Harlem “Grove” Trotters

Octubre de 1989

El colegio es nuevo.  Apenas nos conocemos desde hace un mes y los grupos ya están formados. Perdurarán así durante mucho tiempo, pero yo eso, en 1989,  aún no lo sé. Una de las tribus del recreo son los que juegan al basket. Es la época de Jordan, de Magic Jonhson y de Malone. Juan Carlos, Collazo. Miguel Ángel y Joaquín se adscriben desde el primer momento a este grupo de deportistas. Yo busco mi hueco entre mis nuevos compañeros. Es la primera vez que juego con ellos al basket y me doy cuenta de que soy el peor jugador de baloncesto de la historia. Con diferencia. Ellos son unas máquinas. Juro no jugar nunca más. Así que me decanto por el fútbol. Soy peor si cabe.El deporte no es lo mío. Poco después aprendo a tocar la guitarra. Mientras tanto el Dream Team hace del partido diario su ritual. Durante la media hora que dura el recreo, el patio del colegio se transforma en el Staples Center y cada uno se mete en su papel. Gritos, deportividad, sudor, piques, faltas, triples…todos los ingredientes de una gran final. El profesor Don Juan y su bigote de dejan caer de vez en cuando por la pista para ofrecer algo de motivación.

 -¡Collazo eres un paquete!

 Cinco años de convivencia y cientos de recreos dan para muchas pachangas. Y para estrechar lazos. Lazos casi indestructibles.

 24 años después

Han pasado 24 años desde aquellos partidos. La vida nos ha llevado a cada uno por diferentes caminos, pero seguimos buscando tiempo para vernos de vez en cuando. El basket ya no es lo que era, dice Juan. Nosotros tampoco. Hace unos meses nuestro Jordan particular anunció que se casaba. Si por mí fuera me lo hubiese llevado a Los Ángeles una semana entera a ver partidos de Los Lakers al lado de Jack Nicholson, pero la cosa está como está. Así que le organizamos una pachanga sorpresa con los mismos protagonistas de 1989. No da crédito.

Juego con ellos por primera vez desde aquella lejana mañana de octubre. He tomado muchas decisiones equivocadas en mi vida. Dejar de jugar al baloncesto no está entre ellas. Sigo apestando. Juro no volver a practicar este deporte por segunda vez en un cuarto de siglo, pero ya es tarde. Aunque más mayores, el que tuvo retuvo. Como nunca tuve…sigo sin tenerlo. Además me tuerzo un dedo y aún me duele. Ahí están…como siempre…Miguel, Collazo y Juan Carlos. Jugando al baloncesto. Así es como les recordamos la mayoría.

Juan y yo contra los otros dos. Jugamos tres partidos a 21 puntos. Perdemos los tres. Evidentemente por mi culpa. Anoto seis puntos, los mismos que unas horas después consigue El Sueño de Morfeo en Eurovisión, o sea una debacle.

El que se casa en julio sigue sin creérselo. Está feliz, pero aún tengo un as en la manga para sorprender a mi colega. A lo lejos veo que la guinda del pastel acaba de llegar. Le hago un gesto a Miguel para que me pase el balón mientras le señalo con la cabeza hacia la dirección por la que se acerca nuestro hombre misterioso. Él se percata de la situación y me mira con complicidad. El Jordan de O Grove no se da cuenta de nada. Va a flipar.

Miguel y yo no jugamos en el mismo equipo, pero me pasa la bola. El homenajeado no entiende nada.Yo sonrío y lanzo la pelota…Juan la sigue con la mirada. Dos manos fuertes ponen freno a la trayectoria.

Ahí está Don Juan.

Si esto fuese una telecomedia norteamericana en este momento se escucharían aplausos y gritos de admiración. La estrella invitada. A pesar de todo ha sacado tiempo para juntarse con cuatro tipos de la primera promoción del colegio y recordar viejos tiempos. Hay abrazos y palmaditas en la espaldas, pero sobre todo… hay partido. Vuelven los piques y los triples. Los vaciles y los abrazos. Los tapones y las faltas. Como siempre. Don Juan sigue manteniendo intacto el espíritú competitivo. Me alegro, pero ya me da igual. Estoy cansado, tengo hambre y echo de menos a Antonio el cocinero con los bocatas. Ahora me vendría muy bien uno. Un grito me saca de 1989 y me trae de vuelta a 2013.

 -¡Collazo eres un paquete!

 Hay cosas que no cambian nunca.

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No esperaremos 25 años para echar otra pachanga. Somos los Harlem Grove Trotters.

PD. Me lesioné. Arriba una foto de los New Kids on the Block un grupo que los más jóvenes no conoceréis, pero que marcó la estética de principios de los noventa e hizo mucho daño a mi generación. La prueba es esta foto.

Salud hermanos.

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El extraño caso del actor cornudo

Dicen que lo peor que le puede pasar a un actor es que lo encasillen. Desde mi humilde punto de vista, que un actor viva encasillado no significa que sea malo en su trabajo. Para nada, puede que incluso sea al revés.

Hay tres escenarios:

El primero se da cuando uno se interpreta a sí mismo. Seguro que aunque parezca fácil es una de las tareas más complicadas a las que se tiene que enfrentar un actor. ¡Sé tu mismo!, le grita desde su silla el director. Casi nada. Menudo papelón.

Veamos un ejemplo para entender mejor la presión a la que se ve sometido un profesional de la actuación ante esta perspectiva.

Viajemos a 1990.

