Diario de a bordo: En las trincheras

Estimado Capitán:

Hace tiempo que no hablamos y le debo una disculpa, pero es que en apenas un mes y medio los lechones han espabilado día a día de manera exponencial. Dicen los que saben (o sea todo el mundo menos nosotros) que debe ser el calor. Pues será. He buscado por la casa a ver si los antiguos inquilinos se dejaron un tripi o algo porque lo que le voy a narrar a continuación no es normal.

Hace unos días, eran las cinco y media de la mañana (en la Península) cuando nos despertaron sus ruidos y gritos que ya forman parte de la sintonía habitual de nuestro hogar. Miré el reloj sin muchas ganas para cerciorarme de la hora con la vana esperanza de que todo fuese un sueño, pero no. Y una mierda. Era real. Ella me dijo: “Te toca”. Así que yo me hice el dormido fingiendo que roncaba, lo cual me debió delatar porque yo si estoy sobrio no ronco. Y ella lo sabe. Total: Que una vez que mi intento por escurrir el bulto fracasó estrepitosamente me armé de valor y entré en la habitación de los pequeños Critters para descubrir una imagen que se me quedará grabada para siempre.

La primera palabra que se me vino a la mente fue “Trincheras”.

Ahí estaban ellos, felices, atrincherados en sus cunas/barricadas, de pie, agarrados fuertemente a los barrotes y emitiendo un sonoro y reivindicativo “Ohhh ohhhh”. Todo un 15M en versión bebé.

Como dice un amigo mío: “Has pasado de pantalla”. Si eso es una metáfora para informarme de que cada día la cosa se complica un poco más pues es una metáfora muy precisa.

Cosas que han cambiado en las últimas semanas:

—Dicen Mamá.

Falso. Su madre quiere escuchar “mamá”, pero es una ilusión acústica. Ellos dicen “ma” y después deslabazado y fuera de tiempo otro “ma”. Sí, es cierto. Esa dos sílabas juntas quieren decir mamá, pero de momento no lo dicen. De momento son solo dos sílabas huérfanas. Si se trata de juntar sílabas también dicen magdalena. Otras sílabas de moda son da-da-da, que significa “padre” en inglés. Y esto es un hecho no como las alucinaciones de la madre.

—Se ponen de pie. 

Escalan y logran ponerse de pie, apoyándose sí , pero de pie. Se ponen a cuatro patas (me recuerdan a Rocky intentando levantarse) y trepan por los barrotes de la cuna hasta erguirse. Nada les frena y conquistan la cumbre de su cuna cada vez con más facilidad. Son como Calleja.

—Andan a gatas…hacia atrás.

Si yo fuese el “encargado” de defensa de un país potente haría un estudio serio sobre cómo se mueven los bebés. Son como orugas con tracción a las cuatro ruedas. Pueden con toda, van hacia adelante, hacia atrás, se recomponen como Transformers, dan la vuelta sobre sí mismos como pequeños breakdancers ochenteros. Digno de estudio. El otro día intenté gatear para atrás y casi me cargo un jarrón.

— Adictos al bricolaje

O al menos todo apunta a eso. Cables, enchufes, cajones…o eso o están pensado en montar un chino. Mira que no tendrán juguetes, pues no…vamos a por el mando, a por las llaves, a por el radiador.

—Dientes:

Lo que les da un aspecto aún más adorable. Unos pequeños dientecillos, inofensivos e incipientes que hacen que se caiga la baba cada vez que nos los enseñan.  Tenemos en casa dos pequeños “cuñaos”.

Y así sigue la cosa, creciendo, sorprendiéndonos y pensando en la que se nos viene encima en cuanto den sus primeros pasos solitos.

Seguiremos informando Capitán.

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Diario de a bordo: El despertar del mal

Estimado Capitán:

Creo que hemos superado la primera fase de la paternidad. Usando jerga de vídeojuegos diría que hemos pasado de pantalla y esta, añorado amigo, es mucho más compleja. Digamos que los niños han “despertado”. En el último mes hemos notado lo siguiente.

