Diario de a bordo: De hospitales y cárceles

Estimado Capitán:

Estos días han sido días duros, verá, uno de los lechones tiene una cosa que se llama bronquiolitis y lleva seis días en el hospital. Es bastante triste ver a un hijo  con oxígeno, tan pequeño, pero está feliz y poco a poco va mejorando. Es un campéon.

Y este sinvivir  de mascarillas, oxígeno, saturaciones, pitidos y enfermeras ha dado pie a ciertas situaciones y reflexiones que quería compartir con usted.

En primer lugar los hospitales humanos guardan similitudes con las cárceles humanas. Uno por lo general está recluido en ambos centros contra su voluntad. Te dan un uniforme y hay unos horarios preestablecidos: El del tratamiento, el del rancho, el de apagar las luces…Y el pequeño Antonciño pues los cumple todos a rajatabla y con voluntad espartana aunque de vez en cuando se le fuga una mirada por la ventana (su habitación da a la calle) y en sus ojillos se dibuja el brillo nostálgico de la libertad. O a lo mejor es el catarro.

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Con la abuela, ansiando la libertad.

Compañeros de celda

Hasta el momento el pequeño A.  ha tenido dos compañeros “de celda” el pequeño B. que enseguida salió en libertad provisional y la pequeña C. que entró ayer en prisión. Es muy salada, pero tose como un camionero búlgaro. Es reincidente la semana pasada ya estuvo en este módulo, pero se ve que la justicia y las recaídas son implacables. Antón le pone ojitos y ella sonríe. Supongo que eso hace más llevadero el encierro de mi hijo…

Tratamientos

Cada cuatro horas al chaval se le aplica una cosa que se llama nebulización que es un tratamiento que tiene nombre de galaxia. En realidad es tan solo una mascarilla, pero la imagen acojona. Ver a tu hijo así hace que todo se tambaleé, pero hay que tirar para adelante.

No sé Capitán que hay en esa mascarilla, pero le pone como una moto. Desde luego por los efectos uno diría que el chaval acaba de esnifar pegamento por que le da un subidón que parece que viene de Woodstock. Mueve la cabeza, se tira sobra la cama en plancha y  con los brazos abiertos, se ríe y vive la vida loca. Eso le dura un rato y después le da el bajón. Es como Jim Morrison en pequeño.

También le metemos a traición un jarabe que para que las enfermeras te digan que sabe fatal ya debe ser de Hacendado por lo menos. El otro día se lo enchufé como una centella y puso la cara de cuando le das un buen sorbo a la leche y resulta que está cortada. Me miró cómo diciendo: Pero…¿Tú no eres mi padre? ¿Por qué me haces esto?

Enfermeras

Como los pacientes las hay buenas y malas. Más bien las hay buenas y bordes. Y esto es así en toda la galaxia. Es una ley inmutable del Universo.  En el 98% de los casos son atentas, cariñosas, resueltas y grandes profesionales. El otro 2% tiene el carácter (y el aspecto) de un mercenario checheno y más les valía callarse la boquita de vez en cuando. Estoy allí contra mi voluntad y si quiero una charla sobre paternidad ya me voy al TED. Bastante tengo yo con ver a mi hijo ahí postrado para que vengas dando lecciones. Gracias a Dios son excepciones, pero como las meigas…Habelas hainas.

Régimen de visitas

Somos un montón cuidando del pequeño Antón. Está mamá, papá, las abuelas y abuelos, los tíos…Todos nos convertimos en un gran equipo y eso da gusto, pero hay alguien que está sufriendo bastante con esta situación y que lleva casi una semana sin ver al “preso”: Su hermano Tomás.

Tomás

Está de bajona. Le falta algo. Deambula por la casa como una folclórica sin torero. Un poco tristón por la ausencia prolongada de su querido hermano. Su madre me contó que el otro día le estaba poniendo el pijama y al acabar Tomás le tendió el de su hermano. Es un niño muy sutil. Como un Gila de 80 centímetros. Supongo que de fondo sonaba “Love Story” o algo así. Así que también hay que darle cariño al pequeño Tomás. Estamos deseando asistir al reencuentro, pero si todo va bien nos quedan dos días más de condena como mínimo.

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Tomás posa triste, pero conquistador tras pasar por las manos mágicas de papá que en otra vida fue un gran peluquero creador de tendencias.

Capitán desde aquí quiero mandar mi abrazo a todos aquellos padres que tienen a sus hijos con enfermedades más graves en los hospitales y trasladarles mi más acongojante admiración.

Ellos y sus pequeños son auténticos héroes.

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Va por vosotros.

Seguiremos informando.

