Diario de a bordo: Hoteles sin niños

Estimado Capitán:

En esta planeta la gente es un poco rara.

No toda la gente. Solo alguna, pero hace mucho ruido. Hoy he leído (que es como masticar, pero por los ojos) que se están poniendo de moda los hoteles sin niños. El sueño de Herodes. Según sus defensores son los mismos padres los que promueven esta etiqueta ya que cuando se quieren pillar un fin de semana para ellos solos quieren estar sin niños. La verdad es que a la hora de pillar todo el mundo prefiere estar sin niños y eso nunca ha sido un problema. Lo que no molan son las imposiciones camufladas de lo que sea.

Frasecillas de reclamo de estos establecimientos.

«Solo para adultos, tranquilidad garantizada»; «pack romántico, jacuzzi, chimenea». «Hotel adults only (a partir de 16 años). Disfruta de lo mejor de ser adulto».

Solo les falta añadir. “Final Feliz”.

Esto lo que es un picadero chusco de los de toda vida. Lo que me lleva a pensar que todo esto puede ser una nueva estrategia semántica para que locales de segunda de sábanas acartonadas prosperen bajo el término “hotel”

Además, ¿para qué liarse con tanta frase si con cambiar una letra ya está todo solucionado? La H por la M.

Motel.

En fin que estos humanos montan tonterías dónde no las hay.

Yo soy el primero que no llevaría a mis hijos a un sitio de este tipo, pero tampoco hay que prohibir.

“No es que está el derecho de admisión que es un derecho…”

“Tú calla culosudao que nadie te ha preguntado nada”.

Vale que no todos los humanos son padres, pero sí que han sido niños. Pensemos un poquito y basta de ponernos etiquetas que parecemos Mercadona. Los veganos con los veganos, las mascotas con las mascotas, los gais con los gais, Patxi López con Susana Díaz. Esto es un First Dates sin sentido.¡Ya está bien! ¡Que así nos estamos desconectando hijos míos!

Tampoco sé para que molesto. No voy a ir.

Espero que no se convierta en moda porque enseguida y según los motivos que alega este gente de tranquilidad, intimidad etc. Pues ya veo yo cosas como:

¡Mercadona Kids Free! ¡Compra tus condones sin que tus hijos te pregunten si son globos feos!

¡Cines Kids Free! Ven a ver lo nuevo de Disney sin las molestas risas de los niños. Y si lo tuyo son las emociones ven a la sesión golfa que por no haber no hay ni gente y a ver que se os ocurre.

Y para los padres especialmente especiales llegan:

¡Guarderías Kids Free! ¿Lo pasas mal al recoger a los chavales? ¿Te molesta el ruido? En Guarderías Kids Free nuestros bebés son de puta pega y no hacen ruido ni cagan ni nada. Reserva tu plaza ya.

Lo dicho. Hay mucho gilipollas. Los padres se merecen unas “vacas” de vez en cuando, pero los padres listos saben cómo y dónde hay que hacerlo.

¡Un abrazo Capitán!

 

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Diario de a bordo: Bla Bla Land

Estimado Capitán:

Después de ver La La Land, la música se apodera de nosotros, los humanos. Estoy impactado Capitán. Esta raza ha inventado una cosa que se llama cine que consiste en meterse en una sala a oscuras con otros extraños mientras unas imágenes les cuentan una historia.

Esto para ellos es una práctica habitual ya que normalmente se pasan su adolescencia en discotecas, que también son grandes lugares en los que la luz brilla por su ausencia y en el que esta intrigante raza busca bailar, beber y aparearse.

Ahora estamos en familia escuchando la fantástica, arrebatadora, emocionante y enérgica banda sonora de La La Land que hace que en media hora pases por todos los estados emocionales posibles. Es lo contrario a Pedro Piqueras.

Cuando era pequeño Capitán vi una película que se llamaba Rocky IV y me pasé entrenando seis meses. En mi casa me siguieron el rollo hasta que le dije que tenía que ir a Rusia. Ahí fue cuando me cortaron el grifo.

