Diario de a bordo: Los cochitos

Estimado Capitán:

La verdad es que hecho de menos nuestro planeta; la quietud de su gentes, la armonía entre sus razas, la bondad de nuestro carácter. Aquí, en La Tierra, es todo lo contrario. La gente grita, está todo el día a la gresca y hay gente para todo. Usted se volvería loco por aquí y más en esta época del año: el verano. Ya le he hablado de la costumbre de esta raza de tostarse al sol medio desnudos y untados en aceite, pues aún hay más. Resulta que en esta estación abunda una cosa que se llaman genéricamente «fiestas». Así que es muy normal escuchar frases como «Me voy a la fiesta», «Es que hoy no puedo que son las fiestas de mi pueblo» y cosas así.

Las fiestas se dividen a su vez en:

—Procesiones: Se trata de un desfile de gente disfrazada de cabezudos y de gigantes (80% de cabezudos y 20% de gigantes) más un séquito de gente vestida con sus mejores galas y cara de que se ha muerto el abuelo. Todo muy bipolar.Es como estar en una película de Tim Burton. Además aquí, en Galicia, el lugar en el que aterrizó mi nave hace decenios, a los cabezudos y a los señores serios hay que sumarle a unos gaiteiros lo que aporta más cordura al asunto. A los lechones les encanta esta performance. Será el colorido.

— Atracciones: A las que depende de la edad y la zona en las que uno viva les llama cochitos, atracciones, cahivaches, barracas etc. Pero en realidad es como un Ikea de churrerías. Hay una churrería cada cuatro metros. Todas con el mismo nombre lo que hace pensar que esta gente monopoliza el mercado del churro sí o sí. Entre churrería y churrería hay barracas regentadas por buena gente con mal aspecto. Son muy agradables en general, pero parece que llevan media vida en San Quintín. Si no tienen al menos un tatuaje es que llevan poco en el sector. Montamos a los niños en un Tío Vivo (en su momento se valoró llamarle Tío Muerto pero el gremio de feriantes tatuados decidió por mayoría necesaria que  no era un nombre comercial) y se lo pasaron pipa montados en un barco con forma de Mickey. Me subí con Anton Jr., la sirena ululó como si alguien estuviera matando un cerdo a diez metros (en serio, ¿hay necesidad?) y me empecé a marear en la vuelta número 2.

—¡Me mareo y solo van dos vueltas, cari!— grité alzando la voz sobre la relajante música de Camela.

—¡No las cuentes cariño que es peor!— me respondió ella.

Fueron 37 vueltas.

Y sí. Es peor contarlas.

Pero bueno, todo con tal de ver a mi hijo saludar con la mano al mismo punto 37 veces. Su hermano al principio no quería subir, pero a medida que fueron pasando los días cayó también en esa tentación que es girar, girar y volver a girar. Girar y saludar, girar y saludar, girar y saludar…

— Fuegos artificiales

Los fuegos se dividen en luz y sonido. Creíamos que les iba a hacer ilusión. Además tenemos una posición privilegiada ya que desde nuestro balcón se puede admirar en todo su esplendor. La parte de las luces bien, son como gominolas para los ojos, pero la del sonido mal, son como tumores en los oídos. Y claro, esta es una de esas cosas en las que o te gusta todo el conjunto o no tienen nada que hacer. No se puede. O todo o nada. O al rojo o al negro. O Marta Sánchez o Vicky Larraz. No hay medias tintas.

Empezaron a temblar y a decir no con la cabeza, así que me refugié con ellos en el pasillo. Lo que iban a ser unos minutos familiares se transformaron en Apocalypse Now en cero coma. Quizás el año que viene.

 

Saludos Capitán.

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Diario de a bordo: Noche sin dormir

Estimado Capitán:

Esta noche la hembra terráquea y yo no hemos pegado ojo. Es lo que tiene que ser padre múltiple.  Ha sido la peor noche desde el advenimiento de los lechones. Le voy a ser sincero. Había escuchado leyendas sobre eternas noches sin dormir, pero hasta este momento no nos había ocurrido nada parecido.

Verá uno de ellos, Antón Jr. está acatarrado, dos velas líquidas  bajan por su nariz, perfilan sus labios y desembocan en su barbilla. Sus ojos están acuosos y un poco rojos. Parece que acaba de llegar a casa de un after. Y está muy incómodo y cuando los bebés están incómodos lloran a mandíbula batiente.

