la cosa cambia. Se hacen daño y  lloran. Y aquí los padres hacemos una cosa harto curiosa. Nos echamos a reír como si no hubiese pasado nada. A ver si cuela y ellos también se ríen. Pero aunque pequeños capitán, no son gilipollas y cuando algo duele, pues duele. Imagínese usted que le atropella un coche y el conductor sale descojonándose a ver si le contagia la risa. ¿A qué no? Pues eso.

Además ojo. Son rápidos como centellas. A la que te descuidas te la lían. Hoy Antón se cayó de la cama. Y descubrí que en casa no somos cuatro… Somos seis. Hay dos ángeles de la guarda. En su caída pude ver como algo o alguien la ralentizaba para que mi lechón no se hiciese daño. Espero que  estos ángeles estén con un contrato en condiciones para que se queden por aquí muchos años. Si son autónomos ya me pongo a temblar.

Bueno le dejó a ver si soy capaz de cambiar de canal que llevo dos semanas en Telecinco…Se me quedó el mando en el cajón y eso no lo abre ni Jason Bourne.img-20160929-wa0003

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: decálogo del buen baño

Añorado Capitán:

Uno de los momentos más íntimos con los lechones es sin duda el momento del baño. Lo cierto es que cada vez están más rosados y gorditos y ya casi no caben en la pequeña bañera. Y pensar que hace un año eran apenas unos espermatozoides perdidos en el útero y luchando en un sprint que, gracias a Dios, acabó con un éxito doblemente inesperado. Me puedo imaginar la conversación entre esas pequeñas angulas en miniatura.

—Corre corre que viene el pelotón detrás. Soy Antón, ¿y tú?

—Yo me llamo Tomás. Qué curioso, no te había visto nunca.

—Es que yo soy del izquierdo.

—¡Ah, vale! Con razón no me suenas, yo me crié en el derecho. ¿Cómo es el izquierdo?

—Aburrido, depende de la época está uno muy apiñado, pero bueno…se iba llevando. ¿En el derecho qué? ¿Qué tal por ahí arriba?

—Bien, sin más.

—¿Tú ves algo?

—Allá al fondo parece que… ¡Es una bola gigante! ¡Creo que es allí!

—¡Pues acelera coño!

—Solo puede quedar uno. O tú o yo.

—Oye, tú vas muy rápido, no te habrás metido algo.

—Sí, clembuterol no te jode. Soy así, inquieto. En el testículo me llamaban “El nervio”.

—¡Anda! Pero, pero si hay dos. ¡Dos estructuras esféricas!

—Una para cada uno. ¡Mueve la cola que se acercan! Rápido.

Y así me imagino que se creó el milagro de la vida. En una carrera que ganaron los más rápidos y fuertes. Como la vida misma. Es que empezamos ya compitiendo entre nosotros. De ser dos pececillos han pasado a ser dos criollos sabrosos que se van haciendo mayores día a día. Es una transformación mágica que sucede delante de nuestros ojos y como pestañee se pasó. Y eso no vuelve.

Así que cada baño es un ritual precioso. Mientras mama osa les saca el pañal y los prepara para el baño, papa oso (es un símil Capitán) prepara la bañera y vigila que el agua esté en su punto. No queremos hervir a los lechones.

Ahora hemos comprado una especie de cubo en el que metemos a los chavales que flipan con el agua. Un cubo. Estos humanos inventan de todo, aunque ya esté inventado, para sacarles los cuartos a otros humanos.

Este es el esquema de un baño rutinario:

  1.  Tomo al bebé pelón A en mis brazos y lo agarró bien no vaya a ser.
  2. Me mira con cara de: ¿Otra vez?
  3.  Lo introduzco en el cubo y él abre los ojos en una mezcla compensada de gustito y miedo.
  4. Me olvido de sacar la esponja. Bebe pelón A está sentado sobre ella.
  5. Meto la mano. Creo haber encontrado la esponja, pero en realidad le aprieto los huevillos al bebe pelón A que no se lo esperaba.
  6. La esponja en realidad estaba apoyada a mi lado, fuera del cubo.
  7. Me río.
  8. Se ríe.
  9. Lo enjuago bien, hablo con él e intento que no trague agua.
  10. Traga agua.
  11. Dos veces.
  12. Lo saco chorreando y lo aprieto contra mi camiseta, lo envuelvo en su albornoz y se lo entrego a su madre.

 

Pero la cosa no acaba aquí. Hay otro bebé.