¡Imagínese lo que ha provocado el musical de moda en mi comportamiento! No puedo parar de bailar y me arranco a cantar en cualquier sitio pensando que la muchedumbre, contagiada por mi ritmo y carisma me seguirá, pero lo único que he conseguido es que casi me atropellen en la autopista. En el Mercadona propulsé mis pies al frenético ritmo del swing por el pasillo de la carnicería, pero no me siguió el rollo ni el de los panes. Aún así no cejé en mi empeño de contagiar al mundo el color de esas melodías, de esos estribillos.

Sigo caminando por mi calle con mucho flow y a la altura de mi portal miro hacia arriba en busca de ese majestuoso plano cenital, casi puedo ver el montaje de mi propia película, será  dinámico, impactante y efectivo, pero nada. Ninguna cámara filmándome. Solo está el vecino que me mira extrañado y niega con la cabeza.

Miro hacia abajo por cerrar el círculo. ¿Si el de arriba es un plano cenital el plano de abajo será un plano genital? No me hago más preguntas técnicas y sigo bailando con el alma devastada de alegría por la música.

Las señoras me miran asombradas, tomó la mano a una de ellas y me la enroscó (a la señora) en plan bailongo. Oigo crujir su clavícula y noto que su amiga esta llamando a la policía. Corro y derrapo por las calles. Llego tarde al médico.

La dentista me dice que tengo la  boca genial y para celebrarlo ella, las enfermeras, dos pacientes y yo (todos ellos sí habían visto La la Land) nos marcamos una tremenda coreografía a ritmo de tango y jazz que arranca los aplausos del público que también somos nosotros. Nos damos un 8 en FilmAffinity. Y tan amigos hasta la hora de pagar.

Al llegar a mi hogar abro la puerta con una sonrisa que dibuja una perfecta media luna en mi boca, giro sobre mí mismo y me sacó un imaginario sombrero que lanzo sin mirar y acaba posado sobre uno de los brazos del perchero. Todo es perfecto.

Ovugirl (madre de madres) me comunica en sol mayor que los niños han crecido dos centímetros en los últimos tres meses. Eso quiere decir que su reloj biológico es lento, que envejecerán despacio. Son como Cher. Sigo bailando y ella también.

Mis hijos de 82 centímetros me miran con la boca abierta. Les preguntó “¿Qué?” y Tomás me responde “Qué”. Es la segunda palabra que ha aprendido después de mamá.  Bla Bla Land. El qué que ha aprendido es el qué interrogativo y no el otro. Va a ser un tío curioso.  Además lo dice con tono provocador como un pequeño pandillero boliviano. ¿Qué?

Nos pasamos todo el interludio del tema diciéndonos qué qué qué y cuando el contrabajo vuelve a cabalgar con la batería… ¡Comenzamos a bailar en el salón, miramos hacia arriba, los tambores resuenan, los vientos cortan la melodía ¡Mis hijos de repente saben bailar y toda la familia alza los brazos al cielo, al unísono como un solo cuerpo, damos vueltas y cantamos, cantamos como nunca! Agarró a mamá como en Dirty Dancing  y todo acaba. La ovación de los vecinos resuena en todo el edificio.

Todo se funde a negro.

 

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¡Bailad malditos! ¡Cantad! ¡Dejaros llevar y aplaudid!

Este post que tiene más verdad de la que parece no va a acabar con un “The End”. Va a acabar con uno de los pocos sinónimos perfectos del inglés al castellano.

 

Chin Pom.

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: Juego de Tronas

Estimado Capitán:

Sé que últimamente no he podido escribir los informes con la misma asiduidad de siempre, pero es que estoy tramando algo que me consume todo el tiempo y energía, pero de eso le hablaré en breve.

 

Los lechones crecen muy deprisa y sus piernas se han convertido en unos carnosos muslos de pollo que mujeres de toda edad y condición quieren saborear. Se les ve en la cara.

También tengo que comunicarle que el otro día tres personas creímos ver un diente en la encía superior de uno de los lechones. Este avistamiento resultó ser falso (a saber) y aunque la visión duró solo un par de minutos nos vimos obligados a rellamar a amigos, conocidos y a algún que otro desconocido íntimo para desmentir tal espejismo. Es increíble la cantidad de números de teléfono que un padre ansioso puede marcar en 67 segundos que fue lo que duró el encuentro con el falso diente.
Hasta llamé a Vodafone.
—iA mi hijo le ha salido un diente!
—Y a mí que me importa señor.
—¿Ve usted? ¿A qué jode?

