Diario de a bordo: Aplausos

Estimado Capitán:

Le escribo con un trancazo del 15 (me refiero a un resfriado). Al final tanto hospital y tantos virus de unos y otros, pues es lo que tiene. Tengo la garganta con placas que a juzgar por el dolor deben ser por lo menos tectónicas.

Hoy le quería hablar del aplauso. Vivimos en esa era. ¿Cada cuánto aplaude usted en su vida normal? Ellos se pasan aplaudiendo la mitad del día.

Parece que estoy criando a Los Chichos.

Aplaudir. verbo transitivo/verbo intransitivo

Chocar repetidamente las palmas de las manos una contra la otra como muestra de aprobación, admiración o acuerdo con una persona o con lo que hace.

Supongo que aplaudir es el primer acto de refuerzo (o de los primeros) que aprenden los lechones humanos. En realidad es culpa nuestra, los padres, que sin darnos cuenta los educamos desde muy pequeños en el aplauso. Si hacen algo bien nosotros aplaudimos confiriéndoles el status de artistas,  divos etc. Son al fin y al cabo las grandes estrellas de nuestras vidas. Y ellos, que son más listos que nosotros, pronto empiezan a imitar ese comportamiento. Con cada aplauso vienen a decir algo así como: “Mira papá, ya está lo he conseguido”.

Estos dos aplauden siempre. Termina una canción…Aplauden. Acaban la merienda…Aplauden. Llega alguien a casa …Aplauden. Se te mean en la cara…Aplauden.

Además tienen varios estilos de aplauso que van desde lo que yo llamo el Lina Morgan (descoordinado y atropellado)  hasta uno mucho más elaborado “el Antonio Carmona” un aplauso tan rítmico y lleno de arte que parece que se van a arrancar por bulerías de un momento a otro. Hay una gran paleta de colores en el mundo del aplauso, pero el que más ha llamado mi atención es el que se podría clasificar como el Aplauso de Pavlov , ya sabe usted Capitán, aquel del experimento con el perro y el filete.

Pues esto es parecido.

Anton Jr. tiene asma y al principio la mascarilla le daba miedo así que Ovugirl (madre de dragones) y un servidor nos pusimos a jugar con él para que lo entendiese como un juego. Después de su paso por El Hospital (The Hospital) ya lo tiene asumido y es él el que busca la mascarilla incluso cuando no le toca. Sabe que cuando acaba el proceso toca un aplauso rico que inunda cada esquina del salón.

La sorpresa me la llevé ayer por la noche cuando tuve que darle uno de los inhaladores  y el lechón estaba durmiendo a muslo suelto. Le puse la mascarilla, apreté dos veces el inhalador y él sin abrir los ojos ni moverse al acabar el proceso …¡Aplaudió!. Fue una breve ráfaga que me provocó una carcajada. Como los diputados estos que se duermen y después aplauden como si sí.

Pues que aplaudan claro que sí.

Ya se les irá pasando. Uno con los años pierde la costumbre. Yo he intentado recuperar la costumbre, pero la gente me mira raro. Aplaudí al carnicero cuando me cortó la carne y me miró como si le estuviese puteando, un taxista me dio bien la vuelta y yo paré un segundo para aplaudirle y tampoco sonrío mucho. La gente mayor no se lo toma como un cumplido, se lo toma mal.

Llaman a la puerta  Capitán, debe ser el pizzero seguro que él si me lo sabrá agradecer.

 

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Seguiremos informando.

 

 

 

 

 

 

Padres primerizos

Esto de ser padre tiene pinta de ser divertido, pero al parecer te salen ojeras de no dormir. Por lo que puedo ver a mi alrededor  existen varios tipos de padres, vamos a analizarlos con detenimiento.

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Padres Primerizos: Están nerviosos. Deben de pensar que el niño es de porcelana o algo así. Tienen tantas ganas de hacerlo bien que no se dan cuenta que se están convirtiendo en perros de caza. Me explico: el otro día me llamó un buen amigo al que hace meses que no veía, vamos a llamarle Mr S. Quedamos en un parque lo cual ya dice mucho. Los hombres de verdad no quedan en un parque salvo que sean:

a) Exhibicionistas

b) Jardineros

c) Padres Primerizos

Gracias a Dios nos sentamos en una cafetería desde la que se puede escanear todo el parque con un rápido barrido de cuello. El niño, de dos años de edad, juega en los columpios. Viene a la mesa, se va, vuelve…en fin, cosas de niños indecisos.