1) Interactúan entre ellos

Se reconocen, se sonríen como políticos buscando un pacto y se demuestran su afecto en una extraña coreografía que consiste en que uno deja caer su cara contra el cojín y el otro le intenta comer la cabeza pelona. Después intercambian los papeles y así se divierten. También se dan golpes cariñosos y creativos que alucinarían al mismísimo Bud Spencer que Dios tenga (tranquilito y sin muchas emociones) en su gloria.

2) Hacen “el mal”

Dejemos una cosa clara. Los bebés son bebés y no distinguen el bien del mal, pero para nosotros, los mayores, que nos encanta ponerle etiquetas a las cosas para no liarnos la cosa cambia. Al bebé le “llama”  hacer el mal y buscar situaciones que le pongan en peligro. Además a esto hay que sumarle otro factor: Un padre primerizo es un ente creativa de por sí y en muchas ocasiones imagina peligros que ni siquiera existen. Estas dos situaciones unidas dan para mucho.

Desde mi punto de vista mis hijos son como los guionistas de SAW. Siempre inventan formas nuevas de ponernos nerviosos. Si los dejas en una habitación vacía buscarán la manera de ponerse en peligro de alguna manera creativa e insospechada.

Además de repente han aprendido a moverse mediante esa técnica híbrida entre el arrastre y el gateo. En realidad lo que hacen es reptar con cierta agilidad y en menos de un segundo son capaces de desplazarse de esta manera a una velocidad insospechada.

Tienen toda una manta gigante, pero acaban con medio cuerpo debajo de la cama. Y yo pienso. ¿Y si ahora se cae la cama y le parte en dos? Y lo aparto de ahí por si acaso. Cosas de tarao.

Tienen fijación con los cajones. Puede que un futuro sean ebanistas o carpinteros.Tienen dos mil juguetes y peluches para jugar, pero ellos son felices comiendo toallitas. 

También me he dado cuenta que la distancia que cubren los bebés entre que vas a la cocina y vuelves se mide en “metros radiales” ya que se mueven como aquellos jóvenes breakdancers de los ochenta que se ponían a girar como un helicóptero con las manos apoyadas el suelo. Pues estos igual. Tengo la sensación de que un día los voy a dejar en el suelo con sus juguetes, me voy a ir a la cocina y al llegar me los voy a encontrar allí sonriendo maléficamente. 

Los bebés son mágicos sí. Como David Copperfield.

3) El maravilloso mundo “Causa- Efecto”

Bebé está en la trona. Bebé tiene juguete en mano.Bebé mira juguete.  Bebé lanza juguete al suelo. Juguete hace ruido. Bebé flipa y analiza. Papá o Mamá recoge juguete y se lo vuelve a dar. Bebé mira . Bebé lanza. Juguete hace ruido. Bebé analiza. Papá o Mamá recoge juguete. Papá Mamá se lo vuelve a dar. Mira. Lanza.Flipa. Papá/Mamá recoge. Se lo vuelve a dar lo que nos sumerge en un bucle que puede durar perfectamente y sin forzar la situación de 18:00 a 19:15.

Conclusión:

Tanto hijos como padres tenemos un cantidad importante en el ADN de Homer Simspon.

He visto en un documental que así es como aprenden.

Es que si no aprende así…

4) A todo volumen

Lo de los sonidos va a más, pero lo más molesto es el volumen. Supongamos que un bebé es una minicadena (una Sanyo del montón). Bien, hasta ahora su volumen no pasaba del 4 o 5. En este últimos mes y medio la minicadena ha sufrido una mejora considerable (ahora es una Pioneer con Dolby Surround) y ya pueden subir el volumen hasta un molesto 9, 9,5. Curiosamente cuando más gritan es cuando uno habla por teléfono tanto es así que para entender algo en una conversación tengo que hacer el típico gesto de taparme un oído con un dedo  y poner tal mueca de concentración para descifrar lo que me cuentan que no sé si voy a responder a mi interlocutor o si le voy a cantar “We are the world”.

