Diario de a bordo: Cuatro objetos que ellos saben utilizar y tú no

Estimado Capitán:

Me he dado cuenta en estos meses que los humanos más mayores no apreciamos en toda su amplitud la realidad. Hay un montón de objetos que no comprendemos al 100% y ellos, nuestros pequeños lechones sí lo hacen. Deben tener el chacra abierto que viven en una dimensión totalmente distinta a la nuestra, se trata de una dimensión cuya complejidad los mayores solo podemos intuir.

Es cierto que nuestros hijos, menos el hijo del cura que con los años pasará a ser su sobrino, son hijos deseados a los que colmamos de atenciones y mimos. Juguetes de todos los tamaños y colores con los que nosotros, padres ignorantes, pensamos que vamos a comprar su felicidad, cuando en realidad ( y siempre según mi estudio) lo que los pequeños gordopilos necesitan para alcanzar su plenitud es mucho menos de lo que nosotros creemos. Ellos quieren amor, besos, abrazos, que les cambien la caca e investigar. No se lleve a engaño por su apariencia Capitán, son investigadores, científicos natos que experimentan con el mundo y nuestra paciencia.

Los resultados de mi estudio son 100% reales y quizás pueda aclarar un poco más la naturaleza de estas criaturas.

 

Puertas

Con la edad el crío les irá quitando importancia pero a día de hoy son el gran descubrimiento del último mes y medio. Las puertas. Nosotros vemos, lo que he bautizado con la nomenclatura “una puta puerta”, pero ellos no. Para ellos es uno de los mejores gadgets que jamás ha inventado el hombre. Piénselo: Una puerta que usted o yo utilizamos para entrar y salir de los sitios, tiene muchas más posibilidades de las que parece a simple vista. Y es que una puerta se puede golpear con las manos, aporrear con los juguetes, chupar, lamer, ver a través de ella (si es que tiene cristales) , pegar la nariz para a continuación descojonarse y sí Capitán, también para abrirlas y cerrarlas. Por ejemplo, Tomás está en la fase de entrar en una habitación y cerrar la puerta. Un tío precavido. Con este temporal se agradece, pero me parece que se está convirtiendo en una obsesión. Parece Jack Nicholson en Mejor Imposible. En estos últimos 60 días ha cerrado más puertas que la droga que ya es decir. No para. Cierra, cierra y cierra.  Y cuando acaba de cerrar solo le falta echarse un eructo o algo, por que la cara de satisfacción es todo un poema.

Lo bueno: Diversión a raudales.

Lo malo: Que a veces te pillas los dedos.

 

Espejos

Los espejos son la entrada a otro mundo. Les encanta verse reflejados. Además también sirven para golpear, lamer  y pasarlo pipa un buen rato jugando con el reflejo. Le hablan a su otro yo y se ponen nerviosos. Su madre y yo nos ponemos mucho más atacados al ver a cuatro hijos en vez de dos.

—¿Te imaginas?—le suelto cuando acontece este rutinario efecto óptico.

En más de una ocasión al darse esta situación he podido observar como la hembra terráquea observaba la ventana del salón como su única salida.

Lo bueno: Diversión como si no hubiera mañana.

Lo malo: Que la emoción por saludar a su otro yo sea tan arrebatadora que no frenen a tiempo.

 

Cortinas

Las cortinas parecen a priori algo sencillo. Un invento simple. Pues para ellos no. En su mundo de científicos la cortina es un universo en sí mismo. ¿Quién no se enrosca en una cortina de vez en cuando para echar unas risas? Este es su descubrimiento semanal. Uno sabe cuando va a “entrar” en la cortina, pero nunca cuando va a salir. Es como el INEM. Y ellos pues se lo pasan pipa descubriendo como la tela acaricia su cara, como la cosa se va liando, y además detrás de la cortina suele haber…¡Una ventana! que es parecida a una puerta, con las mismas características de golpear, chupar y todo eso. No le voy a mentir Capitán, empujado por la curiosidad lo probé ayer. Me puse como lo que aquí se llama un gilipollas o un tonto a las dos a dar vueltas en la cortina y a extender los brazos en busca de la salida. No estuvo mal, pero pude ver a mi vecino negando con la cabeza y cerrando con pestillo la ventana. Agonías.