Y así estuvimos toda la noche. Aquí le pasó el resumen de actividad que me pidió.

00:00 No logran dormirse. Tomás está a punto, pero Antón no para.

01:00 Tomás se queda dormido. Antón sigue llorando, a veces se tranquiliza, pero es solo un espejismo como cuando crees que te mira la camarera guapa, pero en realidad no. Te haces ilusiones vanas.

02:00 Antón Jr. por fin se duerme.

02:03 Tres estornudos rompen la noche. Antón se vuelve a despertar.

02:10 La hembra terráquea y yo juramos en arameo. Hine mah tov umah na’im.

02:15 Le damos la Apiretal. Como buen paciente la escupe. Sigue llorando.

03:00 Los lloros no paran. La conversación que tenemos mi mujer y yo es todo lo contrario a la siguiente.

—Uy que a gustito se está así.

—Sí, que noche más genial. Además ardo en deseos de ir a trabajar. ¡Aún quedan cuatro horas!

—Qué guapa estás amor.

—Pues anda que tú, jamás había conocido a nadie tan atractivo y fértil.

—Vuelve a llorar el niño, ya me ocupo yo.

03:20 Antón se relaja. Lo metemos en la cuna. Paz.

03:45 Ella consigue dormir. Yo me desvelo.

03:50 Antón arranca de nuevo con su lloro. Camarón es un flojo a su lado. Su madre se despierta. Impotente y de nuevo muy atractiva. Lo traigo de nuevo a la habitación por voluntad propia.

03:56 Se despierta Tomás.

04:00 Les preparamos un biberón. Es el denominado biberón “A ver si así…”

04:06 Tomás está feliz. Me mira fijamente. Es James Dean con chupete. Su madre y yo notamos que se ha despertado hablando en otro idioma. No es el idioma natural de un bebé español. Es como si fuera una mezcla entre un japonés y R2D2. Nos damos cuenta que toda resistencia es inútil y nos unimos a la fiesta.

05:30 La cosa sigue igual. El japonés no para y Antonciño parece Massiel de resaca. Esto es una pesadilla. Se nos cierran los ojos y estamos algo irascibles.

—Guapa

—Guapo tú. Camelador.

06:00 Por fin se duermen. Y nosotros también.

Puede que haga gracia, pero no es divertido. Es agotador. Aún así al verlo llorando, tan rojo, débil e indefenso, pensé en una cosa que siempre me decía mi madre cuando estaba enfermo: “Si pudiera me cambiaba por ti”. Yo pensaba Capitán que estaba loca. Pero no. Pues eso es justo lo que pensaba yo ayer. Y eso que solo es un catarro. Hay un hacedor de canciones en este planeta llamado David Summers que no podía haberlo descrito mejor en su canción “Multiplicados por nueve”. Dice así…

Yo te pido si es que existes,
Que me duelan sus dolores,
Multiplicados por nueve.

Yo te pido si es que puedes,
Que me quebren sus fracturas,
Y que me suba su fiebre.

Que me de sus malestares,
Su escayola, su jaqueca,
El dolor de sus muñecas,
Casi blancas, casi solas,
Su adicción a la tristeza,
Que me duele mas que nada,
Yo te pido por la almohada,
Donde apoya su cabeza.

Que el mar, entierre su miedo en mí,
Que no llore mas, que no tenga que sufrir.
Que la soledad, no me deje a mi dormir,
Y que el dolor de sus latidos, se mezcle con el mío.

Yo te pido si es que puedes,
Que me duelan sus dolores.
Multiplicados por nueve.

Pues eso Capitán. Que me duela todo a mí.

Buenas noches. (No es un decir. Es un deseo).

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Diario de a bordo: Un año de amor

Estimado Capitán:

Los lechones han cumplido ya un año. ¡Un año! Ha sido un año de amor, heces,  de baños y sonrisas; de ser papá bloguero, de abuelos que ayudan incondicionalmente, de noches sin dormir del tirón; un año de descubrimiento.

Su madre los mira y se le cae la baba.

Yo los miro y se me cae la baba.

Y allí están ellos mirándonos llenos de babas.