Le juro que ahí estaba el diente. Incipiente, blanco, en el lugar perfecto. Pero en realiad no había nada. Se esfumó en unos segundos. ¿Qué sería? Quizás estemos ante una nueva mutación en la especie humana: la de los incisivos retractiles. Sé que este capítulo pasará a ese sitio tan sucio (los anales) como nuestro Roswell particular.

En el futuro habrá documentales sobre el tema. “Expediente Piño”

Las alucinanciones acústicas también están a la orden del día. Cuando no era padre y veía a mis amigos desencajados al escuchar las primeras palabras de sus vástagos no daba crédito. Aquello se me antojaba un poquito exagerado.

—¿¡Ha dicho papá!? ¡Ha dicho papá!

Hombre, no va a decir “Bitelchús”. Papá no es para tanto, Papá entra dentro de lo previsible. Lo raro es que dijese “testículo” o “Ramadán”.

Pero ahora les entiendo a la perfección. Verá Capitán, el otro día Antón Jr. dijo Papá, pero en realidad no lo dijo. Dijo primero pa…y unos segundos después otro pa…pero no quería decir papá, ni siquiera aquello tenía pinta de ser una palabra. Ese fonema era a una palabra lo que el regalo del día del padre es a un regalo de verdad. Pero por un momento me dio subidón. ¡Ha dicho papá!

Ovugirl ni se inmutó.

—¡Que ha dicho papá!

—No, no lo ha hecho.

—¡Que sí!

—Venga pues sí.

—No lo ha dicho ¿no?

—No cariño, no. Para eso aún falta.

Y me fui desdichado a la habitación como un jugador que abandona el campo humillado tras el cambio.

Lo de “papá” lo puedo aceptar, pero el diente lo vi. Y su madre también lo vio. En eso nos hemos puesto de acuerdo. Bueno, en eso y en lo de que los niños se tenían que ir ya a su habitación.

—Cari, los niños deberían ir ya a su habitación.

—No saben andar, dejálos un poco más aqui.

—¿Hasta cuando?

—Hasta la segunda vez que hagan primero de carrera.

—Cari, lo siento, pero no. Se tienen que ir ya, que ya son mayores.

—Claro que se tienen que ir, pero mañana que esta noche ya se ha hecho tarde. Que se vayan el lunes.

—Cari, esto no es como ir al gimnasio. Como cabeza de familia exijo…

Y me cerró la puerta en las narices mientras que desde el otro lado me llegaban las risas de mis hijos y la madre que los parió.

Pero al final se impuso la razón y los niños ya llevan una temporada en su nueva habitación.

Cuando digo temporada no me refiero a temporada en plan “temporada de una serie”, ni siquiera llevamos una de esas como padres. Ahora mismo debemos andar por el capitulo 13 de la primera, pero con buenos índices de audiencia. Espero renovar.

Además su dieta se va ampliando: frutas, verduras, galletitas…y todo eso lo toman ahora sentados en sus tronas. Que para un bebé es como cuando un adolescente se deja un poco de bigote ridículo/pelusilla  para parecer mayor y entrar en una discoteca.

Pues es el mismo principio.

Las tronas les hacen parecer “mayores” pero no lo son. Siguen meneando la cabeza para los lados, se baban y se lo pasan pipa tirando los juguetes al suelo. Desde las tronas todo se ve de otra manera, las tronas dan poder a los hijos y enorgullecen a los padres que ven a esos dos mocos levantando sus rollizas manitos pidiendo que alguien les tome en brazos, pero nosotros no caemos en la tentación de esos ojos grandes que piden “colo”. Al menos en primera instancia, después caemos sin remisión y obedecemos sus deseos, que para eso son los bebés más guapos del mundo. Ojo no es un decir, tenemos un certificado expedido por las dos abuelas, siete vecinas vírgenes, un concejal de festejos, un DJ ruso y un autónomo. Todos coinciden.

Han nacido para ser reyes.

 

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¡Saludos!