Lo bueno: Las cosquillas en la cara , las vueltas sobre uno mismo y la interactividad.

Lo malo: El efecto de las vueltas sobre uno mismo. Puede ser un mal viaje.

 

Accesorios tecnológicos

El otro día les regalamos un ábaco. Pero claro, un juego con nombre de insecto está destinado al fracaso. ¿Un ábaco? Y una mierda. A los chavales ahora les gusta manosear el ratón del ordenador, babar el móvil, utilizar el mando de la tele como arma arrojadiza y una serie de cosas pues que podrían hacer con cualquier otro objeto, pero lo hacen con esos. Nosotros llevamos una semana sin encontrar el mando de la tele, pero lo peor no es eso. Dejaron puesto un programa de operaciones extremas: un mujer que tiene unos pechos que usa la 120 J, una chica que le chorrea la nariz de moco y quiere cambiar su vida (yo también querría), un chico que quiere cercenarse la nariz para tenerla como su ídolo; Michael Jackson (que anda que no tendrías cosas buenas y te vas a fijar en la nariz chaval, te mereces lo que te pase). Y así llevamos diez días que me están dando ganas ya de reducirme el pene. Más.

Lo bueno: Ellos disfrutan

Lo malo: Sale caro.

 

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Un saludo Capitán.

Diario de a bordo: Bla Bla Land

Estimado Capitán:

Después de ver La La Land, la música se apodera de nosotros, los humanos. Estoy impactado Capitán. Esta raza ha inventado una cosa que se llama cine que consiste en meterse en una sala a oscuras con otros extraños mientras unas imágenes les cuentan una historia.

Esto para ellos es una práctica habitual ya que normalmente se pasan su adolescencia en discotecas, que también son grandes lugares en los que la luz brilla por su ausencia y en el que esta intrigante raza busca bailar, beber y aparearse.

Ahora estamos en familia escuchando la fantástica, arrebatadora, emocionante y enérgica banda sonora de La La Land que hace que en media hora pases por todos los estados emocionales posibles. Es lo contrario a Pedro Piqueras.

Cuando era pequeño Capitán vi una película que se llamaba Rocky IV y me pasé entrenando seis meses. En mi casa me siguieron el rollo hasta que le dije que tenía que ir a Rusia. Ahí fue cuando me cortaron el grifo.

¡Imagínese lo que ha provocado el musical de moda en mi comportamiento! No puedo parar de bailar y me arranco a cantar en cualquier sitio pensando que la muchedumbre, contagiada por mi ritmo y carisma me seguirá, pero lo único que he conseguido es que casi me atropellen en la autopista. En el Mercadona propulsé mis pies al frenético ritmo del swing por el pasillo de la carnicería, pero no me siguió el rollo ni el de los panes. Aún así no cejé en mi empeño de contagiar al mundo el color de esas melodías, de esos estribillos.

Sigo caminando por mi calle con mucho flow y a la altura de mi portal miro hacia arriba en busca de ese majestuoso plano cenital, casi puedo ver el montaje de mi propia película, será  dinámico, impactante y efectivo, pero nada. Ninguna cámara filmándome. Solo está el vecino que me mira extrañado y niega con la cabeza.

Miro hacia abajo por cerrar el círculo. ¿Si el de arriba es un plano cenital el plano de abajo será un plano genital? No me hago más preguntas técnicas y sigo bailando con el alma devastada de alegría por la música.

Las señoras me miran asombradas, tomó la mano a una de ellas y me la enroscó (a la señora) en plan bailongo. Oigo crujir su clavícula y noto que su amiga esta llamando a la policía. Corro y derrapo por las calles. Llego tarde al médico.