 

 

 

Diario de a bordo: Esos ruidos de bebé

Capitán los lechones cada vez hacen ruidos más variados y extraños. Son como sintetizadores. Dos pequeños R2D2 de carne y hueso. Me miran y se parten de risa, lo hacen tan fuerte que empiezo a pensar que no es de alegría y que en realidad se están riendo de mí.

Tanto no me pueden querer.

Tipos de ruidos:

Ah: Es un ah muy breve como aquellos que metía Michael Jackson entre frase y frase. Sorprende por su tono alto y brevedad. Denotan una pequeña sorpresa de algún tipo como : “¡Ahhh! Tengo dedos”.

Ta-Ta: Este, de momento, solo lo hace Antón y lo traduzco como “Estoy hasta la pilila de la hamaca. Sácame de aquí ya”

Uhhhhiiiiiii:Empieza como una sirena de ataque aéreo y acaba como cuando Bruce Banner no aguanta más y se empieza a transformar en Hulk.

Se meten unas frase inconexas entre pecho y espalda que, no sé por qué, pero cuando los escucho desde el pasillo me acuerdo de Ana Torroja.

Además me fascina su risallanto, una palabra de nuevo cuño que conjuga a la perfección la carcajada y las lágrimas a partes iguales.Es como esa zona en la que se entremezclan los sabores en un helado de chocolate y vainilla. La risallanto alcanza su máxima expresión en los siguientes casos.

Caso a) Tienen sueño, lloran y aparece papá o mamá. En ese preciso instante en el que las miradas se encuentran se descojonan aún con lágrimas en los ojos, pero se tragan la risa  de un bocado y vuelven a llorar desconsolados. Entran en bucle.

Caso b) Se han hecho caca. Están incómodos y por fin papá se da cuenta de lo qué les pasa. Se ríen como dándome la enhorabuena: “Será porque no huele a mierda papá, cada día eres más rápido”. Y se vuelven a poner rojos de ira. Entran en bucle mientras papá limpia la mina.

Caso c) Tienen hambre y braman como animales a punto de ser engullidos por un tsunami. Entonces llega papá con el biberón. Se establece  contacto visual bebe/bibe. Y estamos en una fase del desarrollo en la que esto es dinamita pura. Que le pregunten al perro de Pavlov. Pues esto es igual. Acción/reacción. Y empieza la risallanto. Se ponen más nerviosos que un cangrejo en un zapato.

Estamos en esa fase en la de repente en plena noche rompen a llorar, pero solo durante 3 o 4 segundos. Que digo yo “Se habrán acordado  de que soy su padre y les ha entrado la angustia”. Enseguida se les pasa, pero yo me desvelo y acabo comiendo techo durante una hora.

Estamos en esa fase en la que ya tienen que irse a su habitación, pero cada vez que lo menciono la madre que los parió me mira como si fuese un emperador romano a punto de hacer el gesto con el pulgar hacia abajo. “Que le corten la cabeza… y ya de paso los huevos”. En sus ojos puedo leer claramente un “¿Cómo osas?” mientras abraza a sus hijos y los estrecha contra su pecho. Ellos me miran despistados, con media baba cayendo por la comisura y una sonrisilla de duende en la que vuelvo a leer claramente: “¿Cómo osas papi? Mami te va a cortar los huevos. Tolai”.

Pero vamos, menudo soy yo. El hombre de la casa, el padre con mayúsculas y por eso se irán de la habitación en el momento exacto… que diga su madre. ¡Faltaría más!

Y en esas estamos Capitán intentado descifrar lo que dice nuestros hijos. Ni Alan Turing lo tendría fácil, pero nos vamos entendiendo. De momento cuando ven a sus padres sonríen y eso ya es síntoma de buena sintonía. Y aunque a veces hagan más ruidos que una radio en Onda Media creo que les voy entendiendo.

La semana que viene más informes Capitán.

 

Saludos desde La Tierra.

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Diario de a bordo: Fiebre

La fiebre nunca es bienvenida Capitán, pero cuando eres un bebé menos. Mi primera fiebre Chispas podríamos llamarla. Además por duplicado. A ver, no es que sea una fiebre sin retorno, pero los chavales están molestos, se les ponen los ojillos acuosos y se te parte el corazón. Así que los abrazo mucho hasta que se ponen colorados por la falta de aire.

La expresión que más suena en casa es: “Pobriños”.

Así que los vómitos, los pedos y el sifón anal se multiplican. ¡La gran aventura de la paternidad!

