Diario de a bordo: Cinco momentos en los que te entran ganas de prenderte fuego

PLANETA MELLIZOS

22 meses y tres semanas de misión

Estimado Capitán:

Siempre estamos de risa en este cuaderno de bitácora, pero no se crea que es siempre así. Hay momento en los que uno está a punto de perder la paciencia, la cordura y la dignidad cuando se trata de educar a los lechones.  A veces pasa. Va incluido en el pack. He aquí lo que he denominado sin intentar exagerar:

5 momentos en los que te entran ganas de prenderte fuego

 

1) No pueden dormir

Descripción: No pueden dormir. O no quieren. O no saben. Y empiezan los gritos y los berrinches. Todo les molesta. Y aún es peor si por cualquier cosa hay que despertarlos por lo que sea. Es como liberar al Kraken. Sin ir más lejos ha ocurrido hoy. Se quedan dormidos y tengo que despertarlos para subir las escaleras. Maldita la hora. Si lo sé me quedo en el garaje esperando a que despierten. ¡Venga a gritar! Como es gratis.

Síntomas: Se retuercen como Dyango. Se ponen rojos como un alcohólico de nariz bulbosa.  

Sensación: Impotencia (Figurada).

Solución: Dormir. 

2) No quieren comer

Descripción: Que no les vale nada. Ni que fueran los coaches de Máster Chef. Todo es no, no y no. Y además ya empiezan a apartar con la mano, así con desdén y desprecio y mirando al infinito como si hubiesen nacido marqueses. Les pones el tenedor, pero para qué si Dios nos dio dos manos con las que desmenuzar los alimentos. Les cantas, les haces el avión, el pino puente y les cuentas el cuento del hijo cabroncete que era malo y no comía y tal, pero nada. Se ríen en tu cara. Eso sí, los yogures como si no hubiera mañana.

Síntomas: Chulería, berrinche, y mover la cabeza como un árbitro de tenis.

Sensación: Dan ganas de prenderse a lo bonzo o darles un beso cariñoso, acercarse con elegancia a la ventana, cerrar los ojos y arrojarse al vacío. 

Solución: Si alguien la ha encontrado que deje un comentario. No vale emplear la violencia ni verbal ni física.

3) Quieren «colo»

Descripción: Verá Capitán, aquí en la zona se denomima «colo» al acto de llevar en los brazos al niño. Cuando tu hijo extiende sus pequeños brazos regordetes al cielo buscando el abrigo del progenitor es un momento en la trayectoria vital de una persona que solo se podría catalogar como precioso. Allí está ese pequeño gnomo, con sus ojitos y moviendo la boca como un pez fuera del agua; esa mirada de cervatillo. Hasta aquí todo bien, pero la cosa se complica como Dallas cuando son los dos los que lo hacen a la vez. «¿A cuál cojo? Me duele la espalda» Y la frase de respuesta cuando empiezan a pesar de verdad suele ser «No puedo, no puedo» Como Chiquito. Ellos se restriegan como perrillos intentando trepar la pierna, se tiran al suelo…una estampa.

Síntomas: Inquietud, berrinche, breakdance.

Sensación: Conspiranoica. Todo el mundo me está mirando. 

Solución: Un clásico que funciona el 32% de las veces y jamás cuando tienes prisa. Consiste en mentirles y decirles: «¡Vale, pues ahí os quedáis ¿eh?» Ellos lloran, tú te alejas (tres metros, metro arriba metro abajo, mirando de reojo su reacción) y te observan sin saber bien que hacer desde el suelo. Por un lado no quieren que te vayas, por otro no quieren ceder y por otro te ponen a prueba a ver si eres alguien con palabra. Como dijo Nixon «Una mentirijilla no es para tanto».

4) Papá te llaman…

Descripción: Tu hijo te tiende el teléfono de juguete. Alguien te llama parece decir. Y tu lo coges y hablas con esa persona que está al otro lado. Y al atiende a lo que le dices como si fueses Moises recitando lo que sea que recitaba Moises. Y mola. Es divertido. Pero solo las primeras 17 veces seguidas. Además ellos no son tontos. Hay que entonar y contar una historia.