Hay muchos más cambios Capitán, se producen cada día. Están más despiertos, más ruidosos, más activos y eso es lo que nos agota y nos hace felices.

 

Un saludo y seguiremos informando.

 

PD.

Capitán el otro día estuve con un amigo al que hacía tiempo que no veía. Así que nos pusimos al día en apenas treinta segundos en una de esas conversaciones directas que solo tiene la gente que se conoce bien.

—¿Qué tal va todo?

—Bien, no me quejo.

—¿Qué tal el trabajo?

—Como siempre ¿Y tú?

—Bien. Ahora soy autónomo.

—¿Y los niños?

—De momento no. En ninguno de los sentidos.

 

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Diario de a bordo: Juego de Tronas

Estimado Capitán:

Sé que últimamente no he podido escribir los informes con la misma asiduidad de siempre, pero es que estoy tramando algo que me consume todo el tiempo y energía, pero de eso le hablaré en breve.

Los lechones crecen muy deprisa y sus piernas se han convertido en unos carnosos muslos de pollo que mujeres de toda edad y condición quieren saborear. Se les ve en la cara, la baba las delata.

También tengo que comunicarle que el otro día tres personas creímos ver un diente en la encía superior de uno de los lechones. Este avistamiento resultó ser falso y aunque la visión duró solo unos segundos nos vimos obligados a llamar a amigos, conocidos y a algún que otro desconocido íntimo para desmentir tal espejismo. Es increíble la cantidad de números de teléfono que un padre ansioso puede marcar en 67 segundos que fue lo que duró el encuentro con el falso diente.

Hasta llamé a Vodafone.
—iA mi hijo le ha salido un diente!
—Y a mí que me importa señor.
—¿Ve usted? ¿A qué jode?

Le juro que ahí estaba el diente. Incipiente, blanco, en el lugar perfecto. Pero en realiad no había nada. Se esfumó en unos segundos. ¿Qué sería? Quizás estemos ante una nueva mutación en la especie humana: la de los incisivos retractiles. Sé que este capítulo pasará a ese sitio tan sucio —los anales— como nuestro Roswell particular.

En el futuro habrá documentales sobre el tema. Expediente Piño y llamarán a Carmen Porter y todo.

Las alucinanciones acústicas también están a la orden del día. Cuando no era padre y veía a mis amigos desencajados al escuchar las primeras palabras de sus vástagos no daba crédito. Aquello se me antojaba un poquito exagerado.

—¿¡Ha dicho papá!? ¡Ha dicho papá!

Hombre, no va a decir Bitelchús. Papá no es para tanto, Papá entra dentro de lo previsible. Lo raro es que dijese testículo o Ramadán (din don)

Pero ahora les entiendo a la perfección. Verá Capitán, el otro día Antón Jr. dijo Papá, pero en realidad no lo dijo. Dijo primero pa…y unos segundos después otro pa…pero no quería decir papá, ni siquiera aquello tenía pinta de ser una palabra. Ese fonema era a una palabra lo que el regalo del día del padre es a un regalo de verdad. Pero por un momento me dio subidón. ¡Ha dicho papá!

Ovugirl ni se inmutó.

—¡Que ha dicho papá!

—No, no lo ha hecho.

—¡Que sí!

—Venga pues sí.

—No lo ha dicho ¿no?

—No cariño, no. Para eso aún falta.

Y me fui desdichado a la habitación como un jugador que abandona el campo humillado tras el cambio.

Lo de “papá” lo puedo aceptar, pero el diente lo vi. Y su madre también lo vio. En eso nos hemos puesto de acuerdo. Bueno, en eso y en lo de que los niños se tenían que ir ya a su habitación.

—Cari, los niños deberían ir ya a su habitación.

—No saben andar, dejálos un poco más aqui.

—¿Hasta cuando?

—Hasta la segunda vez que hagan primero de carrera.

—Cari, lo siento, pero no. Se tienen que ir ya, que ya son mayores.

—Claro que se tienen que ir, pero mañana que esta noche ya se ha hecho tarde. Que se vayan el lunes.

