Rocky Balboa, Creed y la madre que los parió

Soy fan de Rocky. Creo que casi toda mi generación lo es. Aún recuerdo aquella tarde de 1986 en la que con nueve años compré una entrada para ver Rocky IV. Mi impresionable cerebro salió noqueado por todo lo que estaba pasando en aquella pantalla gigante. Un ruso de dos metros, muy malo malísimo (en los ochenta no había rusos buenos) mataba a golpes a Apollo Creed. La sala contiene la respiración. ¡Tira la toalla!  Pero Rocky no la tiró porque se lo había prometido a su amigo y no lo quería enfadar. Como sabemos, en los ochenta no hay nada más peligroso que un negro cabreado. Bueno, un ruso sí, pero nada más.

Total que Apollo muere (yo creo que de la hostia que se pega contra la lona) y tirado en el ring convulsiona.

—¿Mamá qué le pasa a Apollo? ¿Tiene hipo?

—No, hijo, convulsiona.

—¿Y eso qué es?

—Lo que le pasa a tu padre cuando llega el recibo de la luz.

Sigo embobado con la película. Rocky está muy cabreado, pero mucho. Y Rocky cabreado cuidado. Total que se va a Rusia a entrenar en comunión con la naturaleza. Tala árboles, escala montañas, hace dibujos con el pis en la nieve. Mientras que el ruso cabrón se dopa y entrena en una discoteca, porque eso de gimnasio tiene poco.

El momento de la venganza llega y claro el combate es la repera. Hay más hostias que en el Vaticano y el cine vibra con cada puñetazo de Rocky que ha conseguido abrirle el pómulo a Ivan Drago. ¡De repente Moscú está con Rocky!

Este Rocky es mi ídolo. Golpe a golpe, puñetazo a puñetazo, con valentía y voluntad logra derribar al coloso ruso.

—”Si yo puedo cambiar. Y vosotros podéis cambiar…¡Todos pueden cambiar!”

Rocky debería ser presidente del mundo. Muy americano, primero te forra a hostias y luego habla. Lo amo.

Salí del cine haciendo sombra, pegando puñetazos al aire, con la música en mi cabeza. Mi padre un mes después compró un perrito al que llamamos Rocky. Y el resto de películas de la saga fueron cayendo poco a poco. Los curas nos pusieron la III. Supongo que en comparación con Mr. T el padre Ángel no pegaba tan fuerte. Aquello fue unánime.

Después la I, la II en las que comprendí quien era ese tal Apollo y lo importante que era para Rocky.

Cuando uno es pequeño cuatro años son mucho tiempo y ese fue el tiempo que tuve que esperar para Rocky V. Salí del cine decepcionado y con la seguridad de que Rocky había pasado ya a mejor vida.

Y en 2006 llega a las pantallas la inesperada Rocky Balboa. La gente se ríe, pero Stallone, recupera a Rocky; calla a aquellos que le daban por derrotado y firma una película en el que tiene lugar el mejor combate de la saga. Y no es en el ring. Se trata de un combate dialéctico contra su hijo.

Rocky ya ha generado más frases inspiradoras que Paulo Coelho

Y es que si queremos a Rocky no es por los combates épicos, que también, sino por que sus películas durante 40 años hablan de segundas oportunidades, de amor, de padres e hijos, de miedos, de valor, de creer en uno mismo, de la muerte y de victorias. Quedarse con el boxeo es como decir que un cocido solo lleva garbanzos. Eso es Rocky.

 

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Y después de recuperar al personaje y darle un final a la altura de su legado…llega Creed.

A priori un boxeador con apellido de grillo no parece destinado a muchas cosas, pero resulta que Stallone da un paso más y gana el Globo de Oro al mejor actor secundario. Además está nominado al Óscar. Esto hace años sería como si nominasen a Torrebruno a un Grammy. Pues ahí está, callando bocas. Y lo que me alegro. Un tío que no tenía un duro cuando escribió “Rocky” y que a pesar de todo el dinero que le ofrecían para NO interpretar al personaje dijo cruzado de brazos y con morritos: “O lo interpreto yo o no hay película”. Y mirad lo que ha pasado.

Así que ya he visto Creed, pero antes me he metido entre pecho y espalda, una vez más, toda la saga. Esta vez acompañado por mis dos pequeños campeones. A ellos también les ha gustado. Aquí tenéis sus primeras impresiones.

Algún día subiré con ellos esas escaleras del museo de Filadelfia.

 

 

 

 

 

 

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Generación Goonie

Algo tienen las películas de los ochenta que siguen atrapando a toda mi generación. Bueno, en realidad era esa generación la que tenía algo en los ochenta que hace tiempo que se perdió: la infancia.