—¿Hola? Sí, sí es aquí—. Le guiñas un ojo y el se sonríe.—Si…si…claaaaaro señor Pulpo, cuando quiera. Ahora le paso a Antón—que espera ilusionado—. Es para ti hijo,

Él se ríe se lo pone en la oreja (al revés) dice un par de frases de esas que dice él que son una mezcla entre vasco y japonés  y vuelve a empezar el bucle. Ya he hablado con pulpos, ciervos, tres gnomos, Montoro, Chandler de Friends, Umbral, Thor, Cher y Sandokán. Y eso esta semana. No llama tanto ni Yoigo.

Síntomas: Cara de ilusión y de «No voy a parar nunca».

Sensación: Call center.

Solución: Ceder o enseñarle a mandar mails.

5) No me quiero bañar

Descripción: Ahora no les gusta el agua. La semana pasada les encantaba y ahora cada vez que los metemos en la bañera gritan tanto que tengo que meter el dedo para asegurarme que de las cañerías no brota ácido sulfúrico. Espero que se les pase pronto. Además todo se pega y si uno se pone a chillar y a llorar el otro le sigue aunque solo sea por solidaridad. Es el único momento del día en que se ponen de acuerdo de todo.  El famoso efecto Falete: «Si tú lloras en la cocina yo lloro en el retrete». Es así. Y no le digo cuando hay que sacarles el champú del pelo con la ducha. Eso es como cuando se le derriten las caras a los malos al final de “En busca del Arca Perdida˝. Atención spoiler (Nunca sé si se pone antes o después). 

Síntomas: Tembleque, abrir los ojos y mover la cabeza, rigidez a la hora de meterlos en sus asientos de baño, respirar como un buzo cuando se quita el casco.

Sensación: Torturador de la Inquisición.

Solución: Si alguien la tiene que deje un comentario. No vale la violencia ni física ni verbal, ni psicología. 

Estos elementos no se suelen dar todos a la vez, pero todo puede ser. «¡Disfrutad que pasa a toda velocidad”, dice la gente.

Un tren expreso también.

Saludos Capitán.

 

PD Recomendación de hoy: Un papá que rima.

 

 

Mellizos con cara de buenos
Algo haremos y te pedimos disculpas de antemano.

 

 

 

 

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Diario de a bordo: Patrulla Canina vs He-Man

PLANETA MELLIZOS

(22 meses y tres semanas de misión)

Estimado Capitán:

Los niños crecen bien, fornidos y lozanos. Les gusta la empanada, la fruta en su justa medida, el pescado y estoy casi seguro de que si le echase un kilo de clavos de cabeza plana también se los comería. También les gusta mucho desordenar cosas que su madre —la legendaria Ovugirl, madre de lechones—ha ordenado previamente. Cuando esto acontece me cae la bronca a mí ya que en esa situación parece ser que son mis hijos. «¡Mira lo que han hecho tus  hijos!»  Como si fuesen hijos exclusivamente míos y se hubiesen generado de manera espontánea, como los Barbapapá, lo que me convierte a mí una espora. Pero ese es otro tema. Hoy vamos a hablar de dibujos animados. De los de ahora y de los de antes.

La Patrulla Canina

La última moda se llama La Patrulla Canina. Vamos por partes Capitán, los dibujos animados son lo que ven los niños en La Tierra para entretenerse antes de hacerse mayores y volverse gilipollas con el fútbol. El nombre de La Patrulla Canina está muy bien elegido ya que define a la perfección el alma de la serie. Al poner un capítulo uno se encuentra a un grupo —de ahí lo de patrulla— de canes — de ahí lo de perros— que hacen el bien por dónde quiera que van. Y todos contentos. Perros que hablan entra dentro de lo clásico. Que hablen vale, pero que no caguen cada tres metros no se lo cree ni el tato. Pero bueno, quitando esos detalles de ciencia-ficción La Patrulla Mola. Hoy por hoy, existen otros dibujos para niños más vanguardistas cuyos autores fuman una pipa de crack mezclada con peyote antes de sentarse a escribir.

Le voy a confesar un secreto. La canción de apertura de la serie me tiene hasta los cojones. Perdone por mi lenguaje Capitán. Pero es que llevo dos meses cantándola mentalmente y lo peor es que me asalta en los momentos más inesperados. Por ejemplo, en medio de una reunión de trabajo… Ya está aquí… en el baño…. ya llegó… en el coche…la Patrulla Canina…Un amigo con hijos de la misma edad que los míos me confesó que la canción se le había enquistado en el subconsciente hasta  tal punto que la escuchaba en medio del coito…. vamos todos a una. Un desastre.