—Cari, esto no es como ir al gimnasio. Como cabeza de familia exijo…

Y me cerró la puerta en las narices mientras que desde el otro lado me llegaban las risas de mis hijos y la madre que los parió.

Pero al final se impuso la razón y los niños ya llevan una temporada en su nueva habitación.

Cuando digo temporada no me refiero a temporada en plan “temporada de una serie”, ni siquiera llevamos una de esas como padres. Ahora mismo debemos andar por el capitulo 13 de la primera, pero con buenos índices de audiencia. Espero renovar.

Además su dieta se va ampliando: frutas, verduras, galletitas…y todo eso lo toman ahora sentados en sus tronas. Que para un bebé es como cuando un adolescente se deja un poco de bigote ridículo/pelusilla  para parecer mayor y entrar en una discoteca.

Pues es el mismo principio.

Las tronas les hacen parecer “mayores” pero no lo son. Siguen meneando la cabeza para los lados, se baban y se lo pasan pipa tirando los juguetes al suelo. Desde las tronas todo se ve de otra manera, las tronas dan poder a los hijos y enorgullecen a los padres que ven a esos dos mocos levantando sus rollizas manitos pidiendo que alguien les tome en brazos, pero nosotros no caemos en la tentación de esos ojos grandes que piden “colo”. Al menos en primera instancia, después caemos sin remisión y obedecemos sus deseos, que para eso son los bebés más guapos del mundo. Ojo no es un decir, tenemos un certificado expedido por las dos abuelas, siete vecinas vírgenes, un concejal de festejos, un DJ ruso y un autónomo. Todos coinciden.

Han nacido para ser reyes.

 

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¡Saludos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diario de a bordo: Esos ruidos de bebé

Capitán los lechones cada vez hacen ruidos más variados y extraños. Son como sintetizadores. Dos pequeños R2D2 de carne y hueso. Me miran y se parten de risa, lo hacen tan fuerte que empiezo a pensar que no es de alegría y que en realidad se están riendo de mí.

Tanto no me pueden querer.

Tipos de ruidos:

Ah: Es un ah muy breve como aquellos que metía Michael Jackson entre frase y frase. Sorprende por su tono alto y brevedad. Denotan una pequeña sorpresa de algún tipo como : “¡Ahhh! Tengo dedos”.

Ta-Ta: Este, de momento, solo lo hace Antón y lo traduzco como “Estoy hasta la pilila de la hamaca. Sácame de aquí ya”

Uhhhhiiiiiii:Empieza como una sirena de ataque aéreo y acaba como cuando Bruce Banner no aguanta más y se empieza a transformar en Hulk.

Se meten unas frase inconexas entre pecho y espalda que, no sé por qué, pero cuando los escucho desde el pasillo me acuerdo de Ana Torroja.

Además me fascina su risallanto, una palabra de nuevo cuño que conjuga a la perfección la carcajada y las lágrimas a partes iguales.Es como esa zona en la que se entremezclan los sabores en un helado de chocolate y vainilla. La risallanto alcanza su máxima expresión en los siguientes casos.

Caso a) Tienen sueño, lloran y aparece papá o mamá. En ese preciso instante en el que las miradas se encuentran se descojonan aún con lágrimas en los ojos, pero se tragan la risa  de un bocado y vuelven a llorar desconsolados. Entran en bucle.

Caso b) Se han hecho caca. Están incómodos y por fin papá se da cuenta de lo qué les pasa. Se ríen como dándome la enhorabuena: “Será porque no huele a mierda papá, cada día eres más rápido”. Y se vuelven a poner rojos de ira. Entran en bucle mientras papá limpia la mina.

Caso c) Tienen hambre y braman como animales a punto de ser engullidos por un tsunami. Entonces llega papá con el biberón. Se establece  contacto visual bebe/bibe. Y estamos en una fase del desarrollo en la que esto es dinamita pura. Que le pregunten al perro de Pavlov. Pues esto es igual. Acción/reacción. Y empieza la risallanto. Se ponen más nerviosos que un cangrejo en un zapato.

