Diario de a bordo: 5 momentos inolvidables

Estimado Capitán:

En este informe le explico los cinco momentos que no tienen precio de esta aventura llamada paternidad. Son muchos los instantes que nos hacen sonreír como un alcalde medicado, pero en esta ocasión me que quedado con cinco, a ver que le parecen.

 

5) El momento Paul McCartney

Ese momento que ellos están en la cuna a primera hora de la mañana y tú te diriges, ajeno a que ya se han despertado, a la ducha. Paso por delante de su habitación y allí están, lanzando sus brazos al aire, suplicándome que les haga caso, que les abrace. Que me haga un selfie con ellos. Me lo hago.

4) Momento Waterworld

Ese momento en el que te despistas y escuchas el chapoteo del agua. En casa no tienes un estanque así que solo puede ser una cosa. Corres al baño y te los encuentras a los dos con esa cara de felicidad  y las manos metidas en el wáter removiendo el agua. Te miran como diciendo: ¿A qué esperas julai? Venga que hay sitio para otro. 

Son tan felices en ese momento que reconozco que me da pena sacarle las manos de ahí, pero mi responsabilidad como padre me puede. Me hago el escandalizado y les digo que eso no se hace, caca. La próxima vez me uno.

3) Momento Baño

Ese momento en que descubren que el agua mola, pero que no pueden agarrarla. Se sientan en el baño, un poquito de espuma por aquí, se agarran la pirolilla y la estiran y yo les digo que no, que no crece, se ríen como si entendiesen, se salpican y mueven a cabeza de un lado a otro cuando. El baño parece Toys´r Us después de un terremoto.

2) Momento Máma

Saben decir mamá, pero lao pronuncian como mmma-mmma. Parece que se vayan a arrancar con el Bohemian Rhapsody. Llevo tres meses intentando que digan “papá” y nada. Alguna vez han pronunciado los fonemas sueltos, pero nada con sentido. En más de una ocasión los siento en mis rodillas, les miro a los ojos y les digo:

—Papá, di papá

Me mira

—Pá-pá

Sigue mirando, inteligente y sonriendo

—Pa-pá

Cualquiera que me vea diría que el que no sabe pronunciarlo soy yo.

—Pa-pá

Al fin abre la boca y dice:

—Mmma-mma

Un desastre Capitán.

 

2) Momento Despertar

Ese momento en que despiertas y por haches o por bes acabáis todos en la cama y piensas “Anda que suerte tengo”. Qué guapos, qué felicidad estar así todos juntos esta mañana tempranito.

Este tipo de momento solo se da el sábado.

Aquí le dejo otro momento extra. Yo le llamo “El Arrebato”

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Diario de a bordo: Aplausos

Estimado Capitán:

Le escribo con un trancazo del 15 (me refiero a un resfriado). Al final tanto hospital y tantos virus de unos y otros, pues es lo que tiene. Tengo la garganta con placas que a juzgar por el dolor deben ser por lo menos tectónicas.

Hoy le quería hablar del aplauso. Vivimos en esa era. ¿Cada cuánto aplaude usted en su vida normal? Ellos se pasan aplaudiendo la mitad del día.

Parece que estoy criando a Los Chichos.

Aplaudir. verbo transitivo/verbo intransitivo

Chocar repetidamente las palmas de las manos una contra la otra como muestra de aprobación, admiración o acuerdo con una persona o con lo que hace.

Supongo que aplaudir es el primer acto de refuerzo (o de los primeros) que aprenden los lechones humanos. En realidad es culpa nuestra, los padres, que sin darnos cuenta los educamos desde muy pequeños en el aplauso. Si hacen algo bien nosotros aplaudimos confiriéndoles el status de artistas,  divos etc. Son al fin y al cabo las grandes estrellas de nuestras vidas. Y ellos, que son más listos que nosotros, pronto empiezan a imitar ese comportamiento. Con cada aplauso vienen a decir algo así como: “Mira papá, ya está lo he conseguido”.

Estos dos aplauden siempre. Termina una canción…Aplauden. Acaban la merienda…Aplauden. Llega alguien a casa …Aplauden. Se te mean en la cara…Aplauden.