Un año. Ahora les quieres poner el pañal y se retuercen. El peligro es que el pastel puede acabar esparcido por la cama como un cuadro al óleo.

Un año. Casi se sostienen sobre sus dos piernas regordetas. Casi. A veces, ellos no se dan cuenta de ese crucial “casi” y acaban en el suelo.

Un año. Esos dientecillos que asoman por la encía y que les dan un aspecto de duendes traviesos. Los pequeños bebés vampiro.

 

Capitán, creo que es una buena fecha para volver la vista atrás…

Todo empezó el seis de octubre de 2015. El día que cambió nuestras vidas. Aquí va una selección de los diez mejores posts de este año de vida.

  1. Tomás y Antón: Day One
  2. Una semana de vida
  3. Bibe…y deja vivir
  4. Las aventuras de Ladilla y Ladrillo
  5. Aprendiéndonos
  6. Operación Alcatraz
  7. Érase una vez la calle
  8. Permiso de maternidad ja ja ja
  9. Abuelos primerizos
  10. 6 meses y un día en La Tierra

 

Estos son algunos Capitán, hay mucho más. Disfrute conmigo de este viaje único e irrepetible.

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Diario de a bordo: En las trincheras

Estimado Capitán:

Hace tiempo que no hablamos y le debo una disculpa, pero es que en apenas un mes y medio los lechones han espabilado día a día de manera exponencial. Dicen los que saben (o sea todo el mundo menos nosotros) que debe ser el calor. Pues será. He buscado por la casa a ver si los antiguos inquilinos se dejaron un tripi o algo porque lo que le voy a narrar a continuación no es normal.

Hace unos días, eran las cinco y media de la mañana (en la Península) cuando nos despertaron sus ruidos y gritos que ya forman parte de la sintonía habitual de nuestro hogar. Miré el reloj sin muchas ganas para cerciorarme de la hora con la vana esperanza de que todo fuese un sueño, pero no. Y una mierda. Era real. Ella me dijo: “Te toca”. Así que yo me hice el dormido fingiendo que roncaba, lo cual me debió delatar porque yo si estoy sobrio no ronco. Y ella lo sabe. Total: Que una vez que mi intento por escurrir el bulto fracasó estrepitosamente me armé de valor y entré en la habitación de los pequeños Critters para descubrir una imagen que se me quedará grabada para siempre.

La primera palabra que se me vino a la mente fue “Trincheras”.

Ahí estaban ellos, felices, atrincherados en sus cunas/barricadas, de pie, agarrados fuertemente a los barrotes y emitiendo un sonoro y reivindicativo “Ohhh ohhhh”. Todo un 15M en versión bebé.

Como dice un amigo mío: “Has pasado de pantalla”. Si eso es una metáfora para informarme de que cada día la cosa se complica un poco más pues es una metáfora muy precisa.

Cosas que han cambiado en las últimas semanas:

—Dicen Mamá.

Falso. Su madre quiere escuchar “mamá”, pero es una ilusión acústica. Ellos dicen “ma” y después deslabazado y fuera de tiempo otro “ma”. Sí, es cierto. Esa dos sílabas juntas quieren decir mamá, pero de momento no lo dicen. De momento son solo dos sílabas huérfanas. Si se trata de juntar sílabas también dicen magdalena. Otras sílabas de moda son da-da-da, que significa “padre” en inglés. Y esto es un hecho no como las alucinaciones de la madre.

—Se ponen de pie. 

Escalan y logran ponerse de pie, apoyándose sí , pero de pie. Se ponen a cuatro patas (me recuerdan a Rocky intentando levantarse) y trepan por los barrotes de la cuna hasta erguirse. Nada les frena y conquistan la cumbre de su cuna cada vez con más facilidad. Son como Calleja.

—Andan a gatas…hacia atrás.

Si yo fuese el “encargado” de defensa de un país potente haría un estudio serio sobre cómo se mueven los bebés. Son como orugas con tracción a las cuatro ruedas. Pueden con toda, van hacia adelante, hacia atrás, se recomponen como Transformers, dan la vuelta sobre sí mismos como pequeños breakdancers ochenteros. Digno de estudio. El otro día intenté gatear para atrás y casi me cargo un jarrón.

— Adictos al bricolaje

O al menos todo apunta a eso. Cables, enchufes, cajones…o eso o están pensado en montar un chino. Mira que no tendrán juguetes, pues no…vamos a por el mando, a por las llaves, a por el radiador.