Estamos en esa fase en la de repente en plena noche rompen a llorar, pero solo durante 3 o 4 segundos. Que digo yo “Se habrán acordado  de que soy su padre y les ha entrado la angustia”. Enseguida se les pasa, pero yo me desvelo y acabo comiendo techo durante una hora.

Estamos en esa fase en la que ya tienen que irse a su habitación, pero cada vez que lo menciono la madre que los parió me mira como si fuese un emperador romano a punto de hacer el gesto con el pulgar hacia abajo. “Que le corten la cabeza… y ya de paso los huevos”. En sus ojos puedo leer claramente un “¿Cómo osas?” mientras abraza a sus hijos y los estrecha contra su pecho. Ellos me miran despistados, con media baba cayendo por la comisura y una sonrisilla de duende en la que vuelvo a leer claramente: “¿Cómo osas papi? Mami te va a cortar los huevos. Tolai”.

Pero vamos, menudo soy yo. El hombre de la casa, el padre con mayúsculas y por eso se irán de la habitación en el momento exacto… que diga su madre. ¡Faltaría más!

Y en esas estamos Capitán intentado descifrar lo que dice nuestros hijos. Ni Alan Turing lo tendría fácil, pero nos vamos entendiendo. De momento cuando ven a sus padres sonríen y eso ya es síntoma de buena sintonía. Y aunque a veces hagan más ruidos que una radio en Onda Media creo que les voy entendiendo.

La semana que viene más informes Capitán.

 

Saludos desde La Tierra.

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Diario de a bordo: Aprendiéndonos

Estimado Capitán:

Seis meses y medio de lechonismo dan para mucho. Es como un curso intensivo de CCC sobre paternidad, pero sin diploma.

En estos primeros pasos como padre se da una situación curiosa: uno quiere que crezcan rápido para verlos hacer más cosas: hablar, andar, ir a por el periódico, pagarme la suscripción de Netflix, pero por el contrario a uno también le gustaría congelar el tiempo y quedarnos así un par de eternidades o tres.

Así que como eso no puede ser nos dedicamos a ir aprendiéndonos que decía la canción y día a día vamos descubriendo las cosas que nos molan a unos de otros y las que no.

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A ellos les gusta estar en pelotas. Se ríen cuando uno los libera de esa prisión de celulosa que son los pañales. Cada vez que se los quito me hacen una fiesta a base de carcajadas y pedorretas. Es como si dijesen: “¡No hay nada mejor que sentir el aire fresco en mi pequeño escroto papá!” o””¡Por fin te has dado cuenta tolai!”

Curiosamente Capitán los bebés humanos desarrollan desde muy pequeños la crueldad de reírse del mal ajeno. Me explico: Mearse en la cara de papá o cagarse en su mano es para ellos la felicidad absoluta. En su expresión se dibuja un inequívoco “Tú te crees que no, pero sí que sé lo que estoy haciendo. Y me mola”.

También les gusta que les cojan en brazos. Y los muy cabritos empiezan a manipularme con lloros y pucheros para que los coja. Son listos como los de atención al cliente de Vodafone. Pero ese chantaje emocional no funciona conmigo. Soy un padre más estricto que la cantante de Pimpinela. ¿A quién quiero engañar? Me hago el duro sí, pero al final ya sabe usted Capitán, tengo mi corazoncito y sucumbo a sus encantos. Dentro de poco ya no podré hacerlo.

Más cosas que les gustan.

Que le hagan pedorretas en la barriga. ¿A quién no? Yo porque no me llego que si no estaría todo el día dale que te pego.

Me refiero a las pedorretas Capitán.

También les gusta la música.

Les gusta que papá les toque la guitarra.

Tienen alma de Nureyev. Se mueven que no vea usted.

No les gusta

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No les gusta que les coma la cabeza. Véase foto adjunta.

No les gusta que les metas en la cama cuando ellos consideran que aún tienen el cuerpo para fiestas. En este aspecto si quieren juerga son como Massiel cerrando locales. Cuando se da esta situación les doy lo que quieren: les apago las luces, enciendo a “Violeta” y la habitación se transforma en un concierto de Jean Michelle Jarre.