Además tienen varios estilos de aplauso que van desde lo que yo llamo el Lina Morgan (descoordinado y atropellado)  hasta uno mucho más elaborado “el Antonio Carmona” un aplauso tan rítmico y lleno de arte que parece que se van a arrancar por bulerías de un momento a otro. Hay una gran paleta de colores en el mundo del aplauso, pero el que más ha llamado mi atención es el que se podría clasificar como el Aplauso de Pavlov , ya sabe usted Capitán, aquel del experimento con el perro y el filete.

Pues esto es parecido.

Anton Jr. tiene asma y al principio la mascarilla le daba miedo así que Ovugirl (madre de dragones) y un servidor nos pusimos a jugar con él para que lo entendiese como un juego. Después de su paso por El Hospital (The Hospital) ya lo tiene asumido y es él el que busca la mascarilla incluso cuando no le toca. Sabe que cuando acaba el proceso toca un aplauso rico que inunda cada esquina del salón.

La sorpresa me la llevé ayer por la noche cuando tuve que darle uno de los inhaladores  y el lechón estaba durmiendo a muslo suelto. Le puse la mascarilla, apreté dos veces el inhalador y él sin abrir los ojos ni moverse al acabar el proceso …¡Aplaudió!. Fue una breve ráfaga que me provocó una carcajada. Como los diputados estos que se duermen y después aplauden como si sí.

Pues que aplaudan claro que sí.

Ya se les irá pasando. Uno con los años pierde la costumbre. Yo he intentado recuperar la costumbre, pero la gente me mira raro. Aplaudí al carnicero cuando me cortó la carne y me miró como si le estuviese puteando, un taxista me dio bien la vuelta y yo paré un segundo para aplaudirle y tampoco sonrío mucho. La gente mayor no se lo toma como un cumplido, se lo toma mal.

Llaman a la puerta  Capitán, debe ser el pizzero seguro que él si me lo sabrá agradecer.

 

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Seguiremos informando.

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: El círculo de los mellizos

Estimado Capitán:

Aquí le mando las gráficas de mi misión a la que he bautizado como “Misión Doble Óvulo” a partir de ahora MDO.

Bien, llegado a este punto de la crianza que los humanos denominan puta locura poco más se puede decir, así que como una imagen vale más que mil palabras, he decidido plasmar toda la información en esta gráfica titulada “El círculo de los mellizos”.

En ella se muestra la paleta emocional a la que nos vemos sometidos los padres múltiples en los primeros estadios de la crianza de nuestros pequeños seres. Capitán, es de suma importancia que no se deje embaucar pos si naturaleza adorable y por su pequeño tamaño. ¡No lo haga, por favor! Es un error. A los gremlins también les ponía uno un piso y mire la que liaban si comían después de media noche. Más feos que una suegra recien levantada. Menudo dueño el chaval de los Gremlins. Lo hizo todo mal y en cuarto de hora. No lo supero ni yo.

A lo que vamos. Partiendo de la base que el amor que nos fluye por el cuerpo es como burandanga que nos deja sin voluntad al ver a nuestros preciosos hijos, en realidad se mantiene una lucha atroz entre cerebro, corazón y cuerpo.

El cerebro dice: “Cómo te vuelvas subir te mato” (Cabe puntualizar que “volver a subir” hace referencia a la vez número veinte o ventiuno en apenas 12 minutos que se suben al sofá. Ojo, se suben para tirarse, hete aquí el problema)

El cuerpo dice: “Pues a ver quién se agacha para levantar a chaval…Yo no puedo más. Por cierto soy tu espalda”. Acotación del cuerpo de papá. Increíble estos brazos hipermusculados que se me están poniendo en comparación con la barriga que deja mucho que desear (nunca mejor dicho). Este contraste es raro raro… como un mono con piel de lagarto.

El corazón dice: “¡Cómo te quiero enano, sube más alto! ¡Hasta el infinito y más allá! Y si puede ser cuando esté tu madre mejor”

 

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Cómo puede ver nuestro tiempo de felicidad doméstica se divide entre:

Perdidas de paciencia: A veces nos sorprendemos gritándoles para a continuación escacharrarnos de risa al ver su mirada arrojadiza tan entrañable como limpia.

Falta de sueño: Pues eso, que nos falta el sueño, pero no en plan un poquito, no. Para ojeras las nuestras, parecemos todos familiares de Benicio del Toro.

Dolor de espalda: Explicado en un punto previo.

Impotencia: A buenas horas mangas verdes.