La Patrulla Canina tiene una misión que básicamente es la misma puta mierda siempre. Perdone de nuevo por mi lenguaje, es que me dejo llevar y aquí en La Tierra hablan todos como camioneros checos. Prosigo. La patrulla salva un pato, la patrulla salva un oso, la patrulla salva un yihadista, la patrulla salva al Fary que se ha quedado atrapado en una montaña. Cosas así.  Uno de los perros tiene una excavadora, otro un helicóptero, otro un barco, un coche de bomberos…y viven en una torre de control. Todo muy rural. Ahí hay pasta. El jefe de los perros es el amo que se llama Rayder porque Manolo estaba cogido y no es tan comercial para vender millones juguetes. Nadie compraría un muñeco de Manolo. Ni siquiera yo. En mi época lo que molaba era He-Man.

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He-man y los Másters del Universo

He-Man que era un tío cachas, exhibicionista con el mismo peinado que tu abuela que luchaba contra el malvado Skeletor, un tipo de lo más malvado con una calavera por rostro que parecía salido de Proyecto Hombre. A mí también me compraron mis padres aquellos muñecos molones, los pedía por mi cumple o por Reyes. He-Man y Skeletor. Jamás me hubiese comprado un muñeco de Jacinto, el príncipe de Grayskull y su archienemigo Chema, el yonki hipermusculado. Pues no. El nombre de He-Man mola y que tus padres te lo pongan es un triunfo para toda la vida. Un nombre cargado de testosterona. He-Man (Él-Hombre). Daba igual que después saliese vestido para el Orgullo Gay. Él era el Amo del Universo, entendiendo por Universo el «todo espacial y el temporal eterno» y no el pub de la zona antigua Pontevedra. La dueña se llama Marta no He-Man, aunque también ha tenido que luchar con más de un Skeletor los sábados por la noche, pero es posible que me esté desviando del tema. Resumiendo, He-Man tenía también su patrulla que eran como los Village People del espacio y luchaban para salvar Eternia que es un planeta que aunque tiene nombre de tienda de moda mola mucho y no merece la extinción.

Al final todo es marketing, pero que bien me lo pasaba yo salvando a Eternia y que bien se lo pasan ellos rescatando a La Veneno de un peligroso descampado como hace La Patrulla.

Capitán le dejo que me piden que les ponga «Oto».

heman.jpg

Saludos.

PD. Recomendación de hoy Capitán el blog de Un papá en practicas y sus artículo Cada post un regalo.

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: El chochete vacilón

Estimado Capitán:

Las atracciones para niños se han transformado en estos años entre mi niñez y mi paternidad. ¡Y de qué manera! Recuerdo los cochitos de mi infancia que tenían nombres como los coches de choque, los caballitos, la cadena, el tren de la bruja…Nombres de atracciones mágicos que por unas monedas te daban lo prometido en la publicidad. Los coches de choque chocaban, los caballitos trotaban en el aire sin moverse de su sitio, las cadenas giraban y eran, pues eso, cadenas y el tren de la bruja tenía una locomotora y sí, una bruja. Cinco minutos de girar sin parar y de saludar cada vez que uno pasaba por delante de sus padres. Felicidad absoluta.

Treinta y pico años después me sorprendo subiendo a mis propios hijos a una de estas atracciones y para hacer honor a la verdad hay cosas que no han cambiado mucho. Los señores que recogen las fichas parecen todos de la misma organización criminal y la música sigue estando elegida por una mona con un martillo. Los críos siguen saludando con tal ímpetu que parecen los de Loca Mía sin abanicos y los padres siguen exagerando el saludo tanto en cara, ojos como sonrisa. Parecen payasos sin maquillaje colocados.

En lo que sí ha cambiado la cosa es en el nombre de las atracciones. Imagínese usted mi sorpresa Capitán al sentar a los niños en su flamante coche de bomberos y comprobar en las fichas que están subidos en la colosal atracción El Chochete Vacilón. Anda que no habrá nombres más adecuados aunque huelga decir que el adjetivo también se las trae. Tras comprobar dos veces que estaba leyendo las palabras correctas—primero pensé en que quizás estaba leyendo mal un nombre más adecuado como El cochete vacilón o el cohete vacilón— pero no, estaba delante de una atracción creada por unos tal hermanos Silva que se llamaba El Chochete Vacilón.