En dos minutos dormidos a pierna suelta.

Más cosas.

Por mucho que diga su madre las verduras no les gustan. Ahí salen al padre. Se les ve en la cara.

“¿Papá, pero que mierda me estás dando?”

Me imaginó su conversación:

—Oye Tomás que en ese cuenco hay algo nuevo. Lo noto.

—¿Las frutas no están mal, pero que poca variedad tienen estos mayores no?

—Creo que tienen más, pero nos las tienen que ir dando poco a poco. Esto me parece que son una cosa que le llaman verduras.

—Qué asco de nombre.

—Pues dicen que son buenísimas… por eso la gente no las toma salvo prescripción médica.

—Me tienen pinta de aburridas. Y mira que nombres: puerro, brócoli…parecen laterales de la selección italiana.

—Calla y come que hoy es papá el que nos da la merienda. Sonríele para que se crea que lo está haciendo bien, que me da pena. Después cuando no mire desparrama todo por el babero. Ya verás como ni se da cuenta.

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Y así vamos Capitán.

Aprendiéndonos.

 

Diario de a bordo: El youtuber cuarentón…

Estimado Capitán:

Además de los informes semanales he decidido mandarle también informes visuales que a lo mejor así me responde de una vez. Lo único que tiene que hacer es suscribirse y le llegarán puntualmente.

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En el canal podrá usted encontrar vídeos relacionados con un montón de temas, pero sobretodo centrados en la magnífica aventura de la paternidad y en la curiosa onda expansiva que golpea al resto de la familia.

De momento el canal se divide en:

Bibe… y deja vivir: Informes visuales sobre cómo los lechones van creciendo. Tutoriales para padres, reflexiones, anécdotas…

Cosas de familia: Son pequeños informes para conocer un poco más a los personajes que componen mi unidad familiar terrestre: la abuela primeriza, el abuelo deportista, los tíos friquis…

 

Espero que le guste.

Saludos desde La Tierra Capitán.

 

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Diario de a bordo: La invasión de los peluches

Capitán nos han invadido.

Ha sido una conquista silenciosa, estratégica e irreversible. Además, algo me dice que lo peor está por venir.

Remontémonos unos meses en el tiempo para comprender la magnitud de lo que estamos hablando. Tenía que haberme dado cuenta antes.

 

 

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6 de octubre de 2015: Nacen los lechones. Primero uno y después otro. Comienzan los regalos. Mucho pañal, mucho biberón y chupete. Los primeros juguetes comienzan a dejarse caer: sonajeros, algún que otro peluche. Parecen inofensivos y no les hacemos mucho caso.

10 de diciembre de 2015: Muchas visitas nos dejan peluches. Incienso, mirra y peluches era lo que  estaba escrito en La Biblia original. Uno por aquí, otro por allá. La invasión va tomando forma, pero no estamos lo suficientemente espabilados para darnos cuenta.

6 de enero de 2016:  Entre los Reyes Magos, Papa Noel, los abuelos, los tíos, un señor que pasaba por la calle etcétera estamos de mierda hasta el cuello. Pilas de peluches se amontonan en su aún no estrenada habitación. Peluches y peluches, juguetes y juguetes. Cualquier día me cruzo con Peter Pan por el pasillo.

12 de abril de 2016: Confirmada la invasión.

Y todo esto solo en seis meses. Vislumbro un futuro apocalíptico, una mezcla entre Mad Max y Toy Story.

Y lo peor es que ellos, los lechones tampoco es que se enteren mucho para ellos es más divertido mirar una pared a rayas, o la luz que sale de un móvil. A veces, mientras estoy trasteando con el teléfono los lechones miran la pantalla con mucha atención. Para mí Capitán que quieren verme la clave así que cuando la teclea tapo la pantalla con la mano y les hago una peineta.