—Dientes:

Lo que les da un aspecto aún más adorable. Unos pequeños dientecillos, inofensivos e incipientes que hacen que se caiga la baba cada vez que nos los enseñan.  Tenemos en casa dos pequeños “cuñaos”.

Y así sigue la cosa, creciendo, sorprendiéndonos y pensando en la que se nos viene encima en cuanto den sus primeros pasos solitos.

Seguiremos informando Capitán.

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El club de los cuarentones

Acabo de cumplir cuarenta años y la gente me da la bienvenida al Club. Al Club con mayúsculas.  Ni siquiera sabía que había un club así que he salido a la calle a buscarlo, pero de momento nada. No lo encuentro.

¡Bienvenido al club! me dicen en Facebook ese montón de chavalada que (no sé cómo) se ha acordado de que un 19 de julio de 1976 vine al mundo.

Les digo que muchas gracias, pero cuándo les pregunto por la ubicación del club…mutismo absoluto. Quizás como soy un poco raro no me quieran en él. Pregunto a la gente por la calle, pero los jóvenes no saben de qué les hablo.

—Perdona, chaval ¿Sabes dónde está El Club de Los Cuarentones?

—Ni idea señor.

—Señor lo será tu puta madre. Y te lo digo desde el respeto hípster de mierda.

Los señores mayores no recuerdan bien dónde está. Algo les suena, pero lo han dejado atrás hace tanto tiempo que bueno…su memoria ya no es lo que era.

—Disculpe señor…

—Dime chaval.

—¿Recuerda usted las señas de El Club de Los Cuarentones?

El hombre se queda pensativo como el borracho que se levanta al día siguiente sin saber bien qué ha hecho o cómo ha llegado a casa.

—Pues si no recuerdo mal hijo creo que estaba…—se rasca la cabeza—pues no sé. Me has pillado. Hace mucho tiempo que no me dejo caer por ahí.

—Bueno, no pasa nada. Seguiré buscando.

Al final y después de recorrer la ciudad tres veces lo encuentro. Un buen amigo de la infancia me sopla dónde está. La verdad es que El Club de los Cuarentones está bien a la vista, pero no me había dado cuenta que estaba precisamente ahí. Y eso que en los últimos años he pasado cientos de veces por delante. Nunca me había fijado en él. Es un edificio grande, elegante, quizás un poco pasado de moda, pero de momento aguanta con estilo.

El conserje, un tipo pequeño, calvo y barrigudo, me informa de que para acceder a El Club hace falta una contraseña. Le digo que no la tengo y él me responde que sin ella no me puede permitir la entrada. Un club de cuarentones que pide “contraseña” no puede estar formado por gente muy madura.

—Yo creía que para acceder a El Club el único requisito era haber cumplido los cuarenta años.

—Bueno amigo, ese es el requisito indispensable, pero no el único. Si nadie de su entorno le ha soplado la contraseña, puede que sea usted un bicho raro. Y aquí no queremos bichos raros, queremos gente con una crisis de lso cuarenta habitual, de las de toda la vida. Podría darle yo mismo la contraseña, pero primero tengo que hacerle un pequeño test para ver si está usted cualificado física y mentalmente para permanecer a nuestra pequeña familia.

—Venga dispare.

—Empecemos por el test físico.

—Me parece bien Don…

—Puede llamarme Pin Pon.

—Muy bien Don Pin Pon, proceda.

—¿Fuma usted?

—Solo cuando salgo.

—¿Sale usted?

—Solo cuando fumo.

— ¿Hace cuánto tiene esa barriga?

—Unos tres años, certificada oficialmente como barriga dos años y poco. Pero a Dios pongo por testigo que desaparecerá.

—Eso dicen todos.

—¿Todos los de El Club tienen barriga?

—Cada vez menos, hay mucho cuarentañero que se cuida y sale a correr. Una vergüenza. ¿Podemos seguir?

—Sí, perdón, era curiosidad.

—A pesar de tener esa barriga,  ¿Sigue usted poniéndose camisetas ajustadas pensando que nadie se da cuenta?

—Es correcto.

—¿Bebe?

—Si tengo sed sí.

—Me refiero a alcohol.

—Solo cuando salgo.