Supongo que la reunión creativa habrá pasado a la posteridad.

Base de los Hermanos Silva S.L. reunión para el nombres de atracciones

—Buenos días a todos…

—Si solo estamos los dos Juan…

—Siempre jodiendo Luis. A ver, vamos a empezar con la orden del día 16 de abril de cara a la temporada veraniega de ocio y tiempo de este año. Y rapidito que tengo sed.  Primer punto. Nombres de atracciones.

—Pues a ver, he estado pensando y como hay coche y dan vueltas y vueltas podríamos bautizarla como Autopista loca o Autopista sinfín.

—Me parecen unos nombres, no sé como decírtelo hermano…—dice el mayor de los Silva—unos nombres de mierda, eso es,  creo que esa sería la definición más adecuada. Desde el respeto, por supuesto.  Necesitamos algo más atrevido, algo que llame la atención a los padres.

— El chochete vacilón—dice sin dudar el pequeño de los Silva.

—Eso sí. Ahí le has dao. Me encanta. Les gustará a las madres modernas y a los padres todavía más. El chochete vacilón—dice saboreando cada palabra—. Suena bien. Cho-che-te. Es divertido. Podría ser el nombre de un payaso italiano. ¡Con ustedes el chochete vacilón! ¿Cómo te has inventado esa palabra?

—Bueno, en realidad…vi el nombre ayer por la noche en la carretera de Burgos resplandeciendo en elegantes luces de neón rojas y violetas. Me pareció un buen nombre.

—Eres un genio. Vamos a por ese sol y sombra que nos lo hemos ganado.

O algo así sería.

LA REALIDAD

La cuestión es que la atracción existe y nadie parecía darse cuenta del nombre. No creo que sea para escandalizarse, pero puede dar lugar a dramáticos equívocos.

—¡¡¡¿Que te has gastado treinta euros en el chochete vacilón?!!!

—¡Mamá, no le riñas a papá que está guay!

—¡¿Y con los niños?! ¡¡¡¿Pero a ti que coño te pasa Alfredo?!!!

Aunque la realidad es que la mayoría de usuarios del chochete no tienen edad para hablar que si no…

—¿En qué te has montado?

—En el chochete vacilón.

— Qué suerte. ¿Y tú?

—Yo nada dos vueltas en la Polla Loca y pa casa.

Nombres de atracciones, todo un reto.

Saludos Capitán.

 

 

Nombres de atracciones
Montando en El Chochete Vacilón

 

 

Diario de a bordo: Los cochitos

Estimado Capitán:

La verdad es que hecho de menos nuestro planeta; la quietud de su gentes, la armonía entre sus razas, la bondad de nuestro carácter. Aquí, en La Tierra, es todo lo contrario. La gente grita, está todo el día a la gresca y hay gente para todo. Usted se volvería loco por aquí y más en esta época del año: el verano. Ya le he hablado de la costumbre de esta raza de tostarse al sol medio desnudos y untados en aceite, pues aún hay más. Resulta que en esta estación abunda una cosa que se llaman genéricamente «fiestas». Así que es muy normal escuchar frases como «Me voy a la fiesta», «Es que hoy no puedo que son las fiestas de mi pueblo» y cosas así.

Las fiestas se dividen a su vez en:

—Procesiones: Se trata de un desfile de gente disfrazada de cabezudos y de gigantes (80% de cabezudos y 20% de gigantes) más un séquito de gente vestida con sus mejores galas y cara de que se ha muerto el abuelo. Todo muy bipolar.Es como estar en una película de Tim Burton. Además aquí, en Galicia, el lugar en el que aterrizó mi nave hace decenios, a los cabezudos y a los señores serios hay que sumarle a unos gaiteiros lo que aporta más cordura al asunto. A los lechones les encanta esta performance. Será el colorido.