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Regreso al futuro, Rocky, La Guerra de las Galaxias, Superman, La Jungla de Cristal…poco a poco os  iré hablando de todas. Entre ellas hay una que es sin duda la joya de la corona.

La que marcó a toda una generación de mocosos, a mi generación:

Los Goonies.

El mundo se divide en los que la han visto (y la adoran) y los que nunca la verán. De hecho hay una frase tabú que no debes pronunciar jamás, bajo ningún concepto, si en la habitación se dan cita más de 10 o 12 personas de entre 30 y 40 años. Es la siguiente:

-Joder, pues yo NO he visto Los Goonies

La has cagado macho.

Las cabezas se giran en plan la niña de El Exorcista. No es para menos.

-¿Cómo que no has visto Los Goonies?

-No tío…no la he visto…

Eso, en vez de retractarte, tú insiste y sincérate. No es el momento; di que era una broma y sigue con tu vida. Aún estás a tiempo.

-En serio… no la he visto, murmuras cada vez más acobardado mientras tu falsa y nerviosa sonrisa  delata un ¿de qué coño os reís me he perdido algo?

Este indeseable realmente no entiende la gravedad del asunto. Ajeno a la vida interior que todo Goonie que se precie derrocha la remata:

-Pero si es una puta peli para niños.

Momento de reflexión. Podéis negar con la cabeza como yo. El silencio se hace tan denso como incómodo.

Ahora ya caes mal seguro. Además la palabra puta y la palabra niños jamás deberían ir en la misma frase. ¿De que vas tío? Te has cargado la fiesta.

Esto es un insulto muy fuerte para nosotros La Generación Goonie, posiblemente el más grave.

El que no se sentó de niño en la cómoda butaca de un cine con un kilo de palomitas después de hacer cola durante quince minutos nunca podrá ver Los Goonies. Aunque quiera. No por ellos, por nosotros. Ellos siguen ahí, los muy cabrones, con la misma ropa, la misma naturalidad y con las mismas ganas de encontrar a Willy (silencio) El (silencio) Tuerto (silencio de nuevo).

Cuando la vi por primera vez, ellos tenían mi edad, puede que incluso fuesen algo más mayores. Quería ser Bocazas. Lo estoy consiguiendo.

Si tuviste la suerte de verla de pequeño y corriste a pillar tu bici para buscar en el desván a ver si había suerte te felicito. Siempre podrás volver a tener esa sensación, solo tienes que darle a play y volverás a tener ocho, nueve o diez años. Pero con 20 ó 30…eso es ya imposible. El cerebro humano no está suficientemente evolucionado como para hacer ese ejercicio. Sacar el niño que llevamos dentro pasando los 30 es complicado. Mirad como acabó Michael Jackson.

Aunque estoy completamente seguro de que si se dan las circunstancias adecuadas (por ejemplo verla con hijo) y no tienes reparos en abrazar la película y de paso a tu yo de 1985…lo conseguirás. Por intentarlo que no quede.

Yo ya tengo 36 y aún no he encontrado el puto tesoro.

No tengo ni el mapa.

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Valientes

Año 2012

Felix Baumgartner se asoma al vacío.

Baumgartner salta desde las puertas del cielo, rezan los titulares.

El planeta entero contiene la respiración para ser testigo de este acontecimiento.  Normal. Cuando una persona anuncia a bombo y platillo que quiere saltar desde 36.000 metros de altura, desde la estratosfera… pues suele ser noticia. El desafío se emite por la red para todo el mundo. Todas las miradas están clavadas en Félix que balancea nervioso sus pies sobre el abismo.  Si sale algo mal…la hostia va a ser fina, piensa Félix.

Esto último me lo estoy inventando, pero es lo que cualquiera pensaría. No es el trampolín de Splash, es la estratoesfera y, por muy arriba que esté, Felix es humano.

Claro que por mucho miedo que le entrase no era plan de decirle a todo You Tube: mejor otro día que hoy me da la risa. Félix pudo tener un momento de cordura allí arriba. Nunca lo sabremos. Un segundo de lucidez en el que la frase: Ni de coña aflorase en carne viva. Pero no. Eso no ocurrió. El tío se dejo engullir por el vacío. Se entregó.

Minutos después el desafío pasaba a la categoría de hito y todos felices. Se comprobó que efectivamente Red Bull te da alas y que además te pone un traje que ríete tu de Tony Stark.

Ya sé que el casco era totalmente necesario para evitar la muerte de nuestro héroe, pero no me digáis que este no era un salto para hacerlo tapándose la nariz y en bomba. Hay que tener valor.

Veredicto: Felix tiene un par de cojones. Felix es un valiente.