—¿Y sale mucho?

—Solo si fumo, pero cada vez menos. Me stoy volviendo un asceta.

—¿Y eso?

—He tenido dos hijos. A la vez.

—¿A qué edad?

—No tienen edad son muy pequeños.

—Me refiero a que a qué edad los ha tenido usted.

—Los ha tenido mi mujer.

—Ya me entiende…

—Los tuve a los 39.

Pin Pon me dedica una mirada de admiración (que podría ser de compasión)  mientras asiente en silencio.

—¿Hace usted deporte?

—No. Pero pienso mucho en ello. Durante el día me imagino al menos cuatro veces corriendo, dos nadando y me hago un par de series mentales de pecho y espalda.

—Eso no cuenta.

—Ya, pero cansa.

—¿Cuida su dieta?

—A partir del lunes que viene casi seguro.

—Pasemos al test mental.

—Proceda.

—¿Piensa en la muerte más de lo habitual?

—Claro. Tengo cuarenta. Con suerte he pasado el ecuador de mi vida. Eso da que pensar.

—¿Siente la irrefrenable necesidad de comprarse un coche nuevo, un deportivo a poder ser, para paliar esa incipiente falta de vitalidad?

—Pues no.

—¿Ha pensado en cambiar a su novia por dos de veinte años?

—A lo mejor me cambia ella a mí.

—¿Hace usted un balance mental de las cosas que ha conseguido y de los objetivos no alcanzados y se tira de los pelos? ¿Piensa que ha desaprovechado el tiempo?

—A veces sí y a veces no, pero todo lo que decidimos nos lleva a este punto en el que estamos ahora usted y yo, aquí charlando en un amigable tercer grado digno de una cinta titulada “Los mejores momentos de Guantánamo Volumen I.”. Depende del día.

—Y para terminar y certificar que efectivamente es usted un cuarentón vamos con el test de actualidad contrarreloj

—¿Test de actualidad?

—De los ochenta.

—Proceda.

—¡Tiempo! Apellido de Michael en El coche fantástico.

—Knight. Con K.

— Completa la serie: Autopista hacia el…

—Cielo

—Nombre al menos tres Goonies

—Bocazas, Data y Gordi

—En fin de año de 1987 a Sabrina se le salió una teta. ¿La derecha o la izquierda?

—La izquierda.

—¡Noooo! La derecha.

— Completa la frase: Si me queréis…

—Irse.

—¡Tiempo!Bien. Muy bien. Lo has conseguido. Pena que no hicieses pleno.

—Es que a Sabrina se le movían muy rápido.

—Bueno aquí tienes tu carnet de Cuarentón Oficial, puedes pasarte cuando te apetezca. Si quieres echar un vistazo a las instalaciones te acompaño. El Club es en la cuarta planta. Tenemos gimnasio, VHS, sauna y hacemos botellones una vez cada tres meses en los que hablamos de chavalas, de política y de fútbol.

—Pero eso es lo mismo que hacía a los 20.

—Acostúmbrate hombre, es lo que hay.

—Mire, lo he pensado mejor. No quiero pertenecer a este club.

—Disculpe amigo, tiene usted cuarenta años. Tiene que pertenecer a algún club. No puede andar desubicado por ahí como un veinteañero.

—No soy un veinteañero Señor Pin, pero tampoco me siento identificado con este club. Voy a hacer lo que he hecho siempre: Ir a mi bola. Quizás me pase por aquí de vez en cuando, pero no me esperen.

—Está bien, aquí no obligamos a nadie.

Salgo del edificio y enseguida olvido dónde estaba. Si me preguntan no sabría ubicarlo. Me pierdo por la calle, a buscar proyectos, a vivir y a soñar como con veinte, a pelear de nuevo por lo que valga la pena y a esperar la crisis de los cuarenta como un torero en el ruedo.

Hoy me tomaré cuarenta cañas para celebrar que de momento hasta aquí hemos llegado.

Os espero.

 

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Por cierto, la contraseña es: Sambora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: Aprendiéndonos

Estimado Capitán:

Seis meses y medio de lechonismo dan para mucho. Es como un curso intensivo de CCC sobre paternidad, pero sin diploma.