La dentista me dice que tengo la  boca genial y para celebrarlo ella, las enfermeras, dos pacientes y yo (todos ellos sí habían visto La la Land) nos marcamos una tremenda coreografía a ritmo de tango y jazz que arranca los aplausos del público que también somos nosotros. Nos damos un 8 en FilmAffinity. Y tan amigos hasta la hora de pagar.

Al llegar a mi hogar abro la puerta con una sonrisa que dibuja una perfecta media luna en mi boca, giro sobre mí mismo y me sacó un imaginario sombrero que lanzo sin mirar y acaba posado sobre uno de los brazos del perchero. Todo es perfecto.

Ovugirl (madre de madres) me comunica en sol mayor que los niños han crecido dos centímetros en los últimos tres meses. Eso quiere decir que su reloj biológico es lento, que envejecerán despacio. Son como Cher. Sigo bailando y ella también.

Mis hijos de 82 centímetros me miran con la boca abierta. Les preguntó “¿Qué?” y Tomás me responde “Qué”. Es la segunda palabra que ha aprendido después de mamá.  Bla Bla Land. El qué que ha aprendido es el qué interrogativo y no el otro. Va a ser un tío curioso.  Además lo dice con tono provocador como un pequeño pandillero boliviano. ¿Qué?

Nos pasamos todo el interludio del tema diciéndonos qué qué qué y cuando el contrabajo vuelve a cabalgar con la batería… ¡Comenzamos a bailar en el salón, miramos hacia arriba, los tambores resuenan, los vientos cortan la melodía ¡Mis hijos de repente saben bailar y toda la familia alza los brazos al cielo, al unísono como un solo cuerpo, damos vueltas y cantamos, cantamos como nunca! Agarró a mamá como en Dirty Dancing  y todo acaba. La ovación de los vecinos resuena en todo el edificio.

Todo se funde a negro.

 

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¡Bailad malditos! ¡Cantad! ¡Dejaros llevar y aplaudid!

Este post que tiene más verdad de la que parece no va a acabar con un “The End”. Va a acabar con uno de los pocos sinónimos perfectos del inglés al castellano.

 

Chin Pom.

 

 

 

 

 

 

 

 

El club de los cuarentones

Acabo de cumplir cuarenta años y la gente me da la bienvenida al Club. Al Club con mayúsculas.  Ni siquiera sabía que había un club así que he salido a la calle a buscarlo, pero de momento nada. No lo encuentro.

¡Bienvenido al club! me dicen en Facebook ese montón de chavalada que (no sé cómo) se ha acordado de que un 19 de julio de 1976 vine al mundo.

Les digo que muchas gracias, pero cuándo les pregunto por la ubicación del club…mutismo absoluto. Quizás como soy un poco raro no me quieran en él. Pregunto a la gente por la calle, pero los jóvenes no saben de qué les hablo.

—Perdona, chaval ¿Sabes dónde está El Club de Los Cuarentones?

—Ni idea señor.

—Señor lo será tu puta madre. Y te lo digo desde el respeto hípster de mierda.

Los señores mayores no recuerdan bien dónde está. Algo les suena, pero lo han dejado atrás hace tanto tiempo que bueno…su memoria ya no es lo que era.

—Disculpe señor…

—Dime chaval.

—¿Recuerda usted las señas de El Club de Los Cuarentones?

El hombre se queda pensativo como el borracho que se levanta al día siguiente sin saber bien qué ha hecho o cómo ha llegado a casa.

—Pues si no recuerdo mal hijo creo que estaba…—se rasca la cabeza—pues no sé. Me has pillado. Hace mucho tiempo que no me dejo caer por ahí.

—Bueno, no pasa nada. Seguiré buscando.