 

En fin Capitán espero que le sirva de algo esta gráfica sobre el estado de ánimo de los padres múltiples. Le dejo que están saltando al vacío desde el sofá. Y les gusta.

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Diario de a bordo: Érase una vez…la calle

Estimado Capitán:

Si en “Operación Alcatraz” la problemática principal era como se las arregla uno con dos lechones para salir a la calle en un intervalo prudente de tiempo este nuevo informe Capitán narra los hechos acontecidos después de dicha salida al mundo real.  Y la verdad es que cada paseo es una sorpresa. Como un capítulo del Equipo A. Sabes qué va a pasar sí, pero no sabes ni dónde ni cuando. Y ahí está la gracia.

IMG-20160404-WA0009 (2).jpgBarreras arquitectónicas

Uno descubre un nuevo mapa de su ciudad, una orografía que hasta entonces había permanecido oculta a plena luz del día. Escalones imposibles en los que antes uno no había reparado, ascensores estrechos, puertas anoréxicas y cuestas oceánicas (también llamadas cuestas tsunami) que cada vez que las subo me imagino que en su cumbre estarán dos modelos esperándome con un ramo de flores y un maillot amarillo.

—Y el ganador de la etapa es…¡Antón Cruces patrocinado por Bugaboo!

Las modelos me abrazan y sonríen a los fotógrafos mientras agarro el carrito con una mano (licencias de la alucinación, por los cojones vas a agarrar semejante tanque con una mano, soy Sperman no Hulk)

—¿Cómo va a preparar el paseo de mañana? Después de esta victoria el listón está muy alto…

—La verdad es que no pienso salir de casa hasta pasado el verano. Como la cigarra aquella. Qué coño, no me pienso ni levantar del sofá. Una sondita y tiro hasta agosto. Estoy agotado.

Las modelos me dan un beso, me rocían el cuello con champán, mi novia sonríe sin ningún tipo de celos y el llanto de los bebés me devuelve al último tramo de la cuesta.

—No lloréis cabrones que el que empuja soy yo.

Y es que…

¿A quién se le ocurre poner semejantes cuestas? Si son cuesta arriba malo, pero es que las cuestas abajo, cuando las ves llegar dices: ¡Ay menos mal que alivio! Pero es una falacia. Esas son peores, traicioneras a más no poder y cuando te das cuenta vas caminando pasito a pasito como Chiquito de La Calzada en la vendimia.

Barreras arquitectónicas. A veces no las vemos, pero por desgracias están ahí. Solo nos acordamos de Santa Barbara… si hemos dicho ya Dallas, Falcon Crest y Los Colby.

La sensación de entrar en un local con un carrito de gemelos es como la de cuando uno llega tarde al cine y su sitio está justo en el medio de la fila. Pues muy parecido. Solo que aquí si aceleras matas a alguien claro. De hecho los soldados americanos ahora van con carritos gemelares a sus invasiones pro derechos humanos. Eso no hay quien lo pare.

 

Las señoras que te paran

Las señoras te paran, te preguntan todos los días veinte veces si son los dos niños, pero a veces el orden de las preguntas te desconcierta. Será por la deshidratación de haber subido la cuesta a pulso. Al principio reaccionas bien y tal, pero cuando la historia se convierte en el Día de la Marmota en fin… que todo tiene un límite.

—¡Ohhhh que monada! ¿Cómo se llaman?

—Antón y Tomás

—¿Son niño y niña?

—Señora…Antón y Tomás, pero si quiere y le hace ilusión les puede llamar Toñi y Encarni.

—Ah…¿ entonces son niños?

—Yo diría que sí.

—¿Cuál es Encarni?

—Era ironía señora, ironía…

Ironía, qué bonito. ¿Es griega la madre?

—Jroña que jroña. Señora, ¿usted se ha tomado la medicación?

Y entonces la señora mira a la derecha a la izquierda y a continuación le estalla la cabeza.

Cosas que pasan cuando haces las preguntas incorrectas en el orden incorrecto.

Restaurantes

Lo de los restaurantes es también complicado y de ahí que si usted Capitán se encuentra en algún momento de su vida con dos lechones o más la siguiente recomendación le va a ser de utilidad. Después de casi seis meses lechoneando hemos descubierto un sitio sin problemas de accesibilidad, económico y con horario flexible. McAuto.

Seguiremos informando.