 

  1.  Tomo al bebé pelón B en mis brazos y lo agarró bien no vaya a ser.
  2. Me mira con cara de: ¿Otra vez?
  3.  Lo introduzco en el cubo y él abre los ojos en una mezcla compensado de gustito, miedo y en este caso, algo de pereza.
  4. Me olvido de sacar de nuevo la esponja. Bebe pelón B está sentado sobre ella.
  5. Meto la mano. Me vuelvo a equivocar y le aprieto los huevos. Se ríe.
  6. La esponja en realidad estaba, otra vez, apoyada a mi lado, fuera del dichoso  y opaco cubito.
  7. Me río.
  8. Se ríe.
  9. Lo enjuago bien, le canto e intento que no trague agua.
  10. Traga agua.
  11. Dos veces.
  12. Lo saco chorreando y lo aprieto contra mi camiseta que ya está mojada de antes, lo envuelvo en su albornoz y se lo entrego a su madre.

El vínculo que se establece en estos primeros baños Capitán es muy chulo. Se lo noto a ellos también.

—Ya creceremos ya.  Y ya te bañaremos nosotros a ti cuando seas mayor. Ya verás como vamos a perder la esponja también. Varias veces papi.

Después la madre sigue con el ritual de vestirlos, ponerles la cremita en el culo y todo eso que solo se lo harías a tu hijo. Salvo si eres proctólogo que entonces es tu rutina, pero no estableces vínculos en ningún momento. Mi padre que es un dermatólogo muy bueno y muy conocido (que por cierto sigue en activo y tiene unos precios buenísimos) me aconseja que los bañe cada dos días. Para que no encojan supongo. 20160118_153932.jpg

Lo dicho Capitán, toda una experiencia.

Seguiremos informando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: Bibe…y deja vivir

Capitán, la misión sigue su curso a pesar de su abandono. Por más que intento ponerme en contacto con usted no hay manera. A ver si va a estar haciendo como que no escucha. Mientras usted se hace el sueco, los bebés terráqueos siguen creciendo. Sin prisa, pero sin pausa. Como las obras del AVE.

La vida ha cambiado de manera drástica y profunda desde que llegaron los mellizos. Casi tres semanas después de su advenimiento, las cosas están de la siguiente manera.

 

Consejos

La gente, tanto familiares, como no familiares, no paran de darnos consejos sobre la crianza de los dos seres. Pongamos un ejemplo práctico:

Si los pequeños mellizos no comen enseguida se alzan voces asegurando que lo mejor en esos casos es levantarle un “brazito”. Capitán, le aseguro que desconozco el poso científico de tal afirmación, pero a juzgar por la seguridad de los terrícolas debe de ser verdad. Es una especie llena de contradicciones. Otros humanos aseguran que no, que lo mejor es pellizcarle un “piececillo”. Al escuchar estas dos afirmaciones he sacado a pasear el módulo de ironía que llevo programado en mi ADN y les he asegurado que a mí, lo que me funciona de verdad, es morderles un huevo. Me han mirado raro y han reído por compromiso. Qué tercos los humanos. Morderles un huevo les despierta.

Otras cosas que se podrían hacer siguiendo esta estructura serían:

Soplarles en la oreja, frotarles un ojo, cepillarles el ombligo, rascarles el ano o meterlos en la nevera son otras posibilidades, menos populares eso es cierto.

Es muy posible que si probásemos cada uno de estos métodos en una muestra de 100 bebés de este planeta alguno funcionaría.

Vehículo

La llegada de A&T también ha afectado a nuestra manera de desplazarnos por el planeta y hemos tenido que cambiar nuestro vehículo. Hasta ahora la manera de ir de un sitio A a un sitio B en la ciudad que me ha tocado vivir era en un modelo de coche llamado Citröen Saxo. Una tartana de tercera mano y casi 20 años de trayectos en su maquinaria. Lo cierto es que para la fase de cortejo y penetración (previa a la llegada de los gemelos) no estuvo mal, pero ahora, en esta nueva etapa, sería harto peligroso.

Así que nos hemos comprado un coche familiar. Es vehículo mucho más grande que debido al precio jamás lo podríamos haber comprado, pero gracias a ese algoritmo que los de aquí llaman suerte y a una cosa llamada financiación finalmente ha sido posible. Nota para el Capitán: Cuando no tienes dinero suficiente para pagar algo al contado, en la Tierra te lo financian, en muchos casos tengas o no tengas dinero. Ya me explicará usted cómo es posible eso. Además tiene una connotación un tanto extraña ya que cuando te aprueban la llamada financiación significa que te van a estar jodiendo mes a mes durante años y aún así la gente, cuando se la conceden, sonríe. Algo similar pasa con una variante sexual muy de aquí llamada sodomía.