Al final y después de recorrer la ciudad tres veces lo encuentro. Un buen amigo de la infancia me sopla dónde está. La verdad es que El Club de los Cuarentones está bien a la vista, pero no me había dado cuenta que estaba precisamente ahí. Y eso que en los últimos años he pasado cientos de veces por delante. Nunca me había fijado en él. Es un edificio grande, elegante, quizás un poco pasado de moda, pero de momento aguanta con estilo.

El conserje, un tipo pequeño, calvo y barrigudo, me informa de que para acceder a El Club hace falta una contraseña. Le digo que no la tengo y él me responde que sin ella no me puede permitir la entrada. Un club de cuarentones que pide “contraseña” no puede estar formado por gente muy madura.

—Yo creía que para acceder a El Club el único requisito era haber cumplido los cuarenta años.

—Bueno amigo, ese es el requisito indispensable, pero no el único. Si nadie de su entorno le ha soplado la contraseña, puede que sea usted un bicho raro. Y aquí no queremos bichos raros, queremos gente con una crisis de lso cuarenta habitual, de las de toda la vida. Podría darle yo mismo la contraseña, pero primero tengo que hacerle un pequeño test para ver si está usted cualificado física y mentalmente para permanecer a nuestra pequeña familia.

—Venga dispare.

—Empecemos por el test físico.

—Me parece bien Don…

—Puede llamarme Pin Pon.

—Muy bien Don Pin Pon, proceda.

—¿Fuma usted?

—Solo cuando salgo.

—¿Sale usted?

—Solo cuando fumo.

— ¿Hace cuánto tiene esa barriga?

—Unos tres años, certificada oficialmente como barriga dos años y poco. Pero a Dios pongo por testigo que desaparecerá.

—Eso dicen todos.

—¿Todos los de El Club tienen barriga?

—Cada vez menos, hay mucho cuarentañero que se cuida y sale a correr. Una vergüenza. ¿Podemos seguir?

—Sí, perdón, era curiosidad.

—A pesar de tener esa barriga,  ¿Sigue usted poniéndose camisetas ajustadas pensando que nadie se da cuenta?

—Es correcto.

—¿Bebe?

—Si tengo sed sí.

—Me refiero a alcohol.

—Solo cuando salgo.

—¿Y sale mucho?

—Solo si fumo, pero cada vez menos. Me stoy volviendo un asceta.

—¿Y eso?

—He tenido dos hijos. A la vez.

—¿A qué edad?

—No tienen edad son muy pequeños.

—Me refiero a que a qué edad los ha tenido usted.

—Los ha tenido mi mujer.

—Ya me entiende…

—Los tuve a los 39.

Pin Pon me dedica una mirada de admiración (que podría ser de compasión)  mientras asiente en silencio.

—¿Hace usted deporte?

—No. Pero pienso mucho en ello. Durante el día me imagino al menos cuatro veces corriendo, dos nadando y me hago un par de series mentales de pecho y espalda.

—Eso no cuenta.

—Ya, pero cansa.

—¿Cuida su dieta?

—A partir del lunes que viene casi seguro.

—Pasemos al test mental.

—Proceda.

—¿Piensa en la muerte más de lo habitual?

—Claro. Tengo cuarenta. Con suerte he pasado el ecuador de mi vida. Eso da que pensar.

—¿Siente la irrefrenable necesidad de comprarse un coche nuevo, un deportivo a poder ser, para paliar esa incipiente falta de vitalidad?

—Pues no.

—¿Ha pensado en cambiar a su novia por dos de veinte años?

—A lo mejor me cambia ella a mí.

—¿Hace usted un balance mental de las cosas que ha conseguido y de los objetivos no alcanzados y se tira de los pelos? ¿Piensa que ha desaprovechado el tiempo?

—A veces sí y a veces no, pero todo lo que decidimos nos lleva a este punto en el que estamos ahora usted y yo, aquí charlando en un amigable tercer grado digno de una cinta titulada “Los mejores momentos de Guantánamo Volumen I.”. Depende del día.

—Y para terminar y certificar que efectivamente es usted un cuarentón vamos con el test de actualidad contrarreloj

—¿Test de actualidad?