─¡Así que has estado currando en la tele! ¡Que alegría macho! ¿Y cómo lo conseguiste?

─Pues verás resulta que…

─Un momento…

El cuello de Mr. S  se estira como un periscopio, abre bien los ojos y rastrea la posición de su hijo, una vez localizado el objetivo se relaja y coge otro puñado de pipas que devora a toda velocidad.

─Perdona tío, es que al chaval le das dos minutos y te prende fuego al Louvre, hay que tener mucho cuidado ¿sabes?. Bueno cuéntame: ¿cómo fue?

─Tranqui tío… ¡estos niños! Pues nada, fue todo una gran casualidad, resulta que un amigo…

Mi colega vuelve a estirar el cuello y esta vez de una manera casi sobrenatural. Es un cruce entre un avestruz y Bomer (el de los chicles).

─No veo al niño…¿tú lo ves?

Dirijo mi mirada a los columpios y sus inmediaciones y escaneo a alta velocidad. Como no soy padre me fijo en las madres, pero no digo nada.

─Pues la verdad es que me parecen todos iguales. ¿Cuál es el tuyo?

─Lleva una camiseta de Spiderman

Me fijo bien. Todos llevan una camiseta de Spiderman.

─¡Ahí está!Ya lo tengo localizado, perdona. Sigue con tu historia.

─ ¡Total que me llama este amigo y no va y me espeta…

Sin mediar palabra el puto gadgetocuello de mi colega se pone en marcha por enésima vez en cinco minutos, pero esta vez acompaña el estiramiento con un suave meneo de cabeza de izquierda a derecha que no había visto desde las coreografías de los Jackson 5 en los setenta.

─¡Ay que se ha caído!

El niño viene corriendo/botando (que es lo que hacen los niños de dos años para desplazarse) con unos lagrimones en los ojos que te rompen el alma.

Yo, que he criado solo con la ayuda de mis padres y dos empleadas del hogar (a tiempo completo) a mis hermanos, me sé algunos trucos. En vez de hacer un drama por la caída, lo mejor es hacer como si nada y partirse el ojete. Así se quedan tan pillados, que no saben si seguir llorando o despollarse; como su cerebro no está formado del todo suelen equivocarse y les da por reír. Y sanseacabó. Siempre que no haya sangre claro. Si hay sangre no funciona, son pequeños, pero no son tontos.

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Dentro de los padres primerizos, he podido aislar un subtipo: los padres primerizos sin criterio que son aquellos que me llaman a mi , para preguntarme cosas de sus bebés. A mi, que no tengo hijos (ni perro) y lo saben. Tampoco soy una persona que destaque por el buen uso del sentido común ni nada por el estilo. Alguna vez he pensado que se habían equivocado de móvil, pero no.

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Extracto real de conversación con un amigo que no se atrevía a llamar a su mujer por miedo a las represalias y a insultos como: inútil, burro, malpadre (así todo junto y que es lo peor que le puedes decir a un padre primerizo)

─Claro tío, si huele mal es que está cagado. Si…seguro. ¡Pues no sé macho! ¡Mira a ver!

Oigo como mi colega posa al niño en la encimera y escucho el ruido de pañales despegándose.

Cinco segundos después.

─¡Claro que hay mierda anormal! ¡Tu hijo se ha cagado y punto! ¿Cómo que qué hago? ¡Llévalo a urgencias no te jode!

Cuelgo el teléfono cabreado, pero me arrepiento enseguida. Le mando un wass y le explico que lo de llevarlo a Urgencias era una broma, una ironía. Diez minutos más tarde me responde que ya lo sabía, pero un mes después, de copas, me reconoce que ya había llamado a un taxi para subir a Montecelo con el niño.

En fin…

Continuará…

¡Salud hermanos!