— Atracciones: A las que depende de la edad y la zona en las que uno viva les llama cochitos, atracciones, cahivaches, barracas etc. Pero en realidad es como un Ikea de churrerías. Hay una churrería cada cuatro metros. Todas con el mismo nombre lo que hace pensar que esta gente monopoliza el mercado del churro sí o sí. Entre churrería y churrería hay barracas regentadas por buena gente con mal aspecto. Son muy agradables en general, pero parece que llevan media vida en San Quintín. Si no tienen al menos un tatuaje es que llevan poco en el sector. Montamos a los niños en un Tío Vivo (en su momento se valoró llamarle Tío Muerto pero el gremio de feriantes tatuados decidió por mayoría necesaria que  no era un nombre comercial) y se lo pasaron pipa montados en un barco con forma de Mickey. Me subí con Anton Jr., la sirena ululó como si alguien estuviera matando un cerdo a diez metros (en serio, ¿hay necesidad?) y me empecé a marear en la vuelta número 2.

—¡Me mareo y solo van dos vueltas, cari!— grité alzando la voz sobre la relajante música de Camela.

—¡No las cuentes cariño que es peor!— me respondió ella.

Fueron 37 vueltas.

Y sí. Es peor contarlas.

Pero bueno, todo con tal de ver a mi hijo saludar con la mano al mismo punto 37 veces. Su hermano al principio no quería subir, pero a medida que fueron pasando los días cayó también en esa tentación que es girar, girar y volver a girar. Girar y saludar, girar y saludar, girar y saludar…

— Fuegos artificiales

Los fuegos se dividen en luz y sonido. Creíamos que les iba a hacer ilusión. Además tenemos una posición privilegiada ya que desde nuestro balcón se puede admirar en todo su esplendor. La parte de las luces bien, son como gominolas para los ojos, pero la del sonido mal, son como tumores en los oídos. Y claro, esta es una de esas cosas en las que o te gusta todo el conjunto o no tienen nada que hacer. No se puede. O todo o nada. O al rojo o al negro. O Marta Sánchez o Vicky Larraz. No hay medias tintas.

Empezaron a temblar y a decir no con la cabeza, así que me refugié con ellos en el pasillo. Lo que iban a ser unos minutos familiares se transformaron en Apocalypse Now en cero coma. Quizás el año que viene.

 

Saludos Capitán.

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Hoteles sin niños

Estimado Capitán:

En esta planeta la gente es un poco rara.

No toda la gente. Solo alguna, pero hace mucho ruido. Hoy he leído (que es como masticar, pero por los ojos) que se están poniendo de moda los hoteles sin niños. El sueño de Herodes. Según sus defensores son los mismos padres los que promueven esta etiqueta ya que cuando se quieren pillar un fin de semana para ellos solos quieren estar sin niños. La verdad es que a la hora de pillar todo el mundo prefiere estar sin niños y eso nunca ha sido un problema. Lo que no molan son las imposiciones camufladas de lo que sea.

Frasecillas de reclamo de estos establecimientos.

«Solo para adultos, tranquilidad garantizada»; «pack romántico, jacuzzi, chimenea». «Hotel adults only (a partir de 16 años). Disfruta de lo mejor de ser adulto».

Solo les falta añadir. “Final Feliz”.

Esto lo que es un picadero chusco de los de toda vida. Lo que me lleva a pensar que todo esto puede ser una nueva estrategia semántica para que locales de segunda de sábanas acartonadas prosperen bajo el término “hotel”

Además, ¿para qué liarse con tanta frase si con cambiar una letra ya está todo solucionado? La H por la M.

Motel.

En fin que estos humanos montan tonterías dónde no las hay.

Yo soy el primero que no llevaría a mis hijos a un sitio de este tipo, pero tampoco hay que prohibir.

“No es que está el derecho de admisión que es un derecho…”

“Tú calla culosudao que nadie te ha preguntado nada”.

Vale que no todos los humanos son padres, pero sí que han sido niños. Pensemos un poquito y basta de ponernos etiquetas que parecemos Mercadona. Los veganos con los veganos, las mascotas con las mascotas, los gais con los gais, Patxi López con Susana Díaz. Esto es un First Dates sin sentido.¡Ya está bien! ¡Que así nos estamos desconectando hijos míos!

Tampoco sé para que molesto. No voy a ir.

EL FUTURO

Espero que no se convierta en moda porque enseguida y según los motivos que alega este gente de tranquilidad, intimidad etc. Pues ya veo yo cosas como:

¡Mercadona Kids Free! ¡Compra tus condones sin que tus hijos te pregunten si son globos feos!