—De los ochenta.

—Proceda.

—¡Tiempo! Apellido de Michael en El coche fantástico.

—Knight. Con K.

— Completa la serie: Autopista hacia el…

—Cielo

—Nombre al menos tres Goonies

—Bocazas, Data y Gordi

—En fin de año de 1987 a Sabrina se le salió una teta. ¿La derecha o la izquierda?

—La izquierda.

—¡Noooo! La derecha.

— Completa la frase: Si me queréis…

—Irse.

—¡Tiempo!Bien. Muy bien. Lo has conseguido. Pena que no hicieses pleno.

—Es que a Sabrina se le movían muy rápido.

—Bueno aquí tienes tu carnet de Cuarentón Oficial, puedes pasarte cuando te apetezca. Si quieres echar un vistazo a las instalaciones te acompaño. El Club es en la cuarta planta. Tenemos gimnasio, VHS, sauna y hacemos botellones una vez cada tres meses en los que hablamos de chavalas, de política y de fútbol.

—Pero eso es lo mismo que hacía a los 20.

—Acostúmbrate hombre, es lo que hay.

—Mire, lo he pensado mejor. No quiero pertenecer a este club.

—Disculpe amigo, tiene usted cuarenta años. Tiene que pertenecer a algún club. No puede andar desubicado por ahí como un veinteañero.

—No soy un veinteañero Señor Pin, pero tampoco me siento identificado con este club. Voy a hacer lo que he hecho siempre: Ir a mi bola. Quizás me pase por aquí de vez en cuando, pero no me esperen.

—Está bien, aquí no obligamos a nadie.

Salgo del edificio y enseguida olvido dónde estaba. Si me preguntan no sabría ubicarlo. Me pierdo por la calle, a buscar proyectos, a vivir y a soñar como con veinte, a pelear de nuevo por lo que valga la pena y a esperar la crisis de los cuarenta como un torero en el ruedo.

Hoy me tomaré cuarenta cañas para celebrar que de momento hasta aquí hemos llegado.

Os espero.

 

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Por cierto, la contraseña es: Sambora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: Esos ruidos de bebé

Capitán los lechones cada vez hacen ruidos más variados y extraños. Son como sintetizadores. Dos pequeños R2D2 de carne y hueso. Me miran y se parten de risa, lo hacen tan fuerte que empiezo a pensar que no es de alegría y que en realidad se están riendo de mí.

Tanto no me pueden querer.

Tipos de ruidos:

Ah: Es un ah muy breve como aquellos que metía Michael Jackson entre frase y frase. Sorprende por su tono alto y brevedad. Denotan una pequeña sorpresa de algún tipo como : “¡Ahhh! Tengo dedos”.

Ta-Ta: Este, de momento, solo lo hace Antón y lo traduzco como “Estoy hasta la pilila de la hamaca. Sácame de aquí ya”

Uhhhhiiiiiii:Empieza como una sirena de ataque aéreo y acaba como cuando Bruce Banner no aguanta más y se empieza a transformar en Hulk.

Se meten unas frase inconexas entre pecho y espalda que, no sé por qué, pero cuando los escucho desde el pasillo me acuerdo de Ana Torroja.

Además me fascina su risallanto, una palabra de nuevo cuño que conjuga a la perfección la carcajada y las lágrimas a partes iguales.Es como esa zona en la que se entremezclan los sabores en un helado de chocolate y vainilla. La risallanto alcanza su máxima expresión en los siguientes casos.

Caso a) Tienen sueño, lloran y aparece papá o mamá. En ese preciso instante en el que las miradas se encuentran se descojonan aún con lágrimas en los ojos, pero se tragan la risa  de un bocado y vuelven a llorar desconsolados. Entran en bucle.

Caso b) Se han hecho caca. Están incómodos y por fin papá se da cuenta de lo qué les pasa. Se ríen como dándome la enhorabuena: “Será porque no huele a mierda papá, cada día eres más rápido”. Y se vuelven a poner rojos de ira. Entran en bucle mientras papá limpia la mina.