Ok. Ya hemos llegado. Estamos en 1990 tengo catorce años y soy, lo que podríamos denominar, un auténtico soplapollas. Los sábados por la mañana antes de ver Sensación de vivir me suelo bailar entero el primer disco de Vanilla Ice  encerrado en la habitación. Leo cómics y escuchó a los New Kids on the Block o a Milli Vanilli. A todo volumen, como si aquello fuese Led Zeppelin. Es lo que podríamos denominar la época oscura. The dark age. Podría quedar mejor diciendo que escuchaba a Depeche Mode y The Cure, pero es mentira. Sin duda, por el atuendo que llevo o soy un freaky o soy daltónico. Observo a mi yo de 1990 y me doy cuenta del daño que le hizo Kirk Cameron a toda mi generación.

En 1990 los de mi edad, entrábamos en la adolescencia e inevitablemente, tarde o temprano, aparecía LA CHICA. Lo fácil en esta situación consistía en pedir consejo a alguien más duro y más maduro que yo. Uno de los mayores que fumaban en el recreo parecía la opción más sabia.

Puedo verlo perfectamente.

Me acerco acojonado y le comentó que me he enamorado.   Me doy cuenta de cómo ha sonado  y matizo que no me he enamorado de él sino de LA CHICA. Me mira de arriba a abajo y le da una calada a su Chesterfield. El tío, que se cree River Phoenix me hace un gesto para que me siente a su lado. Me ofrece un tiro de su cigarro. Yo declino la invitación. Le expongo los hechos, le hablo de mi sufrimiento y de mi esperanza. Le pido consejo. Asiente con la cabeza. Él ya está de vuelta de todo eso.  Expulsa el humo haciendo aritos y, con la mirada perdida en lo más profundo del patio del colegio, me suelta:

-Sé tú mismo tío…

Menuda mierda de consejo. Dentro de la lista de recomendaciones que se le pueden dar a un adolescente enamorado se tú mismo es sin duda la peor. Eso solo puede acabar en desastre. ¿Cómo se hace eso? Si precisamente te estoy preguntando a ti porque quiero ser como tú. Ser como yo es un coñazo.

Lo misma sensación debe experimentar un actor cuyo éxito en la profesión va unido (entre otros factores) a la capacidad para meterse en la piel de otras personas. Partiendo de esta base que te digan sé tu mismo debe ser además de complicado…frustrante.  Mirad a Antonio Resines que hace muy bien de sí mismo, pero cuando le entra la vena de Niro lo borda. La buena estrella (1997), La caja 507 (2002) o Celda 211 (2009) son solo algunos ejemplos.

Segundo escenario:

Que te den un papel tan grande, en una película tan buena, que tu actuación y todo lo que la rodea se convierta en un icono cinematográfico. En este sentido el encasillamiento es como un tumor, puede ser benigno o maligno. Se detectan por la incapacidad de visualizar a otro actor interpretando a ese personaje.

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Benignos: Harrison Ford interpretando a Indiana Jones o Han Solo, o Marlon Brando interpretando a Don Vito Corleone en El Padrino (1972).

Malignos: Mark Hamill, es decir, Luke Skywalker en Star Wars (1977) o Christopher Reeve en Superman (1978). Estos dos apenas levantaron cabeza, siendo a mi juicio Reeve un pedazo de actor al que la capa no le dejó volar.

Tercer escenario:

Que te llames James Marsden y que evoques el cornudismo en la mente de todos los directores de casting del planeta. Al pobre hombre siempre le cae el papel de cornudo entrañable. Y eso que el tío es un guaperas. Además no os creais que su mujer le traiciona con cualquiera al que podrías partirle la cara, para nada. Sus infieles parejas le han puesto complicada la venganza.Pobre James.

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Repasemos:

En Superman Returns (2006) hace de marido de Lois Lane (ya empieza jodida la cosa) y claro… como ya advierte el título de la película..Superman, pues eso… que vuelve. Esa es la palabra clave. Cuernos que te criaron. El tío está entrañable y comprensivo en su papel. Se ve a la legua que no se merece la cornada, pero claro, es Superman, me liaba con él hasta yo.

En Spiderman 3 (2007) interpreta al prometido de Mary Jane Watson, más conocida como la novia de Spiderman. Toma telaraña de cuernos para tu curriculum. Otra vez James sale mál parado. ¡Zasca!

En la saga X-Men, James se mete en la piel de Cíclope que está casado con Jean Grey. Vale. Pues ésta, ni corta ni perezosa, le pone los tarros con Hugh Jackman, es decir, con Lobezno. Rebotaté tu con él. No es Panocha (mítico personaje de la noche pontevedresa) es Lobezno. Por mis cojones voy a luchar yo. Que se la lleve pero que no me pegue.

James lo bordó en El Diario de Noa (2004). No salía mucho en pantalla, pero si recordais era el prometido de la protagonista, Rachel McAdams, que por supuesto le engañaba con Ryan Goslin, su verdadero amor. Más cuernos. Además aquí se los pusieron a base de bien. Es decir con penetración y todo. Ya sabéis que los superheores esas cosas no las hacen. Puede que Lobezno sí, pero Spiderman follando…no lo veo. Lo dicho, no salía mucho pero sí lo suficiente para ver que era un cornudo en potencia. Le volvieron a coser a cornadas en Encantada (2007), película en la que Amy Adams se la pega con el Doctor Macizo de la serie Anatomía de Grey. Ni Paquirri.

En fin amigos…hacedme caso…no hay nada peor que el encasillamiento sobre todo el del tercer tipo. Por eso Cartas a 1985 irá cambiando a menudo de temas y de tono. En la variedad está el gusto. Gran frase acuñada por las parejas de James.

Saludos hermanos

Os dejo una foto de Resines puteando a Mardsen

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