Pero, este no ha sido el único vehículo que hemos tenido que adquirir en la misión ya que los bebés también necesitan su propio cochecito para sentirse plenos. Además como son dos el carrito, así le llaman, ha de ser doble. Una auténtica obra de ingeniería. Para que se haga una idea, tres semanas después del advenimiento de A&T aún no tengo claro como se pliega y se desmonta la puta silla. Perdón por mi vocabulario Capitán, me he dejado llevar por la frustración. Me ha ganado el lado humano. En breve le informaré sobre los avances en este último punto. Y  la cosa no acaba aquí. Además del coche nuevo, el carrito doble y su puta madre Capitán, perdón de nuevo, hay otro cosa más. Una especie de adaptadores para el coche llamados “Max & Cosi” que a juzgar por el nombre y el precio deben ser como los Victorio y Lucchino de los artefactos para bebés. Menos mal que un amigo terráqueo y su mujer, padres también de dos bolas extras, nos los dejaron. Si no tendría que volver a donar cabello y esperma para poder pagar todo este sindios de artefactos indispensables para la crianza.

 

Lectura

Estoy leyendo mucho para tener un conocimiento exacto y absoluto de esto de la vida. Es un milagro. Esta semana, por ejemplo, he aprendido la palabra “gameto”. No todo el mundo que es padre sabe qué significa realmente y el otro día reté a un amigo (eso cree él, en realidad lo utilizo) a que emplease esta palabra en una frase.

“Gameto es el padre de Pinocho”.

Y se quedó tan ancho. Así le va a esta especie tan maravillosa y desconcertante. Tienen las cosas más preciosas del Universo delante de sus ojos y apenas les prestan atención. Eso sí, todos saben la vida y hazañas de Cristiano Ronaldo y un tal Messi. Por cierto Capitán, la camiseta de Buyo que me encargó lleva agotada unos 30 años.

Noches

Esto es lo que peor llevamos. Durante el día los bebés duermen y se portan fenomenal, pero por la noche la cosa cambia. Lloran y lloran. Será por el  JLU (Jet-Lag Uterino). Esto es así hasta tal punto que al enterarnos de que ayer se cambiaba la hora y que a las tres serían las dos intenté suicidarme. Ya tenía medio pie fuera de la terraza, en el vacío, cuando Ovugirl me agarró de la camiseta y me metió de nuevo en casa. IMG_0484ret (1)

 

De todas formas, y para cerrar esa entrada, solo decirle que todo esto es accesorio. Los bebés parecen estar saludables y dan ganas de abrazarlos muy fuerte, pero no lo hago por miedo a que le salgan los intestinos por la boca. Los adoro. Adorar es un término muy cursi, pero es la verdad. Además tienen una mirada muy inteligente, como de concejal de urbanismo y cuando los observo con detenimiento veo destellos de inteligencia en sus ojos. Estoy casi seguro de que están deseando hablar para solucionar gran parte de los problemas de la humanidad. Entonces eructan y se me cae el mito, pero cada cosa a su tiempo.

 

Saludos desde La Tierra.

 

 

 

 

 

 

Planeta Mellizos: Imsomnio y el biberón Carabás

Admirado Capitán le escribo esta carta en condiciones físicas deplorables. Las ojeras me llegan hasta las encías y mis niveles de energía están muy, muy bajos. Aunque duermen bastante bien intentó teclear suave para que mis dos lechones, Mr.A y Mr.T, no se despierten. El Experimento Sperman ha sido todo un éxito y hemos dado en la diana…dos veces. Mi protocolo de actuación no estaba actualizado para este escenario y voy improvisando sobre la marcha. Quiero expresarle mi malestar por la falta de ayuda y de respuesta que estoy recibiendo por su parte. Después de que naciese el segundo hijo me quedé unos minutos esperando a ver si dentro de la hembra había algún manual de instrucciones. Y nada. Menuda faena.

Mis hijos deben tener un cuarto en sus genes de lechuza ya que es por la noche cuando se dedican a vivir la vida loca. El gran problema es la desincronización. La hembra terráquea, que quiere mantenerse en el anonimato, y yo hemos creado un protocolo estándar para sobrevivir al advenimiento de los mellizos. Si funcionase sería infalible. En teoría es sencillo:

Poco antes del biberón ella observa si los bebés han hecho sus cosas de bebés, no quiero ser escatológico Capitán y por eso no empleo la expresión “heces blandas amarillo verdosas”; mientras esto ocurre preparo un biberón con una harina que trae de todo (y cuando digo de todo es de todo)  que le digo  yo que si se lo bebe un atleta antes de los Juegos Olímpicos da positivo en dopaje seguro. Es una cóctel que trae:

-Varios tipos de vitaminas, algunas desconocidas hasta ahora. K, D, B, C… parece el Scrabble. Pido vocal.