Caso c) Tienen hambre y braman como animales a punto de ser engullidos por un tsunami. Entonces llega papá con el biberón. Se establece  contacto visual bebe/bibe. Y estamos en una fase del desarrollo en la que esto es dinamita pura. Que le pregunten al perro de Pavlov. Pues esto es igual. Acción/reacción. Y empieza la risallanto. Se ponen más nerviosos que un cangrejo en un zapato.

Estamos en esa fase en la de repente en plena noche rompen a llorar, pero solo durante 3 o 4 segundos. Que digo yo “Se habrán acordado  de que soy su padre y les ha entrado la angustia”. Enseguida se les pasa, pero yo me desvelo y acabo comiendo techo durante una hora.

Estamos en esa fase en la que ya tienen que irse a su habitación, pero cada vez que lo menciono la madre que los parió me mira como si fuese un emperador romano a punto de hacer el gesto con el pulgar hacia abajo. “Que le corten la cabeza… y ya de paso los huevos”. En sus ojos puedo leer claramente un “¿Cómo osas?” mientras abraza a sus hijos y los estrecha contra su pecho. Ellos me miran despistados, con media baba cayendo por la comisura y una sonrisilla de duende en la que vuelvo a leer claramente: “¿Cómo osas papi? Mami te va a cortar los huevos. Tolai”.

Pero vamos, menudo soy yo. El hombre de la casa, el padre con mayúsculas y por eso se irán de la habitación en el momento exacto… que diga su madre. ¡Faltaría más!

Y en esas estamos Capitán intentado descifrar lo que dice nuestros hijos. Ni Alan Turing lo tendría fácil, pero nos vamos entendiendo. De momento cuando ven a sus padres sonríen y eso ya es síntoma de buena sintonía. Y aunque a veces hagan más ruidos que una radio en Onda Media creo que les voy entendiendo.

La semana que viene más informes Capitán.

 

Saludos desde La Tierra.

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Diario de a bordo: Mi primer día del padre

Estimado Capitán:

Hoy es mi primer día del padre y la verdad es que está siendo una experiencia muy reconfortante. En realidad es un día del padre oficioso y es que los lechones no pueden felicitarme de verdad. Su aparato fonador no está en su punto. Aún así resulta que su mamá les ha convencido para hacerme unos regalos sin igual que me han hecho sentir el mejor padre del mundo…al igual que todos los varones con hijos de Facebook, Instagram y Twitter. Wannabes. Esto Capitán está plagado de padres que claman ser el mejor padre del mundo cuando yo creo, sin atisbo de duda, que el mejor padre del mundo soy yo. Si no… ¿Por qué la taza? Y no me venga con que a lo mejor hay más tazas iguales en La Tierra, ese argumento no es válido. Además también tengo una camiseta y una placa en la pared que certifica que mi familia piensa que soy el mejor padre del mundo.

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Que no digo yo que no exista algún otro padre que se defienda… pero si no tiene una taza es como si no existiera. Es como Michael Knight está ahí haciendo el bien, pero en realidad es un hombre que no existe.

Así que hoy fiesta para celebrar el Día del Padre.

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No me digáis que no somos como los Cosby, pero en machupichus.

Total…que como padre maduro y equilibrado esperaba con ansia mis primeros regalos de pater familias mientras me acordaba de todos los padres que han influido en mi vida: mi padre, Darth Vader, Jor-El, el padre de Los problemas crecen…todos grandes hombres que han marcado mi vida. Me ha caído un álbum de fotos que es un resumen de los cinco primeros meses de vida de los lechones que me ha llenado de orgullo y satisfacción. Un pequeño libro que resume cinco meses de felicidad bajo el título: “El mejor papá del mundo” con la palabra “mundo” muy apretujada ya que mamá osa no calibra bien el tema del espacio y los márgenes. Seguro que os acordáis cuando de pequeños estrenábamos libreta nueva y la cagábamos en la primera hoja. Pues eso le pasó a mamá osa ayer. Pero no me importa…”Ser el mejor padre del mnd” está muy bien.