Lloran así, como sin fuerzas, como cuando una persona muy orgullosa te pide perdón con la boca pequeña y mirando para otro lado. Es en plan:

“Papi, estoy llorando porque no tengo otro discurso, pero en realidad estoy bastante jodido”

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Así que he diseñado una lista de 4 cosas que nos gustan de cuando estáis sanos y la he llamado:

Lista de 4 cosas que nos gustan cuando estáis sanos

  1. Parece mentira, pero echo de menos vuestros gritos infinitos en Fa# durante toda la “santa” noche y donde he puesto santa en realidad es “puta”. Cuando crezcáis entenderéis que a pesar de existir un mundo entre las dos palabras (y actitudes) en realidad en muchos contextos son intercambiables. Ejemplo 1: Toda la santa noche. Ok. Perfecto. Se pueden intercambiar. Ejemplo 2: La madre de Moncho es una santa. En este caso es mejor no intercambiarlas. Sobretodo si Moncho está delante. Sigamos.
  2. Echo de menos intentar daros el biberón  mientras vosotros, saciados y cebados, movéis la cabeza a toda velocidad como el cantante de “Communards”.
  3. Ojalá vuelvan pronto los tiempos en los que, al escuchar la palabra “película”, rompíais a llorar como posesos.
  4. También echamos de menos ese color rojo aneurisma que luce en vuestras caras cuando queréis incorporar metano a la atmósfera.

Capitán, la palabra empatía cobra una nueva dimensión al ver a esos pequeñitos “desganaos” como un borracho a golpe de lunes.

Recitad conmigo hermanos: “Pobriños”.

También he notado que empiezan a comunicarse entre sí con esos sonidos de velociraptor que salen de sus gargantas. El otro día me pasé unos buenos 15 minutos, escuchando atento los patrones guturales, en plan profesional con papel y boli y logré descifrar la siguiente conversación.

Bebe1: Oye tú…el de ahí al lado.

Bebe2: ¿Es a mí?

Bebe1: Sí, sí …tú.

Bebe2: Dime.

Bebe1: ¿Estos dos fricazos son nuestros padres?

Bebe2: Sí hijo sí.

Bebe1: ¿En serio?

Bebe2: Mira que no habrá casas en el mundo.

Bebe1: El que hace de papá está un poco gordo ¿no?

Bebe2: Yo lo veo fondón también. Se lo diría a la cara, pero aún no se hablar.

Bebe1: Ya…te entiendo, pero habrá que decirle que esas camisetas le quedan pequeñas ¿no?

Silencio incómodo.

Bebe2: Oye tú, creo que estoy a punto de cagarme cosa fina.

Babe1: Yo llevo ya media hora “cagao y meao”.

Bebe2: Pues llora macho, que si no estos no se enteran.

Bebe1: Tranquilo hombre, tú caga también que yo te espero. Por cierto casi dos meses compartiendo padres y aún no nos han presentado. Yo soy Tomás, Tomás Cruces.

Bebe2: Yo Antón, Antón Cruces. Encantado.

Bebe1: ¿Cómo el friqui?

Bebe2: ¡Hostia tú, pues sí!

Silencio incómodo II

Bebe1: Oye, ya está. Pastel puesto. 

Bebe2: Pues venga…a llorar.

Hasta aquí pude escuchar, el resto es historia.

Seguiremos informando Capitán.

 

 

 

 

 

 

Planeta Mellizos: Imsomnio y el biberón Carabás

Admirado Capitán le escribo esta carta en condiciones físicas deplorables. Las ojeras me llegan hasta las encías y mis niveles de energía están muy, muy bajos. Aunque duermen bastante bien intentó teclear suave para que mis dos lechones, Mr.A y Mr.T, no se despierten. El Experimento Sperman ha sido todo un éxito y hemos dado en la diana…dos veces. Mi protocolo de actuación no estaba actualizado para este escenario y voy improvisando sobre la marcha. Quiero expresarle mi malestar por la falta de ayuda y de respuesta que estoy recibiendo por su parte. Después de que naciese el segundo hijo me quedé unos minutos esperando a ver si dentro de la hembra había algún manual de instrucciones. Y nada. Menuda faena.

Mis hijos deben tener un cuarto en sus genes de lechuza ya que es por la noche cuando se dedican a vivir la vida loca. El gran problema es la desincronización. La hembra terráquea, que quiere mantenerse en el anonimato, y yo hemos creado un protocolo estándar para sobrevivir al advenimiento de los mellizos. Si funcionase sería infalible. En teoría es sencillo:

Poco antes del biberón ella observa si los bebés han hecho sus cosas de bebés, no quiero ser escatológico Capitán y por eso no empleo la expresión “heces blandas amarillo verdosas”; mientras esto ocurre preparo un biberón con una harina que trae de todo (y cuando digo de todo es de todo)  que le digo  yo que si se lo bebe un atleta antes de los Juegos Olímpicos da positivo en dopaje seguro. Es una cóctel que trae:

-Varios tipos de vitaminas, algunas desconocidas hasta ahora. K, D, B, C… parece el Scrabble. Pido vocal.