En estos primeros pasos como padre se da una situación curiosa: uno quiere que crezcan rápido para verlos hacer más cosas: hablar, andar, ir a por el periódico, pagarme la suscripción de Netflix, pero por el contrario a uno también le gustaría congelar el tiempo y quedarnos así un par de eternidades o tres.

Así que como eso no puede ser nos dedicamos a ir aprendiéndonos que decía la canción y día a día vamos descubriendo las cosas que nos molan a unos de otros y las que no.

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A ellos les gusta estar en pelotas. Se ríen cuando uno los libera de esa prisión de celulosa que son los pañales. Cada vez que se los quito me hacen una fiesta a base de carcajadas y pedorretas. Es como si dijesen: “¡No hay nada mejor que sentir el aire fresco en mi pequeño escroto papá!” o””¡Por fin te has dado cuenta tolai!”

Curiosamente Capitán los bebés humanos desarrollan desde muy pequeños la crueldad de reírse del mal ajeno. Me explico: Mearse en la cara de papá o cagarse en su mano es para ellos la felicidad absoluta. En su expresión se dibuja un inequívoco “Tú te crees que no, pero sí que sé lo que estoy haciendo. Y me mola”.

También les gusta que les cojan en brazos. Y los muy cabritos empiezan a manipularme con lloros y pucheros para que los coja. Son listos como los de atención al cliente de Vodafone. Pero ese chantaje emocional no funciona conmigo. Soy un padre más estricto que la cantante de Pimpinela. ¿A quién quiero engañar? Me hago el duro sí, pero al final ya sabe usted Capitán, tengo mi corazoncito y sucumbo a sus encantos. Dentro de poco ya no podré hacerlo.

Más cosas que les gustan.

Que le hagan pedorretas en la barriga. ¿A quién no? Yo porque no me llego que si no estaría todo el día dale que te pego.

Me refiero a las pedorretas Capitán.

También les gusta la música.

Les gusta que papá les toque la guitarra.

Tienen alma de Nureyev. Se mueven que no vea usted.

No les gusta

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No les gusta que les coma la cabeza. Véase foto adjunta.

No les gusta que les metas en la cama cuando ellos consideran que aún tienen el cuerpo para fiestas. En este aspecto si quieren juerga son como Massiel cerrando locales. Cuando se da esta situación les doy lo que quieren: les apago las luces, enciendo a “Violeta” y la habitación se transforma en un concierto de Jean Michelle Jarre.

En dos minutos dormidos a pierna suelta.

Más cosas.

Por mucho que diga su madre las verduras no les gustan. Ahí salen al padre. Se les ve en la cara.

“¿Papá, pero que mierda me estás dando?”

Me imaginó su conversación:

—Oye Tomás que en ese cuenco hay algo nuevo. Lo noto.

—¿Las frutas no están mal, pero que poca variedad tienen estos mayores no?

—Creo que tienen más, pero nos las tienen que ir dando poco a poco. Esto me parece que son una cosa que le llaman verduras.

—Qué asco de nombre.

—Pues dicen que son buenísimas… por eso la gente no las toma salvo prescripción médica.

—Me tienen pinta de aburridas. Y mira que nombres: puerro, brócoli…parecen laterales de la selección italiana.

—Calla y come que hoy es papá el que nos da la merienda. Sonríele para que se crea que lo está haciendo bien, que me da pena. Después cuando no mire desparrama todo por el babero. Ya verás como ni se da cuenta.

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Y así vamos Capitán.

Aprendiéndonos.

 

Diario de a bordo: El youtuber cuarentón…

Estimado Capitán:

Además de los informes semanales he decidido mandarle también informes visuales que a lo mejor así me responde de una vez. Lo único que tiene que hacer es suscribirse y le llegarán puntualmente.

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En el canal podrá usted encontrar vídeos relacionados con un montón de temas, pero sobretodo centrados en la magnífica aventura de la paternidad y en la curiosa onda expansiva que golpea al resto de la familia.

De momento el canal se divide en:

Bibe… y deja vivir: Informes visuales sobre cómo los lechones van creciendo. Tutoriales para padres, reflexiones, anécdotas…

Cosas de familia: Son pequeños informes para conocer un poco más a los personajes que componen mi unidad familiar terrestre: la abuela primeriza, el abuelo deportista, los tíos friquis…

 

Espero que le guste.

Saludos desde La Tierra Capitán.

 

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