En La Tierra uno jugaba con los juguetes de pequeño. Por lo menos hasta que llegó un señor que se llamaba Steve Jobs que tuvo la brillante idea de crear juguetes para mayores, era como Santa Claus, pero más delgado y con gafas. Pero vamos a lo que vamos, encontrarse de nuevo con la casa llena de juguetes a los casi 40 años es una sensación inquietante. Vamos a pasar lista.

En primer lugar…¿Quién los diseña? Por ejemplo, los lechones flipan con un hipopótamo violeta que nos han regalado. Un hipopótamo violeta (como muchos que hay en la naturaleza) al que hemos bautizado como “Violeta” claro. Es un hipopótamo que tiene luces en forma de estrella, de un montón de colores y un montón de música. El Joy Slava de los bebés. Se lo pones al lado y los tíos se quedan embobados mirando como las estrellas cambian de color y se funden entre ellas. Nada que no haga una buena droga. Pero entre darles LSD a los niños y “Violeta”, pues nos quedamos con “Violeta”.

Violeta tiene cuatro botones, tres interruptores, una rueda y un altavoz. Vamos que se lo das a Fernando Alonso y el tío duda.

¿Quién los diseñará?

Es decir habrá unos tíos en un sala que hagan una tormenta de ideas sobre la línea de juguetes de este año. Bien, pues yo creo que en esas reuniones no hay filtro. Todo vale, si no… ¿Por qué coño iban a acabar construyendo un hipopótamo violeta?

Me imagino esa reunión.

Basada en peluches reales.

—Hola, bienvenidos a la reunión número 127 de diseño y creación de juguetes. Como sabéis  la campaña del año pasado ha sido un éxito y esta vez queremos superarnos. ¡Así que venga! Ideas revolucionarios y recordad que no todo vale. No podemos conformarnos con lo primero que se nos ocurra. Busquemos la excelencia, por favor. Comencemos. ¿Rodríguez?

—Yo había pensado en un hipopótamo violeta.

—Me vale.

—¿Por qué violeta?

—¿Por qué no?

—Gran argumento. Algunos han ganado elecciones por menos. Muy bien, pero recordad que no vale todo ¿Domínguez?

—Yo había pensado en un mono naranja con la panza violeta y las manos verdes.

—Me vale. El violeta viene pegando fuerte este año. Una cosa Domínguez, ¿ha vuelto a fumar la hierba esa de la risa?

—Sí.

— Lo suponía. Bien hecho. Fume más.

—Gracias.

—Vamos a por otro. ¿Crespo que tiene usted? Y recordad que no vale todo por Dios.

-Una señora con un gorro rojo, vestida de violeta y con una sonrisa a lo Joker. Que acojone por igual a los niños y a los padres.

—Me vale. Muy buena idea. Excelente. ¿A ver Rial y usted qué ha pensado?

—Un gato de trapo sin articulaciones visibles, de color marrón y con un traje rosa y…

—¿Violeta?

—No, no…Púrpura.

—Es usted un genio Rial. Me vale.

Ponedle a todo doble de luces, las retinas de los niños no nos importan, y recordad que la sala de fumar cosas de risa permanecerá abierta durante 24 horas.

 

Debe ser algo así.

Y después están las canciones. Pulsamos un botón (duda al pulsar no vaya a ser que sea el  Turbo Boost) y se escucha lo siguiente:

“Estrellita brillará en el cielo la verás

cada noche surcará el espacio sin cesar

mi estrellita brillará en el cielo la veras”

Escribiendo este informe Capitán he descubierto que después de esta hay otra canción. No la había escuchado en mi puta vida. Eso sí la primera, la de la “Estrellita”, no sé… quizás mil millones de veces, una y otra vez. Por la mañana, por la noche, de tarde…Como un bucle infinito que se queda tatuado en el cerebro. Y no paro de pensar en la cantante que un día se levantó para grabar las canciones del hipopótamo violeta. Chica, nos has hecho muy feliz, no lo dejes nunca. El que quiera variedad al Spotify.

 

Lo dicho Capitán, me da la sensación de que lo peor está por llegar.

Seguiremos informando.