¡Cines Kids Free! Ven a ver lo nuevo de Disney sin las molestas risas de los niños. Y si lo tuyo son las emociones ven a la sesión golfa que por no haber no hay ni gente y a ver que se os ocurre.

Y para los padres especialmente especiales llegan:

¡Guarderías Kids Free! ¿Lo pasas mal al recoger a los chavales? ¿Te molesta el ruido? En Guarderías Kids Free nuestros bebés son de puta pega y no hacen ruido ni cagan ni nada. Reserva tu plaza ya.

Lo dicho. Hay mucho gilipollas. Los padres se merecen unas “vacas” de vez en cuando, pero los padres listos saben cómo y dónde hay que hacerlo.

¡Un abrazo Capitán!

 

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Diario de a bordo: Hoteles sin niños

Estimado Capitán:

En esta planeta la gente es un poco rara.

No toda la gente. Solo alguna, pero hace mucho ruido. Hoy he leído (que es como masticar, pero por los ojos) que se están poniendo de moda los hoteles sin niños. El sueño de Herodes. Según sus defensores son los mismos padres los que promueven esta etiqueta ya que cuando se quieren pillar un fin de semana para ellos solos quieren estar sin niños. La verdad es que a la hora de pillar todo el mundo prefiere estar sin niños y eso nunca ha sido un problema. Lo que no molan son las imposiciones camufladas de lo que sea.

Frasecillas de reclamo de estos establecimientos.

«Solo para adultos, tranquilidad garantizada»; «pack romántico, jacuzzi, chimenea». «Hotel adults only (a partir de 16 años). Disfruta de lo mejor de ser adulto».

Solo les falta añadir. “Final Feliz”.

Esto lo que es un picadero chusco de los de toda vida. Lo que me lleva a pensar que todo esto puede ser una nueva estrategia semántica para que locales de segunda de sábanas acartonadas prosperen bajo el término “hotel”

Además, ¿para qué liarse con tanta frase si con cambiar una letra ya está todo solucionado? La H por la M.

Motel.

En fin que estos humanos montan tonterías dónde no las hay.

Yo soy el primero que no llevaría a mis hijos a un sitio de este tipo, pero tampoco hay que prohibir.

“No es que está el derecho de admisión que es un derecho…”

“Tú calla culosudao que nadie te ha preguntado nada”.

Vale que no todos los humanos son padres, pero sí que han sido niños. Pensemos un poquito y basta de ponernos etiquetas que parecemos Mercadona. Los veganos con los veganos, las mascotas con las mascotas, los gais con los gais, Patxi López con Susana Díaz. Esto es un First Dates sin sentido.¡Ya está bien! ¡Que así nos estamos desconectando hijos míos!

Tampoco sé para que molesto. No voy a ir.

Espero que no se convierta en moda porque enseguida y según los motivos que alega este gente de tranquilidad, intimidad etc. Pues ya veo yo cosas como:

¡Mercadona Kids Free! ¡Compra tus condones sin que tus hijos te pregunten si son globos feos!

¡Cines Kids Free! Ven a ver lo nuevo de Disney sin las molestas risas de los niños. Y si lo tuyo son las emociones ven a la sesión golfa que por no haber no hay ni gente y a ver que se os ocurre.

Y para los padres especialmente especiales llegan:

¡Guarderías Kids Free! ¿Lo pasas mal al recoger a los chavales? ¿Te molesta el ruido? En Guarderías Kids Free nuestros bebés son de puta pega y no hacen ruido ni cagan ni nada. Reserva tu plaza ya.

Lo dicho. Hay mucho gilipollas. Los padres se merecen unas “vacas” de vez en cuando, pero los padres listos saben cómo y dónde hay que hacerlo.

¡Un abrazo Capitán!

 

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Diario de a bordo: Gestión de violencia

Estimado Capitán:

Esta mañana he tenido el privilegio de quedarme por la mañana con los lechones. Ayer fue una jornada de grabación agotadora que acabó especialmente tarde. ¡No se puede imaginar usted la agradable sensación que es despertarse a las siete de la mañana rodeado de dos señores en miniatura que quieren investigar el mundo!

En un rato saldremos de casa y mamá osa me ha dejado la ropa preparada para que los vista. Le dije que no se preocupase, que yo era perfectamente capaz de elegir un vestuario conjuntado y acorde a esta época del año. Ella me miró con una expresión a caballo entre la pena y la incredulidad y, sin decir nada, estalló en carcajadas, abrió la puerta y tras murmurar algo que no pude entender sobre el daltonismo se fue.