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También me ha caído un pack de desayuno que es una cosa que está de moda al parecer. Es como un cubo metálico muy chulo lleno de cosas de desayuno que es la comida más importante del día según la moda de los últimos años. Así que como me hacía ilusión recibir los regalos ayer por la noche y mamá osa accedió, pues ahí estaba yo…desayunando a las once y media de la noche solo por estrenar las cosas. Si cuando te regalan un jersey te lo pruebas pues con esto es igual.

 

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Y por fin el regalo más útil de todos. Al menos para mí.

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Un padre no está completo sin este regalo. Es una bendición que me pillo totalmente por sorpresa.Como supongo que en los ochenta mis regalos también pillaban por sorpresa a mi padre. Viajemos en el tiempo.

19 de marzo de 1979

—Toma papá…

—¿Qué es esto? A ver, a ver…¡Oh! Es un…un…¿Qué es Antón?

—Es un pisapapeles papá.

—A mí me parece una puta piedra pintada chaval.

—Sí. De negro.

—¿Y estos puntos de colorines?

—No sé papi, los hicimos todos en cadena. Como los chinos del futuro.

—Me encanta hijo.

—Gracias papá.

—Pisaré todos mis papeles con ella. Nunca había tenido un pisapapeles como este.

—En realidad es una piedra papá.

—Ya lo sé hijo, pero es la piedra más bonita del mundo.

—Pues no has visto muchas piedras.

—¿De qué vas de listillo? Castigado. Y no rechistes que te lanzó la piedra extraterrestre esta.

19 de marzo de 1980

—Toma papá…

—¿Qué es esto? A ver, a ver…¡Oh! Es un…un…¿Qué es Antón?

—Es un lapicero.

—A mí me parece una lata pintada

—Sí. De rojo. Y este año pone Papá.

—Se ven las letras de Fanta por debajo.

—Es que no quedaban ya de Coca-Cola…soy un fracasado.

—No digas eso hijo. O sea..lo eres, pero no lo verbalices para que no te cree un trauma.

—¿Te gusta?

—Me encanta el lapicero hijo. Y estas letras de PaPá así con las dos pes mayúsculas están  muy logradas. Enhorabuena.

—Me llevó una semana.

—No te hagas carpintero hijo. No tienes madera.

—¿?

—Era un chiste hombre. Venga.

—Te quiero papá.

—Y yo a ti hijo. Estás castigado.

—Pero…¿Por qué?

—No sé algo harás ya verás.

19 de marzo de 1982

—Toma papá…

—¿Qué es esto? A ver, a ver…¡Oh! Es un…un…¿Qué es Antón?

—Es un cenicero de barro.

—Parece un tordo.

—No sé que es un tordo, pero es un cenicero. Un cenicero de barro.

—¿Te acuerdas de lo que te dije hace dos años? Aquello de que no te hicieses carpintero.

—Sí, papi.

—Pues incluye escultor en la lista.

—Pero… ¿te gusta?

—Me encanta. Lo que pasa es que no fumo.

—Pues empieza a fumar papi que eso no le puede hacer mal a nadie.

—Está bien…fumaré si tu empiezas a fumar conmigo.

—¡Te quiero papá!

—¡Te quiero hijo!

Puede que no fuese exactamente así, pero los regalos eran esos seguro. Lo dicho Capitán  si tiene usted hijos disfrútelos y si no a encargarlos que nunca es tarde.

Saludos desde La Tierra.