-Fósforo, cobre, manganeso, selenio, yodo….la mitad de la tabla periódica terráquea esta en ese bote.

-Nucleótidos: Con ese nombre tienen que alimentar seguro, es lo que toma Zeus para desayunar.

-Biotina: Es el componente primigenio del suero que transforma a Steve Rogers en el Capitán América.

-Taurina: Es lo que lleva el Red Bull, y es lo que básicamente y por decirlo de una manera elegante, me está jodiendo por las noches. La Taurina es una provocación. Invita a la fiesta. Si a un adulto le da alas imagínese usted a dos bebés. Cara de colocados tienen.

El excipiente está formado por kriptonita, carbonita y Cacaolat.

Una vez preparado el biberón en el dispositivo destinado a tal efecto se lo voy dando a uno de los especímenes mientras Raquel Lubiáns Filgueira nacida el 24 de septiembre de 1979; hija de Raimundo y Ana, y firme defensora del anonimato como he señalado antes, procede a cambiar a la segunda unidad. Es lo que se llama trabajo en cadena, con eslabones fuertes y definidos que ríase usted de Henry Ford.

Comprobación/Cambio/Biberón/Eructo/Sueño (X2).

¿Qué podría salir mal? Pues bien, las cosas no salen como uno las planea. Durante el día y hasta las diez de la noche todo va sobre ruedas, la zona fantasma se produce entre las 00:00 hora zulú y las 06:00.

Para empezar los chavales aún no saben ni siquiera que son chavales; no tienen control sobre sus funciones principales así que se hacen sus cosas encima cuando les entran ganas. Como un borracho. Y eso puede pasar dos o tres veces en el transcurso de media hora lo cual retrasa el trabajo en cadena. Lo que sí puedo decir es que nuestros bebés tienen alma de historiador. Cada vez que se les cambia el pañal rinden su particular homenaje al Manekken Pis, ese niño belga que mea en posición chulesca. Capitán, no es agradable que te meen en la cara y menos de sorpresa. Podríamos aplicar esa técnica como tortura a nuestros prisioneros de guerra, hasta tengo un nombre: Golden Rain.

04:30. Hemos dormido por parroquias y no hemos avanzado mucho. Un análisis de la situación confirma que estamos nosotros más meados y más cansados que ellos. Lloran un rato, comen, eructan y vuelven a hacer sus cosas; los tumbamos en la cama, se duermen, y a los cinco minutos…¡bang! se despiertan de nuevo, hacen pequeños sonidos guturales que estoy casi seguro de que significan “Algo me está tocando los huevos, pero no te lo voy a decir hasta que lo adivines”. Al menos son considerados y no rompen a llorar de golpe, van avisando. “Papi, no duermas que allá voy”.

05:15. Son las cinco y cuarto. Vomitan un poco, pero no les pasa nada. Eructo número dos. Lloran de nuevo. Primero uno, lo cambiamos y se relaja; en cuanto uno acaba empieza el otro. Perfectamente sincronizados. Ni Gemma Mengual.

05:45. Los bebés hacen una mueca que parece una sonrisa y se te pasan todos los males, pero en realidad sabes que es solo una contracción involuntaria de los músculos que “parece una sonrisa”, así se lo hago saber a mi mujer que responde a esa información con una mirada asesina y un simple y amenazante: “Sí que es una sonrisa”. Me callo porque las hembras terráqueas recién paridas y con sueño son una granada sin anilla, así que guardo silencio. El bebé me eructa en la cara y un espeso chorro de nucleótidos y vaya usted a saber qué me mancha la camiseta. Los adoro. Son tan pequeñitos.

05:52. Es la hora de lo que he bautizado como el biberón Carabás. Es a las seis de la mañana y es por vicio.

 

A las seis se quedan dormidos como pequeños mamuts en su cueva. Ovugirl y yo estamos muy cansados, pero sonreímos satisfechos. Me preparo un biberón para mí , a ver si la taurina me repara un poco.

—¡Al fin!— le digo acostándome a su lado.

— No digas eso no vaya a ser que…

Un sonido gutural de preaviso rompe la magia.

¡La felicidad era esto!

Bebés terráqueos reproduciendo el final de Rocky III

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