-Fósforo, cobre, manganeso, selenio, yodo….la mitad de la tabla periódica terráquea esta en ese bote.

-Nucleótidos: Con ese nombre tienen que alimentar seguro, es lo que toma Zeus para desayunar.

-Biotina: Es el componente primigenio del suero que transforma a Steve Rogers en el Capitán América.

-Taurina: Es lo que lleva el Red Bull, y es lo que básicamente y por decirlo de una manera elegante, me está jodiendo por las noches. La Taurina es una provocación. Invita a la fiesta. Si a un adulto le da alas imagínese usted a dos bebés. Cara de colocados tienen.

El excipiente está formado por kriptonita, carbonita y Cacaolat.

Una vez preparado el biberón en el dispositivo destinado a tal efecto se lo voy dando a uno de los especímenes mientras Raquel Lubiáns Filgueira nacida el 24 de septiembre de 1979; hija de Raimundo y Ana, y firme defensora del anonimato como he señalado antes, procede a cambiar a la segunda unidad. Es lo que se llama trabajo en cadena, con eslabones fuertes y definidos que ríase usted de Henry Ford.

Comprobación/Cambio/Biberón/Eructo/Sueño (X2).

¿Qué podría salir mal? Pues bien, las cosas no salen como uno las planea. Durante el día y hasta las diez de la noche todo va sobre ruedas, la zona fantasma se produce entre las 00:00 hora zulú y las 06:00.

Para empezar los chavales aún no saben ni siquiera que son chavales; no tienen control sobre sus funciones principales así que se hacen sus cosas encima cuando les entran ganas. Como un borracho. Y eso puede pasar dos o tres veces en el transcurso de media hora lo cual retrasa el trabajo en cadena. Lo que sí puedo decir es que nuestros bebés tienen alma de historiador. Cada vez que se les cambia el pañal rinden su particular homenaje al Manekken Pis, ese niño belga que mea en posición chulesca. Capitán, no es agradable que te meen en la cara y menos de sorpresa. Podríamos aplicar esa técnica como tortura a nuestros prisioneros de guerra, hasta tengo un nombre: Golden Rain.

04:30. Hemos dormido por parroquias y no hemos avanzado mucho. Un análisis de la situación confirma que estamos nosotros más meados y más cansados que ellos. Lloran un rato, comen, eructan y vuelven a hacer sus cosas; los tumbamos en la cama, se duermen, y a los cinco minutos…¡bang! se despiertan de nuevo, hacen pequeños sonidos guturales que estoy casi seguro de que significan “Algo me está tocando los huevos, pero no te lo voy a decir hasta que lo adivines”. Al menos son considerados y no rompen a llorar de golpe, van avisando. “Papi, no duermas que allá voy”.

05:15. Son las cinco y cuarto. Vomitan un poco, pero no les pasa nada. Eructo número dos. Lloran de nuevo. Primero uno, lo cambiamos y se relaja; en cuanto uno acaba empieza el otro. Perfectamente sincronizados. Ni Gemma Mengual.

05:45. Los bebés hacen una mueca que parece una sonrisa y se te pasan todos los males, pero en realidad sabes que es solo una contracción involuntaria de los músculos que “parece una sonrisa”, así se lo hago saber a mi mujer que responde a esa información con una mirada asesina y un simple y amenazante: “Sí que es una sonrisa”. Me callo porque las hembras terráqueas recién paridas y con sueño son una granada sin anilla, así que guardo silencio. El bebé me eructa en la cara y un espeso chorro de nucleótidos y vaya usted a saber qué me mancha la camiseta. Los adoro. Son tan pequeñitos.

05:52. Es la hora de lo que he bautizado como el biberón Carabás. Es a las seis de la mañana y es por vicio.

 

A las seis se quedan dormidos como pequeños mamuts en su cueva. Ovugirl y yo estamos muy cansados, pero sonreímos satisfechos. Me preparo un biberón para mí , a ver si la taurina me repara un poco.

—¡Al fin!— le digo acostándome a su lado.

— No digas eso no vaya a ser que…

Un sonido gutural de preaviso rompe la magia.

¡La felicidad era esto!

Bebés terráqueos reproduciendo el final de Rocky III

Bebés terráqueos reproduciendo el final de Rocky III