Hasta el momento los lechones y yo no hemos hecho gran cosa. Mover la cabeza al ritmo de la música, ver el resumen del debate del PSOE (ellos seguían moviendo la cabeza, pero esta vez cada uno para un lado), cagar mucho (sobre todo ellos) y pelear. Peleas entre ellos. Pensándolo bien, llamar a eso peleas quizás sea muy osado. Son pequeñas cosillas. Que si te pillo la mano con el cesto y aprieto para abajo, que si te tiro del pelo, pues yo te muerdo…Y esto, Capitán, nos lleva al tema de hoy.

¿Cómo gestionar la violencia?

A hostias. Así era en los ochenta. En el colegio caía alguna. Nadie mejor que un cura para mediar en un conflicto y soltar unas buenas hostias. Esto no es un secreto, es conocida la debilidad de curas y algunos profesores no pertenecientes al gremio de Cristo de educar a base de coscorrones, tirones de patillas, bofetadas etc. En algunos casos incluso han utilizado libros de textos y Biblias para calentar mofletes.

¿Cómo tiene que gestionar un padre moderno y daltónico como yo la “violencia” de sus hijos para que no se conviertan en unos ñetas?

Una cosa es la cabeza, que te dice lo mismo que esos gurús de la educación y otra la vida real. Personalmente Capitán me encantaría intentar razonar con ellos cuando por ejemplo Tomás le tira del pelo a Antón. Sería genial ser una especie de negociador, al estilo de las películas americanas.

—Tomás suelta a tu hermano. Haz el favor.

Tomás mira desafiante, se ríe y tira un poco más fuerte. Antón llora.

—Tomás, hijo, verás…Le estás haciendo pupa. Además estás rodeado. Creo que sería una buena idea si lo sueltas, nos vamos todos al salón y olvidamos todo esto. Mamá no tiene que enterarse.

Pero la realidad es otra. Por ejemplo ahora mismo. Tomás golpea el radiador como el simio protagonista de “El planeta de los simios” (la nueva, que es más violenta). No para, cada vez más fuerte. Está en modo asilvestrado. A mí también me dan ganas de golpear como un orangután el radiador cada vez que me llega la factura y no lo hago. No lo suelo hacer. Con gente delante.

Uno piensa. “Bien. ¿Cómo actuaría un padre guay en esta situación? Bill Cosby o el Dr. Seaver, alguien guay de verdad, pero no hay tiempo de maniobra y me sorprende enfilado hacia Tomás y antes de darme cuenta me escucho decir una frase llena de psicología infantil.

—¡Tomás! ¡Cómo no dejes de darle golpes al radiador te corto los huevos!

Ahora mismo está dando golpes a la silla y le dice algo. Está cabreado. Ahora es Antón que lo imita. Da golpes a la misma silla y también grita algo. Creo que es un rito para que llueva.

Buscando en Internet he encontrado unos consejos para estas situaciones.

  • Cuando un niño pegue, hay que decirle con firmeza: ‘no se pega’. Evidentemente. No le vas a decir: “¡Sigue! ¡Dale más fuerte! ¡Eres un flojo! ¡Al hígado!
  • Si persiste en su agresividad, lo que se puede hacer, sin perder la serenidad, es apartarle de nuestro lado, llevarle a su cuarto, o dejarle allí solo si está en él. En Guantánamo hacían algo parecido.
  • Cuando el comportamiento de pegar forma parte de una rabieta, nunca hay que permitir que consiga algún propósito por ese procedimiento. Nivel Hermano Mayor.
  • Una vez que la crisis (se referirá a Cuba o al Brexit) haya pasado, hay que volver a ser cariñosos con el niño (¡Ah vale! Hasta ahora era de mal rollo), sin rencor, como si no hubiese pasado nada. Y, por supuesto, hay que ser cariñosos también el resto del tiempo. (Aclarado queda)

Voy a seguir estas reglas. Aunque las cojo con pinzas Capitán. Ya sabemos que en Internet hay de todo. Desde Arturo Pérez Reverte hasta gente formada de verdad.

Habrá que buscar el equilibrio entre los curas de los ochenta y “Padres Forzosos”.

 

Un saludo.

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