Ha sido el mejor Día del Padre de la historia…

Diario de a bordo: Las aventuras de Ladilla y Ladrillo

Añorado Capitán, hace un par de semanas que no le escribo. Desde la llegada de estos dos seres a nuestras vidas me cuesta mantener una conversación completa con otro humano. Siempre hay un gritito, una lágrima, un ruido gutural no identificado, un biberón o un pedo que me interrumpe. Soy como el chino aquel que tenía 50 platos bailando al mismo tiempo y tenía que hacer que todos siguiesen girando. Así me siento.

Si casi no puedo hablar…imagínese escribir un informe. Aún así, vamos a intentarlo.

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Los bebés siguen creciendo a pasos agigantados. Son de lágrima inquieta y escroto fornido. Bueno, en realidad no debería colgarme medallas, al parecer todos los niños tienen el escroto generoso y ya después, con los meses, va bajando hasta el punto de ser irrisorio. Ya decía yo, Capitán, que ese escroto no era de mi familia, pero en fin, no nos desviemos del tema y prosigamos con el informe.

No vea usted como comen, es algo increíble. Parece mentira que un cuerpo tan pequeño pueda absorber tanto nutriente y escupir semejantes gases.

Son como MiniFaletes.

La naturaleza humana es asombrosa. Hemos descubierto que para apaciguarlos cuando están inquietos (“dan por el culo”, dice su madre, en un lenguaje coloquial y divertido que suele producirse a altas horas de la madrugada) hay que ponerles música. Les encanta Sam Cooke, un humano que cantaba muy bien hace unas décadas. Mientras escribo estas líneas con una mano y uno de los bebés en la otra suena The Twist de Chubby Checker.

Así que es muy sencillo hacer que se tranquilicen. El problema es que como él éxito de la misión llego más tarde que pronto (39 años humanos)  la espalda ya tira. Podrían mandarme un cápsula rejuvenecedora y de paso una faja, que la barriga me ha crecido un poco y no sé por qué.

Nota: Capitán, el estudio secundario que me encargaron sobre el bocata de chorizo, la zorza y los fritos arroja unas conclusiones asombrosas. No hay duda. No adelgazan.

Las personalidades, aunque de manera embrionaria, ya se van formando. Son cambiantes, pero ahí están.

A. es una Drama Queen. Como se le mueva un milímetro el chupete ya hay jarana. Inquieto y despierto de naturaleza, no para de emitir sonidos guturales que posiblemente un delfín entendería, pero que a nosotros se nos escapan. Su nerviosismo le ha hecho ganarse su apodo: Ladilla.

T., por el contrario, es mucho más pachorro, como un concejal de urbanismo jubilado. Es más grande que su hermano, le gusta dormir, que le dejen en paz y eructar como un jeque en un churrasco. Ya puede estar cagado por triplicado, meado y durmiendo encima de un cactus que por él no hay problema. Su saber estar y ansia por engullir le ha hecho ganarse su apodo: Ladrillo.

Somos conscientes de que puede haber fluctuaciones en la personalidad y más a tan tierna edad.

Al parecer han llegado a un acuerdo no verbal entre ellos para que siempre exista un relevo de  Si uno caga el otro espera, sibilino y acechante, a que su hermano esté cambiado, es entonces  y solo entonces el cuando el otro suelta la bomba. Mientras tanto sus padres vivimos en un agujero negro interminable de heces y biberones. Llamadme conspiranoico, pero juraría que les he visto guiñarse un ojo y reírse de nosotros.

Puede que sea temprano para decirlo, pero creo que van a ser guardiaciviles. Es que van a pillarte. Cuando menos te los esperas ahí están. Yo como soy rencoroso, y el rencor no entiende de familias, sacó la guitarra y les cantó un par de canciones humanas. Noto que quieren escapar, pero como sus músculos aún no están formados no tienen a dónde ir. Risa maléfica.

Ser padre de mellizos, Capitán, es toda una aventura y solo acaba de empezar.

Las señoras siguen preguntándonos si son dos niños o dos niñas.

Voy a empezar a llevarlos en el carro con el escroto al aire.

Aunque tal como está este mundo… alguna aún seguiría preguntando.

Seguiremos informando.