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Año 1975

Sylvester Stallone no es nadie. Vive en un destartalado apartamento con su perro, un Bullmastiff llamado Butkus… apenas tiene dinero en el banco. Un combate de boxeo entre el campeón de los pesos pesados Muhammad Alí y un don nadie, Chuck El sangrador Wepner le inspirá. Esa pelea cambiará su vida, pero Stallone no lo sabe aún. Se sienta a escribir y en un tiempo récord tiene acabado el primer borrador de un guión que lleva por título Rocky.

Sly sabe que tiene una buena historia y pasea palmito por los estudios. Los productores Irwin Winkler y Robert Chartoff se reunen con el aspirante a estrella y le dicen que sí.

Hagamos una aclaración.

es una palabra muy poderosa. En alguna ocasión de nuestras vidas un a tiempo se ha revelado como una salvación. Ellos la invocaron. Dos peces gordos diciendo. Cuenta la leyenda que de la impresión Stallone hasta movió el lado de la cara que nunca mueve.

Hagamos otra aclaración

Ser productor de algo, de lo que sea (me da igual), lleva implicitó un componente de maldad, hijoputismo o cabronidad. Te dan una de cal y una de arena. En este caso la jugada fue la siguiente:  el fue seguido de otra palabra, esa que nunca quieres escuchar después del subidón afirmativo.

Estamos hablando de la palabra pero.Esta conjunción tiene muy mala fama y aparece en el ranking de palabras más odiadas por el público en general, más que nada por su efecto corta rollos o desilusionante.

Ejemplos: Sí, pero solo la punta ó Si, pero son gemelos.

Si hubieseis cumplido con el primer ejemplo no escucharíais el segundo.

En este caso la frase fue:

-Sí. Nos gusta, pero mejor que no la protagonices tú.

¡…y el gancho golpea de lleno en la cara del campeón que no sabe donde está…!

Stallone no cae a la lona y se planta. Les dice que ni de coña. Ellos le ofrecen más pasta por el guión, pero  él asegura que a Rocky tiene que interpretarlo él. Ellos suben la oferta. Sly se mantiene en sus trece. Suben más. El actor no tiene ya dinero en el banco, aun así se reafirma y se enroca (nunca mejor dicho). Los productores caen agotados ante el aguante del campeón y ceden a sus deseos. Suena la campana. Stallone gana su primer combate antes de subirse al ring.

El resto es historia. Rocky se alza con tres Oscars, lanza a Stallone y a su perro al estrellato y crea un icono del cine moderno.

Stallone no era nadie, no tenía nada, pero tenía fe. Con eso le bastaba. Le salío bien aunque pudo haberle salido muy mal.

Veredicto: Stallone tiene un par de cojones. Stallone es un valiente.

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Año 2013

El Banco de España asegura que la crisis de este año, en contra de lo que nos quieren hacer creer, será peor que el pasado. El paro sigue creciendo sin prisa pero sin pausa. Los jóvenes se ven obligados a huir  y los que se quedan aceptan trabajos precarios con sueldos absurdos. Rajoy no habla ni de Bárcenas ni nada. Fuera de España calla porque no sabe inglés. En España mutis porque cuando habla suena a chino y casi siempre… a cuento chino. A pesar de la que está cayendo Mariano quiere ir  a ver el España-Francia. La Roja se la juega en París.

Hagamos un inciso e inventemos un personaje. Llamémosle, por ejemplo, Miguelín. Miguelín es del entorno cercano de Mariano, ni siquiera está metido en política, simplemente es un amigo del mandatario. Su amistad data de la época de primaria cuando compartían bocadillo en el recreo. A pesar del poder que ostenta Mariano en la actualidad, tanta pompa no ha hecho mella en la relación de los dos hombres que se siguen tratando con la misma naturalidad de hace 40 años.

Oye Ano… (así le llamaban en el colegio a Rajoy en esta ficción histórica) a lo mejor no es buena idea que vayas a ver el partido de la selección a París. Ya sabes…las cosas están muy jodidas y la gente se empieza a hartar. ¡Deberías cortarte macho!

Déjate de polladas Miguelín que nos jugamos la clasificación ante los gabachos. ¡Voy en representación del pueblo español!

-Pero Ano…mira que la gente está muy caliente…

-Yo le he dado mi palabra a Platini de que voy y voy.

¡Cómo si tu palabra valiese de algo Mariano! 

-¡Cómo me conoces cabroncete¡ ¡Venga vámonos que no llegamos!

Ante la mirada átonita de Mariano, Miguelín muere fulminado por un infarto.

(Como ya no necesito más a este personaje me lo cargo si os parece…)

Seguimos…

España no va bien. Mariano se va al fútbol.

Veredicto: Mariano es un valiente de cojones.

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Al verle ayer en el palco muchos desearon tenerle al borde del abismo como Baumgartner…y quitarle el casco.

Saludos hermanos.